Meditación – Epifanía del Señor

Hoy celebramos la solemnidad de la Epifanía del Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 2, 1-12):

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén (…). Entonces Herodes llamó aparte a los magos (…).

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra (…). 

Hoy el misterio de la Navidad se irradia sobre la tierra, difundiéndose en círculos concéntricos: la Sagrada Familia de Nazaret, los pastores de Belén y, finalmente, los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusalén, donde la noticia del nacimiento del Mesías no suscita alegría, sino temor y reacciones hostiles.

Lo maravilloso de los Magos es que se postraron en adoración ante un simple niño en brazos de su madre; no en el marco de un palacio real, sino en la pobreza de una cabaña. ¿Cómo fue posible? Ciertamente los persuadió la señal de la estrella. Pero ésta no habría bastado si los Magos no hubieran sido personas íntimamente abiertas a la verdad. 

—A diferencia de Herodes, obsesionado por el poder y la riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su búsqueda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Belén: reconocieron la señal y adoraron al Niño.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Epifanía del Señor

EPIFANÍA DEL SEÑOR, solemnidad

Misa de la solemnidad (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio de Epifanía, embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. I (B)

  • Is 60, 1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti.
  • Sal 71.Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
  • Ef 3, 2-3a. 5-6. Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa.
  • Mt 2, 1-12Venimos a adorar al Rey.

Antífona de entrada Cf. Mal 3, 1; 1 Cro 19, 12
Mirad que llega el Señor que domina; en su mano está el reino y el poder y la fuerza.

Monición de entrada y acto penitencial
Como aquellos sabios de Oriente, también nosotros, guiados por la estrella luminosa de la fe, estamos aquí para postrarnos ante el Niño Jesús, y reconocer que Él es nuestro Señor, la Luz verdadera que ilumina a todo hombre.

Preparémonos, pues, para celebrar dignamente esta Eucaristía, agachando nuestras cabezas ante Jesús, nuestro Señor y Salvador, y pidámosle perdón por nuestros pecados.

• Tú que eres la Luz, que brilla en las tinieblas. Señor, ten piedad.
• Tú que te manifiestas a todos. Cristo, ten piedad.
• Tú que nos guías con la luz de tu estrella. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que revelaste en este día tu Unigénito
a los pueblos gentiles por medio de una estrella,
concédenos con bondad, a los que ya te conocemos por la fe,
poder contemplar la hermosura infinita de tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Confesamos nuestra fe en el Dios eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que se ha manifestado en el tiempo con sus intervenciones salvadoras, y que es dueño y Señor de la historia.

Oración de los fieles
Hermanos, sigamos la estrella que nos conduce a Belén y vayamos al encuentro de Cristo Jesús y, sabiendo que él es el Dios con nosotros, presentemos nuestras oraciones al Padre, que en este día santo ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a los pueblos y a nosotros la luz radiante de su gloria.

1.- Por la Iglesia, extendida de Oriente a Occidente; para que, arraigando en todas las culturas, sea portadora de la paz y de la esperanza de Dios, y signo de salvación para todos los hombres y pueblos del mundo. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que no le falten a nuestra diócesis los sacerdotes que necesita para que le manifieste el amor que Dios tiene a todas sus criaturas. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los que gobiernan; para que Dios alumbre sus corazones y les muestre el verdadero camino de progreso y de justicia; y brille sobre las naciones que todavía no han recibido la Buena Noticia de Cristo la estrella que conduce a la salvación. Roguemos al Señor.

4.- Por los que sufren sin esperanza, los que buscan sin fe, los que aman a Dios sin saberlo; para que se les manifieste e ilumine sus vidas, puedan confesar a Cristo como Señor y se postren ante Él como verdadero Dios. Roguemos al Señor.

5.- Por todos y cada uno de nosotros, adultos y niños, que estamos aquí adorando al Señor, como los Magos de Oriente; para que todos podamos vivir la alegría profunda por el gran regalo de la salvación que nos ha traído Jesucristo. Roguemos al Señor.

Escucha nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, levanta la vista en torno y mira a todos los que se han reunido para celebrar tu gloria y proclamar tus alabanzas, y haz que los que hemos conocido y adorado a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, vivamos siempre como hijos de la luz y nos esforcemos para iluminar con la luz de Cristo a todos los pueblos y naciones, ya que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA propicio, Señor, los dones de tu Iglesia
que no son oro, incienso y mirra,
sino Jesucristo que, en estas ofrendas,
se manifiesta, se inmola y se da en alimento.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de la Epifanía

Antífona de comunión Cf. Mt 2, 2
Hemos visto salir su estrella en Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.

Oración después de la comunión
QUE tu luz, Señor, nos prepare siempre y en todo lugar,
para que contemplemos con mirada limpia
y recibamos con amor sincero
el misterio del que has querido hacernos partícipes.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
D
IOS, que os llamó de las tinieblas a su luz admirable

derrame abundantemente sus bendiciones sobre vosotros
y afiance vuestros corazones en la fe, la esperanza y la caridad.
R/. Amén.

Y él, a todos vosotros, fieles seguidores de Cristo,
manifestado hoy al mundo como luz en la tiniebla,
os haga testigos de la verdad ante los hermanos.
R/. Amén.

Y así, cuando termine vuestra peregrinación por este mundo,
lleguéis a encontraros con Cristo, luz de luz,
a quien los Magos, guiados por la estrella,
contemplaron con inmensa alegría.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R/. Amén.

Santoral 6 de enero

LA EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

La Epifanía, que en griego significa aparición o revelación, es una fiesta destinada a celebrar principalmente la revelación de Jesucristo a los Magos o Sabios de Oriente, los cuales, por inspiración particular del Todopoderoso, fueron a adorarle, poco después de su nacimiento. El oficio del día, conmemora igualmente otras dos manifestaciones del Señor: la primera es la de su bautismo, en el que el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma, al mismo tiempo que una voz del cielo decía: “Este es mi Hijo muy amado, en el que tengo mis complacencias”; la segunda es la revelación de su poder, en el primero de sus milagros, la transformación del agua en vino, en Cana, donde manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él. Por todo esto la festividad merece respeto y reverencia, especialmente por parte de nosotros los gentiles, que en tal fecha fuimos llamados a la fe y adoración del verdadero Dios, en la persona de los Magos.

Sin decirnos cuántos eran, la Biblia llama “magos” o “sabios” a los gentiles que acudieron a Belén a rendir homenaje al Redentor del mundo, obedeciendo al divino llamado. La opinión común, apoyada por la autoridad de San León, Cesario, Beda y otros, sostiene q u e eran tres. E n todo caso, el número era reducido en comparación con el de aquellos que vieron la estrella y no le prestaron atención; admiraron su brillo extraordinario y permanecieron sordos a su mensaje; esclavizados por su egoísmo y sus pasiones, endurecieron sus corazones al llamamiento del Señor. Decididos a seguir el divino llamamiento, n pesar de todos los peligros, los Magos se informaron en Jerusalén y fueron hasta la misma corte del rey Herodes preguntando: “¿Dónde ha nacido el Rey de los Judíos?” De acuerdo con las profecías de Jacob y David, toda la nación judía estaba en espera del Mesías. Como las profecías detallaban las circunstancias de su nacimiento, los Magos supieron pronto, por las informaciones del Sanhedrín o gran Consejo de los judíos, que el profeta Miqueas había predicho, muchos siglos antes, que el Mesías nacería en Belén.

Los Magos se pusieron inmediatamente en camino, a pesar del mal ejemplo que les daban los miembros del Sanhedrín, ya que ningún escriba, ni sacerdote se mostró dispuesto a acompañarles a buscar y rendir homenaje a su propio Rey. Para fortalecer su fe, Dios hizo brillar nuevamente la estrella en cuanto salieron de Jerusalén, y ésta los guió hasta el sitio en que se hallaba el Salvador que venían a adorar. Deteniéndose sobre la cueva, la estrella parecía decirles: “Aquí encontraréis al Rey que os ha nacido”. Los Magos penetraron en el pobre albergue, más lleno de gloria que todos los palacios del mundo, donde encontraron al Niño con su Madre. Postrándose, le adoraron y le entregaron sus corazones. San León celebra la fe y devoción de los Magos con estas palabras: “La estrella los llevó a adorar a Jesús; pero no encontraron a éste venciendo a los demonios, o resucitando a los muertos, o dando vista a los ciegos y voz a los mudos. Jesús no hacía milagros. Estaba ahí como un recién nacido, sin palabra y totalmente dependiente de su Madre. Su poder estaba oculto y su único milagro era la humildad”. Los Magos ofrecieron a Jesús los más ricos productos de sus tierras: oro, incienso y mirra. El oro, para manifestar que reconocían su dignidad real; el incienso, como una confesión de su divinidad; la mirra, como símbolo de que se había hecho hombre para redimir al mundo. Pero sus más ricos regalos fueron las disposiciones en que se hallaban: su ardiente caridad, simbolizada en el oro; su devoción, figurada por el incienso, y la total entrega, representada por la mirra.

La más antigua mención de la celebración de una fiesta cristiana el 6 de enero, parece ser la de los “Stromata” (i, 21) de San Clemente de Alejandría, quien murió antes del año 216. Dicho autor afirma que la secta de los Basilianos celebraba la conmemoración del Bautismo del Señor con gran solemnidad, en fechas que parecen corresponder al 10 y al 6 de enero. Esto tendría en sí mismo poca importancia, si no existieran abundantes pruebas de que en los dos siglos siguientes, el 6 de enero se convirtió en una festividad principal en la

Iglesia de oriente, y que tal festividad estaba estrechamente relacionada con el Bautismo del Señor. En un documento conocido con el nombre de “Cánones de Atanasio”, cuyo texto pertenece básicamente a la época de San Atanasio, digamos hacia el año 370, el autor nos dice que las tres fiestas más importantes del año eran Pascua, Pentecostés y Epifanía. El mismo documento prescribe a los obispos que reúnan a los pobres en las ocasiones solemnes, particularmente “en la gran fiesta del Señor” (Pascua), en Pentecostés, “cuando el Espíritu

Santo descendió sobre su Iglesia”, y en “la fiesta de la Epifanía del Señor en el mes de Tubi, es decir, la fiesta de su Bautismo” (canon 16). El canon 66 repite: “la fiesta de la Pascua, la fiesta de Pentecostés y la fiesta de la Epifanía, que es el undécimo día del mes de Tubi”.

Según las ideas del oriente, la primera manifestación del Salvador a los gentiles coincide con las divinas palabras: “Este es mi Hijo muy amado, en el que tengo mis complacencias”. Los Padres griegos opinan que la Epifanía, llamada también por ellos “Manifestación de Dios” e “Iluminación”, se identificaba originalmente con la escena del Jordán. En un sermón predicado en Antioquía, el año 386, San Juan Crisóstomo se pregunta: ” ¿Por qué se llama Epifanía, no al día del nacimiento del Señor sino al día de su Bautismo?” Y, después de discutir algunos detalles de la observancia litúrgica, especialmente el agua bendita que los fieles llevaban a sus casas y conservaban todo el año (el santo se inclina a pensar que el hecho de que el agua no se corrompa es un milagro), responde a su propia pregunta: “Llamamos Epifanía al día del Bautismo del Señor, porque al nacer no se manifestó a todos, como lo hizo en el Bautismo. Hasta ese momento había permanecido oculto al pueblo. También San Jerónimo, que vivía cerca de Jerusalén, testifica que la única fiesta que se celebraba entonces ahí era la del 6 de enero, para conmemorar el nacimiento y el Bautismo de Jesús. A continuación explica que la idea de manifestación” no se aplica propiamente al nacimiento, “porque Jesús permaneció entonces oculto y no se reveló”, sino más bien al Bautismo en el Jordán, “cuando el cielo se abrió sobre Cristo”.

Fuera de Jerusalén, donde, según nos dice Eteria (c. 395), cuyo testimonio concuerda con el de San Jerónimo, la fiesta de la Navidad y la Epifanía se celebraban el mismo día (6 de enero). La costumbre occidental de celebrar por separado la Navidad el 25 de diciembre se impuso en el siglo IV, y se difundió rápidamente, desde Roma a todo el oriente cristiano.* San Crisóstomo nos informa que el 25 de diciembre fue celebrado por primera vez en Antioquía, hacia el año 376. Constantinopla adoptó dicha fiesta, dos o tres años más tarde, y San Gregorio de Nisa, en la oración fúnebre por su hermano San Basilio, explica que la Capadocia adoptó la costumbre hacia la misma época. Por otra parte, la festividad del 6 de enero, de origen oriental indudablemente, se convirtió en fiesta de la Iglesia de occidente, como una especie de compensación, antes de la muerte de San Agustín. La encontramos registrada por primera vez en Viena de Galia. El historiador pagano Amiano Marcelino, describiendo la visita del emperador Juliano a las iglesias, habla de “la fiesta de enero que los cristianos llaman Epifanía”. San Agustín acusa a los donatistas de no haber adoptado, como los católicos, la nueva festividad de la Epifanía. Alrededor del año 380 se celebraba ya dicha festividad en Zaragoza, y en el año 400 era una de las fiestas en que estaban prohibidos los juegos del circo.

Sin embargo, aunque el día de la celebración era el mismo, el carácter de la fiesta de la Epifanía en oriente y occidente era distinto. En oriente, el motivo principal de la fiesta sigue siendo hasta el día de hoy el Bautismo del Señor, y la gran bendición del agua es uno de los ritos principales. En occidente, por el contrario, se hace hincapié en el viaje y la adoración de los magos. Así sucedía ya desde la antigüedad, como lo demuestran los sermones de San Agustín y San León. Cierto que el Bautismo del Señor y el milagro de Cana están incluidos también en la fiesta; pero, aunque encontramos en San Paulino de Ñola (principios del siglo V), y un poco después en San Máximo de Turín, alusiones muy claras a estos dos hechos en su interpretación de las solemnidades del día, hay que reconocer que la Iglesia de occidente sólo celebra prácticamente la revelación del Señor a los gentiles, representados por los Magos.

* Hasta el día de hoy los armenios no católicos celebran conjuntamente la Navidad y la Epifanía el 6 de enero. Y debe notarse que en la misma Iglesia de occidente el rango litúrgico de la Epifanía es superior al de la Navidad, así como el de Pascua y Pentecostés.


Ver H. Leclercq, DAC, vol. v, pp. 197-201: Vacandard, Etudes de critique et d’histoire icligieuse, vol. III, pp. 1-56; Hugo Kehrer, Die heiligen drei Konige (1908), vol. I, pp. 46-52 y 21-31; Duchesne, Christian Worship, pp. 257-265; Usener-Lietzmann, Religionsgeschichtlirhe Untersuchungen, pt. I; Kellner, Heortology, pp. 166-173; G. Morin, en Revue Bénédictine, vol. V (1888), pp. 257-264; F. C. Conybeare, en Rituale Armenorum, pp. 165-190; especialmente Dom de Puniet, en Rasegna Gregoriana, vol. V  (1906), pp. 497-514. Ver también Riedel y Crum, The Canons of Athanasius, pp. 27, 131; Anécdota Maredsolana, vol. III, pp. 396-397; Rasegna Gregoriana, vol. X (1911), pp. 51-58; y Migne, P C, vol. XLIX, p. 366 (Crisóstomo), y PL., vol. XXV, ce. 18-19 (Jerónimo), vol. XXXVIII, c. 1033 (Agustín).

Alban Butler

Laudes – Epifanía del Señor

LAUDES

EPIFANÍA DEL SEÑOR, Solemnidad

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant.  A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aquí parad, que aquí está
quien luz a los cielos da:
Dios es el puerto más cierto,
y si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.

No busquéis la estrella ahora:
que su luz ha oscurecido 
este Sol recién nacido 
en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende, 
no reparéis en su llanto, 
porque nunca llueve tanto 
como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas 
la estrella oscurecen ya, 
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Los magos, abriendo sus cofres, ofrecieron regalos al Señor; oro, incienso y mirra. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los magos, abriendo sus cofres, ofrecieron regalos al Señor; oro, incienso y mirra. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Mares y ríos, bendecid al Señor; manantiales, ensalzad con himnos a nuestro Dios. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Mares y ríos, bendecid al Señor; manantiales, ensalzad con himnos a nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Llega tu luz, Jerusalén, y la gloria del Señor amanece sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Llega tu luz, Jerusalén, y la gloria del Señor amanece sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz. Aleluya.

LECTURA: Hb 1, 1-2

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tú Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sion. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Se postrarán ante él todos los reyes.
V/ Se postrarán ante él todos los reyes.

R/ Todos los pueblos le servirán.
V/ Todos los reyes.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Se postrarán ante él todos los reyes.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.

PRECES

Veneremos a nuestro Salvador, adorado hoy por los magos, y aclamémosle con alegría, diciendo:

Luz de luz, ilumina nuestro día.

Oh Cristo, manifestado en la carne,
— santifícanos por la palabra de Dios y la oración.

Oh Cristo, justificado en el Espíritu,
— líbranos de todo error.

Oh Cristo, contemplado por los ángeles,
— danos a gustar ya en la tierra de los bienes de tu reino.

Oh Cristo, predicado a los paganos,
— ilumina el corazón de todos los hombres con la luz de tu Espíritu.

Oh Cristo, creído en el mundo,
— renueva la fe de cuantos creen en ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, llevado a la gloria,
— enciende en nosotros el deseo de tu reino.

Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.