II Vísperas – Santa María, Madre de Dios

II VÍSPERAS

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Señor Jesús, el hombre en este suelo
cantar quiere tu amor,
y, junto con los ángeles del cielo,
te ofrece su loor.

Este Jesús en brazos de María
es nuestra redención;
cielos y tierra con su brazo unía
de paz y de perdón.

Tú eres el Rey de paz, de ti recibe
su luz el porvenir;
Ángel del gran Consejo, por ti vive
cuanto llega a existir.

A ti, Señor, y al Padre la alabanza,
y de ambos el Amor.
Contigo al mundo llega la esperanza;
a ti gloria y honor. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad.

SALMO 126

Ant. Cuando naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios nuestro.

Si el Señor no construye la casa, 
en vano se cansan los albañiles; 
si el Señor no guarda la ciudad, 
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores: 
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos; 
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en manos de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
No quedará derrotado cuando litigue 
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios nuestro.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.

LECTURA: Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Dichoso el vientre que te llevó, oh Cristo, y dichosos los pechos que te criaron, oh Señor y Salvador del mundo! Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Dichoso el vientre que te llevó, oh Cristo, y dichosos los pechos que te criaron, oh Señor y Salvador del mundo! Aleluya.

PRECES

Bendigamos a Cristo, el «Dios-con-nosotros», a quien María concibió y dio a luz, y supliquémosle, diciendo:

Hijo de la Virgen María, escúchanos.

Tú que diste a María el gozo de la maternidad,
— concede a todos los padres y madres de familia poder alegrarse en sus hijos.

Rey pacífico, cuyo reino es justicia y paz,
— haz que busquemos siempre lo que lleva a la paz.

Tú que viniste para hacer del género humano el pueblo de Dios,
— haz que todas las naciones alcancen la concordia mutua y vivan como una sola familia.

Tú que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares,
— haz que las familias vena crecer su unidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste nacer en nuestro tiempo,
— concede a los difuntos nacer a tu eternidad.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

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Lectio Divina – Santa María, Madre de Dios

INTRODUCCIÓN

Hoy celebramos la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Y no es que María engendrara a Dios de modo que sin ella, Dios no existiría. Eso sería una herejía. La cosa es mucho más sencilla. A la madre de un hombre sencillo que ha llegado a ser presidente del Gobierno se le llama la madre del presidente. Y a la madre de un pobre y humilde sacerdote que ha llegado a ser Papa se le llama la madre del Papa. Y a la madre de Jesús que, además de ser hombre, es también Dios, se le llama madre de Dios. Lo asombroso es que Dios se manifieste en un niño a quien sus padres tienen que recostar en un pesebre, porque no había para ellos sitio en la posada.

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Num. 6,22-27    2ª Lectura: Gal. 4,4-7

EVANGELIO

San Lucas (2,16-21):

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción

REFLEXIÓN

¿Qué nos da María en este primer día del año?

1.- Un Niño nacido de mujer. Nada más vulgar y corriente que un recién nacido. Todos los días nacen niños. Pero todo niño que viene a este mundo goza de una especial bendición de Dios. Es bello todo lo que nace: el nacimiento del día, el nacimiento de una fuente, el nacimiento de una flor. ¿Qué diremos del nacimiento de un niño? Alguien ha dicho muy bien que “cuando nace un niño es la señal más clara de que Dios sigue amando este mundo” Y sigue sonriéndonos. ¿Qué diremos del nacimiento de Jesús? Jesús nace en lo sencillo, en lo pequeño, en lo cotidiano.

“Nacido de mujer” en aquella época tan machista no deja de tener un dejo de desprecio. Pero gracias a esta mujer, todos nosotros somos “hijos de Dios” y podemos llamar a Dios ABBA. La primitiva comunidad no ha querido traducir esta palabra original aramea tal y como la pronunciara Jesús. Dios es ABBA. Dios es “papá”. Con esta mujer nos ha venido Jesús y con Él toda la ternura de Dios Padre.

2.- Un nuevo calendario. Comenzamos hoy un año nuevo. Se nos entrega un calendario nuevo para que lo estrenemos cada día. Con Jesús comienza el estreno, el asombro, la sorpresa. Llegó la plenitud del tiempo, es decir, el “cronos” pasó a ser “kairós”. El tiempo nuestro tan vacío, tan mediocre, tan superficial, se llenó de sentido y de plenitud. Ya la vida tiene otro color y otro sabor. Todo lo vivido con Cristo merece la pena que lo conservemos. Como María “guardaba todo en el corazón”. No lo guardaba en la mente, sino en el corazón. Todo lo amaba. El peso de la vida es el amor; y si amamos mucho, la vida tiene un peso, un valor. Por lo demás, desde el momento que Dios se ha hecho hombre, toda persona que nace tiene su dignidad de hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza. 

3.- Un ramo de olivo. Este primer día del año se celebra el día de la paz. No se habla de una paz, como “ausencia de guerra”, sino de una paz paradisiaca. Es la paz de nuestros primeros padres en el paraíso antes del pecado: estaban en paz y harmonía con Dios, con la naturaleza y con ellos mismos. No olvidemos que María, al no tener pecado, nunca fue arrojada de ese Paraíso. Ella es un auténtico jardín donde Dios baja a pasear y deleitarse en ella, como lo había hecho con nuestros padres. María recoge todos los sentimientos de paz que están presentes en los profetas. Ella, como buena madre, ora para que “de las espadas se forjen arados y de las lanzas podaderas” (Is. 2,2-5). Que los instrumentos de guerra se transformen en instrumentos de paz.

PREGUNTAS

1.- ¿Estoy convencido de que no puedo vivir en paz sin contar con Dios? ¿Me preocupa el estar yo en paz conmigo mismo para poder dar paz a los demás?

2.- ¿Caigo hoy en la cuenta de la cantidad de tiempo que he perdido en este año pasado? ¿Cómo lo voy a recuperar en este Año Nuevo?

3.- ¿Suelo dar gracias a Jesús por el regalo que nos hizo al morir al darnos por madre a su propia madre? 

Los sentimientos de este día, en verso, suenan así:

Te damos gracias, Señor,
por el don del Año Nuevo:
un árbol con doce ramas
con sabor a olivo viejo.
Entre sus hojas, nosotros
colgamos nuestros deseos
de salud, de paz, de amor,
de los más bonitos sueños.
Pero, sabemos, Señor
que todos nuestros proyectos
fallarán, si no aceptamos
al Salvador verdadero.
Hoy nos lo ofrece su Madre,
Acurrucado en su pecho.
Jesús es para nosotros
Una “bendición del cielo”
Si organizamos la vida
sin Jesús, sin su evangelio,
habremos perdido el año,
habremos “matado el tiempo”
Pero, con Jesús, podemos
sembrar en nuestro barbecho,
trescientas sesenta y cinco
semillas de amor fraterno.
Gracias, Señor, por Jesús,
Salvador de nuestro Pueblo.
En el año dos mil veinte y uno
Será “nuestro amor primero”.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Santa María, Madre de Dios

(Lc 2, 16-21)

Este trozo del evangelio, en el día mundial de la paz, presenta una escena que es como un modelo de paz.

En la noche de Belén se respira el anhelo de un mundo en armonía: el niño pequeño en el pesebre, su madre serena meditando todo en su corazón, los pobres y humildes pastores admirando la escena.

Parece un mundo donde la violencia y el odio no pueden tener lugar, es como un ideal del mundo soñado y anunciado por los profetas. Pero en realidad refleja también el sueño profundo de toda la humanidad, cansada de contrariedades, guerras, oposiciones, competencia, mentira e injusticia.

Allí, en el pesebre, se hace realidad lo que Dios vio cuando creó al ser humano: que era “muy bueno” (Gén 1, 21). Allí, en una pequeña familia resguardada en una pobre cueva, se hacía realidad la humanidad que soló el Padre Dios, un mundo en paz.

Sería bueno también que pudiéramos detenernos un instante, que pudiéramos liberarnos por un momento de la fiebre de las distracciones, de la velocidad de nuestros pensamientos, del aturdimiento de nuestros proyectos, para detenernos a contemplar esta escena como si estuviéramos allí.

Dejemos que la contemplación de esta escena pacifique nuestro interior y le devuelva a nuestro ser la serenidad perdida.

Este día también se celebra a María como Madre de Dios, porque el niño que nació de su seno es Dios igual que el Padre.

Oración:

“Señor, despierta en los corazones humanos el deseo de la verdadera paz, habita en esos corazones como en un pesebre para que veamos nacer el mundo nuevo que soñamos, el Reino de paz que nos prometiste”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Sacramentales

60. La santa madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados creados según el modelo de los sacramentos, por medio de los cuales se expresan efectos, sobre todo de carácter espiritual, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida.

La misa del domingo: misa con niños

“La Palabra, Dios cercano”
3 de enero de 2021

(En estos domingos, normalmente, suele acudir más gente a la eucaristía, especialmente a última hora de la mañana. Para algunos será la primera eucaristía del nuevo año 2021. Procuraremos que la ambientación sea festiva: belén, luces, flores de pascua, el Niño Jesús en lugar visible y destacado, los villancicos que suenan como ambientación musical, incluso la campana que invita a acudir o las campanillas en la celebración, la cogida y saludo de felicitación.

Todo tiene sentido cuando se tiende a resaltar el verdadero mensaje de la navidad.

Un signo para la celebración: la imagen del Niño Jesús, que se puede mostrar al finalizar la celebración.

Una canción para la celebración: Algún villancico o canción de navidad más conocida en el propio ambiente. En esta hoja se ofrecen algunas letras de villancicos).

1. MOTIVACIÓN

Amigos. ¡Qué alegría el reunirnos en estos días para acoger a Dios que se hace Niño! Son días de fiesta, de fe, de regalos. Son días para tener un corazón abierto para recibir el mejor regalo que podemos pensar: el mismo Jesús que se nos da. Bienvenidos todos a la eucaristía. Bienvenidos a los que venís en familia. Ésta es vuestra casa. Es navidad y estamos en un nuevo año. Por ello, damos gracias.

2. CANTO DE NAVIDAD (U otro que se conozca mejor. Mientras se canta se puede hacer una pequeña procesión de entrada, trayendo el Niño Jesús, que se colocará en su lugar).

Hoy en la tierra nace el Amor,
Hoy en la tierra nace Dios.

Alegría, paz y amor
en la tierra a los hombres.
Alegría, paz y amor
esta noche nace Dios.

Alegría, gozo y paz
en la tierra a los hombres.
Alegría, gozo y paz,
esta noche es Navidad.

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN

– Por las veces que somos egoístas con nuestras cosas sin mirar a los que tienen menos. SEÑOR, TEN PIEDAD.

– Por las veces que en estos días nos hemos enfadado en casa. CRISTO, TEN PIEDAD.

– Por las veces que no escuchamos el mensaje de paz de los ángeles ante el portal de Belén. SEÑOR, TEN PIEDAD.

5. GLORIA. (Canto del “Gloria” u otro que exprese alegría. Hacerlo de manera festiva. Se pueden hacer sonar las campanillas o tocar pandereta)

Aleluya, aleluya, ha nacido el Salvador.
Aleluya, aleluya, ha nacido el Salvador.

Escuchad, hermanos, una gran noticia:
“hoy en Belén de Judá
os ha nacido un Salvador” (bis).

Escuchad, hermanos, una gran noticia:
“Gloria en los cielos a Dios
y en la tierra al hombre paz” (bis).

6. PRIMERA LECTURA (Efesios 1, 3-6)

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios:

Bendito sea Dos, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de la creación, para que fuésemos santos en su presencia, por el amor.

Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo.

Por eso, no ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándoos en mi oración.

Palabra de Dios.

7. CANTO RESPONSORIAL (Puede ser un aleluya o el salmo responsorial, repitiendo el estribillo: “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”).

8. EVANGELIO. Juan 1, 1- 18. “Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa
y los suyos no la recibieron.
Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria.

Palabra del Señor.

9. COMENTARIO
• Para el comentario, partir de algo vivencial: centrar la atención en el aspecto cristiano de la navidad. Algún hecho de estos días.
• Cómo has vivido la navidad cristiana en estos días.
• Comentar algo el evangelio, que puede resultar difícil. (“La Palabra”, lo que Dios siempre nos quiso decir, nos lo ha dicho con Jesús)
• “Y los suyos no la recibieron”… ¿Y nosotros?
• ¿Y ante el nuevo año que hemos comenzado? ¿Qué pedirías a Jesús para el nuevo año?

10. PETICIONES

1. Por todo el mundo y por la paz entre las naciones, especialmente donde son perseguidos los cristianos. Roguemos al Señor.
2. Por los niños que no conocen a Jesús, para que le conozcan y quieran. Roguemos al Señor.
3. Por la Iglesia y por nuestra diócesis, la parroquia, el colegio. Roguemos al Señor.
4. Por nuestros padres, amigos y familiares, especialmente si hay algún enfermo, para que les llegue el regalo de nuestra oración. Roguemos al Señor.

11. OFRENDAS
(Se puede traer ante el portal de Belén algunas ofrendas o signos de navidad. Se podría cantar alguna estrofa de “El Tamborilero”)

12. BENDICIÓN SOLEMNE DE NAVIDAD
(Ver las que ofrece el Misal)

13. PARA LA VIDA
(Se felicita el nuevo año. Se cantan o se escuchan villancicos).

Los hijos de la luz

1.- Santos e irreprochables.- «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo en Cristo con toda clase de bendiciones…» (Ef 1, 3) La segunda lectura de hoy nos presenta una de esas doxologías que brotan a menudo en los escritos paulino. Momentos en los que el Apóstol se siente lleno de gratitud hacia Dios y exclama gozoso alabando la bondad y el poder divinos. Bendice al Padre precisamente porque él nos ha bendecido con toda clase de bendiciones. Ante la repetición del verbo bendecir nos podemos preguntar sobre el sentido y significado del mismo. Bendecir equivale a decir bien. Aplicado al hombre respecto de Dios viene a significar que el hombre habla bien de Dios, reconoce su dignidad divina y la proclama. Y lo mismo que una blasfemia ofende al Señor, una alabanza le honra. Si maldecir a Dios es un pecado gravísimo, alabarle y bendecirle es un modo de darle culto y ensalzarle.

Cuando la bendición la formula Dios su significado es distinto, al menos en cierto sentido. Supone también unas palabras benevolentes hacia la persona bendecida. Pero al mismo tiempo esas palabras, en el caso de ser pronunciadas por el Señor, realizan esos bienes que se expresan, ya que Dios, a diferencia de los hombres, dice y hace. Así toda bendición divina se identifica con una promesa que, tarde o temprano, será cumplida. Por eso San Pablo, al considerar cuántos bienes nos han llegado con Cristo, no puede por menos que dirigirse a Dios para bendecirle, para proclamar su grandeza infinita.

Dios nos ha elegido, se ha fijado en nosotros, nos ha preferido a otros muchos, mejores quizá que nosotros. Una elección que se remonta al principio, y aún más allá, de los tiempos. Una elección que ha permanecido y sigue permaneciendo, haciéndonos objeto de la misericordia divina. Ante esta elección y preferencia no podemos por menos que sentirnos agradecidos, y deseosos de corresponder lo mejor que podamos al favor divino, que nos ha sido otorgado con tanta liberalidad y tan sin mérito alguno por parte nuestra.

Esa elección tiene como objetivo que seamos santos e irreprochables en su presencia. Hombres que se esfuerzan por cumplir, en todo y siempre, los planes divinos de salvación y redención, también cuando no hay otro testigo que Dios, callado e invisible. Vivir persuadidos sin cesar de la presencia del Señor y tratar, por encima de lo que sea, de hacer su voluntad. Y todo eso tan sólo por amor a Dios, sin interés alguno, sin buscar ningún provecho personal.

2.- Los hijos de Dios. Hay quien ha dado al Prólogo del evangelio de San Juan el nombre de obertura, porque lo mismo que esa parte inicial de una obra musical, trata de alguna forma los temas principales de todo el evangelio. Así nos habla del Verbo de Dios, o Hijo Unigénito del Padre, que se hace hombre y habita entre nosotros, para revelarnos todo aquello que ha de conducirnos a la vida eterna. Nos comunica también que somos hijos de Dios, gracias únicamente al poder y a la bondad de Dios. Estas son, en cierto modo, las dos vertientes fundamentales que se destacan en este célebre pasaje evangélico: Jesucristo, Dios y hombre verdadero, es la revelación del Padre, y todo aquel que cree en Él recibe el don divino y gratuito de la filiación divina.

Podríamos decir que sólo con eso ya estaría más que justificada la veneración multisecular que la Iglesia ha tenido hacia esta página evangélica, mantenida en la liturgia de la Santa Misa, durante mucho tiempo, como una bendición que cerraba con broche de oro el ritual del Sacrificio incruento de Cristo. Prueba de esa veneración es que todavía hoy, en contra de lo que suele hacerse para evitar la repetición de los mismos pasajes evangélicos, se lee también en otras celebraciones de la Eucaristía, como ocurre en la Misa del día de Navidad.

Aparte de las ideas que hemos señalado como principales, hay además otras verdades que San Juan, de forma poética, nos transmite. Nos dice que por medio de la Palabra todo ha sido hecho El Verbo de Dios como causa eficiente y ejemplar de toda la creación Luego, ya casi al final de la pericona, nos revela que la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo, de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Lo mismo que en la primera creación, también ahora se verifica la renovación del hombre y del mundo entero, como en una segunda y nueva creación, gracias al Verbo de Dios, a la Palabra que se hace carne, al Hijo de Dios que se hace hombre para morir en una Cruz por salvarnos.

También nos habla de la Luz y de las tinieblas, de ese forcejeo que en un combate cósmico se libra entre el Bien y el mal, para terminar con la victoria final de Dios, pues las tinieblas nunca podrán apagar ni extinguir la Luz, esa que brilla y alumbra a todos los hombres para que descubran la huella de Dios y le sigan hasta el final. Partícipe de esa Luz era el Bautista que, como hace la aurora con el día, anunciaba la llegada de Cristo, Luz del mundo. Con un deje de tristeza nos refiere San Juan que vino Dios a los suyos y que los suyos no le recibieron. Es la tragedia del pueblo escogido que no fue capaz de vislumbrar al Mesías, prometido desde antiguo, en Jesús de Nazaret, a pesar de sus palabras y, sobre todo, de sus obras. Pero no todos le rechazaron. Hubo muchos judíos que vieron y creyeron en Cristo, le recibieron y le aceptaron, le amaron con toda el alma. Esos judíos, -entre los que destaca Juan-, así como cuantos creen en Cristo, sean de la raza que sean, esos son los hijos de la Luz, los hijos de Dios.

Antonio García-Moreno

Bendición al iniciar el año

Que al comenzar este año sintamos, una vez más,
cómo Dios nos mira con ternura
y nos envía con gozo y amor a la vida.

Que nos veamos envueltas en su manto
y seguras bajo sus alas protectoras.

Que alumbre nuestros días monótonos y grises
y sea nuestra fuerza en las horas débiles.

Que nos dé tiempo y sabiduría
para conocerlo, saborearlo y vivirlo sin rutina.

Que nos llene de sensibilidad y silencio
para leer los susurros de los corazones.

Que nos colme de paz y alegría
para vivir entregadas a todas las personas.

Que cure y sane nuestras heridas,
sobre todo, las que nos encierran en nosotras mismas.

Que sea en todo momento nuestro horizonte y fuente
para que nosotras podamos ser signos de vida nueva.

Que nos empape de su amor, como rocío mañanero,
para que destilemos esperanza por todos los senderos.

Que nos limpie del barro y costra, el cuerpo y el espíritu,
para que brillemos como estrellas en el firmamento.

Que nos tienda su mano protectora y amiga
para que el cansancio no detenga nuestros pasos.

Que a lo largo de este año
nuestros deseos se hagan realidad,
pues duermen y despiertan en el regazo de Dios,
Padre-Madre, que nos quiere y bendice.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Santa María, Madre de Dios

A los ocho días de la Navidad, celebramos a Santa María, Madre de Dios. El Hijo y la Madre. El Niño y la Mujer. La Presencia y la Esperanza.

En el relato de Lucas, los pastores se acercan al portal y descubren “a María, a José y al niño”. Cuando nos acercamos a Dios, siempre nos encontramos a la vez con sus testigos, y eso nos convierte, a la vez, en testigos: “todos los que oían se admiraban de lo que decían los pastores”. María es la mujer testigo de la fuerza de Dios en la debilidad y de la respuesta humana en generosidad. Encontrarnos con ella también nos hace testigos valientes, desde nuestra debilidad, en medio de nuestro mundo. Y José es testigo de la ternura, de la obediencia y de la acogida. Para recordar esto, el Papa Francisco ha dedicado este año 2021 a su figura. Estamos en “el año de San José”.

En el Evangelio de hoy se nos dice algo más: “María guardaba todo esto en su corazón”. El Corazón de María es el cofre donde se conserva todo lo valioso, como regalo de la vida para desplegar la existencia en gratuidad y en generosidad. Así fue la vida de María: recibiendo lo que Dios le fue dando, acogiendo lo que le fue pidiendo y desplegándose de dentro a fuera, desde el corazón al mundo.

El año nuevo es abierto por Santa María y San José como un signo de lo que fue su vida y de lo que puede ser la nuestra: apertura, confianza, entrega. ¡Feliz año nuevo! ¡Feliz día de María, en el recuerdo también de su esposo!

En el comienzo de este nuevo año,
junto a María, madre de Dios y madre de la Iglesia,
te ofrezco lo que soy para que, como en ella,
mi vida sirva a esta historia de amor con la humanidad
que quieres tejer con nosotros, desde siempre y para siempre.
Que así sea.

Luis Manuel Suárez CMF