Comunidad de vida y amor

1.- Jesús nace en el seno de la familia humana, como hijo de la familia de José y María. El mensaje de este domingo es un verdadero Evangelio de la familia: Anuncio de la presencia de Dios en esta realidad humana. Comunidad de vida y amor, la familia cristiana debe encontrar en la Sagrada Familia de Nazaret el modelo a imitar y debe constituirse en Iglesia doméstica. Eso supondrá para cada uno de los cristianos y cristianas un compromiso por realizar su propia vocación cristiana en familia y extender esta vivencia a toda la gran familia de los hijos de Dios. Teniendo de trasfondo la difícil situación de la familia en el mundo de hoy, las lecturas de esta fiesta destacan el designio de Dios sobre la familia.

La primera lectura está tomada del libro de Ben Sirá o «Sirácida» (llamado antiguamente «Eclesiástico») y es un estupendo comentario al cuarto mandamiento del decálogo: « Honra a tu padre y a tu madre». Ya que el individuo recibe la vida de su padre y de su madre (y de Dios a través de ellos), debe asumir la actitud de respeto y obediencia hacia ellos (y a Dios a través de ellos); si lo hace, garantiza vida y felicidad para sí. Jesús seguramente amó, respetó y obedeció a sus padres como se nos enseña en la lectura. La mayor parte de su vida la pasó en compañía de los suyos, aunque no sepamos las circunstancias concretas. Los judíos en la época de Jesús no conocían las actuales dificultades y crisis por las que atraviesa en nuestra época la institución familiar. Lo normal era que la familia permaneciera unida, que los vínculos entre sus miembros fueran muy estrechos y positivos.

2.- La segunda lectura está tomada de la carta a los Colosenses y es una exhortación a la vida de amor en el seno de una comunidad cristiana. En ella se hace la aplicación de cuanto hemos dicho hasta ahora, mostrando que las relaciones familiares son una consecuencia de la vida creyente. La identidad de los «elegidos y amados de Dios» comporta el máximo de humildad y el máximo de respeto por los otros. De allí que la reciprocidad necesaria en las relaciones familiares debe estar animada por la caridad (comportarse con los otros como el Señor se comporta con nosotros). Es más, la Iglesia tiene que ser como una gran familia que vive en la presencia del Padre Dios con los sentimientos tan elevados y nobles que San Pablo enumera en su carta: misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión, perdón mutuo, paz.

3.- Las reflexiones anteriores nos permiten iluminar con la Palabra de Dios las variadas realidades familiares que vivimos y reflexionar en las principales orientaciones del magisterio acerca de la familia. Comunidad de personas, la familia nace del matrimonio, sacramento de la unión de Cristo con su Iglesia. La misión de la familia cristiana ha de realizarse tanto en la formación de una comunidad de amor entre sus miembros como en el servicio de transmisión de la vida y de educación en los valores esenciales de la vida humana. Siendo célula primera y vital de la sociedad, la familia ha de participar en el desarrollo de la sociedad y de la Iglesia, constituyéndose en comunidad creyente y evangelizadora, en diálogo con Dios y al servicio del prójimo. La familia cristiana no debe ser como cualquier familia, debe vivir abierta a la entera comunidad eclesial, de suyo debe ser como una especie de «Iglesia doméstica» que se integra a la gran Iglesia constituyendo uno de sus pilares fundamentales. Las relaciones entre los esposos cristianos no están regidas por un simple contrato civil de matrimonio; entre ellos se realiza el misterio del amor de Dios significado en el sacramento del matrimonio y, junto con sus hijos e hijas, deben vivir los mismos ideales que la Escritura muestra para la Iglesia entera.

4.- Sin embargo, al mirar las familias de nuestras comunidades, viene espontánea la pregunta: ¿Por qué nuestras familias no son así? A este punto, convendría resaltar las dificultades que atraviesan las familias y los núcleos familiares en nuestra realidad, especialmente en las áreas rurales y marginales. La violencia intrafamiliar, el machismo, el abandono de cónyuge e hijos, el divorcio, son todas realidades que enfrentamos y que se explican porque falta una apropiada educación para el amor que permita entrar en el proyecto de Dios para la familia. El papa Juan Pablo II habla de la familia como del «santuario de la vida». Eso fue la Sagrada Familia. ¿Porqué nuestras familias no podrían también serlo? ¿Qué actitudes de las señaladas en las lecturas de hoy podrían ayudarnos para lograrlo?

5.- Nosotros podemos transformar concretamente nuestras actitudes y, por tanto, las variadas situaciones familiares que vivimos para acoger el anuncio de la Palabra. Se trata de hacer presentes aquellas actitudes muy humanas que pueden hacer la vida familiar más conforme al plan de Dios: gratitud, lealtad, obediencia, generosidad, afabilidad, etc. Actitudes que deben ser asumidas por todos los miembros de la familia, especialmente hacia las personas más necesitadas de amor activo en el núcleo familiar. Los ejemplos dependerán de las circunstancias de los oyentes, pero han de llevar a un compromiso real de cambio.

Antonio Díaz Tortajada