Comentario – Lunes I Tiempo Ordinario

(Mc 1, 14-20)

Comenzamos el tiempo durante el año que nos propone una lectura continua del evangelio de Marcos, el primer evangelio escrito para que las nuevas comunidades pudieran conocer mejor a Jesús.

Este evangelio todavía no contiene las narraciones sobre la infancia del Señor que aparecen en Mateo y Lucas, y comienza directamente con la vida pública de Jesús, anunciada por Juan el Bautista e iniciada solemnemente con el bautismo, cuya narración leímos ayer. Marcos quiere mostrar a Jesús actuando, manifestando su gloria, haciendo presente la potencia del Reino de Dios.

El texto que hoy menciona escuetamente el arresto de Juan, y describe el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea. Su predicación se resume en el anuncio de la cercanía del Reino de Dios y en una invitación al arrepentimiento y a recibir la novedad que Jesús trae, la “buena noticia”.

Cada uno de nosotros, al leer este texto, debería dejarse interpelar por esta invitación, e invocar la gracia de Dios para avanzar en el camino de conversión.

Pero inmediatamente Jesús convoca a sus primeros discípulos. Desde el comienzo Jesús quiere crear una comunidad en torno a él.

Los primeros llamados son pobres pescadores de Galilea, convocados para una misión superior: convertirse en “pescadores de hombres”.

El texto no deja de indicar que la aceptación de este llamado y de esta misión suponía renuncias: dejar las redes, dejar un tipo de vida al que uno se ha habituado, para entrar en la novedad que Jesús propone.

Oración:

“Señor, quiero escuchar una vez más tu llamado a la conversión, y volver a aceptar tu presencia como una buena noticia para mí, siempre nueva. Dame la gracia de dejarme cautivar una vez más por tu persona, de reconocer la belleza de caminar contigo, para que pueda aceptar las renuncias que tengo que aceptar para seguirte cada día”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día