El otro nacimiento

Con la fiesta del Bautismo de Jesús termina el tiempo litúrgico de la Navidad. Ahora comenzaremos a recordar el tiempo de la vida pública de Jesús, una visibilidad que ya no pone en escena relatos para demostrar su origen, en la línea de otros líderes importantes, sino el sentido de su existencia y la novedad que supuso su movimiento como principio de la nueva era cristiana.

El evangelio de Marcos parece tener prisa en revelar quién es Jesús y su lugar en la historia humana. Merece la pena que recordemos el comienzo del evangelio, apenas unos versículos anteriores al relato de este Domingo. Marcos comienza definiendo directamente a Jesús como Hijo de Dios. Omite los relatos de la infancia, omite genealogías; prefiere ir a lo esencial de manera parca y concisa. No parece ser una percepción suya, sino que, a modo de revelación, pone en palabras de Dios esta identidad: “Hijo de Dios”. Es el nuevo nacimiento de Jesús al que todos estamos llamados a despertar.

Juan se convierte en una breve alusión al Antiguo Testamento pero que se irá diluyendo hasta que, de una manera brusca, aparece Jesús con todo el protagonismo, generando un giro copernicano en la visión de Dios y del ser humano.  El Bautista nos pone en antecedentes; ahora, el bautismo, es decir la inmersión en la divinidad será a través del Espíritu. Revela así, que el Dios cristiano va a permanecer de una manera trascendente y actuante en la humanidad. Este bautismo “con el Espíritu Santo”, supone la presencia permanente de la potencia-luz divina que se va a convertir en el dinamismo que marcará los pasos de Jesús. De hecho, los siguientes versículos al texto que nos ocupa, ya es el Espíritu quien le conduce al desierto para discernir lúcidamente esta teofanía o experiencia reveladora, para diferenciar y conocer la voz del Dios con respecto a otras voces igualmente mesiánicas.

“Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo” nos pone de manifiesto la fuerza del liderazgo de Jesús y la claridad de su mensaje: no viene a reformar nada, a liberar de pagar impuestos, a echar a los poderes políticos y religiosos, aunque los cuestione duramente, sino a revelarnos nuestra verdadera identidad y la identidad de Dios. Jesús se presenta como prototipo de una nueva humanidad.

Dice el texto que “en cuanto salió del agua…”, es decir, pasado ya el tiempo del bautismo de purificación, se rasgan los cielos y desciende el Espíritu; el nuevo bautismo ya no es un ritual que requiere formas externas, sino que es un despertar a la verdadera esencia humana en conexión con la Divinidad. Fue Jesús quien vio los cielos abiertos, no describe algo que todos pudieran ver, sino que se trata de una experiencia interior que nos indica que “lo divino-el cielo” no está cerrado, que hay un punto de apertura y comunicación entre el cielo y la tierra. La divinidad irrumpe para darnos a conocer nuestra pertenencia original; hay un nacer de nuevo cuyos referentes ya no son los lazos de sangre, de familia humana; el nuevo nacimiento pasa por hacer pie en esta realidad que ya no se define por el tiempo, el espacio, el límite, sino en una nueva conciencia de ser Hij@s de Dios.

Esta nueva realidad revelada tiene unas consecuencias éticas de máximo nivel humano. Ser hijs@s, en plural, supone tener herman@s, en plural, en una relación simétrica que conduce a un reconocimiento de una dignidad que nos iguala. Toda la vida de Jesús es una puesta en escena de estos nuevos vínculos que implican inclusión y mesa compartida, respeto, tolerancia, libertad y profundidad. La situación que estamos viviendo no puede ser sostenida ni superada por personas líquidas que viven en un exceso de emociones, impulsos y reacciones que no tienen suelo. Hemos de dejar bautizarnos por la potencia del Espíritu que nos vigoriza y nos permite afrontar la noche desde la fuerza de la LUZ que tod@s llevamos dentro.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Rosario Ramos

II Vísperas – Bautismo del Señor

II VÍSPERAS

BAUTISMO DEL SEÑOR

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mas ¿por qué se ha de lavar
el Autor de la limpieza?
Porque el bautismo hoy empieza,
y él lo quiere inaugurar.

Juan es gracia y tiene tantas,
que confiesa el mundo de él
que hombre no nació mayor
ni delante ni después.

Y, para que hubiera alguno
mayor que él, fue menester
que viniera a hacerse hombre
la Palabra que Dios es.

Esta Palabra hecha carne
que ahora Juan tiene a sus pies,
esperando que la lave
sin haber hecho por qué.

Y se rompe todo el cielo,
y entre las nubes se ve
una paloma que viene
a posarse sobre él.

Y se oye la voz del Padre
que grita: «Tratadlo bien;
escuchadle, es el Maestro,
mi hijo querido es.»

Y así Juan, al mismo tiempo,
vio a Dios en personas tres,
voz y paloma en los cielos,
y al verbo eterno a sus pies. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Vino una voz del cielo y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo.»

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vino una voz del cielo y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo.»

SALMO 111: FELICIDAD DEL JUSTO

Ant. En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador de los hombres purifica en el Jordán nuestros pecados.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador de los hombres purifica en el Jordán nuestros pecados.

LECTURA: Hb 10, 37-38

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que vino con agua y con sangre.
V/ Éste es el que vino con agua y con sangre.

R/ Jesucristo, nuestro Señor.
V/ Con agua y con sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que vino con agua y con sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

PRECES
Roguemos a nuestro Redentor, bautizado por Juan en el Jordán, y supliquémosle, diciendo:

Envía, Señor, tu espíritu sobre nosotros.

Oh Cristo, servidor de Dios, en quien el Padre tiene todo su gozo,
— envía tu Espíritu sobre nosotros.

Oh Cristo, elegido de Dios, tú que no quebraste la caña cascada ni apagaste el pábilo vacilante,
— compadécete de cuantos te buscan con sinceridad.

Oh Cristo, Hijo de Dios, a quien el Padre ha elegido como alianza del pueblo y luz de las naciones,
— abre por el bautismo los ojos de los que no ven.

Oh Cristo, salvador de los hombres, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo y envió para salvación del mundo,
— haz que todos los hombres te conozcan y crean en ti para que así obtengan la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, esperanza nuestra, que llevas la luz de la salvación a los pueblos que yacen en las tinieblas de la ignorancia,
— recibe junto a ti, en tu reino, a nuestros difuntos.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Bautismo de Jesús

Aunque se incluye dentro del Tiempo de Navidad, esta fiesta significa el comienzo de la actividad de Jesús y se centra en el programa que deberá llevar a cabo. Para entender mejor la relación de las lecturas es preferible alterar el orden. La primera habla del programa encomendado al Siervo de Dios (Jesús). El evangelio, de cómo se le comunica ese programa en el bautismo. La segunda lectura (Hechos), de cómo lo llevó a cabo.

El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)

Esto dice el Señor:
Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
La mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo,
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tiniebla.

Como introducción al programa, se insiste en que el protagonista no lo llevará a cabo por sus propias fuerzas. Cuenta con la ayuda de Dios, que lo sostiene, se complace en él y le concede su espíritu.

El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar la mecha vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

La comunicación del programa en el bautismo (Marcos 1,7-11)

¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. El relato de Marcos, el más antiguo, cuenta el bautismo con muy pocas palabras. Y ni siquiera se centra en el bautismo, sino en lo que ocurre inmediatamente después de él.

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

̶  Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:

̶  Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.

Marcos destaca dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad.

La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Marcos quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento. En este sentido, es importante advertir que la vida pública de Jesús comienza con el testimonio de la voz del cielo («Tú eres mi hijo amado, mi predilecto») y se cierra con el testimonio del centurión junto a la cruz: «Realmente, este hombre era hijo de Dios» (Mc 15,39).

El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la vida, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)

En el discurso ante el centurión Cornelio y su familia, Pedro recuerda los momentos iniciales de la proclamación del evangelio y resume la actuación de Jesús con tres rasgos esenciales: ungido con el Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando, Dios estaba con él. No se puede decir más con menos palabras.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

– Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

José Luis Sicre

Jesús se había hecho mayor

1.- Hace pocos domingos el evangelio nos hablaba también de Juan, el bautista (no confundirlo con aquel chico que se hizo amigo y discípulo de Jesús y tenía el mismo nombre). Este Juan, predicaba a la orilla del Jordán, en un lugar que ahora está en el Reino de Jordania y donde el río pasa lentamente y tiene bastante profundidad. Una característica del sitio es que es el más bajo de la tierra, está a 400 m. por debajo del nivel del Mediterráneo, eso ellos no lo sabían, entre otras cosas porque no se había inventado el metro, ni tenían aparatos para medir niveles, se dice esto para que no se piense que es una imaginación de los hombres, como pasa con la Tierra de Jauja, o el País de las maravillas, de los cuentos.

2.- Jesús se había hecho mayor, había pasado su vida trabajando en la construcción. Los edificios de aquel tiempo necesitaban mucha madera para sostener los techos o cerrar los recintos, así que uno que supiera resolver estas necesidades tenía siempre trabajo y no se moría de hambre. Pero este vecino de Nazaret, hombre social y emparentado con gente del lugar, no pensaba pasarse la vida ganando dinero y nada más, era consciente de que estaba destinado a cosas grandes y pensó que la manera de inaugurar la nueva vida que pensaba llevar, era presentándose a su pariente lejano, el bautizador, un hombre muy famoso, y hacerse remojar públicamente por él, para demostrar su cambio y lo que pensaba de su vida, (ya hablaremos otro día de esto).

La cosa era simple, sencilla, pensaba realizarla de incógnito, pero cuando llegó el momento, la Divinidad que residía en Él, no pudo resistir el silencio y estalló en un fenómeno asombroso. Fue como cuando estamos escuchando un concierto o una canción y la encontramos tan bonita, que no podemos quedarnos quietos y empezamos a aplaudir. O cuando llega un atleta famoso que acaba de ganar una competición, o un sabio que ha descubierto algo importante. Nosotros gritamos vivas, saludamos con hurras, bravos o alirón. Dios, en este caso, desde el Cielo, gritó contento: este es mi Hijo, mi mimado, era su forma de vitorear.

3.- Al evocar esto que pasó a la orilla del Jordán ¿estamos contentos de saberlo? ¿Jesús es nuestro admirado campeón? Pues a partir de este domingo iremos conociendo cuantas cosas maravillosas hizo. Y aprendiendo de Él, nosotros podremos ser buenos deportistas de su equipo.

Pedrojosé Ynaraja

Comentario – Bautismo del Señor

(Mc 1, 7-11)

La celebración del bautismo del Señor completa la celebración de la Epifanía, porque en el bautismo, que da inicio a su misión, Jesús es manifestado como el Hijo querido por el Padre, el amado con predilección.

Jesús tuvo siempre la conciencia de ser el Hijo amado del Padre, y ese mismo amor es el que lo sostuvo en la cruz y le permitió morir encomendando su vida en las manos divinas del Padre.

El Espíritu que desciende sobre él, no está significando que Jesús no poseyera el Espíritu antes del bautismo, sino que Jesús lo recibe de un modo nuevo, en orden a la misión que tiene que comenzar. El Espíritu que Jesús ya poseía, ahora se manifiesta capacitándolo para salir a predicar y hacer presente el Reino de Dios.

En ese sentido se entienden las distintas “venidas del Espíritu” en la Escritura. Cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés (Hch 2, 1-11), eso no significa que antes no lo tuvieran, sino que lo recibían para salir a evangelizar al mundo, capacitándolos para cumplir una misión. Lo mismo vale para el bautismo de Jesús, que desde su concepción ya estaba lleno del Espíritu Santo.

Efectivamente, habiendo recibido una vez más el Espíritu Santo, y luego de cuarenta días de preparación en el desierto —típica de todo gran profeta— Jesús se dirige a Galilea a proclamar la buena noticia, porque “se ha cumplido el plazo” (Mc 1, 15). Así, en este relato del bautismo de Jesús aparece el cumplimento de Is 1, 11; 64, 1.

Podríamos preguntarnos si cada vez que tenemos que comenzar una nueva misión, o una tarea delicada, nos detenemos con fe a invocar el auxilio del Espíritu Santo. Pero también podríamos preguntarnos si somos conscientes de que el bautismo que recibimos, nos exige ser evangelizadores, llevar a los demás el mensaje y el amor del Señor.

Oración:

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, te pido que me renueves con la fuerza de ese Espíritu y me capacites para cumplir mejor la misión que me has dado en esta tierra. Tú que te dejaste llevar a la entrega total por el impulso del Espíritu, concédeme que también yo pueda ser dócil a su dinamismo”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Rito nuevo

69. En lugar del rito llamado «Ordo supplendi omissa super infantem baptizatum», prepárese otro nuevo en el cual se ponga de manifiesto con mayor claridad y precisión que el niño bautizado con el rito breve ya ha sido recibido en la Iglesia. Además, para los que, bautizados ya válidamente se convierten a la religión católica, prepárese un rito nuevo en el que se manifieste que son admitidos en la comunión de la Iglesia.

Lectio Divina – Bautismo del Señor

INTRODUCCIÓN

En el bautismode inmersión, tal como era costumbre hacerlo en las primeras comunidades cristianas, el que se bautizaba se sumergía en el agua para simbolizar la sepultura de Jesús y el emerger del agua era signo de Cristo Resucitado.  Nuestros pecados quedan sepultados en Cristo y renacemos a una vida nueva de resucitados. De cualquier manera bautizarse significa “darse un baño”.  A veces nos pasamos todo el día en un Museo y nos damos “un baño de arte”. Otro día nos entusiasmamos oyendo bellas sinfonías. Y nos damos “un baño de música”. ¿Y no pensamos que un día nos dieron un precioso “baño de Dios”? De Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. De Dios que es Comunión, Hogar, Familia, “Éxtasis de amor”. No olvidemos el día más bonito de nuestra vida.

TEXTOS LITÚRGICOS

1ª Lectura: Is. 42, 1-4.6-7.     2ª Lectura: Hch. 10,34-38.

EVANGELIO

Macos 1, 7-11

Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»

Jesús se bautiza en el Jordán por Juan Bautista, pero le da al bautismo un nuevo contenido. Nos dice que no basta bautizarse con agua, un puro rito externo, sino que hay que bautizarse en el Espíritu Santo. “Se abrieron los cielos y vino sobre Jesús el Espíritu Santo”. Y esto significa lo siguiente:

REFLEXIÓN

1.- El E. Santo es el Dios del amor.

Ser bautizado en el Espíritu es estar impregnado, empapado del amor del Padre. Por eso, lo que oye Jesús cuando se abren los cielos, es la voz del Padre que dice: “Este es mi hijo muy amado en el que pongo mis complacencias”. El cristiano se bautiza en ese mar infinito de amor.  Y procura, como Jesús, hacer las delicias de Dios, su Padre. ¿Cómo en concreto? Estando muy cerca del que más lo necesita. “Jesús pasó por la vida haciendo el bien y curando a los que estaban oprimidos” (2ª lectura). No dice el texto: “Pasó por la vida sin hacer mal a nadie”.  “Pasó haciendo el bien”. No es un buen cristiano el que se limita a no hacer mal. Es cristiano el que dedica su vida, sus años, su juventud, en hacer bien a los que lo están necesitando. Sanar, curar, alentar, levantar, son verbos cristianos

2.- En la primera lectura el profeta Isaías nos ha dicho acerca del Mesías.” No gritará, no vociferará”. De 33 años que vivió Jesucristo se pasó 30 años en un pueblo insignificante, Nazaret, viviendo y trabajando como uno más, como uno de tantos. Hay momentos y circunstancias en la vida humana en que sobran las palabras. Todo lo que tenemos que decir, lo decimos mucho mejor con el silencio. “Las mejores palabras brotan de un corazón silencioso”.  El cristiano no va por la vida “gritando”, “imponiendo”, “haciendo ruido”, “haciéndose el importante”.  

3.- No romperá la caña cascada.

Es una bella definición de la persona humana. Lo dijo muy bien Pascal:” El hombre es una caña pensante”. Por ser “caña” es débil, frágil, muy limitado. Y después de COVID-19 hemos comprobado no sólo la vulnerabilidad del hombre, sino la vulnerabilidad de la humanidad. El hombre por ser “pensante” aumenta la capacidad de sufrimiento. Mueren las plantas y mueren los animales, pero “no saben que se mueren”, no sufren por tener que morir. Por eso el pájaro puede morir cantando y la flor exhalando el último perfume. Sólo el hombre muere llorando. Ser cristiano es asumir la condición de hombre, y tratar de superar esta situación acercándose a la persona de Jesús, bautizándose no con un bautismo de agua sino “de sangre”, es decir, entregando su vida al servicio de los demás. Al final “se abrirán los cielos”, y saldrá el mismo Padre en persona a recibirnos y darnos un abrazo eterno.

PREGUNTAS

1.– Como cristiano, ¿doy importancia a mi bautismo? ¿He pensado alguna vez en lo que supone estar bautizado, es decir, estar sumergido, empapado en el amor infinito del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?

2.- ¿Me creo que por gritar más tengo más razón? ¿Estimo el silencio y la soledad como valores de la vida?

3.- “El pábilo vacilante no lo apagará”. Debajo de las cenizas de cada persona, ¿Sé descubrir el rescoldo de sinceridad, de bondad, de solidaridad que llevan dentro?

Este evangelio, en verso, suena así:

Con ilusión nuestros padres
nos bautizaron de “niños”.
Celebraron una fiesta
con familiares y amigos.
De “mayores” olvidamos,
por ignorancia o descuido,
que en el bautismo aceptamos
unos fuertes compromisos.
Por el bautismo elegimos
ser discípulos de Cristo:
poner nuestra fe en Jesús
y vivir según su estilo.
En la fuente del bautismo
estrenamos un “vestido”
nos ungieron con el “óleo”,
nos entregaron un “cirio”.
Estos símbolos nos urgen
a ser de Cristo “testigos”
a pasar haciendo el bien
curando a los oprimidos.
En el mundo del dinero
del poder y del prestigio,
los cristianos apostamos
por el amor y el servicio
Señor, que nuestro bautismo
dé a nuestra vida sentido.
Es timbre de honor y gloria
ser tus hijos adoptivos.

(Estos versos han sido compuestos por José Javier Përez Benedí)

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La suavidad del Hijo de Dios

1 – Merece la pena pronunciar despacio las dos siguientes frases que hemos escuchado en las lecturas de hoy. La primera procede de la profecía de Isaías: “La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará”. La segunda, del Libro de los Hechos de los Apóstoles: “Jesús de Nazaret, ungido por Dios con el Espíritu Santo, que paso haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” Ambas, narran la forma de ser y actuar de Cristo, porque no quebrar la caña cascada ni apagar el rescoldo débil, curar a los oprimidos, todo ello contiene un mensaje de paz, con suavidad física y espiritual y mucho consuelo. Pueden ser, sin duda, de las frases más hermosas del Nuevo Testamento y que reflejan bien la actividad de Jesús. Hay mucha paz, suavidad, humildad y servicio a los demás en el cristianismo y ello debería ser reflejado más por todos y, sobre todo en este tiempo de violencias.

Se nos ocurre decir que la liturgia de la Misa tiene una enorme fuerza descriptiva que afianza aun más los textos que leemos. El relato de Isaías en este día del bautismo del Señor contiene uno de los párrafos –tal como ya hemos citado– más hermosos de toda la Escritura dedicada al Señor Jesús: “La caña cascada no la quebrará, el pabilo (el rescoldo) vacilante no lo apagará”. Y también: “No gritará, no clamará, no voceará por las calles”. Es, como decíamos, la imagen de la suavidad de Cristo, de su mansedumbre, de su talante siempre afable. Luego, San Pedro va a decir en los Hechos que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él”. Pedro con una sencillez impresionante resume en muy pocas palabras la misión de Jesús y su naturaleza. Es, por supuesto, otro texto magnífico.

2. – Cristo se va a bautizar como uno más, pero entonces se oye la voz poderosa del Padre que lo declara desde el cielo “su hijo amado, su predilecto.” Es el mismo Padre quien no quiere en ese momento el anonimato producido por la modestia de Jesús. Es necesario conocer que la fuerza de Dios también está en el Señor. Hace unos días, al celebrar la Epifanía, se mostraba lo mismo: la presencia pública y jubilosa del Niño Dios al mundo, representado por los Reyes Sabios de Oriente. Pero, hoy, a su vez, el Salmo 28 describe la voz de Dios como una tormenta. Pero se lee, claro está, inmediatamente después que a Isaías. El contraste es enorme. El Dios omnipotente presenta a su Hijo con dimensión humana, con la “medida” que todos los hombres deberíamos tener: la de la paz y la suavidad.

Hay muchas ocasiones en la vida del cristiano en las que pretendemos tomar el megáfono y a cristazo limpio –como dijo Miguel de Unamuno– imponer creencias a gritos, con el máximo ruido posible. Pero, no es lógico; ni adecuado; si somos coherentes porque enseguida se descubre a un Señor Jesús afable, silencioso, sonriente, que no rompe la caña quebrada, ni su ímpetu apaga la poca lumbre que todavía queda en la vieja hoguera. Y es que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos. Y lo hizo de la quietud y serenidad de un enorme amor a los hombres que le rodeaban. En su Bautismo el Espíritu Santo unge a Jesús para la misión redentora, pero la magnificencia de Dios queda –en ese momento– en lo alto. Abajo en la tierra comienza el Reinado de la paz y del amor. En ese equilibrio entre fuerza y suavidad está lo mejor que podemos aprender nosotros de nuestro Dios.

3. – Con la solemnidad del Bautismo del Señor termina el tiempo de Navidad e iniciamos el Tiempo Ordinario. La escena del Jordán es el principio de la vida pública del Salvador. A nosotros se nos abre también un tiempo “normal”, de camino corriente, tras la maravilla que hemos celebrado en Navidad. Pero también es tiempo de espera y de conversión. Esta primera parte del Tiempo Ordinario terminará en el Miércoles de Ceniza y con ella se inicia la Cuaresma, el ascenso hasta la Pascua gloriosa. Todos los tiempos y los momentos sirven para nuestra conversión. Y una característica de nuestro cambio –de la búsqueda del hombre nuevo—ha de ser el de la paz y la afabilidad. Jesús es afable y pacifico. Y así debemos ser nosotros. Recomendamos muy sinceramente, leer y releer esta semana los textos de la Misa. Y meditarlos en el silencio de nuestros cuartos y en la –deseable– paz de nuestras almas.

Ángel Gómez Escorial

¿Tiempo de rebajas?

1.- Un año más, y casi sin darnos cuenta, ha llegado y se ha ido la Navidad. En losa escaparates de las tiendas de ropa hemos visto un rótulo con un título: ¡REBAJAS! Se ponen a la venta artículos que no han podido venderse durante el período navideño, bien porque tienen algún defecto, bien porque están pasados de moda o porque ocupan un lugar al comerciante, que quiere desprenderse de ellos cuanto antes para adquirir otros más “vendibles”. Nosotros, los cristianos corremos un peligro: que después de la Navidad nos desinflemos y volvamos de nuevo a la rutina. La cuesta de enero a veces cuesta mucho subirla. Sin embargo, es ahora cuando tiene que notarse que la Navidad ha servido para algo. Quizá hemos hecho muchos propósitos, tal vez hemos dejado de fumar o de hacer gastos superfluos….. Pero es ahora cuando hay que demostrar que vivimos una nueva vida.

2.- El salto que da la liturgia en este domingo es muy grande, aunque se nos diga que todavía no se ha cerrado el ciclo navideño. Dejamos al Jesús-Niño y pasamos al Jesús-adulto. No es fácil para nadie este cambio de niño a adulto. Supone dejar a un lado las seguridades y lanzarse a la aventura de la confianza en el Padre y de la misión encomendada. Esto es lo que le ocurrió a Jesús cuando recibió el bautismo de manos de Juan. El Padre le manifestó su identidad: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. Pero, al mismo tiempo, asume su misión: pasar por el mundo haciendo el bien, abriendo los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas. Es decir, se identifica con la misión del “Siervo de Yahvé” del profeta Isaías. Será luz de las naciones e implantará la justicia en todas las islas -todas las naciones de la tierra- Qué bueno sería que de nosotros, sus discípulos, se dijera al final del año “pasó por el mundo haciendo el bien, porque Dios estaba con él”. Tenemos la seguridad de que Dios está siempre con nosotros y también tenemos clara nuestra tarea: pasa haciendo el bien. Pensemos en aquello defectuoso que tendríamos que quitar de nosotros en este tiempo de rebajas, en lo que no hemos actualizado, en lo que ocupa un lugar en nosotros y es poco importante. Coloquemos en el centro de nuestra vida aquello que es esencial: la presencia de Dios y del hermano.

3.-El bautismo de Juan era de penitencia, de preparación. Por eso dice San Agustín que “valía tanto como valía Juan. Era un bautismo santo, porque era conferido por un santo, pero siempre hombre. El bautismo del Señor, en cambio, valía tanto cuanto el señor: era, por tanto, un bautismo divino, porque el Señor es Dios”. Nosotros hemos recibido el auténtico bautismo “en el Espíritu Santo”. ¿Somos conscientes de la gracia recibida, de nuestra consagración como sacerdotes, profetas y reyes? Nuestra misión es ser fieles al honor recibido, no traicionar el amor de Dios Padre. Nuestra misión es aspirar a la santidad –somos sacerdotes todos–, luchar por un mundo donde reine la justicia –nuestra misión profética– y servir a los más necesitados con los dones recibidos –somos ungidos como reyes–. Renovemos nuestro compromiso bautismal en este día porque en nuestra vida de fe no debe haber “rebajas”.

José María Martín OSA

El agua sola no basta

Desde el comienzo de la pandemia se hizo un llamamiento a la necesidad de extremar la limpieza de manos, utensilios, superficies… Una limpieza que había que hacer a conciencia y por eso se dieron indicaciones acerca del tiempo que debíamos estar lavando las manos con jabón, o la proporción de lejía que había que añadir al agua, se recomendaron algunos productos como más idóneos para desinfectar bien… Aunque el agua es la base de estos métodos y productos, el agua sola no basta para una buena limpieza, necesita que se le incorporase algo que la haga efectiva.

Hoy estamos celebrando la fiesta del Bautismo del Señor, con la que termina el tiempo de Navidad. Hemos contemplado a Jesús, ya adulto, que llegó desde Nazaret a que Juan lo bautizara. Aunque es el Hijo de Dios, Jesús, como verdadero hombre, se hizo bautizar por Juan. Por una parte, para ser en todo semejante a nosotros y así indicarnos el camino a seguir; por otra parte, para que quede manifestada su divinidad, atestiguada por una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

Y también, al querer ser bautizado, Jesús da al Bautismo un nuevo sentido. El bautismo de Juan era sólo con agua, un signo de conversión, una llamada a llevar una vida más acorde con el cumplimiento de la ley, pero Jesús, con su Bautismo, abre una nueva dimensión: a partir de ese momento inicia su misión, su vida pública, el anuncio del Evangelio.

Un anuncio con obras y palabras que nosotros, sus discípulos y apóstoles, estamos llamados a continuar en nuestro mundo, viendo en santidad, porque para eso hemos recibido el Sacramento del Bautismo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y del mismo modo que el Espíritu bajó sobre Jesús después de ser bautizado, ese mismo Espíritu desciende sobre todos los que reciben el Bautismo, para continuar la misión evangelizadora de Jesús.

Nuestra vida, nuestro mundo, se encuentra sometida a muchas “infecciones”, muchos males de todo tipo que provocan grandes sufrimientos. Y ante esta situación han sido muchos los que, humanamente, han hecho lo posible para atajarlos. Éstos serían los que han recibido “un bautismo de conversión”: han visto la necesidad y han reaccionado, pero sus esfuerzos no resultan suficientemente eficaces. Podemos decir que se ha querido limpiar nuestro mundo “sólo con agua”, pero ante la gravedad de las situaciones, el agua sola no basta, hace falta más.

Y ahí es donde el Señor nos llama a actuar, siguiendo su ejemplo: si queremos “no sólo llamarnos, sino ser de verdad, hijos de Dios” (cfr. oración después de la comunión), no podemos contentarnos con “tener buena voluntad”, como si sólo hubiéramos recibido “un bautismo de conversión”. La buena voluntad es el “agua”, la base de toda acción, pero hace falta más y por eso nosotros debemos poner a la “buena voluntad” el ingrediente del Espíritu Santo que hemos recibido en el Bautismo.

Como escribió San Pablo VI en “Evangelii nuntian- di” 75: “No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado”.

Nuestra vida, nuestro mundo, necesitan una “limpieza a conciencia”, pero “el agua sola no basta”, la buena voluntad no es suficiente. “Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin Él. Sin Él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin Él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor” (EN 75). El Bautismo del Señor que hoy celebramos es una llamada a que nosotros activemos nuestro Bautismo, continuemos la misión de Jesús y nos pongamos a “limpiar a conciencia”, como ha dicho el Papa Francisco, siendo “evangelizadores con Espíritu, evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. El Espíritu Santo infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios”. (EG 259)