La familia de Nazaret, nuestra familia

1.- El calendario de este año, en los postreros días de 2005, este viernes, día 30, y dentro de la octava navideña, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Otros años dicha fiesta se celebra en domingo y también en la cercanía del Primero de Año. Hoy, la Iglesia y su liturgia quieren que vayamos a la intimidad familiar en que se desarrolló humanamente el Salvador del Mundo. Siendo Jesús auténtico hombre –al mismo tiempo que era Dios– creció con características idénticas a como lo hace cualquier niño. Y para los pequeños, la familia –y, sobre todo, su padre y su madre– son un universo total y muy significativo. La fiesta de la Sagrada Familia es de reciente creación y su finalidad es, como se ha dicho, recrear el ambiente hogareño de Jesús, Maria y José. El último párrafo del Evangelio de San Lucas que leemos hoy marca perfectamente esa normalidad en el hogar. Dice Lucas: «Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba». Nos ha contado antes el rito de la purificación y la ofrenda de gente pobre –eso era la Sagrada Familia– ofrecida en el templo. Tras la incorporación oficial de Jesús a la religión el texto parece indicar que volvieron a Nazaret, sin más. Pero no sería así.

2.- Y es que no iba a ser fácil la vida de Jesús en la Tierra. No se habían apagado los ecos maravillosos del quehacer de los ángeles sobre el cielo de Belén y, asimismo, la presencia de los Reyes Magos –personajes importantes y misteriosos, que venían de lejos para adorar al Hijo de Dios– cuando Herodes inicia una cobarde persecución contra los niños menores de dos años, para así terminar con su presunto «competidor» en el trono. San José, que iba a ejercer con eficacia la paternidad terrena del Niño Jesús, tenía ante sí un nuevo desafío. Es de suponer habrían sido para él muy difíciles los días en los que dudaba de su esposa. Un ángel le contó la verdad y le entregó la responsabilidad de custodiar del Hijo de Dios. La primera prueba era terrible: emigrar al extranjero al amparo de la noche para proteger la vida del pequeño. Nada sabemos del tiempo que la Sagrada Familia pasó en Egipto. Probablemente, José mejoraría su oficio de artesano, pues los egipcios tenían técnicas muy adelantadas. Pero, por supuesto, no tuvo que ser fácil. Ahí vemos el reflejo de la actividad difícil de los emigrantes. España se ha transformado de país de emigrante a nación que recibe mucha emigración. Debemos de tenerlo en cuenta y ser muy solidarios con aquellos que se ven obligados a llegar a nuestra tierra para sobrevivir. Pero, asimismo, hemos de recordar siempre la condición de Jesús emigrante, pero que no se nos olvide la necesidad de ayudar a nuestros prójimos que vienen de países lejanos. En este ciclo B se lee el Evangelio de San Lucas sobre la presentación en el templo de Jesús. El episodio de la huida a Egipto, de San Mateo, es propio el ciclo A, pero es importante reseñarlo hoy aquí, para tener una impresión mas completa de como fueron los primeros años de esa Familia Sagrada.

3.- Hay otro reflejo interesante y es meditar pausadamente sobre la familia de Nazaret, sobre el crecimiento de Jesús y sobre su aprendizaje profesional y vital. Tampoco hay muchos datos sobre la larga estancia de la Sagrada Familia en Nazaret. Los Evangelios solo hablan de la subida a Jerusalén, de la desaparición de Jesús y de su estancia en el Templo. Durante un tiempo esas jornadas familiares en Nazaret fueron suplidas por los piadosos relatos de los evangelios apócrifos. No es posible establecer su verosimilitud y tampoco es importante que no sean hoy conocidos. Es fácil pensar, con nuestra propia imaginación, el tiempo maravilloso de la infancia, adolescencia y primera juventud del Salvador. La ventaja es que, sobre la base del amor y de la adoración al Salvador, podemos «construir» nuestro propio relato. Durante muchos años la preocupación por lo ocurrido en esos tiempos de Nazaret produjo, como decíamos, una enorme cantidad de textos apócrifos, sin duda muy piadosos y bellamente ingenuos, pero sin rigor documental, canónico o histórico.

4.- La importancia del Evangelio de Lucas es tanta que el parlamento expresado ante la Virgen por Simeón, el «Nunc Dimitis», se constituyó en uno de los primeros himnos litúrgicos de la Iglesia y es utilizado por millones de cristianos –consagrados o no– que siguen la Liturgia de las Horas como oración final del Oficio de Completas, la plegaria que se hace poco antes de iniciar el sueño. Simeón exclama, lleno del Espíritu Santo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Pero también va a dar conocer, proféticamente, a la Virgen Maria la contradicción de la vida de Jesús. Viene a salvar al mundo, pero una parte de ese mundo declinará dicha gracia y dirá a Maria que su Hijo «está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». La escena del Gólgota, la crucifixión del Salvador, será la espada que atravesará el alma de Maria. Es obvio que en la vida familiar existen luces y sombras. No hay familia que no tenga sufrimientos, como asimismo goza de las alegrías de una vida en común.

6.- Tanto la primera lectura como la segunda de este domingo son comunes en todos los ciclos litúrgicos. El texto que hemos oído en primer lugar es del Libro del Eclesiástico y son consejos para la armonía familiar. Ya el pueblo judío reconoció desde históricamente muy temprano la importancia de la familia. Los consejos que nos da este texto son perfectamente aplicables a nuestro tiempo y debemos de tenerlos muy en cuenta. En el fragmento de la Carta de Pablo a los Colosenses da consejos para conseguir la concordia entre los primeros cristianos. Dichos consejos no «superaban» el ámbito familiar porque la vida de las primitivas iglesias era como la de una familia santa. No es mal «espejo» para hoy. Hace falta en nuestras comunidades religiosas una mayor hermandad, una vida de familia que hoy no existe. Las recomendaciones de Pablo de Tarso incluye en dicha «actividad familiar» la Liturgia con la alusión a la Acción de Gracias. Finalmente, da algunos consejos muy oportunos para estos tiempos, pero que, tal vez, son poco apreciados por las familias, las parejas o las mujeres de hoy. Dice Pablo: «Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos». Pablo tenia un sentido de la familia basada en la propia estructura de la Iglesia. Cristo era la cabeza de ella, lo mismo que el marido era la cabeza de la familia. No se trata de que la mujer no acceda a sus derechos de igualdad. El mensaje de hoy es que la familia necesita amor y armonía. Y esa armonía se consigue con un cierto orden. Haría falta, pues, un núcleo coherente en el interior de la familia que evitase cualquier dispersión. ¿A quien le toca hoy ser cabeza de familia? Pues a quien pueda acometer esa labor o tenga vocación por ella. Da igual que sea la mujer o el hombre. La oración dirigida a la Familia de Nazaret, que es nuestra Familia, nos servirá para conseguir nuestros propósitos de paz y amor en el entorno familiar.

Ángel Gómez Escorial