Comentario – 8 de enero

(Mt 6, 34-44)

Una vez más nos encontramos con Jesús que multiplica los panes y manifiesta la compasión de su corazón ante el hombre necesitado, pero respondiendo a esas necesidades a través de sus discípulos.

Además, este texto nos muestra que el pan de Jesús es para todos, no sólo para algunos privilegiados. Es pan abundante, pan que sobra, y así nos preanuncia la abundancia del cielo, donde el egoísmo humano ya no podrá interferir en los planes de Dios, que creó bienes de sobra para alimentar a sus hijos amados.

Esta realidad aparece anticipada en la Eucaristía, donde Jesús reparte un pan que no es para una clase social o para los poderosos, sino pan para todos, sobreabundancia de una mesa divina.

Mirando a Jesús que reparte alimento, se nos invita a reconocer a Jesús como el que viene a saciar nuestra vida necesitada. Pero él mismo se ha convertido en un pan para nosotros.

Mirando nuestro corazón podemos advertir que esta lleno de ídolos, tristezas, recuerdos, proyectos, lleno de cosas que hemos guardado dentro para intentar saciar nuestras necesidades más hondas, pero nada de eso nos hace sentir verdaderamente satisfechos. Es hora de aceptar que sea él nuestro alimento, para que ninguna otra cosa sea capaz de quitarnos su alegría.

Oración:

“Gracias Jesús por tu mirada que no discrimina, que no niega a nadie los auxilios del amor y la gracia. Gracias por tu mirada que se compadece de las miserias humanas, pero que ha querido socorrer esas miserias a través de nosotros. libera del egoísmo a los que se resisten a la misión de compartir que tú nos das a todos, para que a nadie falte el pan de cada día”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día