El poder de ser hijos/as de Dios

El prólogo del evangelio de Juan nos invita experimentar desde la hondura del corazón el misterio de la iniciativa divina de crear, sostener y acompañar al ser humano. Una iniciativa que se hace Palabra en la vida de Jesús de Nazaret. Una Palabra que se hace frágil y vulnerable a la espera de quien se atreva escucharla, a creer en ella.

El evangelista se aventura en la difícil tarea de expresar una certeza difícil de comunicar: Dios busca el encuentro con el ser humano desafiando cualquier obstáculo, resistiendo cualquier tormenta, afrontando el desafío de mostrarse humano.  

En la Palabra está la Vida

Nombrar a alguien es reconocer que existe, que está ahí y su presencia es importante. La palabra que Dios pronuncia en nuestra vida, en la de cada una o cada uno, nos hace singularmente valiosas/os porque es gratuita y profundamente amorosa. En Jesús esa palabra se escribe con mayúscula, pero no por su excepcionalidad o su perfección sino porque la calidad y hondura de su humanidad transparenta lo que es Dios.

En su itinerario vital se fueron tejiendo juntos el misterio y lo cotidiano porque, como dice A. Torres Queiruga “Jesús vivió la filiación tentado, encarnada en la conducta, presentida en la misión y experimentada en la oración”. Así pudo dejar a Dios ser Dios en él. Así pudo ser Palabra de Vida en sus encuentros, en sus gestos y palabras. Y así, hoy podemos acoger en la fragilidad de nuestra existencia el Misterio como lo hizo Nicodemo, como lo hizo la mujer samaritana (Jn 3, 1-21; Jn 41-42), recibiendo las preguntas y construyendo poco a poco las respuestas.

La Palabra es la luz

La luz no tiene fronteras, no se deja atrapar, permanece ahí, aunque la ignores. La luz permite ver, reconocer y encontrar, por eso, Juan afirma que Jesús es la luz porque a pesar de las tinieblas que muchas veces nos rodean, en él podemos vernos, reconocernos, encontrarnos (Jn 8, 12).

La luz es también un símbolo que nos permite intuir el abrazo amoroso de Dios a cada ser humano porque la luz al existir rodea y calienta el mundo. Como la suavidad de una vela encendida, como la fuerza de un fuego reconfortante en la oscuridad de la noche, como la fecundidad del rayo de sol que nutre los campos así es el Dios de la vida, el Dios que crea por amor, el Dios que se hace en Jesús salud, misericordia y perdón. Así, lo experimentaron quienes se acercaron a él para liberar su vida del sufrimiento y la debilidad como el paralitico o la mujer adúltera (Jn 5, 1-9; Jn 8, 1-11).

Cada amanecer vemos llegar la luz como testigo de una promesa, de la posibilidad que ofrece el nuevo día. Cada atardecer se esconde llena de colores y formas dejando un recuerdo único de su presencia. Ese dinamismo de la luz del día es como el de nuestra propia vida que cada mañana se hace promesa, para recogerse en la noche como memoria agradecida de la existencia.

Así también Jesús se hace luz del mundo invitándonos, a confiar, a permanecer en el amor de Dios Padre/Madre como él lo hizo incluso en los momentos oscuros (Jn 15, 1-8). Un amor que no nos adormece con bellas palabras sino un amor que se enraíza en nuestra fragilidad, que nos hace fuertes, que nos hace mejores, porque ilumina lo que somos y nos recuerda que en Dios tenemos siempre un hogar.

La palabra habita entre nosotr@s

Acoger la Palabra que habita entre nosotras/os es, por tanto, consentir en ser hijas e hijos de Dios, reconocernos hermanas y hermanos, ser familia de fe y de destino. Pero esa filiación es un don y una tarea que nos compromete desde la libertad única que nos constituye.

Cuando Jesús anuncia el Reino es a eso a lo que invita, a hacer posible un mundo nuevo creado lazos, sanando corazones, acompañando sueños, posibilitando vidas. Porque ese es el deseo de Dios cuando decidió poner su tienda entre los seres humanos. No es cuestión de propósitos sino de hacer de la vida un propósito. No se trata de alcanzar perfecciones imposibles, sino de hacernos a nosotras/os posibles y accesibles para los/as demás (Jn 1, 16).

Por eso, cumplir la voluntad de Dios o ver su gloria (Jn 1, 14) no es otra cosa que descalzarnos ante un pesebre y disponernos a ser lo mejor de nosotros/as mismos/as para salir al encuentro del otro. El camino no será fácil, pero no caminaremos a oscuras porque confiamos en ese Amor con mayúsculas que aquella primera Navidad se hizo visible entre el llanto y la sonrisa de un niño. 

Nuestro poder es sabernos hij@s de un Dios así (Jn 1, 12). A Dios nadie lo ha visto pero siguiendo a Jesús de Nazaret, acogiendo su Palabra y su propuesta podemos encontrarlo pues, parafraseando a L. Boff, sabemos desde el corazón que alguien tan humano solo puede ser Dios.

Carme Soto Varela

I Vísperas – Domingo II de Navidad

I VÍSPERAS

DOMINGO II DE NAVIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te diré mi amor, Rey mío, 
en la quietud de la tarde, 
cuando se cierran los ojos 
y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío, 
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío, 
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos, 
quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles, 
con el aliento del cielo
que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío, 
con el amor de tu Madre, 
con los labios de tu Esposa 
y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande! 
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén.

SALMO 118: HIMNO A LA LEY DIVINA

Ant. La Virgen concibió por la palabra de Dios, permaneció virgen, dio a luz al Rey de reyes.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La Virgen concibió por la palabra de Dios, permaneció virgen, dio a luz al Rey de reyes.

SALMO 15: EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD

Ant. Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano;
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio.

LECTURA: 1 Jn 5, 20

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La gracia del cielo ha penetrado en las entrañas de una madre virgen: el vientre de una doncella encierra misterios que superan su conocimiento.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La gracia del cielo ha penetrado en las entrañas de una madre virgen: el vientre de una doncella encierra misterios que superan su conocimiento.

PRECES

Adoremos a Cristo, que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado, y supliquémosle con fe ardiente, diciendo:

Por tu nacimiento, socorre, Señor, a quienes has redimido.

Tú que al entrar en el mundo has inaugurado el tiempo nuevo anunciado por los profetas,
— haz que tu Iglesia se rejuvenezca siempre.

Tú que asumiste las debilidades de los hombres,
— dígnate ser luz para los ciegos, fuerza para los débiles, consuelo para los tristes.

Tú que naciste pobre y humilde,
— mira con amor a los pobres y dígnate consolarlos.

Tú que por tu nacimiento terreno anuncias a todos la alegría de una vida sin fin,
— alegra a los agonizantes con la esperanza de un nacimiento eterno.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que descendiste al mundo para que los hombres pudieran ascender al cielo,
— admite en tu gloria a todos los difuntos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.


CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 2 de enero

1.- Introducción.

Señor, ciertamente no soy digno de tu Amor, ni de ser tu discípulo, ni de que me trates con tanto cuidado, con tanta solicitud, con tanto mimo. Por eso te pido ilumines este tiempo de oración para que sepa quitar de mi corazón todo aquello que me separe de Ti. Háblame Señor, te escucho.

2.- Lectura reposada de la Palabra: Juan 1, 19-28

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?» Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: «Yo no soy el Mesías». De nuevo le preguntaron: «¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?» Él les respondió: «No soy». «¿Eres el profeta?» Respondió:»No». Le dijeron: «Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?» Juan les contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: ´Enderecen el camino del Señor´, como anunció el profeta Isaías». Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos le preguntaron: «¿Entonces por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay uno, al que no conocéis, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias». Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

El hombre es un ser que hace preguntas. Los niños aprenden preguntando ¿qué es esto? Pero, de mayores, debemos hacernos esta gran pregunta: ¿quién soy yo? Los griegos solían decir: “Conócete a ti mismo”. Y es el propio Sócrates el que comenta este texto al joven Alcibíades: “Para conocerte a ti mismo no basta conocer tu cuerpo: Tienes que conocer el alma de Alcibíades. Y no llegarás a conocer tu alma si no conoces esa pequeña “centella de divinidad” que hay dentro de ella. Es verdad que toda persona está hecha a imagen y semejanza de Dios, pero esto no debe hacernos orgullosos ni altaneros, al contrario.  Normalmente, cuando nos preguntan por nosotros, solemos contestar poniendo por delante   nuestros títulos: soy el Sr. Ministro, el Sr. Obispo, el Sr. Alcalde, el Sr. Párroco…Pero Juan contestaba: “Yo no soy”… ni profeta, ni Elías, ni el Mesías. Soy la voz de otro, soy el que da paso a otro que es más importante que yo. Qué hermosa misión la de Juan: señalar con el dedo a Jesús y decir: ése es el Cordero de Dios que quita el pecado, las esclavitudes, el mal que hay dentro de nosotros. Él es el importante.

Y escuchamos la palabra del Papa:

Nos hará bien hoy, a nosotros, preguntarnos sobre nuestro discipulado: ¿anunciamos a Jesucristo? ¿Aprovechamos o no aprovechamos nuestra condición de cristianos como si fuera un privilegio? Juan no se apoderó de la profecía. ¿Vamos sobre el camino de Jesucristo? ¿El camino de la humillación, de la humildad, del abajamiento, del servicio? Y si nosotros encontramos que no estamos parados en esto, preguntarnos: ‘¿Pero cuándo ha sido mi encuentro con Jesucristo, ese encuentro me llenó de alegría?’ Y volver al encuentro, volver a la primera Galilea del encuentro. ¡Todos nosotros tenemos una! ¡Volver a encontrarla! Reencontrarnos con el Señor e ir adelante sobre este camino tan bello, en el cual Él debe crecer y nosotros disminuir. (Cf. S.S. Francisco, 7 de febrero de 2014, homilía en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Descubrir el gozo de vivir el día con toda sencillez, como uno más, como uno de tantos.

6.- Dios me ha hablado hoy por medio de su Palabra; y ahora yo le respondo con mi oración.

Necesito ser más humilde, Señor, para permanecer cerca de Ti, conociendo y haciendo vida tu Evangelio. Tú eres la única fuente de la santidad, nada puedo ni debo hacer al margen de tu voluntad. De nada me sirve la fama, el poder, los bienes materiales. Lo único que me debe importar es permanecer unido a Ti para poder realizar la misión que me has encomendado.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

¡Cambiemos… y a mejor!

Seguimos marcando los primeros compases del año cuando, la Palabra de Dios, nos invita a seguir recreándonos, recibiendo, contemplando, cantando y expresando el acontecimiento de estos días: ¡HA NACIDO EL SALVADOR!

1.- Ojala, durante los próximos doce meses, ese nacimiento no lo olvidemos y sea causa de nuestra renovación personal y social. Muchos nubarrones nos asolan y, la Buena Nueva –como dijo el Papa Benedicto XVI en la audiencia del 17 de diciembre, puede ser una buena aliada para enfrentarnos a esta situación de crisis que invade y acecha nuestra felicidad. Para poner las cosas en su sitio, al hombre, a Dios…

Por eso, hermanos, hay que estar siempre en disposición de búsqueda. Próximamente, en la fiesta de la Epifanía, contemplaremos cómo tres personajes, solidariamente y en la misma dirección, averiguaban en medio de muchas dudas e inconvenientes la huella de Dios en un pequeño nacido en Belén.

A partir de ahora, también nosotros, hemos de procurar –más allá de las ocupaciones y zancadillas – ir al encuentro de Aquel que se encarnó en medio de nosotros. Entre otras cosas porque, esa búsqueda, producirá en nosotros un deseo de vida, una ilusión por caminar y otras tantas motivaciones para seguir adelante.

2.- La Navidad, además de conmovernos, ha de situarnos ante nuestra propia vida. La llegada de un niño tambalea, condiciona, alegra y hasta altera la dinámica de un hogar: todo gira en torno a él. Con Jesucristo ocurre algo parecido. Ha venido para quedarse en medio de nosotros, para acampar junto a nosotros y para llenarnos e inundarnos de su luz. ¿Cómo no vamos hacer lo posible por buscarle cuando, el Señor, nos trae un haz de luz?

Y, si Dios, nos ha dado un Niño, a partir de este momento estamos llamados a cuidarlo. A intentar, por todos los medios, que nuestra vida sea agradable para El. En definitiva a cambiar en lo que tengamos que cambiar y hacer de nuestra Iglesia, de nuestra familia, de nuestra existencia un lugar confortable para que Jesús pueda manifestarse y ser creíble por nuestras palabras y obras. ¿Seremos capaces?

Una familia, ante la llegada de un niño, no queda paralizada por el acontecimiento. Por el contrario; se pone en movimiento, en pie. Y, cuando el niño llora, se le acuna; y cuando tiene hambre, se le ofrece alimento y cuando tiene frío o calor, se le abriga o se le quita la ropa.

Con Jesús también ocurre lo mismo; llora cuando nuestra vida cristiana va en dirección contraria a su Palabra; siente frío cuando ve que perdemos los sentimientos de solidaridad o de paz; está hambriento, cuando malgastamos por el camino fuerzas entregadas al mal y no esfuerzos para el bien.

3- ¿Qué vamos hacer con este Niño que nos ha nacido? ¿Cambiaremos en algo? Un Niño se nos ha dado. Ha llenado nuestras casas de luces y de colores; por El hemos saboreado dulces y nos hemos deseado la paz en multitud de idiomas. ¿Qué falta entonces? Ni más ni menos que procurar que, ese Niño, lejos de palidecer, crezca vigorosamente en nuestro interior. En nuestra vida cristiana. Que así sea. ¡FELIZ NAVIDAD! ¡DIOS HA NACIDO!

4.- VINISTE AL MUNDO, SEÑOR

Acompáñanos en la hora de incertidumbre,
y que nunca desaparezca de nuestros labios
un canto de alabanza y gratitud por tu llegada.

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Y, sin comprenderlo ni entenderlo muy bien,
sólo sabemos que ha merecido la pena
que estamos menos solos que antes
que, nuestra soledad, es la tuya
y que, nuestras inquietudes, ya desde pequeño
van contigo en ese rostro que, hoy por amor,
y en el calvario con pasión,
mira al hombre desde el amor.

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Y en el silencio, sigue hablando tu amor
Y en la oscuridad, sigue brillando la estrella
Y en el portal, sigues esperándonos
Y en la humildad, sigues enseñándonos
el camino preferido para encontrar a Dios

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Para hacernos redescubrir el encanto de creer
y el encanto de amor
la ilusión de esperar y la alegría de vivir

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Y, por venir hasta nosotros,
nos sentimos afortunados y dichosos:
¡Nunca nos había ocurrido algo parecido!
¡No te vayas, Señor!
¡Quédate junto a nosotros, Señor!
¡Deja que sigamos adorando tu divinidad!
¡Permite que te dejemos los dones
de nuestra fe, esperanza y caridad!

¡VINISTE AL MUNDO, SEÑOR!
Y, desde que has llegado,
este mundo ha encontrado una ventana
que nos abre de nuevo a la esperanza y a la paz.
Gracias, Señor: ¡HAS VENIDO…Y NOS BASTA!

Javier Leoz

Comentario – 2 de enero

(Jn 1, 19-28)

Nuevamente nos encontramos con la figura de Juan el Bautista, el precursor que invita a preparar el camino del Señor. Y esta insistencia en la preparación nos hace ver cómo actúa Dios. Si bien él tiene la iniciativa, también quiere motivar al hombre para que se disponga a recibir sus dones. Pero hay un detalle en este texto que merece ser rescatado, el de “desatar los cordones de las sandalias”, porque éste es un símbolo matrimonial que indica que el Mesías es el esposo del Pueblo, el enamorado que mira con ternura y pasión a su Pueblo. Así lo muestran también otras expresiones del evangelio de Juan, como la del “novio” en Jn 3, 29, y el encuentro con la samaritana en el pozo.

“La voz que clama en el desierto”. Del desierto sale Juan el Bautista; allí había vivido su total entrega a Dios, su tiempo de profunda comunicación con el Señor.

El desierto en la Biblia es el lugar del encuentro con Dios, porque no hay otras cosas que puedan distraer o encantar al hombre, y entonces puede escucharse la voz del Señor que habla al corazón. De hecho, el profeta Oseas presenta el desierto como el lugar de la seducción divina, donde Dios lleva a su pueblo para encontrarse con él a solas y así cautivarle el corazón (Os 2, 16).

En el desierto Juan había estado atento a Dios, se había alimentado y enriquecido en el encuentro con él había bebido palabras de sabiduría, y por eso al salir del desierto podía comunicar lo que había recibido, el anuncio de la salvación. Por eso puede ser testigo de algo que los demás no pueden alcanzar a descubrir: “En medio de ustedes hay alguien que ustedes no conocen” (v. 26).

Oración:

“Dame la gracia, Señor, de aprender a entrar en el desierto; quisiera dedicarte algo de mi tiempo que sea sólo para ti, ser capaz de abandonarlo todo por un instante para escuchar tu voz con el corazón liberado”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Relación con el misterio pascual

61. Por tanto, la Liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los actos de la vida sean santificados por la gracia divina que emana del misterio pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, del cual todos los sacramentos y sacramentales reciben su poder, y hace también que el uso honesto de las cosas materiales pueda ordenarse a la santificación del hombre y alabanza de Dios.

La Palabra acampó entre nosotros

“En el principio ya existía La Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”. San Juan, cap. l.

1.- Los evangelistas evangelios sinópticos buscan, para hilar su relato, las catequesis de la Iglesia primitiva. Juan se ciñe además a sus recuerdos.

Cuenta con precisión “lo que he visto y oído” y luego desarrolla en amplios párrafos sus memorias. Lo que a través de su larga vida ha descubierto en la persona del Maestro.

Los tres primeros Evangelios abundan en milagros, en hechos y dichos del Señor. El cuarto sólo relata siete signos y algunos discursos, más elaborados quizás, que insisten sistemáticamente en ciertas ideas principales.

“En el principio ya existía la Palabra y la Palabra era Dios”: Así comienza el prólogo de este cuarto Evangelio, revelándonos a Jesús como Palabra del Padre. Podríamos añadir: Manifestación, expresión, revelación del Padre.

Algunos afirman que esta página nos llega de un himno que se usaba en la primera comunidad cristiana, para alabar a Jesucristo.

2.- Hoy a nosotros, luego de muchas traducciones, san Juan nos dice que Jesús es el Verbo del Padre. Y al comparar esta expresión con el lenguaje diario, comprendemos que nuestras palabras son el ropaje de nuestros pensamientos. Pero a la vez su habitación, sus alas, su disfraz y su cárcel.

Nunca podremos entonces lograr la forma plena, un método del todo eficaz que revele al hermano nuestras ideas y nuestros sentimientos. Nacen los sustantivos y de inmediato necesitan un verbo que los lleve de la mano, los proteja y los oriente. Llaman en su ayuda al adjetivo, que los marca y los singulariza. Pero enseguida, para no traicionar el pensamiento, invocan al adverbio. Piden exactitud a las preposiciones, se dan la mano por medio de las conjunciones.

3.- Cuando Dios se hace hombre, Jesucristo se presenta cómo la Palabra del Padre, pero una palabra definitiva, absoluta e inmensa que resuena sobre el universo, declarándonos el amor sustancial de Dios. Resuena en los ambientes de aquel tiempo y hemos de hacerla resonar entre nosotros, hasta los confines de la tierra.

Aparece Jesús de Nazaret como hijo de mujer, hermano, peregrino, visitante que acampa entre nosotros, necesitado, vecino, compañero de viaje.

La luz de Dios se revela en Jesucristo. Pero también se opaca. De lo contrario no la podrían soportar nuestros ojos.

Aquel día la Sabiduría de Dios se redujo a esquemas humanos: Al idioma arameo, al culto israelita, a la geografía de Palestina, al paisaje de Galilea, a la escuela de Nazaret, a la historia que enseñaba por las tardes Rabí Isacar, añorando el pasado.

La bondad de Dios, para llegar a nuestro entendimiento, se vistió de formas humanas. Su belleza se ocultó detrás de la hermosura limitada del mundo, de las cosas.

4.- Desde entonces el Creador comenzó a hacerse presente en todos los signos que delatan amor y bondad. En la simpatía de un rostro amable, de un gesto oportuno, de una mirada comprensiva. Por todo ello podemos afirmar que Jesús es la Palabra del Padre.

San Juan comprendería todo esto mejor que nosotros: “En el principio ya existía la Palabra y la palabra estaba junto a Dios”. “La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”.

5.- Para los cristianos de hoy esa Palabra del Altísimo resuena en la conciencia de cada creyente. Pero también en la liturgia de la Iglesia y en la comunidad cristiana. Escuchémosla.

Gustavo Vélez, mxy

Dios viene a nosotros, ¿sabremos acogerle?

1.- “La Palabra era vida y la vida es la luz de los hombres“. El evangelista se dirige a una comunidad de cultura griega, que conoce muy bien lo que significa en la filosofía el término “logos”, palabra. Es el origen y culmen del universo, es lo que da sentido a todo. El logos es Jesús, que se encarna por nosotros. Pero vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, prefirieron las tinieblas a la luz. Hoy día sigue viniendo a nosotros, ¿por qué no sabemos reconocerlo? Es verdad que celebramos la Navidad, pero más que Navidad son “navidades” en las que es muy difícil identificar la presencia del Niño-Dios. Porque las luces nos deslumbran y no descubrimos la auténtica “luz”, porque estamos llenos de cosas que nos impiden profundizar en nuestro interior para descubrirle, porque nos hemos quedado en la envoltura y no hemos descubierto el tesoro que encierra. Hace poco recibí por correo esta “carta” de Jesús:

“Como sabrás, se ha celebrado de nuevo mi cumpleaños. Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y este año ha sucedido lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión y en todas partes no se habla de otra cosa que de la fiesta de mi cumpleaños. La verdad, es agradable pensar que, al menos un día al año, algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes hace muchos años que empezaron a festejar mi cumpleaños. Al principio era una forma de comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero me da la impresión de que hoy día pocos saben para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata. Recuerdo que este año, al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor. Había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo que había también muchos regalos; pero, ¿sabes una cosa? Ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí, y cuando llegó el gran día me dejaron fuera, me cerraron la puerta… y yo quería compartir la mesa con ellos. La verdad es que no me sorprendí porque en los últimos años casi todos me cierran la puerta. Yo quiero celebrarlo, todavía hay tiempo, ¿me abrirás tu la puerta para que entre? Estás todavía a tiempo”

2. – La revelación fundamental del evangelio del día de Navidad, el prólogo de San Juan, es que a todos aquellos que le reciben “Dios les da poder para ser hijos suyos”. A todos aquellos que son capaces de acogerlo en su corazón, Dios les regala su gracia, que se desborda generosamente. Dios ha querido estar dentro del mundo, no fuera. La gráfica imagen que el evangelista utiliza para describir la encarnación de Dios en el hombre es la de “acampó entre nosotros”. No hay derecho a echar a Dios de nuestro mundo, El esta presente en nuestra vida. Es absurdo decir Dios sólo habita en el cielo, pues El ha querido encarnarse en nosotros. ¿Para qué? No tengo ninguna duda: para enseñarnos a amar. Dios se humaniza, como dice San Agustín, para hacernos a nosotros divinos.

3.- Una persona me envió un mensaje de Navidad, que es sobre todo una súplica. Creo que aclara la manera en que tenemos que acoger al Dios que se encarna en nuestras vidas: “En breve va a nacer un niño y será huérfano si no lo adoptas. Me gustaría que lo acogieses en tu hogar junto con tu familia. Tendrá que hacer una limpieza general y quitar trastos para hacerle sitio. Retirar el egoísmo, el consumismo, la comodidad, la soberbia, el encerrarse en uno mismo, el orgullo, la mentira, la indiferencia ante los problemas y alegrías de los demás, la envidia, la cizaña, la rutina, las excusas… Necesitará que creas en El y en lo que puede hacer a través de ti. Con este frío no se te olvide con un tejido muy cálido llamado AMOR, que cuanto más lo repartas a quienes te rodean, más calentito estará. Por cierto, sólo te dejará dormir si siembras PAZ cada día, pues si se te olvida llorará mucho. Pero en el fondo, ya verás como será la alegría de la casa. Gracias por ayudar a que este niño tenga un hogar en tu corazón. ¡Su vida depende de ti!”.

José María Martín OSA

Una obra de amor y de vida

1.-En todo el mundo se han ido haciendo reservas naturales en maravillosas regiones de montes y valle, pobladas de toda clase de preciosos animales, regadas por limpios arroyos plagados de peces. Pues el Verbo y Palabra de Dios, que estaba desde el principio de Dios y era Dios, y por el que fueron creadas todas las cosas en las que dejó su impronta de belleza como describe San Juan de la Cruz:

Mil gracias derramando
Pasó por estos sotos con presura
Y yendolos mirando
Con sola su figura
Vestidos los dejó de su hermosura.

Ese Señor pudo convertir el Paraíso, el Edén en reserva natural vigilada por ángeles conde la humanidad viviera una vida idílica y hubiera sido un gran plan.

2.- También es una idea genial de un arquitecto japonés Imai Kenji, con materiales destrozados u quemado por la bomba atómica de Nagasaki, levantar en lo alto de una colina dos inmensos mosaicos, el del amor, contra el odio, y el de la esperanza contra la desesperanza de un futuro.

Trozos de porcelana de platos, braseros, floreros, soperas, porcelana roto y destrozada, forman aquel rojo de amor y verde-blanco esperanza que parece iluminar a toda la ciudad.

Pues el Verbo de Dios, nos sigue narrando San Juan, luz verdadera vio este mundo cubierto de tinieblas, como aquel día de Nagasaki en el que el humo amenazaba apagar al sol.

El que era la vida vio todo cubierto de muerte y sangre, como aquellos cadáveres que el río arrastraba al mar entre aguas ensangrentadas y sucias, como banco de monstruos marinos victimas de un odio sin límites.

Y ese Verbo de Dios que es vida para todo hombre que viene a este mundo, decidió como el arquitecto japonés, hacer del odio y la muerte una obra de amor y de vida.

José María Maruri, SJ

Vivir sin acoger la luz

Todos vamos cometiendo a lo largo de la vida errores y desaciertos. Calculamos mal las cosas. No medimos bien las consecuencias de nuestros actos. Nos dejamos llevar por el apasionamiento o la insensatez. Somos así. Sin embargo, no son esos los errores más graves. Lo peor es tener planteada la vida de manera errónea. Pongamos un ejemplo.

Todos sabemos que la vida es un regalo. No soy yo quien he decidido nacer. No me he escogido a mí mismo. No he elegido a mis padres ni mi pueblo. Todo me ha sido dado. Vivir es ya, desde su origen, recibir. La única manera de vivir sensatamente es acoger de manera responsable lo que se me da.

Sin embargo, no siempre pensamos así. Nos creemos que la vida es algo que se nos debe. Nos sentimos propietarios de nosotros mismos. Pensamos que la manera más acertada de vivir es organizarlo todo en función de nosotros mismos. Yo soy lo único importante. ¿Qué importan los demás?

Algunos no saben vivir sino exigiendo. Exigen y exigen siempre más. Tienen la impresión de no recibir nunca lo que se les debe. Son como niños insaciables, que nunca están contentos con lo que tienen. No hacen sino pedir, reivindicar, lamentarse. Sin apenas darse cuenta se convierten poco a poco en el centro de todo. Ellos son la fuente y la norma. Todo lo han de subordinar a su ego. Todo ha de quedar instrumentalizado para su provecho.

La vida de la persona se cierra entonces sobre sí misma. Ya no se acoge el regalo de cada día. Desaparece el reconocimiento y la gratitud. No es posible vivir con el corazón dilatado. Se sigue hablando de amor, pero «amar» significa ahora poseer, desear al otro, ponerlo a mi servicio.

Esta manera de enfocar la vida conduce a vivir cerrados a Dios. La persona se incapacita para acoger. No cree en la gracia, no se abre a nada nuevo, no escucha ninguna voz, no sospecha en su vida presencia alguna. Es el individuo quien lo llena todo. Por eso es tan grave la advertencia del evangelio de Juan: «La Palabra era luz verdadera que alumbra a todo hombre. Vino al mundo… y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron». Nuestro gran pecado es vivir sin acoger la luz.

José Antonio Pagola