Comentario – 5 de enero

Según los relatos evangélicos, la vocación de los primeros discípulos de Jesús fue una sucesión de contactos y de encuentros que dieron origen a una fuerte amistad que habría de perdurar en el tiempo. La conformación de este grupo de seguidores de Jesús que está en el origen del cristianismo y de la Iglesia es el resultado de esos encuentros personales que instauraron estrechos lazos de amistad y de compañerismo. San Juan nos hace saber que Jesús, tras haber determinado salir para Galilea, encuentra a Felipe y le dice: Sígueme. Aclara que Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Es probable que Felipe tuviera ya contactos con Andrés y Pedro o que perteneciera al mismo círculo de los discípulos de Juan Bautista.

El encuentro con Jesús pudo deberse a estos contactos. Pero el evangelista añade, a continuación, que Felipe se encontró con Natanael, que no podía serle desconocido, y le expresó con asombro su última noticia: Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret. Para decir que habían encontrado a aquel de quien escribió Moisés, tenían que estar familiarizados con tales Escrituras.

El personaje aludido era sin duda el Mesías esperado. Pues bien, Felipe manifiesta a su amigo la certeza de que el Mesías profetizado es Jesús, el Nazareno. Natanael no da crédito a esta noticia, porque entiende que de Nazaret, tierra de gentiles, no puede proceder el Mesías anunciado. De Nazaret no podía salir nada bueno. Felipe no le replica. Se limita a facilitarle el encuentro personal con el personaje en cuestión: Ven y verás, ven y tendrás ocasión de comprobarlo por ti mismo.

Cuando Jesús le ve acercarse a él, dice de él, como si le conociera de siempre: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Aquello tuvo que sonarle a Natanael a un juicio un poco presuntuoso. ¿Cómo se permitía enjuiciarle aquel desconocido que nada sabía de él? Por eso le contesta: ¿De qué me conoces para decir eso de mí? Y Jesús le muestra un indicio de sus dotes cognitivas: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Bastó esta simple indicación para que cambiara enteramente la actitud de ese israelita de verdad, íntegro, honesto, siempre con la cara descubierta, sin doblez ni engaño. Rabí –respondió-, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Confesar a Jesús Hijo de Dios por haberle adivinado el lugar en que se encontraba antes de ser llamado por Felipe, parece excesivo. Y Jesús se lo hace notar: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y realmente llegó a ver cosas mayores, signos mayores de su poder de persuasión, de curación, de transformación. Veréis el cielo abierto –les dice Jesús- y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Verán, pues, abrirse el cielo; verán personajes celestes cortejando al Hijo del hombre. Pero también verán cosas contrarias; verán al Mesías contradicho, discutido, despreciado, rechazado, injuriado, humillado, condenado como un malhechor, crucificado, sepultado. Y en semejante visión su fe se verá zarandeada, combatida, cuestionada: Ahí tenéis a vuestro Rey, clavado en una cruz, les podían echar a la cara sus contradictores.

¿Era la amistad de estos hombres con Jesús, su fe en él, tan fuerte como para hacer frente a estos desafíos? No lo parece. Pero la fe de aquellos discípulos reverdeció con la resurrección del Maestro. Sólo este hecho (= cosamayor explica la fuerza arrolladora de una fe capaz de entregar la vida en su momento testimonial (= martirio). La amistad explica muchas cosas en la relación de aquellos discípulos con Jesús, pero no lo explica todo. Para seguir manteniendo la fe (= confianza) en él, tuvieron que ver realmente cosas mayores, tuvieron que ver el cielo abierto para dar entrada triunfal al Resucitado de entre los muertos.

Pero no cabe duda de que hubo unos contactos que propiciaron encuentros, y los encuentros hicieron surgir la amistad –esa confluencia de intereses entre diversas personas- que habría de robustecerse con el tiempo. Sólo esta amistad ininterrumpida explica la permanencia en el seguimiento, incluso en los momentos más críticos y complicados, y finalmente la experiencia de las apariciones tras su muerte y sepultura. También hoy, como entonces, la fe sigue siendo una cuestión de amistad, que depende de un encuentro personal con el Viviente. Si falta éste se hace difícil no sólo el brotar de la fe, sino hasta su propio mantenimiento.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

I Vísperas – Epifanía del Señor

I VÍSPERAS

EPIFANÍA DEL SEÑOR, Solemnidad

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Confiada mira la luz dorada
que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada
sobre Belén.

El mundo todo ve hoy gozoso
la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso
rey Emmanuel.

Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente
al niño Dios.

Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara,
pasión, dolor.

La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama
valiente Juan.

Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de eucaristía
Caná bebió.

A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.

SALMO 134

Ant. Engendrado antes de la aurora de los siglos, el Señor, nuestro Salvador, hoy se ha manifestado al mundo.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Engendrado antes de la aurora de los siglos, el Señor, nuestro Salvador, hoy se ha manifestado al mundo.

SALMO 134

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor,
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

CÁNTICO de TIMOTEO

Ant. Esta estrella resplandece como llama viva y revela al Dios, Rey de reyes; los magos la contemplaron y ofrecieron sus dones al gran Rey.

Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, manifestado en la carne,
justificado en el Espíritu.

Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, contemplado por los ángeles,
predicado a los paganos.

Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, creído en el mundo,
llevado a la gloria.

Alabad al Señor, todas las naciones.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Esta estrella resplandece como llama viva y revela al Dios, Rey de reyes; los magos la contemplaron y ofrecieron sus dones al gran Rey.

LECTURA: 2Tm 1, 9-10

Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal por medio del Evangelio.

RESPONSORIO BREVE

R/ Será la bendición de todos los pueblos.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

R/ Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.
V/ Todos los pueblos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los magos, al ver la estrella, se dijeron: «Éste es el signo del gran Rey; vamos a su encuentro y ofrezcámosle nuestros dones: oro, incienso y mirra.» Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los magos, al ver la estrella, se dijeron: «Éste es el signo del gran Rey; vamos a su encuentro y ofrezcámosle nuestros dones: oro, incienso y mirra.» Aleluya.

PRECES

Veneremos, con grandísimo gozo, a nuestro Salvador, que en este día fue adorado por los magos, y digámosle:

Salva, Señor, la vida de los pobres.

Oh Rey de las naciones, que llamaste a los magos, como primicia de los pueblos gentiles, para que te adoraran,
— danos el espíritu de adoración y servicio.

Rey de la gloria, que riges a tu pueblo con justicia,
— concede a los hombres paz abundante.

Rey eterno, que subsistes por los siglos,
— haz que tu palabra penetre en nuestros corazones como la llovizna que empapa la tierra.

Rey de justicia, que quieres librar al pobre que no tiene protector,
— ten piedad de los desgraciados y afligidos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Señor, cuyo nombre es bendito por los siglos,
— haz partícipes a nuestros hermanos difuntos de las maravillas de tu salvación.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.


CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 5 de enero

1.-Introducción.

Ven Espíritu Santo, inspira y manda tu luz para que tu cercanía me ayude a seguirte más de cerca. Hoy, por la fe, yo quiero hacer realidad en mí aquel encuentro que los discípulos tuvieron contigo. Todo lo que Tú fuiste para ellos entonces, quiero que seas hoy conmigo. Por eso pido al Espíritu Santo que me contagie aquella fe de los primeros discípulos.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Juan 1, 43-51

En aquel tiempo Jesús quiso partir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme». Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

“Jesús quiso partir para Galilea”. Con esta simple indicación, el evangelista Juan nos va a indicar la inclinación de Jesús por los pobres y marginados. Ante la sorpresa de Natanael de que “de Galilea pueda salir algo bueno”, Felipe se limitó a decirle: “Ven y verás”. Es la respuesta que debemos dar los creyentes a tantos incrédulos e indiferentes que se cruzan por nuestro camino. Ven y verás. Verás lo que el Señor es capaz de hacer de tu vida desde el momento en que recorras el camino maravilloso de la fe. Verás las maravillas que es capaz de hacer Jesús con el corazón que confía en Él. ¿Acaso alguno se ha acercado a Él y ha salido igual que antes? ¿Acaso sus palabras no son capaces de hacer arder el corazón? “Veréis el cielo abierto” alude a la visión de Jacob en Betel (Gn 28,11-27). La verdadera escala de Jacob, el verdadero encuentro de Dios con los hombres, es Jesús. No hay otro nombre en el cielo ni en la tierra.

Palabra del Papa.

Lo que más cuenta en la narración de Juan es la confesión de fe que al final profesa Natanael de manera límpida: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Si bien no alcanza la intensidad de la confesión de Tomás con la que concluye el Evangelio de Juan: «¡Señor mío y Dios mío!», la confesión de Natanael tiene la función de abrir el terreno al cuarto Evangelio. En éste se ofrece un primer e importante paso en el camino de adhesión a Cristo. Las palabras de Natanael presentan un doble y complementario aspecto de la identidad de Jesús: es reconocido tanto por su relación especial con Dios Padre, del que es Hijo unigénito, como por su relación con el pueblo de Israel, de quien es llamado rey, atribución propia del Mesías esperado. Nunca tenemos que perder de vista ninguno de estos dos elementos, pues si proclamamos sólo la dimensión celestial de Jesús corremos el riesgo de hacer de Él un ser etéreo y evanescente, mientras que si sólo reconocemos su papel concreto en la historia, corremos el riesgo de descuidar su dimensión divina, que constituye su calificación propia. (Benedicto XVI, 4 de octubre de 2006).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios. (Guardo silencio).

5.- Propósito: Tener a Jesús no como un camino más sino como el camino, el único camino para ir al Padre.

6.-Dios me ha hablado a través de su Palabra. Y yo ahora le respondo con mi oración.

Te doy gracias porque me invitas a seguirte, a servirte a ti personalmente, por encima de creencias, dogmas, o normas morales. Quiero alcanzar una adhesión total, vital a tu persona, para poder corresponder a tu llamada. Comprendo que vale la pena renunciar a todo lo que me pueda apartar de Ti, quiero esforzarme para dejar que Tú me transformes, para que mi forma de pensar, de sentir, de amar, sea tu forma de pensar, de sentir y de amar. Como Juan Bautista yo también quiero afirmar: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – 5 de enero

(Jn 1, 43-51)

Este texto, que en realidad comienza en el versículo 35, narra bellamente el primer encuentro de Jesús con sus discípulos, encuentro que trasunta intimidad, alegría, entusiasmo, novedad.

Pero en realidad estos encuentros son una excusa para hablar de Jesús y mostrar quién es él. El único importante en este texto es Jesús, que así como se encontró con sus primeros discípulos, hoy quiere encontrarse con nosotros.

Porque de la boca de los discípulos van surgiendo distintos apelativos que describen la misión del Señor y van engrandeciendo su figura: Primero Juan lo llama “Cordero de Dios” (v. 36), luego lo llaman “Maestro” (v. 38), Andrés dice que es el Mesías (v. 41), Felipe lo presenta como el anunciado por Moisés y los profetas (v. 45), y finalmente Natanael lo confiesa como “Hijo de Dios, rey de Israel” (v. 49).

Podríamos preguntarnos si nosotros lo reconocemos como “Cordero de Dios”, si realmente nos interesa que él nos haya salvado con su propia sangre; podríamos mirar nuestro corazón para reconocer si lo hemos aceptado como Maestro, o si creemos que no tenemos nada que aprender; podríamos plantearnos si verdaderamente lo aceptamos como Mesías, porque advertimos que él es aquel a quien estaba esperando nuestro corazón necesitado; o si reconocemos que todo lo que hemos vivido nos ha estado hablando de él, si creemos de verdad que él no es uno más, sino el Hijo de Dios y el rey soberano de nuestras vidas.

Oración:

“Te doy gracias Señor, porque has querido manifestarte a nosotros, y delicadamente te adaptas a cada uno para mostrarle algo de tu precioso misterio. Te doy gracias por la intimidad que me ofreces, con la cual me haces descubrir tu belleza y tu gloria”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Catecumenado

64. Restáurese el catecumenado de adultos dividido en distintas etapas, cuya práctica dependerá del juicio del ordinario del lugar; de esa manera, el tiempo del catecumenado, establecido para la conveniente instrucción, podrá ser santificado con los sagrados ritos, que se celebrarán en tiempos sucesivos.

Música – Bautismo del Señor

Entrada: Un solo Señor (1 CLN-708); El Señor nos llama CLN  A 5; Pueblo de Dios (Cantos varios)
Introito en  latin: Dilexisti iustitiam
Salmo y Aleluya: El Señor bendice… (Propio)                           
Ofertorio: Este pan y vino (CLN H 4)
Santo: 1 CLN-I 7.
Comunión: Como el ciervo que a las fuentes de Arrondo. Iglesia peregrina (CLN 408)
Final: Vosotros sois la luz del mundo (1 CLN-406).

Recursos – Ofertorio Bautismo del Señor

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE CON AGUA

(El padre del último bautizado en la comunidad presenta un recipiente con agua, que bien pudiera ser el calderillo litúrgico, que contiene el agua que ha sido bendecida por el presbítero de la comunidad en alguna ocasión anterior. Inmediatamente después de la ofrenda, quien preside la celebración rocía a todos los asistentes, en recuerdo de su bautismo. Mientras la aspersión se puede cantar alguna canción alusiva al bautismo, y si no se hace en silencio, aunque todos se ponen de pie)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy te ofrecemos tu agua. Fue bendecida, como un sacramental y para que todos nosotros y nosotras, al santiguarnos, recordáramos nuestro Bautismo. Hoy, recibida de Ti, te la traemos como nuestra mejor ofrenda. Queremos que, con tu bendición, nos fortalezcas para asumir y actualizar nuestros compromisos bautismales.

PRESENTACIÓN DE UNAS CADENAS

(Tras la aspersión del agua bendita, la madre del último bautizado presenta unas cadenas. Después de la ofrenda, quien preside la celebración realiza el escrutinio de las renuncias bautismales. Para ello, toda la comunidad se pone de pie y responde: «Sí, renunciamos»)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, si mi esposo te ha ofrecido el agua, símbolo de tu gracia y participación en la vida nueva del Resucitado, yo te traigo hoy unas cadenas, que son el signo de la liberación que has obrado en nosotros y en nosotras, rompiendo las cadenas del pecado que nos esclaviza y nos impide vivir la libertad de los hijos e hijas de Dios.

PRESIDENTE:

Así, pues, ya que hoy habéis manifestado vuestro deseo de actualizar vuestro Bautismo, os pido que renovemos nuestras promesas bautismales, las que hicieron, un día, por nosotros nuestros padres y padrinos, renunciando a Satanás, a sus obras y seducciones. Por tanto, yo os pregunto:

¿Renunciáis a Satanás, esto es:
al pecado, como negación de Dios;
al mal, como signo del pecado en el mundo;
al error, como ofuscación de la verdad;
a la violencia como contraria a la caridad;
al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

R/. Sí, renunciamos.

PRESIDENTE:

¿Renunciáis a sus obras, que son:
las envidias y odios;
las perezas e indiferencias;
las cobardías y complejos;
las tristezas y desconfianzas;
las injusticias y favoritismos;
los materialismos y sensualidades;
las faltas de fe, de esperanza y de caridad?

R/. Sí, renunciamos.

PRESIDENTE:

¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser:
el creeros los mejores;
el veros superiores;
el estar muy seguros de vosotros mismos;
el creer que ya estáis convertidos del todo;
el quedaros en las cosas, medios, instituciones
métodos, reglamentos, y no ir a Dios?

R/ Sí, renunciamos.

PRESIDENTE:

Pues ya que hemos renunciado a cuanto nos ata, manifestemos hoy, todos juntos y juntas y de forma comprometida, nuestra fe en Dios, diciendo:
Creo en Dios, Padre todopoderoso

PRESENTACIÓN DE LA LUZ

(Sería interesante que lo pudiera ofrecer algún miembro de la Pastoral de los Bautismos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, en nombre de cuantos y de cuantas estamos reunidos/as, yo te ofrezco hoy esta luz, que la queremos unir a las que lucen sobre la mesa del altar. Ella es el símbolo del efecto del bautismo en nosotros y nosotras y de nuestro compromiso. La ha prendido tu Hijo Resucitado, que es quien ilumina nuestro corazón, y quiere que nosotros y nosotras, con nuestras palabras y nuestra vida, seamos luz que alumbra las tinieblas del mundo. No permitas nunca, Señor, que seamos opacos para los y las demás.

PRESENTACIÓN DE UN PEQUEÑO RECIPIENTE CON ACEITE

(Se sugiere que lo pudiera ofrecer algún miembro de Cáritas o en la pastoral de la Marginación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco, también en nombre de todos y de todas, este pequeño recipiente de aceite. En otro tiempo se usó como bálsamo y medicina para las heridas. Por eso, hoy nosotros y nosotras te lo ofrecemos como signo de nuestro compromiso en la lucha en favor de cuantos sienten y viven una necesidad. Haznos sensibles, Señor, a todas ellas, y no permitas que nos crucemos de brazos ante ningún problema de los hombres y de las mujeres.

Oración de los fieles – Bautismo del Señor

Una gran esperanza nos llega hoy. Dios Padre, manifiesta su predilección por Jesús. A través de Él, somos también nosotros predilectos, le pedimos con humildad a nuestro Padre, respondiendo:

MÁNDANOS TU ESPIRITU, SEÑOR.

1.- Por el Papa, obispos, sacerdotes y todos los bautizados, para que sea la luz que recibimos ese día la que nos guíe e ilumine toda nuestra vida. OREMOS

2.- Por los niños que se bautizan, para que revestidos de Cristo crezcan en sabiduría y gracia de Dios de la misma forma que le niño Jesús. OREMOS

3.- Por los pobres, desheredados, extranjeros, débiles, enfermos, cautivos… predilectos de Dios, para que realmente encuentren, a través nuestra, ese amor que Dios les ofrece. OREMOS

4.- Por todos los que después de bautizados han perdido la luz de la fe, para que encuentren en el fondo de su alma aquella semilla de Espíritu y se dejen guiar por ella. OREMOS

5.- Por desarrollo justo de todos los pueblos, para que los responsables encuentren soluciones dignas y todos los pueblos vivan en paz y armonía. OREMOS

6.- Por nuestra comunidad parroquial, para que salidos de un mismo Bautismo, profesemos una misma fe en un mismo y único Dios. OREMOS

Padre, tenemos ya la semilla de tu Amor en el corazón, cuida de ella y hazla crecer para que un día lleguemos a contemplar el Amor total que es estar en tu presencia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Oremos a Dios nuestro Padre que en el Bautismo nos reconoció como hijos suyos muy amados. Y respondemos

QUE TU BAUTISMO NOS SALVE

1. – Para que todos los bautizados, amados y elegidos de Dios, ungidos por el Espíritu Santo, pasemos por el mundo haciendo el bien y sanando a los que lo están pasando mal. OREMOS

2. – Por las familias cristianas, para que al presentar a sus hijos para recibir el sacramento del bautismo, sean conscientes de su responsabilidad de trasmitirles la vivencia de la fe. OREMOS

3. – Para que cuantos se sienten oprimidos y viven en la oscuridad abran sus puertas a Cristo, luz del mundo. OREMOS

4. – Para que en cualquier actividad que desarrollemos imitemos a Jesús que vino a servir y no a ser servido. OREMOS

5. – Por todos los que estamos aquí para que tomemos una actitud seria respecto a nuestro bautismo y vivamos como miembros de la iglesia. OREMOS

Dios Padre nuestro, que en la persona de tu Hijo amado mandaste al mundo la salvación, escucha nuestras súplicas que te pedimos con fe.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén