Vísperas – Lunes II de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

LUNES II TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ahora que la noche es tan pura,
y que no hay nadie más que tú,
dime quién eres.

Dime quién eres y por qué me visitas,
por qué bajas a mí que estoy tan necesitado
y por qué te separas sin decirme tu nombre.

Dime quién eres tú que andas sobre la nieve;
tú que, al tocar las estrellas, las haces palidecer de hermosura;
tú que mueves el mundo tan suavemente,
que parece que se me va a derramar el corazón.

Dime quién eres; ilumina quién eres;
dime quién soy también, y por qué la tristeza de ser hombre;
dímelo ahora que alzo hacia ti mi corazón,
tú que andas sobre la nieve.

Dímelo ahora que tiembla todo mi ser en libertad,
ahora que brota mi vida y te llamo como nunca.
Sostenme entre tus manos, sostenme en mi tristeza,
tú que andas sobre la nieve. Amén.

SALMO 44: LAS NUPCIAS DEL REY

Ant. Eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia.

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu centro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia.

SALMO 44:

Ant. ¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!

Escucha, hija, mira: inclina tu oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
la traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

LECTURA: 1Ts 2, 13

No cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

RESPONSORIO BREVE

R/ Suba mi oración hasta ti, Señor.
V/ Suba mi oración hasta ti, Señor.

R/ Como incienso en tu presencia.
V/ Hasta ti, Señor

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Suba mi oración hasta ti, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que ama a la Iglesia y le da alimento y calor, y digámosle suplicantes:

Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.

Señor Jesús, haz que todos los hombres se salven
— y lleguen al conocimiento de la verdad.

Guarda con tu protección al papa y a nuestro obispo,
— ayúdalos con el poder de tu brazo.

Ten compasión de los que buscan trabajo,
— y haz que consigan un empleo digno y estable.

Sé, Señor, refugio del oprimido
— y su ayuda en los momentos de peligro.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te pedimos por el eterno descanso de los que durante su vida ejercieron el ministerio para bien de tu Iglesia:
— que también te celebren eternamente en tu reino.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que has querido asistirnos en el trabajo que nosotros, tus pobres siervos, hemos realizado hoy, al llegar al término de este día, acoge nuestra ofrenda de la tarde, en la que te damos gracias por todos los beneficios que de ti hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Lunes II de Tiempo Ordinario

1.- Introducción

Ven Espíritu Santo y guíame en esta meditación para que yo pueda poner una absoluta confianza en Jesús que viene a salvar, a liberar, a quitar cargas y pesos de las personas y a dar anchura de miras, anchura de horizontes, de modo que el encuentro con Dios no se realice con tristeza, con miedos, con angustia, sino con alegría desbordante.   

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 2, 18-22

En una ocasión, en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino reventaría los odres y se echaría a perder tanto el vino como los odres: sino que el vino nuevo, en odres nuevos.

3.- Lo que dice el texto.


Meditación-Reflexión.

En tiempo de Jesús, los fariseos ayunaban, pero lo hacían con tristeza y para aparentar que eran santos. Jesús no habla de ayunos sino de fiesta; no habla de entierros sino de bodas. Y da la razón: ¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? El novio es Jesús y donde está Jesús está la alegría y la fiesta. Jesús ama mucho a su primo Juan Bautista, se ha admirado de su humildad y se ha conmovido ante su muerte. Pero no ha seguido su camino de austeridad en el desierto. “Vino Juan que ni comía ni bebía; pero el Hijo del hombre come y bebe” (Mt.11, 18-19). Si Juan es un asceta, Jesús es un místico. En su día incluso aceptará la muerte en Cruz, pero por amor. El seguimiento de Jesús sólo se puede entender en clave de “enamoramiento”. En un momento de la vida una persona es capaz de dejar lo más íntimo: sus padres, sus familiares, sus amigos, incluso su País por estar con una persona que hace poco era una desconocida. La razón de todo es bien sencilla: “me enamoré”. La cruz de la vida se hace pesada e insoportable sin amor. Con amor se hace ligera. “Hace tal obra el amor, después que le conocí, que si hay bien o mal en mí todo lo hace de un sabor” (San Juan de la Cruz).

Palabra del Papa.         

“Esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca esta­mos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e, insidiosamente, nos dice su palabra. No lo escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero, sobre todo, sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la espe­ranza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús” (Domingo de Ramos, 24-3-13).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya comentada. (Silencio)

5.- Propósito: Cambiar el agua en vino. Cambiar la rutina de cada día, en vino nuevo de amor.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración

Señor, hoy me invitas a dejar lo viejo, lo desgastado, la rutina. Me propones desprenderme del espíritu deteriorado y débil con el que a veces vivo mi fe. Me llamas a más, a estar en pie de lucha con un amor y un fervor renovados. Para que mi amor sea nuevo cada día debe alimentarse en la oración y en los sacramentos, por eso pido la intercesión de tu santísima Madre, para que me ayude a renovar hoy mi amor por ti y por los hermanos, como Ella lo hacía cada día. 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Venid conmigo y os haré pescadores de hombre

Comenzamos, en este domingo, la lectura del Evangelio de San Marcos que recorreremos durante este año litúrgico. Comienza situando la misión de Jesús en un lugar geográfico: Galilea; y en un momento cronológico: la muerte de Juan Bautista, el Precursor. Esa misión comienza con una afirmación rotunda: han llegado los tiempos nuevos.

Su presencia trae nuevos tiempos, lo antiguo ha pasado. Hay que dejar lo que ya no tiene ningún sentido ni religioso, ni humano. No hay que vivir atado a normas y leyes que marginan e impiden a las personas vivir en libertad. El reino de Dios se realiza desde la libertad. San Marcos quiere señalar desde el comienzo de su narración lo que después será su desarrollo, el reino de Dios, y creer en esa buena noticia.

Estos dos imperativos: «convertíos y creed en el evangelio» son una exigencia que el lector tendrá que captar para poder seguir leyendo el Evangelio, la nueva noticia de la llegada del reino de Dios. Estas dos exigencias son fundamentales para comprender y descubrir lo que el Evangelista va a ir narrando en todo su desarrollo. que el lector tiene que descubrir cuáles son las exigencias que tiene su lectura.

Llamados a ir detrás de Jesús

El Evangelista, en este momento, hace la presentación de Jesús. Una vez que ha dado testimonio, habiendo vivido la experiencia del bautismo y superadas las tentaciones, le presenta mezclándose con las personas, siendo uno más del pueblo. Pero es un personaje contemplativo y ve y mira a las personas, observa lo que está ocurriendo con la gente  y va aprendiendo dónde centrar su misión. Todo ello le lleva a un descubrimiento, si quiere hacer realidad el Reino de D No quiere comenzar su ministerio publico sólo como único predicador en Galilea. Se ha hecho hombre para cumplir una misión y no permanece solitario por mucho tiempo. Inmediatamente después, hace la llamada a que le acompañen en esa tarea y les invita a ir detrás de ÉL.  Esta invitación, en este caso, es a dos parejas de hermanos y las dos parejas con la misma tarea. Desde el principio de su ministerio, Jesús vive en comunidad con un grupo de seguidores y seguidoras. Esta comunidad durará hasta el final de su ministerio.

En San Marcos este ir detrás de Jesús tiene un significado especial. Tiene la finalidad de ir con Él para aprender, para ser alumnos. Para escucharle, ver lo que hace, cómo se comporta y descubran cómo el Dios, en el que creen, está actuando. Ir detrás es aventurarse a intentar hacer lo que Él les enseña. Detrás de Él para dejarse corregir y ver la novedad que pone Jesús en sus vidas. Así los alumnos se convierten, poco a poco en discípulos que después serán los que tengan que enseñar lo que han aprendido junto a ÉL.

El personaje principal de la llamada es Jesús. Los que van a ser sus seguidores aparecen sorprendidos en sus faenas y solo se convierten en discípulos cuando abandonan sus ocupaciones y siguen a Jesús. Se trata de narraciones reducidas al mínimo, donde no vemos ningún esfuerzo por precisar los rasgos de los personajes, ni por explicar lo que les ha pasado en términos psicológicos. Sólo narra la respuesta abandonar sus ocupaciones, para descubrir la oferta que les hace, es decir su misión. Todas las reticencias humanas quedan borradas de golpe, pues Dios ha entrado en escena, a través de la persona de Jesús.

Todo el evangelio, en especial el de Marcos, puede considerarse como un “manual para el seguimiento cristiano. Nos aclara lo que significa ser discípulo de Jesús y por eso ocupan un lugar importante en todo el evangelio. El seguir a Jesús es un camino y un camino hacia Jerusalén, un camino hacia la entrega. Un camino de entrega. Es caminar detrás de Jesús. Los doce comparten con él la vida, son testigos excepcionales de sus milagros, oyentes privilegiados de su enseñanza más profunda. Son tres años de catequesis, catequesis no doctrinales, sino experimentales, desde la experiencia.

Ser discípulo de Jesús, siempre y hoy también, significa responder a su llamada y seguirlo, es decir, vincularse a su persona. Dejarse acompañar con Él. Identificarse con su estilo de vida. Compartir su mismo distinto en fidelidad y disponibilidad a las exigencias que lleva consigo el seguimiento. Ser discípulo de Jesús supone, colaborar en su misma misión. Congregar a los que están perdidos, marginados y dispersos. Anunciarles la cercanía del Reino de Dios. Dar testimonio de lo que hemos experimentado junto a Él.

Jesús desde el principio toma la iniciativa, su movimiento hacia delante, hacia las vidas de los seres humanos. Jesús sigue tomando la iniciativa y sigue llamando a personas a seguirle a ir tras de Él. Hoy, Jesús, nos sigue llamando a personas, en nuestra sociedad y en nuestras ocupaciones diversas. Nos hace la oferta a seguirle. Oferta existe ¿Hay disponibilidad? ¿Se escucha? ¿Senos, percibe? La superficialidad de nuestra vida, el estar centrados sólo en nosotros mismos y en nuestros intereses, hace que nuestros oídos permanezcan cerrados a esa llamada y hoy no haya muchas personas que perciban y necesiten esa llamada.

Nosotros estamos llamados a hacer la propuesta de llamada que Jesús sigue haciendo en nuestro mundo de hoy. Llamada a ir detrás de Él y desde esa llamada dar un sentido creyente a nuestra vida.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.

Comentario – Lunes II de Tiempo Ordinario

(Mc 2, 18-22)

En la época de Jesús se daba mucha importancia a determinadas prácticas religiosas, y los jefes religiosos controlaban que la gente las cumpliera. Los fariseos, por ejemplo, controlaban que la gente ayunara, y ellos mismos ayunaban dos veces por semana porque creían que así se aceleraba la llegada del Mesías; pero distraídos con esas prácticas que los hacían sentir superiores, no estuvieron atentos para descubrir que el Mesías estaba entre ellos.

Por eso Jesús dice: “a vino nuevo, odres nuevos”. Jesús quiere mostrar que el estilo de vida y la riqueza que él viene a traer es superior a las prácticas judías tradicionales, sin despreciarlas. El quiere mostrar que lo importante no es controlar que la gente cumpla con esas prácticas sino que reciba la nueva vida que trae el Mesías.

Esto no significa que Jesús descalificara o anulara todas esas prácticas. Responde así porque los fariseos, que se sentían más importantes que el resto porque cumplía al pie de la letra el ayuno y otras prácticas, querían hacer aparecer a los discípulos de Jesús como imperfectos porque no ayunaban.

Jesús se presenta como el novio que está celebrando sus bodas, de manera que no correspondía que sus amigos ayunaran en medio de esa fiesta, sino que gozaran de su presencia. Por eso para nosotros, que gozamos de la presencia de Jesús resucitado, el ayuno siempre será una práctica muy secundaria.

Oración:

“Señor Jesús, dame la gracia de recordar que tu Persona es más importante que todas mis prácticas religiosas, que es tu presencia lo que le da sentido a todas esas prácticas, que tenerte como amigo es una fiesta en medio de todas las dificultades de la vida”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Rito del matrimonio

77. Revísese y enriquézcase el rito de la celebración del matrimonio que se encuentra en el Ritual romano, de modo que se exprese la gracia del sacramento y se inculquen los deberes de los esposos con mayor claridad.

«Si en alguna parte están en uso otras laudables costumbres y ceremonias en la celebración del Sacramento del Matrimonio, el Santo Sínodo desea ardientemente que se conserven».

Además, la competente autoridad eclesiástica territorial, de que se habla en el artículo 22, párrafo 2, de esta Constitución, tiene la facultad, según la norma del artículo 63, de elaborar un rito propio adaptado a las costumbres de los diversos lugares y pueblos, quedando en pie la ley de que el sacerdote asistente pida y reciba el consentimiento de los contrayentes.

Homilía – Domingo III de Tiempo Ordinario

I

Empieza Marcos

Hoy comenzamos a leer el evangelio de Marcos, que nos acompañará los domingos de todo el año excepto unos pocos en que intercalaremos el capítulo 6 de Juan. véase lo que decíamos en la introducción a este libro sobre “Marcos, evangelista del año”.

Al mismo tiempo, seguiremos durante unos domingos la lectura de la primera carta a los Corintios, que ya iniciamos el domingo pasado, con temas que se ve que eran candentes para aquella comunidad griega, y también para nosotros, aunque algunos sean difíciles.

Las primeras lecturas dominicales, tomadas del AT, son seleccionadas, como decíamos en la introducción, en función del evangelio del día, para preparar su comprensión y acercarnos a los diversos temas con el relieve que les da verlos a la vez en el AT y en el evangelio.

Jonás 3, 1-5. 10. Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

El pasaje es un resumen de lo positivo del libro de Jonás. En realidad, Jonás no fue un buen profeta. Se resistió en un primer intento a aceptar la misión que Dios le encomendaba. Quiso huir a Tarsis (la actual España), pero nave sufrió un naufragio, con el famoso episodio de la ballena o el cachalote que lo retuvo en su vientre.

Cuando por fin obedeció a la llamada de Dios y fue a Nínive, proclamando que dentro de cuarenta días la ciudad iba a ser destruida, sucedió lo increíble: se convirtieron todos y Dios les perdonó. Tampoco leemos lo que siguen el libro: el enfado pueril del profeta, por esa facilidad de Dios en perdonar.

El libro no se puede decir que sea histórico. Los biblistas lo consideran como una “parábola historizada”, con la intención de subrayar que Dios llama a la salvación a todos los pueblos, y que los paganos a veces responden mejor que los miembros del pueblo elegido, los judíos. No hace falta, por tanto, detenerse en los detalles concretos, por ejemplo en la descripción de la ciudad de Nínive.

El salmo, además de pedir humildemente a Dios “Señor, enséñame tus caminos”, subraya sobre todo su bondad misericordiosa, tal como se demostró en Nínive: “recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas”.

1 Corintios 7, 29-31. La representación de este mundo se termina.

En el breve pasaje de hoy, Pablo parece relativizar y quitar importancia a aspectos que tendemos a considerar como absolutos. El motivo es que para él, “el momento es apremiante”, porque los primeros cristianos consideraban inminente la vuelta gloriosa de Cristo.

Por eso invita a tratar todo “como si no”, expresión que repite cinco veces, referida a la vida matrimonial, a las alegrías y penas, a las compras y negocios de la vida. Repite la motivación: “la representación de este mundo se termina”.

Marcos 1, 14-20. Convertíos y creed en el Evangelio.

Empezamos a leer a Marcos en el v. 14 del primer capítulo. Los vv. 1-13 los leemos en el tiempo de Navidad, porque hablan del Precursor, Juan el Bautista, y del Bautismo de Jesús y su retiro al desierto durante cuarenta días.

Hoy empieza la misión mesiánica de Jesús en Galilea. Sólo en el capítulo 10 narrará su marcha hacia Jerusalén. Al final, el Resucitado convocará a los suyos de nuevo en Galilea.

Según Marcos, las primeras palabras de Jesús fueron: “se ha cumplido el tiempo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio”. Ya en el primer versículo llamaba a su escrito “evangelio de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios”.

También escuchamos, con el lenguaje escueto y expresivo de Marcos, la llamada vocacional de los cuatro primeros apóstoles, dos parejas de hermanos, que responden inmediatamente a la voz de Jesús.

II

Llamados a colaborar

Desde el primer momento de su ministerio mesiánico, Jesús se quiso rodear de personas que colaboraran con él en la difusión del Reino de Dios, ese nuevo orden de cosas que él venía a establecer.

Ya en el AT, Dios se servía de los profetas para anunciar sus palabras de advertencia o de esperanza. El caso de Jonás no fue muy ejemplar en cuanto a la actitud del profeta, pero sí en cuanto que Dios manifestó por medio de él su proyecto de salvación y su disponibilidad al perdón.

Fue mucho más ejemplar la respuesta de las dos parejas de hermanos a los que llama Jesús: “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”, “dejaron a su padre Zebedeo en la barca y se marcharon con él”. Seguramente ellos ya conocían antes a Jesús, y Jesús a ellos (el domingo pasado leíamos el primer encuentro de Jesús con Andrés y Pedro). Pero ahora la llamada es definitiva, y la respuesta, también. Son sencillos trabajadores, pescadores del lago de Tiberíades. Jesús no llama a sacerdotes del Templo ni a rabinos doctores de la ley.

Les dice que les hará “pescadores de hombres”, lo cual ciertamente no tiene el sentido un tanto peyorativo de “pescar” a otros, o de medio engañarlos para sumarlos al número de seguidores. Sino que fueran colaboradores en la misión, para que anuncien e inviten a unirse a Cristo y a su género de vida.

Le siguieron. No se trata sólo de acudir a una escuela y aprender la doctrina de un maestro, sino de seguir su camino, su proyecto vital. Los cuatro habían encontrado a una persona a la que intuyeron que valía la pena seguir.

También ahora sigue llamando Dios al ministerio eclesial o a la vocación religiosa y misionera. Sigue queriendo que hombres y mujeres, llenos de la Buena Noticia, se conviertan en pregoneros de la misma. Por cierto, también ahora a veces por “parejas de hermanos”, o de grupos de amigos que se animan unos a otros en la opción misionera y testimonial.

¿Respondemos también nosotros con la misma radicalidad que los cuatro primeros apóstoles? ¿qué hemos “dejado” nosotros para seguir a Cristo en la vocación que cada uno haya sentido: la sacerdotal, la religiosa, o sencillamente, la vocación de unos padres o de unos educadores cristianos que ayudan a los demás a entrar en el Reino? ¿qué “redes” abandonamos para seguir el camino del testimonio cristiano?

En el mundo de hoy, más que nunca, hacen falta hombres y mujeres que, cada uno desde su carisma, “ayuden a Cristo Jesús”, sean sus testigos y portavoces, contribuyan a que su Reino se difunda, empezando por la propia familia.

 

Sin perder la esperanza

Nunca ha sido fácil ni un camino de rosas ser profeta de Dios en medio del mundo. Los del AT lo experimentaron ya, y los cristianos de la primera generación también.

Pero eso no tendría que hacer perder la ilusión y la esperanza a nadie. Nadie tendría que “dimitir” de la tarea que Dios le ha encomendado, aunque parezca que, al menos a corto plazo, no se ven los frutos.

Jonás no tenía esperanza que esa ciudad pagana de Nínive se convirtiera. Pero se convirtió: lo que él creía imposible, sucedió. Nosotros podemos desesperar de que los jóvenes de hoy puedan cambiar, o de que esta sociedad tan distraída y alejada de los valores cristianos pueda escuchar la voz de Dios.

Pero si Dios quiere salvar y perdona con facilidad, ¿quiénes somos nosotros para juzgar a nadie y para negar nuestro perdón? Lo que nos toca a nosotros es sembrar, anunciar, dar testimonio con nuestra palabra y con nuestra vida. Muchos de los que nos parecen irrecuperables puede ser que hagan caso a Dios. ¿Por qué no darles un voto de confianza? Así lo hizo Jesús con sus apóstoles, por lentos que fueran en su comprensión. Así lo hizo Pablo con los paganos de Atenas o de Corinto o de Éfeso, y muchos se convirtieron a la fe.

 

Una sana relativización

Los de Corinto se ve que le hicieron varias consultas a Pablo, y este se las va contestando en su carta. Si el domingo pasado oíamos su “catequesis” sobre los valores del cuerpo, hoy les invita a una sana relativización de las cosas. Es verdad que tal vez en aquel momento era fuerte la conciencia de que se acercaba el fin: “el momento es apremiante”, “la representación de este mundo (tal como lo vemos ahora) se termina”. Ahora no tenemos esa preocupación, pero la lección sigue en pie y es siempre actual.

Pablo utiliza el “como si no” varias veces, y lo aplica a la vida matrimonial y a otras realidades de la vida humana. Relativizar las cosas no significa despreciarlas: por ejemplo el mismo Pablo habla de la gran dignidad que tiene el matrimonio cristiano, que es un “sacramento” o signo del amor y de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32).

“Relativizar” significa dar a cada cosa la importancia que tiene. No considerar como absolutos los valores que no lo son, ni como últimos a los que sólo son penúltimos. Es lo que nos dijo Jesús hablando del dinero y de los bienes materiales, que son necesarios para la vida, pero él nos avisó de que “no podéis servir a Dios y al dinero”. Relativizar es lo que hacen, por ejemplo, los que abrazan la vida consagrada, con los votos de pobreza, castidad y obediencia. No desprecian, pero sí dan un valor relativo a la posesión de bienes, a la vida matrimonial y a la libertad personal. Y lo hacen para trabajar y dar más testimonio del Reino.

Todos tenemos la tendencia a absolutizar las cosas de nuestro pequeño mundo y creer definitivo lo que sólo es provisional. Pablo nos invita a no apegarnos a nada. Sí, tomamos en serio nuestra vida y asumimos el compromiso que supone en sus diversos aspectos. Pero ponemos la mirada en los bienes verdaderamente importantes, no vaya a ser que nos entretengamos sólo en los que no lo son tanto.

 

“Convertíos y creed”

Las primeras palabras de Jesús cuando comienza su misión, se refieren, según Marcos, al Reino de Dios, a la conversión y la fe: “está cerca el reino de Dios, convertíos y creed en el Evangelio”.

El nombre griego de la “conversión” es “metánoia”, que significa exactamente cambio de mentalidad. Es algo profundo, que cambia la dirección de una vida. Como cambió la de los cuatro discípulos que escucharon la voz del Maestro: abandonaron las redes y le siguieron.

Aunque Jonás no lo esperaba, se convirtieron los habitantes de la ciudad pagana de Nínive: y lo hicieron con prontitud, desde el rey hasta los últimos habitantes (hasta el ganado, dice el libro), se vistieron de saco e hicieron ayuno, expresando así “su conversión de la mala vida”. Jesús echará varias veces en cara a sus contemporáneos su falta de fe, mientras ha habido muchos extranjeros que sí han dado ejemplo de conversión: como en el caso del leproso extranjero que volvió para dar gracias, o el del samaritano (extranjero) que cuidó del malherido, o el del centurión romano, cuya fe alabó públicamente.

La conversión supone también “creer en el evangelio”. Y el evangelio, como dice Marcos ya desde el comienzo de su libro, es Cristo mismo. Como también es él quien personifica el Reino: ya está aquí, ha llegado ya. El miércoles de ceniza, al realizar el gesto simbólico de la imposición de la ceniza, oímos esta doble invitación de boca del sacerdote: “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”, “convertíos y creed al Evangelio”.

José Aldazabal

Mc 1, 14-20 (Evangelio Domingo III de Tiempo Ordinario)

“Convertirse es creer en el Evangelio”

El evangelio de hoy, de Marcos, tiene dos partes. La primera (vv.14-15), un sumario o síntesis, centrada en lo que es el programa de Jesús cuando vino a Galilea: el evangelio de Dios. Jesús viene a proclamar buenas noticias -eso significa evangelio-, de parte de Dios. Ello supone, pues, el anuncio de un tiempo nuevo y la llegada del Reino de Dios. El segundo elemento determina al primero: el tiempo es nuevo porque el reino de Dios ha comenzado. El tiempo es nuevo porque la soberanía de Dios sobre las miserias del hombre ha de ponerse de manifiesto. Este es el empeño fundamental de Jesús: hacer posible que ese Reino, que no es un territorio, ni un poder violento o material, llegue a los hombres. Dios se compromete profundamente, por medio de Jesús, en hacer posible ese Reino de liberación y de gracia. Pero también, por nuestra parte, se necesitan respuestas: convertíos y creed en el evangelio. Eso es lo que Jesús pedía y eso es lo que se nos pide aún. Ser cristianos, pues, debe significar que en este mundo de miserias, el evangelio, como buena noticia para los que sufren, está en acción.

Si analizamos a fondo este sumario, podremos darnos cuenta de su importancia. El redactor lo pone al principio de todo, de la predicación de Galilea, porque está convencido de que cuando Jesús comienza a predicar ha llegado el tiempo nuevo tanto tiempo esperado por el pueblo de Israel. Y el tiempo es nuevo  porque Jesús trae “buenas noticias” de parte de Dios, lo que se centra en ese concepto abarcante del “reino o reinado de Dios” (basileia tou theou). Jesús quiere decir que es Dios quien toma las riendas de esta historia  y ya no deben ser los hombres “soberanos” y “reyes” quienes han de imponer a otros sus caprichos y sus leyes. Dios entrega salvación y liberación por medio del profeta de Galilea. Hacía mucho tiempo que no se oía una voz profética en Israel, porque los “soberanos” de turno lo habían impedido. La soberanía de Dios también implicaba que se oyera una voz profética para interpretar la historia de las miserias humanas de otra forma y de otra manera.

¿Qué se pide a cambio de este tiempo nuevo? ¡Conversión! Que no es simplemente “hacer penitencia”. Si traducimos de esa manera el verbo que está a la base del texto (metanoéô) le habremos quitado su sentido primero y principal: cambiar de rumbo, de camino, de horizonte, de mentalidad. Convertirse  no es vestirse de saco y de ceniza. En Marcos, en el evangelio, en la predicación de Jesús, significa precisamente tomar una actitud nueva, una mentalidad creadora. Y es el segundo término el que mejor lo define: (unido a la conversión por un kai –y- “explicativo”) “creer en el evangelio”- Creer es “confiar” en las buenas noticias que vienen de parte de Dios. Esa es la conversión primera y fundamental. Sin eso no hay conversión, aunque nos vistamos de saco y ceniza.

La segunda parte del texto evangélico de hoy describe la llamada a ser discípulos (vv. 16-20) y también pone de manifiesto varias cosas: el evangelio siempre ha contado con testigos que desde el principio forman una comunidad. El anuncio del evangelio provoca decisiones personales creando comunidad y fraternidad. Jesús no es un solitario que anuncia ideas extrañas, sino alguien que llega al corazón de los hombres, hasta el punto de dejar su modo de vivir por la causa del Reino. Los que le siguen sentirán con él una experiencia nueva de vida para anunciarla a los otros («os haré pescadores de hombres»). No se trata simplemente de un Rabí que tiene discípulos para que aprendan, sino que todo eso lo deben invertir en los demás. Jesús se impone en su llamada, pero dejando libertad. El «sígueme» de Jesús, de su evangelio, es una palabra creadora, no es doctrina, no son ideas, sino que provoca un estilo de vida. Esta primera llamada de los discípulos, aunque conocidos, no debe interpretarse como el relato histórico de lo que sucedió realmente, aunque en cierta forma lo es; sino que pretende ser el apoyo directo de la reacción al anuncio de las buenas noticias del evangelio predicado por Jesús en Galilea.

1Cor 7, 29-31 (2ª lectura Domingo III de Tiempo Ordinario)

“Este mundo pasará”

La segunda lectura es un texto en el que se refleja la tensión escatológica del cristianismo primitivo, y de Pablo muy concretamente. Es un texto que está en el famoso c. 7, que es una respuesta de Pablo a lo que le han preguntado sobre el matrimonio y la virginidad. Se necesitarían más presiones y matices sobre la cuestión literaria de este c. 7. E incluso no sabemos quiénes son los que piensan que es bueno no casarse, ni tener relación con mujer. Se ha hablado de una corriente gnóstica llevada hasta el extremo en algún grupo de la comunidad de Corinto como desprecio del cuerpo y de lo humano. Esta es una “vexata quaestio” que no se resuelve fácilmente. Lo que Pablo propugna es que los cristianos casados deben vivir como tales y los que han elegido la “virginidad” que sean consecuentes. Cada uno debe vivir según su elección y ninguna vida es más perfecta que la otra. Porque el referente es Dios y cada uno tiene que vivir su experiencia cristiana con sentido, en armonía y en libertad.

El texto de la lectura de hoy pretende hacer ver a su comunidad que las preocupaciones de este mundo, muy frecuentemente, nos hacen olvidar otra dimensión muy importante de la vida. Porque todos, casados o no, tenemos que vivir un mundo de armonía, de espiritualidad, de esperanza. La vida cristiana tiene en su entraña una tensión escatológica que hay que sabe vivir entre el “ya” y el “todavía no”. La experimentan unos y otros porque este mundo tira de nosotros y a veces nos atrapa. Este texto, hoy podemos entenderlo muy bien, acostumbrados como estamos a vivir las tensiones de nuestra época. Ya no existe preocupación por el final del mundo, pero vivir radicalizados en las prisas, el consumismo, la productividad, anula el equilibrio humano, la necesidad de la sabiduría interior y la felicidad verdadera.

Jon 3, 1-5. 10 (1ª lectura Domingo III de Tiempo Ordinario)

“Todos pueden convertirse”

La liturgia de hoy nos ofrece, como primera lectura, un texto del libro de Jonás, el profeta que debía ir a la Nínive de los asirios, prototipo del pueblo opresor, para predicar la conversión. Este libro, que ha recibido muchas interpretaciones, probablemente vio la luz en los tiempos postexílicos de Esdras y Nehemías, cuando aparece una política religiosa de xenofobia. El que se elija Nínive, la capital del imperio Asirio, es un dato muy curioso ya que es el símbolo del imperio que destruyó Israel, el reino del norte, con Senaquerib. Por lo mismo, cuando se escribe este libro no existía ya el imperio asirio; el autor, pues, hace una ficción con objeto de exponer ideas teológicas: el profeta se dirige a los opresores de todos los tiempos para llamarlos a la conversión.

No se trata todavía de una conciencia misionera de universalismo, sino que se empeña en poner de manifiesto que Dios está abierto a todos, incluso a los opresores. Esta es una afirmación dura, pero nos muestra que para Dios nada hay imposible. Desde luego, el mensaje también es para el pueblo de Israel o para todos los que, desde la seguridad de su religión, piensan que Dios debe castigar como castigamos nosotros. Israel también debe convertirse a un Dios que es capaz de perdonar a los enemigos de su pueblo. Este es el mensaje del texto de hoy: la conversión como un cambio de mentalidad radical.

Comentario al evangelio – Lunes II de Tiempo Ordinario

Comenzamos la segunda semana del tiempo ordinario. Hemos ido dejando atrás las luces de Navidad, y la vida ordinaria (que no aburrida) nos ha ido absorbiendo de nuevo. Para que no nos relajemos, nos acompañan esta semana la Carta a los Hebreos y el Evangelio de Marcos.

Al autor de la Carta a los Hebreos le preocupa mucho explicar quién es Jesús y cuál es su función. Y, gracias a su obediencia, tenemos un Sumo Sacerdote que es capaz de entendernos, porque es un hombre (acabamos de celebrar su nacimiento, su Navidad) y que puede darnos la salvación, porque es Dios.

En todas las religiones, los sacerdotes hacen de intermediarios entre los dioses y los creyentes. Los sacerdotes llevan a cabo los ritos necesarios para que los dioses estén “tranquilos” y sean propicios.

Jesús es un nuevo sacerdote, que trae consigo sus propias normas y sus propios ritos. Por ello, muchas veces choca con el sistema establecido y con sus defensores. Incluso con los partidarios de Juan el Bautista. Hoy el problema es el ayuno.

Desde el principio, el Evangelio de Marcos es una “Buena Noticia” (Mc 1, 1). Es una fiesta, porque Jesús, el Cristo, está entre nosotros y nos habla, y nos alegra la vida. No hay tiempo para la desesperanza y el llanto. A pesar de los pesares. Con la que está cayendo, podíamos pensar que hay más motivos para llorar que para reír. Pero, con la Palabra de Dios en la mano, podemos ver las cosas de otra manera. Dios está con nosotros, y no nos dejará, porque siempre es fiel. En la primera, en la segunda y en la tercera ola.

Los ejemplos del remiendo en el paño y del vino nuevo en odres nuevos nos pueden decir poco. No hay muchos vinateros entre nosotros, y, por lo que yo veo, poca gente remienda ya la ropa. Habría que hablar de “no añadir nuevas placas de memoria a ordenadores viejos”, o “no instalar aplicaciones que ocupan mucha memoria en teléfonos móviles antiguos”. En todo caso, el mensaje es claro: la Buena Nueva de Jesús obliga a pensar de otra manera. A vivir en una nueva clave. En clave de fiesta. Cada día. Porque Dios está cerca.

Empieza la Semana de oración por la unidad de los Cristianos. “Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia” (cf. Jn 15, 5-9), estas palabras de Jesús a sus discípulos son el lema de este año. Aquí tienes el enlace para ver lo que los obispos nos invitan a meditar. Reza mucho. A ver si podemos conseguir, un día, celebrar todos juntos, como verdaderos hermanos la Eucaristía.    

Alejandro Carbajo cmf