Vísperas – Jueves I de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando,
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.

 

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: Rm 8, 28-30

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego— llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:

Mira a tus hijos, Señor.

Dios de amor, que has hecho alianza con tu pueblo,
—haz que recordemos siempre tus maravillas.

Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad
—y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Haz que siempre edifiquemos la ciudad terrena unidos a ti,
—no sea que en vano se cansen los que la construyen.

Manda, Señor, trabajadores a tu mies,
—para que tu nombre sea conocido en el mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos
—y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora empieza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia, para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves I de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, si Tú quieres, puedes cambiarme. No quiero presentarme delante de Ti como una persona buena, sana, autosuficiente. Vengo ante Ti como el leproso, necesitado de tu fuerza, de tu salud, de tu gracia.  Tócame y sáname de todas mis enfermedades del alma: de mi egoísmo, de mi soberbia, de mi vanidad, de mi indiferencia ante los problemas de los demás. En realidad, mi enfermedad consiste en no entregarme a ti del todo.

Esto hace que mi entrega a los demás sea tan mezquina. Ayúdame, cuídame, sáname.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 1,14-20

Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

¿De qué enfermedades le cura el Señor? Primero de la enfermedad física de la lepra, terrible enfermedad que, en medio de los dolores, veía caer la piel a trozos. Segundo: Le cura también de la enfermedad social. Al ser enfermedad contagiosa, a estos enfermos se les separaba de la sociedad, vivían apartados, y cuando alguien se acercaba tenían que gritar “soy impuro”. Y, sobre todo, de la enfermedad espiritual, la más cruel. En aquel tiempo se creían que la enfermedad era castigo del pecado; los enfermos tenían la sensación de que Dios estaba lejos y no los podía escuchar.  Este leproso se acerca a Jesús con mucha humildad: “Si quieres…” No se acerca en plan de exigencia sino en plan de indigencia. Jesús le dice: ¡Quiero! Y este quiero sana los tres tipos de lepra: la física, se acerca a Él hasta quebrantar la ley que prohibía “tocarle”. Jesús no le cura por lástima, sino por la ternura de su corazón, por la emoción que siente al verlo tan desvalido. Le cura de la lepra social. Lo reinserta en la sociedad, lo hace una persona normal que se puede ya comunicar con todo el mundo. Y le cura de la lepra espiritual. Al tocarle (algo prohibido por la ley), le está hablando de la cercanía de Dios con él. Dios nunca ha dejado de quererle, al contrario, ha estado más cerca de él precisamente por estar más marginado. 

Palabra del Papa 

“Señor, si quieres, puedes limpiarme…” Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. Qué hermosa la compasión de Jesús. Ese “padecer con” que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente. Jesús tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión. “No podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado”. Esto significa que, además de curar al leproso, Jesús ha tomado sobre sí la marginación que la ley de Moisés imponía. Jesús no tiene miedo del riesgo que supone asumir el sufrimiento de otro, pero paga el precio con todas las consecuencias.

La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado. Y éstos son los conceptos claves que la Iglesia nos propone hoy en la liturgia de la palabra: la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración. (Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Hoy me comprometo a realizar un milagro que está en mi mano: curar de la enfermedad de la soledad a algún enfermo que se encuentra solo.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar esta oración quiero darte gracias porque me has ayudado a comprender los tipos de marginación que puede haber en las personas sin que yo caiga en la cuenta. Yo quiero liberar a la gente que sufre en el cuerpo, en la soledad de su alma y en la soledad del corazón al creer que Tú, Señor, estás lejos. Y quiero gritar que Dios nunca está lejos de nosotros, que siempre nos quiere, nos perdona, nos comprende y nos abraza, “aunque estemos leprosos”. 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Citas de la Sagrada Escritura (Amor)

  • Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos Jn 15, 13, 1
  • El que no ama permanece en la muerte 1Jn 3,1 4
  • El que ama, construye 1Co 8, 1
  • El verdadero amor es “paciente y benigno” 1Co 13, 4
  • Hacerlo todo por amor 1Co 16, 14
  • Es también un fruto del Espíritu Santo Ga 5, 22
  • Dios es Amor 1Jn 4, 8
  • No hay temor en el verdadero amor 1Jn 4, 18
  • Es la señal que distingue al cristiano Jn 15, 12
  • El amor es fuerte como la muerte […] Ct 8, 6

Comentario – Jueves I de Tiempo Ordinario

(Mc 1, 40-45)

El leproso no era un enfermo más, sino alguien completamente marginado de la vida social; su presencia era rechazada, producía asco y despertaba tremendos temores. El leproso era alguien de quien todos escapaban.

La expresión “si quieres puedes curarme”, muestra la profunda convicción sobre el poder de Jesús que había en el leproso, la misma actitud que Jesús espera de todos los que se acerquen a suplicar su auxilio.

Y Jesús lo tocó, cosa que nadie se atrevía a hacer, porque todos tenían temor de contagiarse; y ese toque de Jesús no sólo sanaba al leproso de la perturbación física, sino que le hacía redescubrir su dignidad.

Aquí aparece también un tema frecuente en el evangelio de Marcos: Jesús hace un prodigio deslumbrante, pero pido que se mantenga en secreto, porque no quiere que lo vean como un especie de curandero más, sino que se abran a su palabra y lo acepten como el Mesías que viene a salvarnos presentándose como un servidor humilde; el es el Siervo que terminará entregándose en la cruz.

Sin embargo, si bien era rechazado por las autoridades, en el pueblo sencillo Jesús despertaba una irresistible admiración y tenía una un prestigio popular que se difundía cada vez más.

Oración:

“Señor, ayúdame a buscarte ante todo como mi redentor, y no tanto para que soluciones todos los problemas de mi vida. Que sea sobre todo tu Persona, más que tus favores, lo que me atraiga de ti”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Unción de enfermos

73. La «extremaunción», que también, y mejor, puede llamarse «unción de enfermos», no es sólo el Sacramento de quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida. Por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano ya empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez.

Es el Señor quien nos busca

1.- Jesús pasaba por allí, como Jesús pasaba por el camino de Emaús, como Jesús pasó bajo el árbol que estaba subido Zaqueo. El Señor pasa, pero no pasa de largo. Ese pasar suyo es en realidad salirnos al encuentro, porque no somos nosotros los que buscamos al Señor, sino que es Él el que nos busca a nosotros.

También hoy el Señor nos sigue buscando uno a uno. Dice el Evangelio que Jesús puso un nuevo nombre a Pedro. Sería el nombre por el que el Señor lo iba a conocer. También nosotros tenemos ante el Señor nuestro propio nombre. No somos números. No somos un DNI (*) cualquiera. No somos una placa de identificación militar. Para Él cada uno tenemos nuestro nombre, y nos llama a cada uno por ese nombre propio y exclusivo cuando nos llama a nuestra vocación cristiana. ¡Samuel!, ¡Samuel! llamaba el Señor a aquel Niño por su nombre. Así nos invita a cada uno de nosotros a seguirle como cristianos.

2.- Porque ser cristiano es una llamada personal. No es apuntarse a algo. No es pertenecer a un partido cuyos ideales nos cuadran. No es tener el carné de un club de fútbol. Nuestro cristianismo puede ser algo muy parecido a esto. Estamos inscritos en registro de bautismos, cumplimos con unas cuantas normas como ir a misa los domingos, pagamos nuestras cuotas echando algo en los cepillos de la iglesia. Y el Credo y los Mandamientos son las normativas del club.

Cuando nuestro cristianismo se reduce a eso, la pregunta de Jesús “¿Qué buscáis?” no tiene más que una respuesta: cumplir rutinariamente unas normas que nos enseñaron de niños, tranquilizar nuestra conciencia, acallar otras exigencias que sabemos que no pide el Señor. Pero, en realidad lo que buscamos con todas nuestras fuerzas es pasarlo bien, tener éxito, es una buena posición social, es el dinero. Nuestro cristianismo no rige toda nuestra vida. No se apodera de toda nuestra persona, empieza y acaba en las tapas del carné de nuestro club.

3.- No se es cristiano por nuestros conocimientos. No es un título sacado en unas clases de Teología. O por correspondencia. Ser cristiano es algo nuevo. Esa cercanía es el encuentro iluminante con el Señor en esa “hora cuarta” que a Juan jamás se le pudo olvidar. Fue un día y una hora determinada en la que Juan encontró al Señor y comenzó a ser cristiano.

Juan no se acuerda de lo que hablaron, él que tan largos discursos recuerda de Jesús, se acuerda sólo de que estuvieron con el Señor todo aquel día. Recuerda su cercanía. Recuerda que estuvo sentado junto a Él.

Para San Pablo ser cristiano es haber sido aprehendido por el Señor, de forma que yo vive Pablo, sino Cristo en Pablo. Ser cristiano no es seguir y admitir una doctrina. Es seguir a una persona. “Ven y sígueme”

4.- Y mientras nuestro cristianismo no sea caminar hombro con hombro con el Señor, tendrá más de magia y de superstición que de religión de conocimiento teológico de un discípulo aventajado que se entrega a la labor por el Reino… de la estadística y del organigrama que de la auténtica dedicación personal. Existirá siempre una dicotomía entre lo que creemos y lo que hacemos.

Que cada uno de nosotros tengamos esa “hora cuarta” que jamás olvidó San Juan y que le hizo seguir al Señor hasta el pie de la cruz.

(*) DNI, forma abreviada de llamar en España al Documento Nacional de Identidad

Vieron donde vivía y se quedaron con él

Al día siguiente, Juan estaba todavía allí con dos de sus discípulos; vio a Jesús, que pasaba, y dijo: «Éste es el cordero de Dios». Los dos discípulos lo oyeron y se fueron con Jesús. Jesús se volvió y, al verlos, les dijo: «¿Qué buscáis?». Ellos le dijeron: «Rabí (que significa maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis». Fueron, vieron dónde vivía y permanecieron con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que había oído a Juan, y se había ido con Jesús. Andrés encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al mesías» (que signifi ca el Cristo). Y se lo presentó a Jesús. Jesús le miró y dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» (que significa piedra).

Marcos 1, 35-42

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús va llamando a sus discípulos uno a uno, por su nombre. Les propone que vayan con Él, pero no les dice nada muy concreto. Les pregunta “¿Qué buscáis?” o les sugiere: “Venid y lo veréis”.

Los discípulos se sienten atraídos por Jesús. Sienten que en Él hay algo muy bueno, muy importante.

Pero los discípulos no saben exactamente quién es Jesús. Y sin embargo, deciden seguirle, no pueden ya vivir sin estar con Jesús. Ojalá mucha gente hoy en día comenzara a seguir a Jesús sin saber muy bien quién es, pero con ganas de descubrir al Hijo de Dios…  

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Seguro que conoces a personas que no siguen a Jesús. Escribe el nombre de algunas de estas personas…
  • ¿Por qué has decidido ser seguidor de Jesús? ¿Por qué crees que hay personas que no siguen a Jesús?
  • Escribe un compromiso para conseguir que más personas puedan comenzar a seguir a Jesús, como los primeros apóstoles.

ORACIÓN

Cuando Tú me miras, Señor,
me siento invitado a ser mejor,
cuando Tú me miras,
mi corazón se vuelve perdonador,
mi memoria olvida los rencores
y malos entendidos,
mi pereza se cambia por acción e ilusión.
Cuando Tú me miras, Señor, yo me desencorvo,
parece que crecen alas a mis sueños,
siento que liberas todas mis ataduras
y necesito menos para vivir mejor.
Cuando Tú me miras, Señor,
mi vida se vuelve una fi esta,
porque me haces superar todas las carencias:
soledad, enfermedad, desamor,
estrés o inseguridad,
porque, sacas siempre lo mejor de mi persona,
para ser un regalo, junto a Ti, para los demás.

Ven y verás

Señor Jesús,
ser cristiano no es una teoría, es una experiencia,
Es un encuentro contigo,
Es acoger el Amor del Padre.
Es dejarse llevar por el Espíritu.
Es vivir como hermanos.
Es seguir el camino de la entrega.
Es dejarme llevar por Ti.
Es abrazar la cruz del amor.
Es gozar ya de la resurrección.

Por eso, Tú no teorizas.
Tú invitas: “Ven y verás”.
Verás que el amor de Dios te llena,
Verás que el Espíritu te impulsa,
Verás que es posible apoyarse
en la debilidad de los hermanos,

Verás que sólo es libre quien busca la verdad,
quien obedece a Dios y a su corazón.
Verás que la cruz es camino de felicidad,
porque es camino de amor.
Verás como tus alegrías se multiplican.

Señor, gracias por invitarme,
gracias por haber respondido a tu llamada,
gracias porque he podido experimentar
que Tú no quitas nada y lo das todo.
Señor, quiero seguir adelante,
aunque tenga pereza y miedo.
No quiero quedarme en la orilla
Quiero remar mar adentro
y unir mi vida a la tuya
para siempre y en todo.

Señor, gracias por contar conmigo,
para decir a mis amigos,
a los que buscan felicidad,
a los que no te conocen,
a los que te necesitan,
para decir a todos:
“Ven y verás.
Jesucristo es el Camino,
la Verdad y la Vida”.

Blogs de Satu

Notas para fijarnos en el evangelio

• Como en todo el “tríptico” que contemplamos, esta escena se centra en la identidad de Jesús. Por boca del Bautista se le llama “el cordero de Dios” (29.36). En esta expresión resuena lo que lsaías dice sobre el Siervo de Dios que cargó sobre Él todos nuestros crímenes (ls 53,6) y que como un cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca (ls 53,7). Y también resuena el tema del cordero pascual (Ex 12,46, citado por el mismo Juan en 19,36 y que aparece, también, en 1Pe 1,19).

• Pero este inicio del Evangelio también plantea algunos rasgos de la identidad del discípulo, del cristiano o de la cristiana y, concretamente, del apóstol:

  • en primer lugar, la actitud de Juan Bautista es la del testigo: él no es el protagonista, no es “la luz” (1 ,6-7); él señala, indica a quién hay que “mirar” (36); el testigo se desprende de sus propios discípulos que, a partir de ahora, seguirán al único “maestro” (38) y vivirán con Él (39);
  • el discípulo, el seguidor de Jesús (el cristiano) es quien “escucha” el anuncio-Palabra (37) y “sigue a Jesús” (37) y “busca” (38) y se abre al “Maestro” (38) y va y vive con Él (39) y eso hace que conozca más al “maestro” y pueda decir de él algo más -es el “Mesías” (41 )-;
  • el discípulo se convierte en apóstol: lo comunica a los demás, a los que encuentra en el propio ambiente (40-41), y lo hace implicándolos activamente, “llevándolos a Jesús” (42) -Jesús lo había hecho con ellos: “venid y lo veréis” (39)- de modo que se hagan discípulos de Él;
  • en definitiva, quien sigue a Jesús de veras recibe una nueva identidad, representada aquí en el cambio de nombre -“Cefás” o “Pedro” (42)-, manera bíblica de expresar que Dios da una misión.

Comentario al evangelio – Jueves I de Tiempo Ordinario

En tiempos de Jesús, la lepra era un dramático problema sanitario y social, tal vez como lo es para nosotros la pandemia del coronavirus. Se trataba de una severa enfermedad de la piel, vergonzante y en ocasiones muy contagiosa. Jesús supo presentarla como óptima parábola de la realidad del pecado. Como la lepra, el pecado es dañino, asocial, humillante y contagioso. Por eso, Jesús al intervenir en la curación de este leproso, y de otros que se le cruzaron en el camino, esté mostrando una realidad que alcanza más allá de una sanación física. La lepra desvela un mal más profundo. Nos pueden servir para orar estos detalles.

  • Jesús asume el riesgo de contagio y de impureza legal. Rompe el distanciamiento social impuesto, entonces como ahora, por las autoridades y se atreve a tocar al leproso. Eso estaba terminantemente prohibido. Pero Él no cura a distancia. Se salta la norma y se acerca. Comparte nuestra naturaleza infectada. La epidemia del amor de Jesús es más potente que la de la lepra.
  • Impone silencio al leproso una vez curado. ¿Por qué callar lo evidente? ¿Será porque no hay que hacer las obras buenas delante de los hombres para ser vistos y elogiados? Seguro que sí. Esta manera de proceder no cuadra con nuestra actual mentalidad. Hoy una obra vale en la medida en que se hable de ella, se publicite, corra por las redes sociales y se divulgue… La discreción no nos va. Tal vez porque no buscamos el bien, sino la autoexhibición.
  • Las desventajas de la publicidad. Aunque hoy muchos busquen visibilidad social, son evidentes los inconvenientes de la publicidad. Quien desee hacerse famoso sabe que tiene que renunciar a momentos de paz y de privacidad. Podemos imaginarnos lo difícil que le sería a Jesús atravesar un lugar, habitado por gente entrometida e inoportuna. Así lo muestra el relato de hoy. Jesús era asediado por los muchos que se le agolpaban intentando ponerle las manos encima.
  • ¿Se cansaba Jesús de los enfermos? La retirada de Jesús a la soledad del desierto no puede interpretarse como un gesto de hartazgo exasperado, sino una indicación, una enseñanza a seguir: La soledad es el complemento para las relaciones sociales. La soledad es necesaria para orar y el contacto con los demás es imprescindible para amar. Orar y amar, fe y caridad. Las dos son importantes.

Juan Carlos Martos cmf