Meditación – Día VII de la Octava de Navidad

Hoy es 31 de diciembre.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 1, 1-18):

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres (…). La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron (…).

Hoy, ante la pequeñez de Jesús-Dios, el Evangelio proclama solemnemente su divinidad: su dignidad más alta se funda en la referencia a Dios, al Padre. Pero, ¿quién puede reconocerle como Dios? Según Isaías (1,3), «el buey y el asno», es decir, seres con el corazón tan simple como para, por lo menos, «conocer» a su dueño y recordar el pesebre de su amo.

En Navidad el «buey y la mula» (los corazones sencillos) son los pastores, los Magos, María y José. ¿Es que acaso podría ser de otro modo? En el establo donde está el Niño Jesús no vive la gente fina: allí viven, justamente, el buey y el asno. Pero nosotros, ¿nos hallamos tan alejados del establo porque somos demasiado finos? ¿No estamos demasiado en «Jerusalén», en el «palacio», para oír la voz de los ángeles, acudir al pesebre y adorarle?

—En la Noche Santa los rostros del buey y del asno nos miran con ojos interrogativos: Mi pueblo no entiende; ¿entiendes tú la voz de tu Señor?

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Día VII de la Octava de Navidad

DÍA VII DENTRO DE LA OCTAVA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Misa del día VII dentro de la Octava (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio de Navidad, embolismos propios de la Octava en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. II

  • 1Jn 2, 18-21. Estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.
  • Sal 95. Alégrese el cielo, goce la tierra.
  • Jn 1, 1-18. El Verbo se hizo carne.

Antífona de entrada Cf. Is 9, 5
Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva a hombros el principado, y es su nombre: Ángel del gran consejo

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, celebrando que un niño nos ha nacido, que un hijo se nos ha dado, y que lleva a hombros el principado, preparemos nuestros corazones para encontrarnos en la celebración de la Eucaristía con Cristo, el Verbo de Dios encarnado, a quien vamos a recibir en su Palabra y en el altar, disponiéndonos interiormente y dejando que su luz brille en nuestros corazones, pidiéndole perdón por nuestros pecados.

• Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano. Señor, ten piedad.
• Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad. Cristo, ten piedad.
• Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que has establecido el principio y la perfección de toda religión
en el nacimiento de tu Hijo,
te suplicamos nos concedas estar unidos a aquel
en quien se sustenta la plenitud de la salvación humana.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Hermanos, cuando estamos a punto de terminar un año, dirijamos nuestras súplicas confiadas a Dios Padre, que por medio de su Palabra nos ha dado la luz y la vida.

1.- Por la Iglesia; para que, día tras día, anuncie fielmente que Jesucristo es el único salvador del hombre. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que Jesús, que nunca abandona a su Iglesia, conceda abundantes y santas vocaciones sacerdotales al servicio de nuestra diócesis. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los pueblos de la tierra; para que alcancen la paz y la concordia, y entre todos trabajen por el bien común. Roguemos al Señor.

4.- Por los que viven angustiados y preocupados por salir adelante; para que encuentren en Cristo la luz que les guíe en su camino. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros; para contemplando a Cristo, que ha puesto su morada entre nosotros, elevemos siempre nuestros corazones hacia Dios. Roguemos al Señor.

Padre todopoderoso, que nos has dado a tu Hijo Jesucristo, Palabra hecha carne, por medio de quien nos has otorgado gracia tras gracia, acepta nuestras plegarias y haznos caminar con Él con esperanza y alegría, para que así lleguemos a participar de la plenitud de su vida en la eternidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
autor de la piedad sincera y de la paz,
te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza
y nuestra unión se haga más fuerte
por la participación en este sagrado misterio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad

Antífona de comunión   1 Jn 4, 9
Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.

Oración después de la comunión
QUE tu pueblo, Señor, dirigido por tu abundante ayuda,
reciba los auxilios presentes y futuros de tu amor,
para que, sostenido por el consuelo necesario de las cosas temporales,
aspire con más confianza a los bienes eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
• Dios, bondad infinita, que disipó las tinieblas del mundo con la encarnación de su Hijo y con su nacimiento glorioso iluminó esta noche santa aleje de vosotros las tinieblas del pecado y alumbre vuestros corazones con la luz de la gracia.

• Quien encomendó al ángel anunciar a los pastores la gran alegría del nacimiento del Salvador os llene de gozo y os haga también a vosotros mensajeros del Evangelio.

• Quien por la encarnación de su Hijo reconcilió lo humano y lo divino os conceda la paz a vosotros, amados de Dios, y un día os admita entre los miembros de la Iglesia del cielo.

• Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

Despedida
Llevemos a todos la Buena Noticia: “Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Podéis ir en paz.

Santoral 31 de diciembre

SAN SILVESTRE I, Papa († 335)

Cierra con broche de oro este humilde santoral —humilde por los que lo han escrito— pero grandioso y sumamente elocuente por los protagonistas de estos 366 días, que han ido enseñándonos cómo ellos —criaturas humanas de carne y hueso como nosotros— se fueron encontrando con Cristo y desde aquel día comenzaron su “marcha sin retorno”, y llegaron a ver coronados sus propósitos. Es la lección más sobresaliente que todos a una nos están dando: “Sed como nosotros”. “Imitad nuestras vidas, en lo que tienen de imitables”. San Silvestre hace de “puente” entre el fin y el principio de un nuevo Año que siempre será motivo de alegre esperanza, sin cansarnos nunca, ni decir “basta”, sino “siempre adelante”.

San Silvestre es uno de esos hombres que si se les conoce no se les puede menos de amar, ya que su vida fue sencilla, trató de ocultar siempre sus éxitos y se esforzó por hacer siempre el bien a toda costa, aunque fuera por algunos mal interpretado.

Nació en Roma de opulenta familiar allá por el 270. Vivió aún los últimos coletazos de la persecución contra los cristianos. Surio describió su preciosa vida que sintetiza en estas hermosas frases: “Varón divino, de angelical aspecto, elegante y claro en el hablar, honesto en su cuerpo, santo en sus obras, grave y maduro en sus consejos, católico en la fe, pacientísimo en la esperanza, generoso en la caridad, adornado por el Señor con tales gracias y virtudes, que le granjearon la simpatía de cristianos y gentiles”. Buena síntesis de una vida de la que ya podemos decir que estaría todo dicho.

Subió al sumo pontificado siguiendo en él a San Melquiades en los momentos tan transcendentales de la historia para la Iglesia y el mundo civilizado, como los que siguieron al famoso Edicto de Milán, que fue proclamado un año antes, el 313. Duros años había pasado la Iglesia fundada por Cristo, reducida a las lóbregas Catacumbas. Ahora ya podían libremente celebrar sus cultos y extender su religión por todo el mundo. Se abren, pues, nuevos horizontes para la Iglesia que habrá que saber aprovechar. Para ello fue un hombre providencial el Papa San Silvestre I. No se distinguió por su mucha sabiduría, pero si por su gran prudencia, celo apostólico y, sobre todo, por su gran humildad. De hecho, a pesar de haber sucedido en su Pontificado y de haber sido él el alma de todo, no aparece como principal protagonista ni en el primer Concilio ecuménico de la Iglesia celebrado el 325, en Nicea, convocado por Constantino, pero presidido por el Obispo Osio de Córdoba y por los presbíteros delegados del Papa Silvestre, Vito y Vicente.

Ya antes, el año 314, se habían reunido en Arlés los obispos de España, Francia e Italia para luchar contra la herejía donatista y tampoco estuvo presente el Papa Silvestre I, y lamentan su ausencia, ya que “su autoridad más extensa hubiera realizado las decisiones de esta Asamblea”, dicen.

La historia de la vida y obras de estos 21 años de glorioso pontificado ha sido cantada por muchos historiadores de su época y posteriores, pero en ella hay mucho de verdadero y también bastante que no se corresponde con la historia objetiva. Es dudoso hasta qué punto pudo influir la acción del Papa en la conducta de Constantino, aunque en esto están los historiadores de acuerdo al afirmar que la mayor parte de las buenas obras que en favor de la Iglesia realizó este emperador, eran dirigidas por la mano oculta, sabia y prudente del Obispo de Roma, Silvestre I.

Levantó varios suntuosos templos: San Juan de Letrán, San Pedro en el Vaticano, San Lorenzo… Fueron años de prosperidad y de extensión de la fe cristiana. Es el primer Papa que no muere mártir, pero sí santo, el 31 de diciembre del año 335.

 

Otros Santos de hoy: Melania, Esteban, Hilaria, Cornelio, Mario.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Día VII dentro de la Octava de Navidad

LAUDES

DÍA VII DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

HIMNO

Entonad los aires
con voz celestial:
«Dios niño ha nacido
pobre en un portal».

Anúnciale el ángel
la nueva al pastor,
que niño ha nacido
nuestro Salvador.

Adoran pastores
en sombras al Sol,
que niño ha nacido,
de una Virgen, Dios.

Haciéndose hombre,
al hombre salvó.
Un niño ha nacido,
ha nacido Dios. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

LECTURA: Is 4, 2-3

Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel. A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: los inscritos en Jerusalén entre los vivos.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.

R/ Su salvación.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. En torno al ángel apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.» Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En torno al ángel apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.» Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, cuya gracia ha aparecido a todos los hombres, y digámosle con humilde confianza:

Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Cristo, nacido del Padre antes de todos los siglos, reflejo de su gloria e impronta de su ser, que sostienes el universo con tu palabra,
— te pedimos que vivifiques nuestro día con tu Evangelio.

Tú que naciste en el momento culminante de la historia para salvación del género humano y liberación de toda criatura,
— concede a todos los hombres la verdadera libertad.

Oh Cristo, Hijo consubstancial del Padre, engendrado antes de la aurora, que naciste en Belén para que se cumplieran las Escrituras,
— haz que tu Iglesia realice los planes del Padre viviendo en pobreza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, Señor, eres Dios y hombre, Señor de David y también hijo suyo, y en ti se han cumplido todas las profecías;
— haz que Israel te reconozca como su Mesías.

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que has establecido el principio y la plenitud de toda religión en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo, te suplicamos nos concedas la gracia de ser contados entre los miembros vivos de su Cuerpo, porque sólo en él radica la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Vísperas – Día VI dentro de la Octava de Navidad

VÍSPERAS

DÍA VI DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Sobre la noche reina
la luz de tu esplendor;
en medio del silencio
el eco de tu voz.

Huyó de nuestra carne
la densa oscuridad;
florece la luz nueva
de tu inmortalidad.

Nos ha nacido un niño,
un hijo se nos dio;
hoy brilla la esperanza
de nuestra salvación. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

SALMO 129: DESDE LO HONDO, A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

CÁNTICO del COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA: 2P 1, 3-4

Cristo, por su divino poder, nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los inapreciables y extraordinarios bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, Aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque de ti ha nacido Cristo; oh María, salva a todos los que te enaltecen.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque de ti ha nacido Cristo; oh María, salva a todos los que te enaltecen.

PRECES

Aclamemos a Cristo, el jefe salido de Belén, tierra de Judá, para ser el pastor del pueblo de Israel, digámosle:

Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.

Cristo salvador, deseado de todos los pueblos, haz que tu Evangelio llegue a aquellos que aún no han oído la palabra de vida
— y atrae a ti a todos los hombres.

Cristo Señor, haz que tu Iglesia se dilate por el mundo y arraigue en los pueblos,
— para que en ella se congreguen los hombres de toda lengua y nación.

Rey de reyes, dirige la mente y la voluntad de los que gobiernan,
— para que procuren la justicia y trabajen por la libertad y la paz de las naciones.

Señor todopoderoso, que eres la fortaleza de los frágiles, ayuda a los que están tentados, levanta a los decaídos, protege a los que están en peligro,
— consuela a los que se sienten decepcionados o desesperados, robustece la confianza de los perseguidos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que eres el consuelo de los tristes, conforta a los agonizantes
— y llévalos a los goces de tu paraíso.

Confiemos nuestras súplicas a Dios, nuestro Padre, terminando esta oración con las palabras que el Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, por este nuevo nacimiento de tu Hijo en nuestra carne, líbranos del yugo con que nos domina la antigua servidumbre del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Día VI de la Octava de Navidad

1.- Oración preparatoria.

Jesús, yo en esta mañana quisiera pedirte el don de la constancia, la perseverancia, la fidelidad hasta la muerte. A esto me invita esta ancianita que ha pasado su vida en el Templo de día y de noche. Ella no tenía casa, Tu templo era su casa, su hogar, su vida. Ayuda a tantos cristianos de nuestro tiempo que nos cansamos de todo, también de servirte. Señor no consientas que nosotros nos sintamos defraudados por ti. Danos fidelidad, es decir, una fe mantenida a lo largo de toda la vida.

2.- Lectura reposada de la Palabra: Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño, se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Me llama poderosamente la atención esta ancianita que ha pasado toda la vida en el Templo. Una mujer que no se ha cansado de servir al Señor. El problema que tenemos hoy día en la sociedad es que “asustan los compromisos de por vida”. A los jóvenes de hoy, a pesar de sentirse enamorados, les asusta el tener que vivir con un hombre o con una mujer “toda la vida”. Lo mismo diríamos de los seminaristas o de las novicias. Si a esta ancianita Ana, a los ochenta y cuatro años le preguntas: Tú. ¿qué haces aquí? Ella sencillamente te dirá: ¡Aquí estoy! Y estoy con la misma alegría y la misma ilusión que tenía cuando yo era joven. Su vida, como dice el salmo 1, se parece a un árbol plantado junto a la corriente de aguas. Mantiene sus hojas verdes, da buena sombra y tiene frutos sazonados. Vidas llenas, vidas en plenitud, que acogen, cobijan y nutren a toda persona que se acerca a ellas. La razón de esas vidas tan llenas es que han crecido junto a la acequia. No les ha faltado el riego de la Palabra de Dios y de la oración. Por eso han podido llegar hasta el final de la vida sin cansarse. Yo sinceramente creo que los Papas de ahora lo tienen fácil a la hora de hacer santos. No hacen falta milagros. Sólo una pregunta: ¿Quién no se ha cansado en la Iglesia?   Si vives en matrimonio, ¿quién no se ha cansado de su esposo o de su esposa? Si eres sacerdote o religioso, ¿Quién no se ha cansado en su ministerio? ¿Quién ha mantenido su ilusión, su alegría, su actitud de servicio auténtico y desinteresado? Los que no se hayan cansado en la Iglesia, esos son santos.

Palabra autorizada del Papa Francisco

“Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza. En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino.» (Papa Francisco, 2 de febrero de 2014)

4.-Qué me dice hoy a mí esta palabra. Guardo silencio.

5.-Propósito. Al presentarse un conflicto, seré el primero en ofrecer una disculpa o proponer una solución para construir la unidad, en mi casa o lugar de trabajo.

6.- Dios me ha hablado a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero darte gracias por haber nacido y vivido dentro de una familia cristiana. Gracias por haber tenido una madre que, al mismo tiempo que me enseñaba a andar y me daba de comer me enseñó también a rezar. Gracias por las virtudes de honradez, trabajo, sacrificio y amor desinteresado que siempre me dio mi padre.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Día VI dentro de la Octava de Navidad

(Lc 2, 36-40)

Luego de la presentación de Jesús en el templo, el evangelio nos dice que “el niño crecía y se fortalecía, llenándose de saber”. Es un texto que nos confirma que el Hijo de Dios se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado (Heb 2, 17; 4, 15).

Porque si bien él tenía un conocimiento y una fortaleza especiales, no dejaba de ser un ser humano como nosotros, y también experimentaba lo que es ir descubriendo cosas nuevas, aprendiendo, creciendo, llenándose de sabiduría. Él, siendo infinito y perfecto, quiso también experimentar lo que es hacer un camino como el que vamos haciendo nosotros en la historia de nuestra vida.

Él asumió una vida humana, pero como toda vida humana en esta tierra, no nació plenamente acabado, sino que también tuvo que “hacerse” con el paso del tiempo. Si no fuera así, tendríamos que decir que Jesús es el Hijo de Dios que se hizo hombre, pero hombre celestial, y no un hombre terreno como nosotros. pero la Palabra de Dios nos dice que “aunque era Hijo de Dios, aprendió por sus propios sufrimientos qué significa obedecer; de este modo, él alcanzó la perfección” (Heb 5, 8-9).

Si bien su sabiduría superaba a la de cualquier otro ser humano, sin embargo podemos decir que cuando era un niño tenía la sabiduría que puede alcanzar un niño, sin llegar a tener, antes de tiempo, una psicología de adulto; cuando fue adolescente tuvo la plenitud de sabiduría que puede tener un adolescente, pero sin dejar de serlo. Hizo un camino, porque fue un hombre de esta tierra.

Oración:

“Señor Jesús, tú asumiste el desafío de tener que crecer, no te clausuraste en una perfección acabada. Dame la gracia de reconocer y aceptar que mi vida no está acabada, que no tengo toda la verdad, que necesito crecer en fortaleza y en gracia. No permitas que me encierre en lo que ya he alcanzado o que niegue el dinamismo de la vida”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

María, escucha confiada de la palabra

1. – Este primero de enero, primer día del año, celebramos la festividad de Santa María, Madre de Dios. En medio de este misterio de la Navidad, María es como el “paradigma” de la humanidad que se abre al amor de Dios, ella encarna el ideal de los pobres de Yahvé, el modelo del discípulo que “escucha” la Palabra y la pone en práctica. Y será felicitada por su Hijo, por esta actitud de escucha confiada de la Palabra.

¡No olvidemos en esta fiesta la regla de los benedictinos! Esta regla es uno de los documentos fundamentales de occidente y comienza con las palabras: “Escucha hijo”. El apóstol san Pablo afirma: “Luego la fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios”.

Según unas palabras de Cristo no recogidas en la Biblia se nos da el siguiente buen consejo: “Quien quiera estar con Dios, necesita diez cosas: Nueve partes de silencio y una parte de soledad”. El silencio es imprescindible para no confundir la palabra de Dios con las palabras de uno mismo.

2. – María es la que escucha la Palabra. A Satanás también se le llama el “diabolos”, el “que revuelve todo” y el “que hace mucho ruido” y se propone robarnos el oído. Su tarea consiste en proveer constantemente datos e informaciones a los hombres, de modo que casi ensordezcan y ya no sean capaces de percibir cuál es el camino verdadero, y, en especial, la voz de la vida misma.

La figura opuesta a Satanás, que tras la ascensión de Cristo hizo que los apóstoles por miedo se dispersaran en todas direcciones, es María, que recoge a los apóstoles de su dispersión, que los vuelve a reunir: Bajo un mismo techo, en la misma casa, en la misma mesa, esto es, en la sala de la última cena en Jerusalén, donde se convierte en la rezadora y a cuyo término se halla el suceso del milagro de Pentecostés.

María nos recoge de la dispersión. Por ello es la “symbola”, que significa la “recolectora”, que hace frente al “diabolos” que siembra la confusión. También hoy, María nos ofrece al niño, Cristo, el centro de nuestras vidas.

Los Padres de la Iglesia tenían aún el valor de decir: “Dios es la palabra eterna, se hace hombre para que el hombre sea Dios”. La creación es grandeza, belleza y verdad. Y el amor es cariño que ha cobrado vida. ¿Cuánto cariño necesita un niño para hacerse adulto? Y ahora nos damos cuenta de que el amor de Dios va más allá de todos los conceptos. No puede expresarse en medidas, como el universo no puede expresarse en cifras. El secreto de todo es el amor tal y como Dios lo define.

3.- Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Esta descripción de la actividad interior de María aparece todavía en otra ocasión: Con motivo del encuentro de Jesús en el templo. Lucas utiliza verbos distintos: conservar, rumiar, meditar, dar vueltas. El primero sugiere la acción de guardar celosamente un tesoro muy valioso en lugar seguro. Corazón significa en la antropología hebrea la intimidad de la persona: Entendimiento, voluntad, sede de los sentimientos más nobles del hombre. Guardar celosamente en lo más íntimo de su persona es lo que hace María con todo lo que escucha y observa. Pero además «medita» (rumia y da vueltas) todos los acontecimiento y gestos que se producen alrededor de Jesús. Más tarde los mismos gestos y actitudes de Jesús serán el objeto de su labor de meditación. La misma expresión la encontramos en libro del Génesis al hablar de los sueños de José: Jacob meditaba todo esto. El significado correcto parece ser el de «dar vueltas» en el interior a fin de ordenar todos los elementos y encontrarles su sentido. Es la acción de quien quiere entrar y asimilar el misterio. María daba muchas vueltas para entrar en la comprensión de Jesús, dada la riqueza de la personalidad del Hijo. Y es una labor que mantuvo toda su vida. Como Jacob, quiere encontrar el sentido de cuanto Jesús hace y dice. María es, madre y maestra, de los discípulos de Jesús inmersos en un mundo poco habituado a escuchar y, todavía menos, la palabra de Dios. Los creyentes han de responder a esta urgencia insustituible de escucha y de búsqueda de sentido en la personalidad de Jesús. Es la respuesta que el mundo necesita.

4. – María es llamada a cumplir la singular e irrepetible misión de ser la Madre de Dios. De este don arrancan todas las demás prerrogativas. Pero también es necesario dirigir la mirada hacia su respuesta permanente y fiel. Lucas nos recuerda esta escena del ministerio de Jesús: Una mujer de entre la multitud dijo en voz alta: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron. Pero Jesús dijo: Más bien dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica La virgen María, con toda perfección cumplió, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por eso, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno… De ahí que María es dichosa también porque escuchó la Palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo… Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.

5. La verdadera relación con María se podría resumir en cuatro expresiones: conocerla cada vez mejor; imitarla cada vez con más fidelidad; amarla y dejarnos amar por ella con mayor intensidad y venerarla desde el corazón y los gestos visibles. Sólo en la conjunción de las cuatro actitudes estaremos en el camino correcto de nuestra relación con ella. La escucha de la palabra cuenta con una congratulación-bienaventuranza de Jesús. La alegría que proporciona la tarea de llevar la buena noticia no es fácilmente comparable con otras formas de alegría.

Si queremos que durante este nuevo año nuestra vida sea de verdad cristiana, hemos de ser como María, intérprete de los hechos históricos y contemplativa delante de las acciones de Dios.

Los pastores una vez encontrado a Jesús, se convierten en pregoneros de lo que han visto y oído. Son mensajeros y apóstoles de la “buena noticia”. Esa será la tarea fundamental de los Apóstoles y de la Iglesia. Por eso Lucas retrotrae a la infancia la experiencia pascual de la proclamación de Jesús. Los creyentes somos convocados a proclamar y pregonar por el mundo lo que hemos visto y oído en la experiencia sacramental, en la escucha de la palabra y en la experiencia personal. Sabemos que todo encuentro importante deja una huella imborrable en el espíritu y una urgencia irresistible de comunicarlo. La auténtica experiencia empuja a una sincera y convincente comunicación.

Antonio Díaz Tortajada