Comentario – San Esteban

(Mt 10, 17-22)

Jesús anuncia los conflictos que deberán sufrir los discípulos porque el mensaje del evangelio no siempre es bien recibido, provoca resistencia en los corazones aferrados al mal y a sus propios proyectos egoístas.

En el v. 16 usa símbolos de animales para indicar la actitud de los cristianos en medio del mundo hostil. Deben reconocer que son como ovejas en medio de lobos, por lo cual deben estar atentos, pero no reaccionar respondiendo al mal con mal. Él no les pide que, frente a los lobos, actúen también ellos como lobos y se arriesguen a ser destruidos. Algo semejante se quiere expresar en la invitación a ser astutos como las serpientes pero sencillos como las palomas.

El creyente que está convencido profundamente del mensaje del evangelio debe jugarse por él, debe estar dispuesto a reconocerlo públicamente aun en medio de burlas, oposiciones y reacciones negativas. Pero eso no significa que deba colocarse frente a los demás con la actitud de un guerrero, ni que deba buscar la manera de adquirir poder para destruir a los enemigos de la fe. Debe vivir en medio del mundo adverso con la sencillez de una paloma y la mansedumbre de una oveja, sin aferrarse a poderes terrenos.

De todos modos, la sencillez y la mansedumbre no implican que debe exponerse innecesariamente. Debe ser astuto, estar atento, debe usar su inteligencia y la luz que Dios le da para saber dónde y cuándo no es conveniente perder el tiempo para no “echar perlas a los cerdos” y arriesgarse sin necesidad.

Sin embargo, la astucia nunca debe convertirse en falsedad o en ocultamiento. San Esteban, el primer mártir, se presenta como modelo de los que deben llegar hasta dar la sangre a causa de la oposición del mundo (Hech 7, 51-60).

Oración:

“Señor, que quisiste que diera testimonio de ti en medio de un mundo que a veces rechaza tu mensaje y prefiere que todos vivan según sus criterios. Concédeme la astucia necesaria para no caer en las redes del mundo, pero también un corazón sereno que no responde con violencia.”

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día