Meditación – 4 de enero

Hoy es 4 de enero.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 1, 35-42):

En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir, “Maestro”— ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis» (…).

Hoy, Navidad responde a la pregunta: «¿Dónde vives?». El pesebre suele representarse como un edificio desvencijado. Delata un pasado esplendoroso, pero ahora está deteriorado, sus muros en ruinas: se ha convertido justamente en un establo. El trono de David, al que se había prometido una duración eterna, está vacío. José, el descendiente de David, es un simple artesano.

David mismo empezó como pastor. En el establo de Belén, precisamente donde estuvo el punto de partida, vuelve a comenzar la realeza davídica de un modo nuevo: en aquel niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. El nuevo trono desde el cual este «David» atraerá el mundo es la Cruz.

—La Cruz se corresponde con el nuevo inicio en el establo. Así se construye el verdadero palacio davídico. Este nuevo palacio es la comunidad de cuantos se dejan atraer por el amor de Cristo y con Él llegan a ser una humanidad nueva. ¡El poder de la bondad que se entrega en la Cruz!: ésta es la verdadera realeza.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – 4 de enero

LUNES 4 de enero, feria del Tiempo de Navidad

Misa de feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio de Navidad

Leccionario: Vol. II

  • 1Jn 3, 7-10. No puede pecar, porque ha nacido de Dios.
  • Sal 97.Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
  • Jn 1, 35-42. Hemos encontrado al Mesías

Antífona de entrada          Gál 4, 4-5
Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, para que recibiéramos la adopción filial.

Monición de entrada y acto penitencial
De nuevo nos hemos reunido en familia en torno a una misma mesa para adorar al Señor unidos a todas las naciones, recordando que nos ha amanecido un día sagrado, y que una gran luz ha bajado a la tierra. Iniciemos, pues, la celebración de los sagrados misterios de la Eucaristía pidiendo perdón a Dios por nuestros pecados.

• Tú que eres la Palabra de Dios hecho hombre. Señor, ten piedad.
• Tú que eres la imagen de Dios invisible. Cristo, ten piedad.
• Tú que eres el Santo de Dios. Señor, ten piedad.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que has querido manifestarte con una luz nueva
por medio de la venida de tu Unigénito,
concédenos que, así como merecimos que él participara,
por su nacimiento de la Virgen,
de nuestra existencia corporal,
nosotros merezcamos ser coherederos en su reino de gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Como Simón y Andrés, reconocemos en Jesús al Mesías que la humanidad esperaba, y unidos a Él, presentamos confiadamente nuestras peticiones a Dios Padre.

1.- Para que la Iglesia, como Juan Bautista, sepa indicar a Cristo a los hombres de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.

2.- Para que Dios conceda vocaciones sacerdotales y religiosas a nuestra diócesis, que ayuden a encontrar a Cristo a todos aquellos que le buscan. Roguemos al Señor.

3.- Para que todos los que trabajan con sinceridad la paz puedan hallarla encontrando a Cristo. Roguemos al Señor

4.- Para que los cristianos seamos reconocidos como hijos de Dios por las obras de justicia y de amor a los hermanos necesitados. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos y cada uno de nosotros seamos anunciadores y apóstoles de Cristo en la sociedad. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que quisiste que los discípulos de Juan siguieran a Jesús, escucha las súplicas que te hemos dirigido y muéstranos tu bondad, tu misericordia y tu fidelidad, para que siguiendo a tu Hijo nos dejemos transformar por su amor y alcancemos por Él la gracia de la inmortalidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
autor de la piedad sincera y de la paz,
te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza
y nuestra unión se haga más fuerte
por la participación en este sagrado misterio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de la solemnidad de Epifanía, prefacio de Navidad.

Antífona de comunión          Jn 1, 16
De su plenitud hemos recibido gracia tras gracia.

Oración después de la comunión
QUE tu pueblo, Señor, dirigido por tu abundante ayuda,
reciba los auxilios presentes y futuros de tu amor,
para que, sostenido por el consuelo necesario de las cosas temporales,
aspire con más confianza a los bienes eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 4 de enero

SAN GREGORIO, Obispo de Langres (539)

La vida de este santo nos es conocida gracias a los escritos de su bisnieto, San Gregorio de Tours. Noble de nacimiento, Gregorio gobernó durante cuarenta años el distrito de Autun, con el cargo de «comes» (conde), y se distinguió por su sentido de justicia. Era ya entrado en años, cuando murió su esposa Armentaria y él decidió realizar su deseo de abandonar el mundo y entregarse sin reservas a Dios. Elegido obispo de Langrés por el pueblo y el clero, San Gregorio fue un admirable ejemplo de fidelidad a sus deberes pastorales. Hacía grandes penitencias en lo referente a la comida y la bebida, ingeniándose hábilmente para disimular sus ayunos a quienes le rodeaban. Con frecuencia pasaba una parte de la noche en oración, sobre todo en el bautisterio de Dijon, donde habitaba generalmente. Ahí recibió la visita de varios santos, que iban a cantar con él las alabanzas al Señor. San Benigno, el apóstol de Borgoña, cuyo culto había descuidado San Gregorio, se le apareció, le reprendió paternalmente por su negligencia y le pidió que restaurara su santuario en ruinas, que desde entonces ha sido famoso en Dijon. San Gregorio murió en Langrés, en 539, pero, según su deseo, los restos fueron trasladados al santuario de San Benigno. Venancio Fortunato compuso el epitafio de nuestro santo, lo cual demuestra que la paternal caridad que desplegó en sus últimos años, fue suficiente para borrar la severidad que pudiera tal vez haber mostrado como juez. A un en los milagros que realizó después de su muerte, parece haber tenido predilección por los prisioneros de la justicia humana.

Ver Gregorio de Tours, Vitae Patruum, lib. vil; Historia Francorum, lib. III, IV y V; De gloria martyrum, LI; L. Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. n, pp. 185-186; DCB, vol. II, p. 770.

 

Alban Butler

Laudes – 4 de enero

LAUDES

4 DE ENERO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

HIMNO

Entonad los aires
con voz celestial:
«Dios niño ha nacido
pobre en un portal».

Anúnciale el ángel
la nueva al pastor,
que niño ha nacido
nuestro Salvador.

Adoran pastores
en sombras al Sol,
que niño ha nacido,
de una Virgen, Dios.

Haciéndose hombre,
al hombre salvó.
Un niño ha nacido,
ha nacido Dios. Amén.

SALMO 41: DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

CÁNTICO: SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel a quien nombraste tu primogénito;
ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad,
y al templo de tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

SALMO 18: ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA: Is 45, 22-24

Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua.»

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.

R/ Su salvación.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo, nuestro Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad, ha tomado nuestra carne y, al nacer como hombre, ha renovado la humanidad. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, nuestro Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad, ha tomado nuestra carne y, al nacer como hombre, ha renovado la humanidad. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, Palabra eterna del Padre, manifestado en la carne, contemplado por los ángeles y predicado a los paganos, y digámosle devotamente:

Te adoramos, Hijo unigénito de Dios.

Libertador del género humano, que naciendo de la Virgen has venido a renovar el mundo,
— líbranos por intercesión de María de toda corrupción de la carne.

Tú que desde el cielo hiciste brillar en la tierra la justicia increada,
— ilumina con la claridad de tu luz el día que empezamos y toda nuestra vida.

Hijo de Dios, que nos has revelado el amor del Padre,
— haz que también nuestra caridad manifieste a los hombres el amor de Dios.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste acampar entre nosotros,
— haznos dignos de morar contigo en tu reino.

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que tu Salvador, luz de redención que surge en el cielo, amanezca también en nuestros corazones y los renueve siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.