Vísperas – Miércoles I de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES I DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste.

que el agua del camino es amarga…, es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siento el alma triste hasta la muerte triste…

El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansado labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras…, y se llena de estrellas,
Señor, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? +

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 1, 22.25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:

Muestra, Señor, tu caridad.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
— guárdala de todo mal y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
— y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes,
— y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
— alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
— y dales posesión de tu reino.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios salvador nuestro, danos tu ayuda, para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así los que de ti hemos nacido como hijos de la luz seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles I de Tiempo Ordinario

1.-Introducción.

Te pido, Señor, que me envíes tu Espíritu para comprender el sentido profundo de la oración. No quiero que sea una norma, una obligación, sino una dulce necesidad. Soy un hambriento que necesita de tu pan. Un sediento que necesita del agua de tu pozo. Soy un mendigo que tiene necesidad de Ti, de Ti sólo y de nadie más. No me dejes de la mano que me conozco y, si Tú no estás conmigo, yo soy una calamidad.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 1, 29-39

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.» El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique el Evangelio, pues para eso he venido.» Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

          Jesús cura a la suegra de Pedro. -Un rabino no se hubiera acercado a una mujer enferma ni la hubiera tomado de la mano. Jesús se acerca y toca la persona. No es un curandero. Es el médico que cura con su cercanía y su bondad. “Tomándole de la mano la levantó”. Por suerte hay una mano a la que agarrarse. Me levanta y me ayuda a caminar. Bonito programa para todos sus seguidores. El bien hay que hacerlo bien. Después se puso a servirles. Ella que ha sido tocada por la ternura de Dios se pone gozosa a servir por amor. Un servicio sin amor, esclaviza. Un servicio por amor, hace personas libres. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración”. La primera actividad de Jesús, en un día normal, es madrugar para estar a solas con Dios, su Padre. ¡Todos le buscan! Hay mucho trabajo, muchas personas que atender, pero Él necesita el diálogo con el Padre. Es su respiración vital. Hoy más que nunca el mundo necesita una palabra que venga del silencio.

Palabra del Papa

“Desde este lugar de acogida, de encuentro y de servicio, quisiera que surgiera una pregunta para todos, para todas las personas que viven aquí en la diócesis de Roma: ¿Me inclino sobre quien está en problemas, o tengo miedo de ensuciarme las manos? ¿Estoy encerrado en mí mismo, en mis cosas, o me percato de los que necesitan ayuda? ¿Me sirvo solo a mí mismo, o sé servir a los demás como Cristo, que vino a servir hasta dar su vida? ¿Miro a los ojos de los que buscan la justicia, o dirijo la mirada hacia el otro lado? ¿Acaso para no mirar a los ojos?» (S.S. Francisco, mensaje del 10 de septiembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito. La oración de hoy la voy a considerar como una necesidad. Y voy a comprometerme a rezar todos los días hasta adquirir hábito de oración.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque he descubierto que la oración es parte esencial de mi vida y que no la puedo separar de mi trabajo pastoral. Dame la gracia de estar bien por dentro para poder así hacer el bien; que no me deje llevar por un activismo exagerado, hasta el punto de no tener tiempo para orar. ¿Acaso se nos ocurre decir: estoy tan ocupado que no he tenido tiempo para respirar? La oración es la respiración del alma.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

7.- ENVIADOS A PREDICAR

Mt 10, 5-16; Mc 6, 7-13; Lc 10, 1-12

Jesús había elegido a los Doce hacía ya algunos meses, y estos escuchaban su doctrina y eran testigos de sus milagros. No hicieron en este período nada especial; acompañaban al Maestro. Un tiempo después, cuando ya conocían lo esencial, el Señor los envió para que llevaran a cabo su primera misión apostólica, y les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades. Les encargó predicar el Reino de Dios.

Es posible que Jesús los enviara en otras ocasiones, pero los evangelistas solo hablan de esta misión[1]. Y lo hizo, conmovido por la situación en que se encontraban las gentes: Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Llegaban en un estado verdaderamente lamentable. Era un pueblo abandonado por sus guías. Fue entonces cuando dijo a los discípulos: la mies es mucha, pero los obreros, pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Parece como si el Señor sintiera la urgencia de llegar a muchos más de los que Él podía físicamente atender.

Les dio indicaciones concretas de cómo habían de comportarse y a quién dirigirse. En primer lugar, deberían ir solo a los judíos: no a los gentiles, ni siquiera a los samaritanos, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel, al rebaño perdido y sin pastor.

Partirían de dos en dos. ¿Quién iría con Judas? Es posible que le acompañara el otro Simón, aquel que Mateo empareja con él en la lista de los Doce… No nos imaginamos a Judas predicando la cercanía del Reino de Dios. ¿Hablaría con entusiasmo de Jesús? ¿Qué significado tendría para él la misión? ¿Se habrían abierto ya las primeras grietas en su llamada?… Es posible, pues un poco más tarde, Jesús dirá: uno de vosotros es un diablo (Jn). Debió de ser emocionante para todos expulsar demonios.

¿Qué dirían a la gente? ¿Qué enseñarían? La muchedumbre preguntaría con insistencia si había llegado ya el Mesías. Harían también preguntas disparatadas. Todos en Israel esperaban al Cristo con impaciencia. ¿Qué responderían? Tal vez se quedarían algo cortados, pues todavía habrían de pasar unos meses antes de que el Espíritu Santo revelase a Pedro en tierras de Cesarea de Filipo que Jesús era el Hijo de Dios. Y, cuando lo afirmó Pedro, Jesús les ordenó que no dijeran aún a nadie que Él era el Cristo, pues el pueblo tenía una idea errónea acerca del Mesías. Así pues, no formaba parte de esta primera misión el declararlo. Aún no podían dar respuesta a todas las preguntas. Y si hubiesen empleado expresiones como Moisés dijo, pero Jesús di ce, si hubiesen asegurado que su Maestro era mayor que el Templo y Señor del sábado, el pueblo les habría arrojado piedras.

Predicaban, pues, sobre el Reino que se aproximaba, aunque ellos mismos tenían 162 serias dificultades para comprender en qué consistía este nuevo Reino que estaba a punto de llegar. Incluso después de declarar Jesús que iba a construir su Iglesia sobre Pedro, encontramos a los apóstoles discutiendo entre ellos, camino de Cafarnaún, acerca de quién sería el más grande en el Reino. Y en la Última Cena volverán a discutir sobre lo mismo. No parece que después de tanto tiempo junto al Maestro hubiesen calado en su verdadera naturaleza. Incluso después de la Resurrección aún le preguntarán: ¿Vas a instaurar ahora el Reino de Israel? Solo después de la Ascensión, el Espíritu Santo les hará comprender lo que el Señor les predicó con tanta insistencia: la naturaleza universal y espiritual del Reino de Dios, de su Iglesia.

Ahora comprendían la necesidad de un cambio profundo en el corazón. De esto sí predicarían, y también hablarían con entusiasmo de la Persona de Jesús, repetirían enseñanzas que habían oído a su Maestro… Quizá el Señor se hubiera sonreído al escucharlos. El Maestro les había dicho que predicaran, y quizá lo harían en las sinagogas. Y probablemente obrarían milagros: Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, arrojad los demonios (Mt). Jesús les había transmitido en buena parte sus propios poderes.

San Lucas nos da noticia del envío en otra ocasión de setenta y dos discípulos en una misión semejante. Y cuando volvieron, llenos de gozo, decían: ¡Hasta los demonios se nos someten en tu nombre! Y Jesús, en aquella ocasión, se contagió de su entusiasmo y, lleno de alegría, exclamó: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo (Lc). La soberanía del demonio estaba llegando a su fin.

De esta primera aventura, que debió de ser apasionante, los evangelistas no nos han dejado ningún detalle. Contarían al Maestro mil pequeños sucesos. Y Él los acogió una vez más con toda comprensión.


[1] San Mateo recoge muchas indicaciones que probablemente corresponden a misiones distintas. El evangelista las ha condensado en una sola.

Comentario – Miércoles I de Tiempo Ordinario

(Mc 1, 29-39)

La curación de la suegra de Simón (Pedro) destaca un detalle no despreciable; que apenas fue curada se puso a servir a los demás, con lo cual se indica que la obra de Jesús en nuestras vidas pide como respuesta una actitud de servicio.

También es importante el detalle de la mano de Jesús que la toca para curarla, ya que hace referencia a “la mano fuerte de Dios” tan mencionada en el Antiguo Testamento (Sal 62, 9; 73, 23).

Pero la narración de las curaciones es interrumpida para decir que Jesús se apartaba para orar. Esta mención de Jesús levantándose muy temprano para asegurarse ese tiempo de oración, destaca la necesidad de alimentarnos en el encuentro íntimo con el Padre en medio de la actividad y de las preocupaciones de la vida.

Luego se indica que Jesús no quería clausurarse en un lugar porque tenía que llegar a todos. Del encuentro del Padre sacaba una libertad interior que le permitía no aferrarse a nada y lanzarse a lo que el Padre le indicara.

Inmediatamente se aclara que la misión consistía también en “expulsar demonios”, lo cual no se entiende de la manera restringida como suele interpretarse (como si fueran seres malignos), sino que esa expulsión está simbolizando la liberación de todo tipo de males, sobre todo de los males más profundos del corazón humano, a través de su palabra que es viva y eficaz.

Oración:

“Señor, tócame con tu mano fuerte y libérame de los males más profundos de mi vida; libérame sobre todo del egoísmo, que no me permite servir a los demás, y de la indiferencia, que no me deja llevar tu Palabra con alegría”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Comentario Domingo II de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús, Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”. Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón. Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio. Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMEN, ASI SEA. AMEN.
Jn 1, 35-42

«35Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos 36y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el cordero de Dios”. 37Y los dos discípulos oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

38Y volviéndose Jesús, viéndolos seguirle, les dice: “¿Qué buscáis?”. 39Ellos le dijeron: “Rabbí -que significa Maestro-, ¿dónde vives (lit. “permaneces”)?”. Les dice: “Venid y veréis”. Así que fueron, y vieron dónde vivía (“permanecía”), y se quedaron (“permanecieron”) con él aquel día; era como la hora décima [las cuatro de la tarde]. 

40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41Éste encuentra primero a su propio hermano Simón y le dice: “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)”. 42Lo condujo a Jesús. Fijándose en él, Jesús le dijo:

“Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas (que significa Pedro)”».
PALABRA DE DIOS 

CONTEXTO

Volvemos al evangelio de Juan, del que ya habíamos leído el prólogo (Jn 1,1-18, Navidad) y la primera parte de lo que se conoce como “la semana inaugural” (1,19- 28, III Adviento). Hoy leemos “el tercer día”, el comienzo del discipulado con Jesús (1,35-42). El texto pertenece a la unidad 1,19-2,12, que está estructurado en una semana. El primer día presenta el testimonio de Juan Bautista ante los sacerdotes y levitas (1,19-28). El segundo día (cf. “al día siguiente”, v. 29) aparece en escena Jesús, al que Juan califica de “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, y es bautizado (1,29-34). El tercer día (cf. “al día siguiente”, v. 35) comienza el seguimiento a Jesús, el discipulado, a iniciativa de Andrés (1,35-42). El cuarto día (cf. “al día siguiente”, v. 43) es el mismo Jesús el que llama a Felipe y habla con Natanael (1,43-51). El séptimo día (cf. “tres días después”, 2,1) se celebra la boda de Caná, donde Jesús dio comienzo a “los signos” y “manifestó su gloria” (2,1-12).
TEXTO
Podemos estructurar el texto en tres partes: a) la presentación de Juan y Jesús y la transición de los discípulos de Juan a Jesús (vv. 35-37); b) el diálogo entre Jesús y los que habían sido discípulos de Juan (vv. 38-39); c) Andrés lleva a Simón donde Jesús (vv. 40-42). Es un texto de transiciones y movimientos: los discípulos de Juan pasan a ser de Jesús; ellos van a donde vivía Jesús; Andrés conduce a Simón a Jesús. Además, hay miradas en dos direcciones (a Jesús y de Jesús. Por otro lado, tres veces se da traducción de nombres, caso único en los evangelios. Movimientos, miradas, “traducciones”, aspectos relevantes de nuestra vida cristiana.
ELEMENTOS A DESTACAR

• Sobresalen verbos (acciones) muy significativos, verbos de “mirada”: el texto se abre y se cierra con el verbo fijarse (vv. 36.42): Juan se fija en Jesús y le llama “Cordero de Dios”. Jesús se fija en Pedro y le llama “Piedra”. Además, Jesús invita a “venir y ver”, y los discípulos fueron y “vieron”, y se quedaron con él. Nada referido a la visión queda igual. Pero ¿cuántas cosas de nuestra vida siguen igual después de ver a Jesús, su enseñanza y sus obras?
• Otra secuencia elocuente es “oír-seguir”: los discípulos de Juan oyen sus palabras y siguen a Jesús (vv. 37.40). Las palabras de Juan encaminan a Jesús. ¿Nuestras palabras, nuestro testimonio, encaminan a los demás a Jesús? ¿Transparentamos a Jesús con nuestra vida?
• Y todavía una tercera secuencia destacada: “buscar-encontrar”: las búsquedas de aquellos discípulos orientan las nuestras para que sean una búsqueda de Dios. Desde la perspectiva profética, donde es tan importante el “buscar”, dicha búsqueda tiene que estar acompañada de la justicia y el amor. Si no, no podremos “encontrar” a Jesús (cf. Jn 7,34; 8,31).
• El verbo “permanecer”, que en el texto se traduce por “vivir” y “quedarse”, es muy importante en la teología del 4o evangelio: es discípulo el que permanece en Jesús (15,4-5), en su palabra (8,31; 15,7) y en su amor (15,10). “Permanecer en Jesús” supone aprender de él y vivir de él y como él. Y así, el discípulo puede convertirse en apóstol, como Andrés en el evangelio de hoy. De modo que ya no son sólo las palabras las que conducen a Jesús (como comenzaba el evangelio), sino toda la persona, todos los aspectos de una persona.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo II de Tiempo Ordinario

II Domingo del Tiempo Ordinario

1 de Samuel 3:3b-10, 19; Salmo 40(39); 1 Corintios 6: 13c-15c, 17-20; Juan 1: 35-42

Los Primeros Discípulos de Jesús

Al día siguiente, Juan estaba allí otra vez con dos de sus seguidores. Cuando vio pasar a Jesús Juan dijo: ¡Miren, ese es el cordero de Dios! Los dos seguidores de Juan le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que lo seguían les preguntó: ¿Qué están buscando? Ellos dijeron: Maestro, ¿Dónde vives? Jesús les contesto: Vengan a verlo. Fueron, pues y vieron donde vivía, y pasaron con él, el resto del día, porque ya eran como las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. Andrés, antes que nada, fue a buscar a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías (que significa: Cristo.) Luego Andrés llevo a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio le dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan, pero serás llamado Cefas (que significa: Pedro).

Reflexión

¿Cómo llama Juan a Jesús? (Cordero de Dios) ¿Por qué le llamó esto? (En esa época, el pueblo sacrificaba corderos en el Templo para que Dios perdonara sus pecados o para dar Gracias a Dios. Jesús vino para sacrificar su vida para el perdón de todos los pecados. El pecado de Adán y Eva nos había separado de la comunión con Dios en el Paraíso y Jesús vino a restaurarla. Ya no tendrían que sacrificar corderos. Él se hace el Cordero de Dios que perdona todos los pecados.) Al oír esto, los seguidores de Juan siguieron a Jesús. ¿Qué les pregunta Jesús? (¿Qué están buscando?) ¿Qué buscamos nosotros al acercarnos a Jesús? Compartir. ¿Qué respondieron? (¿Dónde vives? Querían pasar tiempo con Jesús en su casa para conocerlo.) ¿Pasamos tiempo con Jesús diariamente en la casa de nuestro corazón y en la Iglesia para conocerlo mejor? Compartir. Después, Andrés, emocionado, lleva a su hermano Simón a conocer al Mesías. ¿Cómo podemos llevar a otros a conocer a Jesús? Compartir. Jesús le cambia el nombre de Simón a Pedro porque le iba a dar una misión especial. ¿Cual? (Pescador de hombres, dirigiendo a su Iglesia.)

Actividad

Coloreen la cara de un cordero y péguenle algodones en el cuerpo. Coloreen la cruz y peguen el cordero en la cruz. Hablen de como son los corderos: sociales, sin malicia, siguen al pastor. Jesús es sin pecado y siempre sigue a su Padre en el Cielo.

Oración

Gracias, Señor por venir a salvarnos. Gracias por tu gran amor a nosotros. Ayúdanos a seguirte como tu seguías a tu Padre. Danos un corazón atento a ti y a los demás, para construir el mundo de amor y vida que tú quieres. Amén.

¿Qué me quiere decir Jesús?

Los primeros discípulos – Juan 1, 35-42

En aquel tiempo estaba Juan con dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo: – Este es el Cordero de Dios. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y, al ver que lo seguían, les preguntó: – ¿Qué buscáis? Ellos le contestaron: – Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? El les dijo: – Venid y lo veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró a su hermano Simón y le dijo: – Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: – Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).

Explicación

Juan Bautista dijo a sus seguidores, refiriéndose a Jesús: Ese es estupendo y el único a quien merece la pena conocer y seguir. Y sus discípulos se fueron con Jesús y le preguntaron: Maestro, ¿dónde vives? Jesús les contestó: Venid y lo veréis. Y se quedaron con él.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: Los discípulos de Juan Bautista escuchaban entusiasmados las palabras que éste les dirigía. Y le hacían muchas preguntas.

ANDRÉS: Juan, háblanos del Mesías. Quisiéramos conocerlo.

DISCÍPULO: Dices que le bautizaste en el río Jordán. Pero, si es el Mesías ¿por qué le bautizaste tú?

JUAN: Preguntáis muchas cosas, y sólo puedo deciros que el Mesías es más importante que yo.

ANDRÉS: ¿Cómo de importante Juan?

JUAN: Tan importante que no soy digno de desatar la correa de su sandalia.

NARRADOR: En ese momento, fijándose en Jesús que pasaba, dijo:

JUAN: Este es el cordero de Dios. Mirad que se acerca; él podrá responder a todas vuestras preguntas.

ANDRÉS: ¿Vamos a su encuentro? A mí me gustaría saber algo más de Jesús.

NARRADOR: Andrés y el otro discípulo de despidieron de Juan y se acercaron a Jesús. Éste les vio titubeantes y les preguntó:

JESÚS: ¿Qué buscáis?

ANDRÉS: ¡Maestro! ¿dónde vives?

JESÚS: Venid y lo veréis.

NARRADOR: Andrés era uno de los que oyeron a Juan y fue en busca de su hermano Simón.

ANDRÉS: ¡Simón, ven conmigo! ¡Hemos encontrado al Mesías!

SIMÓN: ¿Tu maestro, Juan Bautista, es el Mesías?

ANDRÉS: ¡No, qué va! El Mesías es Jesús.

SIMÓN: ¿Jesús? ¿qué Jesús?

ANDRÉS: ¡Pues Jesús! Espera…, le llamaré. ¡Jesús, Jesús, sal por favor! quiero presentarte a mi hermano.

JESÚS: Tú eres Simón, el hijo de Juan.

SIMÓN: ¿Y cómo lo sabes?

JESÚS: Desde hoy te llamarás Cefas.

SIMÓN: ¿Y qué significa eso?

JESÚS: Significa Pedro, porque tú eres la piedra sobre la que edificaré mi Iglesia.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles I de Tiempo Ordinario

El relato evangélico que hoy escucharemos en la Eucaristía es un texto interesante por una razón: Nos permite conocer de primera mano cómo organizaba Jesús sus jornadas y en qué actividades empleaba su precioso tiempo. Desde ese telón de fondo, resaltemos hoy dos recomendaciones evangélicas, prácticas y útiles.

  • La importancia de organizar sabiamente nuestro tiempo. Una persona es sabia si sabe combinar en su justa medida las tres relaciones fundamentales: relación con Dios (oración), relación con los demás (servicio) y relación con uno mismo (cuidado). Muchas de las dificultades que se presentan en la vida cristiana se explican por no saber combinar debidamente estos tres espacios. Al descuidar alguna de estas dimensiones esenciales aparecen tensiones: entre la pereza o el activismo, el aburrimiento o el estrés, la apatía o la adicción… Como decía Baltasar Gracián: “Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene, lo posee”. Su administración depende de cada uno. Cada día tiene 24 horas y no podemos añadir más horas a nuestro antojo. Sí podemos sacarle más partido si lo administramos como Jesús: priorizando lo esencial, eliminando lo superfluo o perjudicial y ordenándolo desde los criterios de la caridad inteligente. Es tan importante el descanso como la alimentación personal, la propia formación como el servicio, el trabajo como la oración, el cultivo de la amistad como la soledad, el cuidado del cuerpo como la contemplación de la belleza…
  • El valor que le da el Señor a la salud. Como prueba este evangelio, Jesús empleaba la mayor parte del día en recibir, acoger y curar enfermos. La salud era una de las grandes preocupaciones de la gente, de las de antes y de las de ahora. También lo fue de Jesús, que era sanador y terapeuta más que curandero. En estos tiempos de pandemia, se hace más llamativa esta actividad de Jesús, no como en circunstancias “normales” en que nos pasa más desapercibida o la reducimos solo a lo milagroso y espectacular. Curar era lo habitual en la praxis de Jesús. Bien queda reflejado en la curación de la suegra de Pedro o en las acciones sanadoras realizadas con enfermos y poseídos. Cura a las multitudes, dice el texto exagerando un poco, pero se acerca también a una persona enferma. Lo grande y lo pequeño. Lo universal y lo personal. Que este perfil terapéutico de Jesús despierte en nosotros tres objetivos básicos: El natural deseo de cuidarnos, la ejemplar fatiga de cuidar de los demás -especialmente de los vulnerables- y la dificilísima decisión de dejarnos cuidar.

 

Juan Carlos Martos cmf