La primera puerta, María

1.- Comenzamos este año 2006 y, en su antesala, nos espera María. Parece como si, después del gran acontecimiento de la Navidad que hemos vivido, María, se convirtiese en la mejor puerta para entrar en los aledaños de este Año Nuevo y conocer más y mejor a Jesús.

Hoy parece que un aire nuevo recorre el mundo dándole frescura y felicidad. El Nuevo Año provoca diversas manifestaciones espontáneas que, desgraciadamente, pueden quedar en simples deseos si no se vive esta jornada con intensidad y con profundidad.

¡Quién sino María para indicarnos ese camino!

¡Quién sino María para descubrirnos esos aires que nos oxigenan y alientan!

¡Quién sino María, en Año Nuevo, para procurar de verdad hacerlo en nuestra vida todo nuevo!

¿No lo es para los que hemos vivido con emoción estas jornadas de la Navidad, contemplar a María como Madre de Dios? Y, precisamente por ello, en el inicio de este Nuevo Año, ponemos ante ella los más vivos deseos de la paz.

2.- La paz, además de ser un clamor mundial, debe nacer desde dos claves: perdón y justicia. No podemos llenarnos la boca de simples palabras y, dejar, que las cosas continúen igual. La paz es posible cuando la mentalidad del hombre se abre a otras coordenadas que no sean las del egoísmo personal o el materialismo que todo lo invade y todo lo somete.

La paz, por ser fruto del perdón y de la justicia, nos exige mirar a los demás con temple misericordioso y con afán de trabajar en pro de un mundo donde sea posible el vivir, o por lo menos estar, como hermanos.

3.- La primera puerta que podemos coger para alcanzar esa paz firme y duradera es María. Ella, desde esa experiencia profunda de Dios, hizo de sí misma y de los lugares por donde pasaba. Un remanso de fraternidad, de dulzura, de amor y de comprensión.

Celebrar la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, es pedirle a María:

-Que se cierren tantas heridas por las que el mundo se desangra

-Que cicatricen aquellas otras que, el pasado o el presente, las mantienen sensibles

-Que la paz sea, además de una palabra desgastada, una pronta realidad por la forma de regir y de servir los gobernantes

-Que la justicia sea garantía de una sociedad sana y no enferma

-Que Jesús, además de ser de Nazaret, se convierta en el motor y en el modo de vivir de los cristianos

-Que los nubarrones que asolan a la familia y a la convivencia mundial se disipen con la sensatez y el gobierno equitativo y recto

-Que los pobres, especialmente los países subdesarrollados, encuentren en sí mismos y con la ayuda de los demás motivos suficientes para superarse

Ojala, Ella, en este primer día del Año Nuevo, nos ayude para lograr ese nuevo orden internacional al que el Papa Benedicto nos alentaba en su mensaje de Navidad.

Javier Leoz