Vísperas – 7 de enero

VÍSPERAS

7 DE ENERO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Confiada mira la luz dorada
que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada
sobre Belén.

El mundo todo ve hoy gozoso
la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso
rey Emmanuel.

Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente
al niño Dios.

Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara,
pasión, dolor.

La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama
valiente Juan.

Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de eucaristía
Caná bebió.

A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 2P 1, 3-4

Cristo, por su divino poder, nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los inapreciables y extraordinarios bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Será la bendición de todos los pueblos.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

R/ Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.
V/ Todos los pueblos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Al ver la estrella, los magos se llenaron de inmensa alegría; y, entrando en la casa, ofreciendo al Señor oro, incienso y mirra.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al ver la estrella, los magos se llenaron de inmensa alegría; y, entrando en la casa, ofreciendo al Señor oro, incienso y mirra.

PRECES

Bendito sea el Señor Jesucristo, que ha visitado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte a fin de iluminarlos; supliquémosle, diciendo:

Oh Cristo, sol que naces de lo alto, ilumínanos con tu luz.

Señor Jesucristo, que al venir al mundo diste nacimiento a la Iglesia, tu cuerpo,
— haz que esta Iglesia crezca y se construya en la caridad.

Tú que con tu poder gobiernas el cielo y la tierra,
— haz que los pueblos y sus gobernantes reconozcan y confiesen tu soberanía divina.

Tú que, en el seno de María Virgen, desposaste místicamente la humanidad con la divinidad,
— bendice a las vírgenes que se han consagrado a ti para ser tus esposas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, al unirte a nuestra naturaleza mortal, destruiste la muerte introducida por el pecado,
— transforma en vida eterna la muerte de nuestros difuntos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que tu divina luz ilumine nuestros corazones; con ella avanzaremos a través de las tinieblas del mundo, hasta llegar a la patria donde todo es eterna claridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 7 de enero

1.- Ambientación.

Señor, envíame tu Espíritu para que profundice en tu palabra. Que ésta caiga sobre mí como una “suave lluvia” que empape mi mente y mi corazón. Que, imitando tu conducta, aprenda a “hablar y practicar”. Que exista una coherencia entre lo que digo y lo que hago.

2.-Lectura sosegada del Evangelio. (Mt. 4,12-17.23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró…Se retiró a pensar en la monstruosidad del ser humano; se retiró porque estaba profundamente afectado y conmovido; se retiró a llorar en silencio y soledad lo que hacían con el primo y amigo querido. ¡Qué cercano, qué humano, que sensible era Jesús! ¿Digo era? Y sigue siendo con nuestro dolor, nuestro sufrimiento, nuestras muertes absurdas, nuestras vidas malogradas por aquellos que abusan de su libertad, nuestro dolor con motivo del “coronavirus”. Por lo demás, Él sigue adelante su programa. Los comienzos de la vida pública de Jesús fueron esplendorosos para el pueblo sencillo. La Luz de Jesús lo llenaba todo y hacía que se disiparan las sombras de la muerte. Con Jesús, a los enfermos llega un médico, a los hambrientos, pan tierno; a los sedientos, agua fresca y abundante; a las ovejas descarriadas, un pastor; a los tristes y melancólicos, un mensajero convocando a una fiesta.  Sólo se requiere una cosa: Volver a Dios, experimentar que Dios está cerca, dejarse arrastrar por El, dejarse fascinar por su persona y su mensaje.

Palabra del Papa.

¿Cuál es el motivo de esta invitación a la alegría? Porque el Señor hará derivar hacia la santa Ciudad y sus habitantes un “torrente” de consolación, un “to­rrente” de consolación, tan lleno de consuelo, un torrente de ternura materna: “Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las aca­riciarán”. Como la mamá pone al niño sobre sus rodillas y lo acaricia, así hará el Señor con nosotros y hace con nosotros. Éste es el torrente de ternura que nos da tanto consuelo. “Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo” (v. 12-13) (Homilía del 7-7-13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (minutos de silencio)

5.- Propósito:  Vivir con alegría lo sencillo y ordinario de este día.

6.- Dios me ha hablado hoy por medio de su Palabra. Yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por todo lo que he aprendido de ti. No te hundes ante los problemas concretos de la vida sino que los sublimas, y no dejas vencerte por el pesimismo. Sigues por encima de todo tu proyecto. Hazme fuerte para vencer el mal a fuerza de bien.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Amor (Amor)

El amor es el distintivo de la persona humana: solo el hombre es capaz de amar. Y este amor tiene su razón de ser en el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios; y Dios es Amor (1Jn 4, 8, 14). El amor verdadero -el humano, y de modo eminente el amor a Dios- ennoblece y enriquece siempre a la persona. Le hace parecerse un poco más a Dios. El amor es una tendencia del hombre hacia el bien. Solo el bien es, por tanto, causa de amor. Si alguna vez se ama un mal es porque se presenta como bien (bien aparente). Si deja de ser un bien lo que se ama, el amor no da frutos y se corrompe. En un sentido más estricto, amor es la entrega personal y desinteresada a otra persona. La caridad es un verdadero amor por el que el hombre se entrega, total y desinteresadamente, a Dios y a los demás por Dios.

El amor a Dios y al prójimo por Dios se manifiesta en obras. El Señor nos dio el ejemplo definitivo al que han de ajustarse nuestras vidas: nadie tiene amor mayor que el que da la vida por sus amigos (Jn 15, 13). “Jesús es el profeta del amor, de ese amor que San Pablo confiesa y anuncia en palabras tan sencillas y a la vez tan profundas del pasaje tomado de la Carta a los Corintios. Para conocer qué es el amor verdadero, cuáles son sus características y cualidades, es necesario mirar a Jesús, a su vida y a su conducta. Jamás las palabras dirán tan bien la realidad del amor como lo hace su modelo vivo. Incluso palabras, tan perfectas en su sencillez, como las de la primera Carta a los Corintios, son solo la imagen de esta realidad: esto es, de esa realidad cuyo modelo más completo encontramos en la vida y en el comportamiento de Jesucristo” (Juan Pablo II, Homilía 3-II-1980). Constantemente encontramos en nuestra vida ocasiones de manifestar nuestro amor a Dios y al prójimo. No debemos esperar ocasiones excepcionales para amar. Hemos de aprender a amar en lo corriente de cada día: a través del espíritu de servicio, con el trabajo bien hecho, con una conversación amable, sin herir nunca, con serenidad en momentos de dificultad o de cansancio…

Santo Tomás señala los siguientes efectos del amor (Suma Teológica, 1-2, q. 28, a. I-6):

1) la unión de quienes se aman;
2) la identificación de voluntades;
3) la admiración gozosa hacia la persona que se ama;
4) el celo, que busca desinteresadamente el bien de quien se ama, hasta llegar a los mayores sacrificios;
5) el sufrimiento compartido, por el que se hacen propios las penas y dolores de la persona a la que se ama.

Comentario – 7 de enero

(Mt 4, 12-17. 23-25)

Después del episodio de las tentaciones en el desierto, Jesús deja Nazaret y se establece en Cafarnaúm. Los estudios arqueológicos nos muestran que Cafarnaúm era una población muy pequeña, de unos trescientos metros de largo, ubicada al norte del lago de Galilea, entre el lago y una ruta romana. Pero a pesar de su pequeñez, Cafarnaúm tiene la importancia de ser el lugar donde Jesús vivía, seguramente en la casa de Pedro, durante su vida pública. A su pequeñez se debe que la gente y las autoridades se enteraban rápidamente de lo que Jesús hacía y decía.

Este traslado a Cafarnaúm que marca el comienzo de la predicación de Jesús, es visto como el surgimiento de una gran luz para el pueblo. La palabra y la presencia de Jesús que se ofrece a todos, es para la despreciada región de Galilea como un bello amanecer. Así lo había anunciado Isaías 9, 1ss: “El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una inmensa luz”. Allí en Galilea Jesús comienza a llamar a sus discípulos; y los primeros elegidos son pobres y humildes pescadores del lago. Los relatos de llamado son muy simples y escuetos, pero en ellos se destaca la sencillez del llamado, la prontitud de la respuesta, y también que hay que dejar algo, porque se trata del llamado a una vida nueva, que no puede dejarnos igual.

Ellos son llamados para un servicio, porque deben ser pescadores de hombres, que acompañarán a este Jesús que se dedicaba a “curar toda dolencia en el pueblo” (cf. v. 23). No son llamados para formar un pequeño grupo de selectos, aislados del mundo, sino para el servicio de los demás.

Oración:

“Señor, abre mi oído interior para que pueda escuchar cada día tu llamado. Sácame de mi comodidad para que yo esté donde deba estar, donde mi presencia y mi palabra sean necesarias para hacer el bien”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

La pista de Dios

1.- “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1,7-11) En cierta ocasión una familia que regresaba de sus vacaciones de Navidad, encontraron su vivienda totalmente saqueada por los ladrones. Después de presentarse la policía en el lugar, y tras muchas preguntas a los dueños de la casa, comprobaron que no había indicios sobre quién pudiera haber realizado tal suceso. Sólo después de analizar minuciosamente, y con lupa, diversos objetos, comprobaron que existían diferentes huellas. Horas más tardes, los ladrones, eran detenidos.

Dios, desde el día de nuestro Bautismo, dejó una huella indestructible que nada ni nadie la puede borrar. A simple vista, no se palpa, pero lo cierto es que, desde el Bautismo somos sus hijos, aunque a veces ni con microscopio se nos pueda notar.

Jesucristo, en este fin de Navidad, recibe la impronta, la autoridad, el sello, la marca de Dios. Es el inicio de su misión.

Por el Bautismo, Jesucristo, fue penetrado por la fuerza del Espíritu Santo y, por El, también nosotros –aparentemente invisible- formamos parte de esa gran familia de los hijos de Dios: la iglesia.

Tal vez, como aquellos ladrones, somos inconscientes de que Dios ha dejado huellas allá por donde ha pasado: se filtró por nuestro bautismo y nos reconocerá al final de los tiempos, por aquella semilla que se fue haciendo grande, en palabras y obras, allá donde estuvimos.

2.- Hemos de tomar conciencia de nuestro Bautismo. Debiera de ser, este sacramento, importante y solemne en su celebración. En cada parroquia debiera de ser como un torrente por donde baja con fuerza y limpieza la gracia de Dios a hombres y mujeres, niños y jóvenes que quieren amar, conocer y ser como Jesús.

El Bautismo del Señor nos recuerda nuestro propio Bautismo. Nuestra consagración y punto de salida para ese gran maratón de vida cristiana que se inicia en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu. Ellos, los tres, son la gran familia que nos empujan y nos alimentan para que no desfallezcamos ni abandonemos esa carrera de vivir como hermanos, de escuchar la Palabra de Dios, meditarla y llevarla a nuestra propia existencia.

3.- Ciertamente todos los días, por el Bautismo, Dios se va sumergiendo (no interfiriendo) en la vida de muchas personas que libremente –por lo menos aparentemente- abrazan la fe cristiana. Se sumergió en la vida de Cristo, la asumió y la utilizó para hacer presente su reino en medio del mundo: tú eres mi hijo amado, mi predilecto.

Dios, no es ningún ladronzuelo ni intervencionista. Nos pide adhesión y coherencia. Su huella, desde el día de nuestro bautismo, la iremos descubriendo por el hilo directo en la oración, fortaleciendo con el pan de la eucaristía, haciéndola visible en el compromiso en favor de los más necesitados o purificándola en los instantes de prueba y zancadillas a la fe.

4.- La vida del bautizado, por estar inmersa en un mundo complicado y materialista, también corre un serio peligro de “ser desvalijada” por el relativismo, el falso gusto o el camino fácil que todo lo invade. También, en esas ocasiones, si nos detenemos y miramos al fondo de nosotros mismos, advertiremos que, la huella de nuestro Bautismo, sigue tan viva y operativa como el primer día. Es cuestión de preocuparnos por distinguir y cuidar “esas pistas” que Dios ha dejado en medio de nosotros para sentirnos queridos, amados y cuidados por El.

Jesús hoy inicia una misión. Fue consciente de lo que le avecinaba. ¿Lo somos nosotros o, el Bautismo, ha quedado como flor de un día y sin recorrer un solo centímetro de la misión a la que nos llamaba?

Javier Leoz

Tú eres mi hijo amado, mi preferido

Evangelio del domingo

Y decía: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y yo no soy digno de agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo». Por aquellos días Jesús vino desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En el momento en que salía del agua, vio los cielos abiertos y al Espíritu Santo como una paloma bajando sobre él, y se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi hijo amado, mi predilecto».

Marcos 1, 7-11

 

Comentario del Evangelio

Jesús quiso ser bautizado por Juan El Bautista. Juan decía que él no era digno ni de atarle las sandalias, que él no era nada más que un profeta, un anunciador del que iba a venir: Jesús, el Hijo de Dios.

El día del Bautismo de Jesús es un día grande para toda la Iglesia. Es un día en el que todos debemos recordar que al bautizarnos, pasamos a formar parte de la Iglesia y que eso es muy importante y muy grande. El Bautismo no es para un sólo día, no formamos parte de la Iglesia un sólo día, sino que es para toda la vida.

 

Para hacer vida el Evangelio

• ¿Has estado alguna vez en un Bautizo? Escribe lo que te pareció más importante de la celebración.

• ¿Por qué nos bautizamos los cristianos? ¿Qué es lo más importante del Bautismo?

• Escribe un compromiso para que puedas vivir todos los días con intensidad tu Bautismo.

 

Oración

Gracias, Señor, porque un día mis padres
decidieron bautizarme.

Sólo Tú sabes qué les movía, cómo era su fe y qué pretendían,
pero me hicieron el mejor regalo de la vida,

porque vivir contigo es tener un tesoro
para siempre.
Gracias, Señor, hoy quiero darte las gracias
por todos los que a Ti me fueron presentando,
por mis padres, maestros, familiares…
que se atrevieron a ilusionarme
con la seguridad de tu existencia.
Mientras tantos amigos míos viven
sintiéndose huérfanos,
yo tengo la certeza de que me tienes abrazado,
de que conoces todos mis quehaceres,
miedos y sueños y de que, contigo al lado,
mi vida es más fácil y más solidaria.
Tú, Señor, potencias lo mejor de cada uno,
tienes para nosotros grandes sueños
y tu deseo es que vivamos una vida plena y feliz.
Gracias por incluirme en tu Iglesia,

para juntos construir tu Reino.

Espiritualidad encarnada

Tú, que no quieres, en modo alguno,
ser amado contra lo creado,
sino glorificado a través de la creación entera,
danos, hoy y cada día:

La atención a lo real en su riqueza
y en su compleja diversidad.

El coraje humilde para decidir y actuar
sin tener garantizado el acierto
y, menos aún, el éxito.

La paciencia para lo que sólo germina
a largo plazo,
y que no está en nuestras manos acelerar.

Un vivir reconciliado
con nuestro cuerpo y espíritu
imprevisibles, vulnerables, amables.

El trabajo, con su gozo y su fatiga,
y el sufrimiento por quienes
no pueden trabajar.

Una apertura sin defensas
a la presencia de los otros,
que nos visitan y cambian
si dejamos que entren con su novedad.

Y si es necesario, desplázanos, Señor,
de nuestros caminos y seguridades
y llévanos por los que Tú conoces y quieres
para que poder escuchar tu voz de Padre.

Sólo así entenderemos tu encarnación.
Sólo así seremos bautizados.
Sólo así sentiremos que el cielo se abre.
Sólo así nos llenaremos de Espíritu Santo.
Sólo así podremos vivir como hijos amados.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el evangelio

• Es útil recordar el versículo con que empieza el Evangelio de Marcos: Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (1,1). Es decir, el Evangelio pretende presentar a Jesús, el Cristo o Mesías, Hijo de Dios. Todo va dirigido a ello. No es raro que el bautismo que Jesús recibe de Juan ocupe sólo un versículo (9), ya que el objetivo es poner de relieve la identidad de Jesús de Nazaret (1 ,24; 10,47; 16,6). Y ello, en esta escena, se produce en los dos últimos versículos (10-11).

• La misma presentación de Juan que hace Marcos (1 ,4-8) es para conducir la atención del oyente o lector hacia el que viene “detrás” (7). Incluso las imágenes utilizadas subrayan la situación de Juan en relación con el Mesías que está a punto de llegar: “desatarle las sandalias” (7) era una de las tareas que tenían que hacer los esclavos cuando su dueño volvía a casa.

• Entrando en el centro de esta escena, la manifestación que se produce con el cielo abierto (10-11), podemos fijarnos en varios elementos. “Rasgarse el cielo” (10) es la respuesta a la oración del profeta que hacíamos nuestra en el tiempo de Adviento: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! (ls 63,19).

• Contemplando a Jesús, el Hijo de Dios encarnado, intuimos -y creemos- que ese rasgarse significa que ya no hay separación entre el cielo y la tierra, es decir, entre Dios y nosotros, la humanidad. Eso sí: la iniciativa, una vez más, la toma Él.

• Continuando con la escena, conviene percatarse de que “el Espíritu” (10) viene a Jesús después de que Juan lo bautizara. Es decir, el Espíritu no proviene del bautismo de Juan. Es una constante en el Nuevo Testamento (Hch 1,5; 11,16; 19,2-4). El Espíritu de Dios nos ha venido por Jesucristo.

• “EI Espíritu bajó hacia él como una paloma” (10). Esta expresión nos hace pensar en la Creación: Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas (Gn 1,2). Como veíamos también en el prólogo de Juan, se nos presenta la Buena Noticia de que en Jesucristo re-nace la creación (Sal 104[103],30), Dios nos re-crea, re-hace nuestra identidad según su plan de siempre, a nuestra imagen y semejanza (Gn 1 ,26).

• Las palabras que vienen “del cielo” (11) tienen resonancias bíblicas: Voy a proclamar el decreto del Señor: Él me ha dicho: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Sal 2,7); Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones (Is 42,1). Esta presentación de Jesús haciendo referencia al siervo sufriente (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12), lo sitúa como el Mesías que no vence por el poder sino por la entrega. Al mismo tiempo, lo sitúa desde el principio como el siervo: el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos (Mc 10,44-45).

• Hoy es ocasión para renovar nuestras promesas bautismales, nuestra militancia: por el Bautismo-Confirmación fuimos unidos a Jesucristo, “el Hijo amado”; el Espíritu que recibimos nos dio la identidad de hijos e hijas amados por Dios; y recibimos la misión de la entrega -El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga (Mc 8,34); …Amarás a tu prójimo como a ti mismo… (Mc 12,28-35)- y del servicio -sea esclavo de todos (Mc 10,44)-.

Comentario al evangelio – 7 de enero

Un día más, nos acercamos a la Palabra de Dios intentando descubrir luces para vivir como se merece este nuevo año.

En la lectura de la Carta del apóstol San Juan se nos habla de DISCERNIMIENTO. Una actitud muy necesaria en nuestro tiempo, donde hay tantas voces -en la sociedad, en los medios… también en la Iglesia, y donde no siempre la voz más fuerte es la más verdadera: “no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo”. San Juan nos da un criterio sencillo y acertado: “todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo”. Toda palabra y acción que afirma al Dios de Jesús, que manifiesta humanidad, que construye fraternidad desde la verdad, que apoya al que lo pasa peor, que ayuda a crecer, que acerca a la propuesta del Evangelio, que acompaña en la dificultad… es de Dios. Y lo contrario, no es de Dios. Por ello, es necesario “discernir”: distinguir lo auténtico de lo falso, desde la propuesta cristiana. El Papa Francisco, desde su tradición jesuítica, nos invita a vivir esa actitud de discernimiento en toda circunstancia.

Y junto a ello, el Evangelio de hoy nos invita a vivir la APERTURA A LA CONVERSIÓN. Hay una conversión fundamental, de una vida alejada de Dios y de su Reino, que produce un acercamiento inicial. A la vez, hay una “conversión continua”, que consiste en ir dando pasos en el camino del seguimiento, dejando hacer a Dios en nuestra vida hacia donde él nos atrae y desde lo que vamos descubriendo que aún nos aleja de Él y de los prójimos. La conversión no es un ejercicio personal que uno se proponga, sino un dejarnos transformar por Dios desde la acogida de su presencia en nosotros. «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». El Jesús que sale a los caminos a predicar esta buena noticia es una buena imagen para comenzar nuestro año. Esta palabra también es para mí y para ti: la acogida de un Dios que nos ama tan incondicionalmente, dándonos a su Hijo, desarma nuestras resistencias y es capaz de provocar nuestra conversión.

Que en este nuevo año no nos falten ni la apertura a la conversión ni el discernimiento.

Luis Manuel Suárez CMF