Meditación – Lunes II de Tiempo Ordinario

Hoy es lunes II de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 2, 18-22):

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».

Hoy comprobamos cómo los judíos, además del ayuno prescrito para el Día de la Expiación (cf. Lev 16,29-34) observaban muchos otros ayunos, tanto públicos como privados. Eran expresión de duelo, de penitencia, de purificación, de preparación para una fiesta o una misión, de petición de gracia a Dios, etc. Los judíos piadosos apreciaban el ayuno como un acto propio de la virtud de la religión y muy grato a Dios: el que ayuna se dirige a Dios en actitud de humildad, le pide perdón privándose de aquellas cosas que, satisfaciéndole, le hubieran apartado de Él.

Que Jesús no inculque esta práctica a sus discípulos y a los que le escuchan, sorprende a los discípulos de Juan y a los fariseos. Piensan que es una omisión importante en sus enseñanzas. Y Jesús les da una razón fundamental: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?» (Mc 2,19). El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres (Israel es la esposa, no siempre fiel, objeto del amor fiel del esposo, Yahvé). Es decir, Jesús se equipara a Yahvé. Está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él.

La Iglesia ha permanecido fiel a esta enseñanza que, viniendo de los profetas e incluso siendo una práctica natural y espontánea en muchas religiones, Jesucristo la confirma y le da un sentido nuevo: ayuna en el desierto como preparación a su vida pública, nos dice que la oración se fortalece con el ayuno, etc.

Entre los que escuchaban al Señor, la mayoría serían pobres y sabrían de remiendos en vestidos; habría vendimiadores que sabrían lo que ocurre cuando el vino nuevo se echa en odres viejos. Les recuerda Jesús que han de recibir su mensaje con espíritu nuevo, que rompa el conformismo y la rutina de las almas avejentadas, que lo que Él propone no es una interpretación más de la Ley, sino una vida nueva.

Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll

Comentario – Lunes II de Tiempo Ordinario

(Mc 2, 18-22)

En la época de Jesús se daba mucha importancia a determinadas prácticas religiosas, y los jefes religiosos controlaban que la gente las cumpliera. Los fariseos, por ejemplo, controlaban que la gente ayunara, y ellos mismos ayunaban dos veces por semana porque creían que así se aceleraba la llegada del Mesías; pero distraídos con esas prácticas que los hacían sentir superiores, no estuvieron atentos para descubrir que el Mesías estaba entre ellos.

Por eso Jesús dice: “a vino nuevo, odres nuevos”. Jesús quiere mostrar que el estilo de vida y la riqueza que él viene a traer es superior a las prácticas judías tradicionales, sin despreciarlas. El quiere mostrar que lo importante no es controlar que la gente cumpla con esas prácticas sino que reciba la nueva vida que trae el Mesías.

Esto no significa que Jesús descalificara o anulara todas esas prácticas. Responde así porque los fariseos, que se sentían más importantes que el resto porque cumplía al pie de la letra el ayuno y otras prácticas, querían hacer aparecer a los discípulos de Jesús como imperfectos porque no ayunaban.

Jesús se presenta como el novio que está celebrando sus bodas, de manera que no correspondía que sus amigos ayunaran en medio de esa fiesta, sino que gozaran de su presencia. Por eso para nosotros, que gozamos de la presencia de Jesús resucitado, el ayuno siempre será una práctica muy secundaria.

Oración:

“Señor Jesús, dame la gracia de recordar que tu Persona es más importante que todas mis prácticas religiosas, que es tu presencia lo que le da sentido a todas esas prácticas, que tenerte como amigo es una fiesta en medio de todas las dificultades de la vida”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Liturgia – Lunes II de Tiempo Ordinario

LUNES DE LA II SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. II-impar

  • Heb 5, 1-10. Siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.
  • Sal 109.Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec
  • Mc 2, 18-22.El esposo está con ellos.

Antífona de entrada
Este es un verdadero mártir que derramó su sangre por el nombre de Cristo, no temió las amenazas de los jueces y así alcanzó el reino de los cielos.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy comenzamos en toda la Iglesia el octavario de oración por la unidad de los cristianos. Durante estos días, tendremos muy presente en la celebración de la Eucaristía la aspiración unánime de todas las Iglesias a la unidad. La preocupación por el restablecimiento de la unidad es cosa de toda la Iglesia, tanto de los fieles como de los pastores, y nos afecta a todos y a cada uno de nosotros según nuestra propia capacidad.

Ahora, al comenzar la celebración de la Eucaristía, pidamos perdón humildemente a Dios nuestro Señor por las veces que hemos creado división alrededor nuestro y en el seno de la Iglesia por haber pecado.

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que reúnes lo que está disperso y conservas lo que has unido.
mira con amor al pueblo de tu Hijo,
para que cuantos han recibido un mismo bautismo,
vivan unidos por la fe y por el mismo amor.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Elevemos, hermanos, con fe nuestras súplicas a Dios, principio de unidad y de paz, y pidámosle que escuche las oraciones que todos los creyentes en Cristo le dirigimos estos días:

1.- Para que el Señor que ha enviado a su Verbo al mundo para congregar en la unidad a sus hijos dispersos, aleje de su Iglesia todo germen de discordia y división. Roguemos al Señor.

2.- Para que no falten en la Iglesia sacerdotes santos, que trabajen y luchen por conseguir la unidad, deseo de Cristo. Roguemos al Señor.

3.- Para que Dios, que creó al hombre a su imagen y semejanza, destruya todas las murallas que dividen y separan a los hombres, los pueblos y las razas. Roguemos al Señor.

4.- Para que aquellos hermanos nuestros que pertenecen a otras confesiones y sufren cualquier tipo de menosprecio por causa de las diferencias de su propia fe se sientan amados y acogidos por nosotros. Roguemos al Señor.

5.- Para que nosotros mismos, ávidos de la palabra de Dios, nos adhiramos con fuerza a la confesión íntegra de nuestra fe, pero sin decaer en la caridad hacia los demás cristianos. Roguemos al Señor.

Señor, Padre santo, que en la sangre de tu Hijo y con la efusión de tu Espíritu Santo has establecido una alianza nueva y universal, escucha nuestras oraciones y haz que todos tus hijos lleguen a la unidad en la confesión de una fe única e íntegra y perseveren unidos en tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, recibe con bondad nuestros dones
y, al santificarlos,
haz que sean para nosotros
dones de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 15, 1. 5
Yo soy la verdadera vid y vosotros los sarmientos, dice el Señor; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Oración después de la comunión
ESTA comunión, Señor,
que significa la unión de los fieles en ti,
realice también la unidad en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 18 de enero

LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO EN ROMA

 

Habiendo triunfado del demonio en el oriente, San Pedro fue a combatirle en Roma con indoblegable energía. El, que en otro tiempo había temblado ante las palabras de una criada, no temía ahora la fortaleza misma de la idolatría y de la superstición. La capital del Imperio y del mundo, el centro de la impiedad, necesitaba el celo del Príncipe de los Apóstoles. El Imperio Romano había extendido sus dominios más lejos que cualquiera de las precedentes monarquías, y la influencia de su capital era de máxima importancia para la difusión del Evangelio. Por ello San Pedro se reservó Roma, para predicar la fe y establecer su sede episcopal. De él han recibido la sucesión todos los obispos de Roma, en todas las épocas. Cayo, un sacerdote romano que vivió en el tiempo del Papa Ceferino (a quien Eusebio cita en Hist. eccl., lib. n, c. 25), afirma expresamente que San Pedro y San Pablo fundaron la Iglesia de Roma. El mismo autor nos dice que los restos de San Pedro descansaban en la colina del Vaticano, y los de San Pablo en el camino de Ostia. San Dionisio, obispo de Corinto (siglo II), relata igualmente que San Pedro y San Pablo plantaron la fe en Roma y fueron ahí coronados con la palma del martirio. En el mismo siglo, San Ireneo dice que Roma es «la más grande y antigua de las Iglesias, fundada por los dos gloriosos Apóstoles, Pedro y Pablo».

A pesar de ello, no han faltado quienes dudaran de la historicidad de la presencia de San Pedro en Roma. Se ha argüido que no existe ningún documento contemporáneo que afirme claramente que Pedro residía ahí: que los Hechos de los Apóstoles no dicen ni una palabra sobre ello; que el único dato cierto que tenemos sobre sus últimos años es el de que su primera epístola fue escrita desde «Babilonia»; que la llamada tradición romana esta inextricablemente mezclada con las fabulosas leyendas sobre Simón Mago, que ningún historiador serio puede defender, y que los veinticinco años de episcopado romano atribuidos a San Pedro, con dudosa unanimidad, por historiadores tardíos, como Eusebio, no pueden coordinarse con otros datos de esos mismos historiadores, ni con el silencio completo que guarda San Pablo sobre San Pedro en su Epístola a los Romanos. Pero no sólo los escritores católicos, sino también los anglicanos, como el obispo Lightfoot, el historiador C. H. Turner y el Dr. George Edmundson, y aun algunos luteranos de la talla de Harnack y de Zahn, dieron respuesta suficiente a estas dificultades. El autor anglicano F. H. Chase, obispo de Ely, resume clara y concisamente las bases en que se funda la tradición romana:

«La fuerza de los argumentos en favor de la estancia y el martirio de San Pedro en Roma, proviene no sólo de la ausencia de una tradición opuesta, sino también del hecho de que muchas corrientes de pruebas convergen para demostrarlo. Poseemos las listas oficiales y los documentos de la Iglesia de Roma, que demuestran la existencia de la tradición en épocas posteriores, y dichos documentos tienen que fundarse, por lo menos en ciertos casos, sobre otros documentos que no han llegado hasta nosotros. La noticia de la translación de los restos del Apóstol a otro sitio, en 258, así como las palabras de Cayo, prueban que la tradición estaba bien definida y que nadie la discutía en Roma a principios del siglo III. El hecho de que Cayo discuta con un asiático, la prueba de las Actas (gnósticas) de Pedro, y los pasajes de Orígenes, de Clemente de Alejandría y de Tertuliano, demuestran que las Iglesias de Asia, Alejandría y Cartago aceptaban la tradición romana en la misma época. El pasaje de Ireneo nos informa sobre el estado de dicha tradición a mediados del siglo II, y es de particular importancia, como que está escrito por un testigo que había visitado Roma y cuya lista de obispos romanos hace creer que había tenido acceso a los documentos oficiales, y que por otra parte, por medio de San Policarpo, estaba en contacto con quienes habían conocido personalmente a San Juan y sus compañeros».

Más adelante, el Dr. Chase hace mención de la estrecha relación que une los nombres de San Pedro y de San Pablo en la referencia que hace San Clemente a su martirio (fin del siglo I), en la carta, indudablemente auténtica, que escribió a la Iglesia de Corinto. Esto lleva al autor a suponer que San Clemente, quien sin duda estaba al tanto de la verdad, identificaba a ambos Apóstoles con Roma. El Dr. Chase escribió su artículo en 1900. De entonces acá, se han descubierto numerosas pruebas. Notemos que dicho autor habla de la translación de los restos del Apóstol en 258; ahora bien, en caso de ser cierta, tal translación fue sólo temporal. Otro autor anglicano, el Dr. George Edmundson, en una conferencia que pronunció en la Universidad de Oxford en 1913, expuso en términos elocuentes las razones de las que depende el peso histórico de la tradición romana: «Una tradición aceptada universalmente y por total unanimidad, asocia el nombre de San Pedro a la fundación y organización de la Iglesia de Roma, y habla de su actividad en esa Iglesia durante veinticinco años. Inútil multiplicar las citas. Ningún sitio de Egipto, ni de África, ni del oriente, ni del occidente disputa a Roma el honor de haber sido la sede de San Pedro; ninguna otra ciudad pretendió nunca que el Apóstol había muerto en ella, o que conservaba sus restos.

Pero lo más significativo es el «consensus» de todas las Iglesias orientales de lengua no griega. Un examen detenido de los manuscritos armenios y sirios, llevado a cabo durante varios siglos, no ha sido capaz de descubrir a un solo autor que no acepte la tradición romana sobre Pedro».

Desde tiempos muy antiguos era costumbre en el occidente celebrar el aniversario de la consagración de los obispos. San Agustín tiene un tratado «de natali episcopi», y se conservan tres sermones de San León sobre el «natalis cathedrae», es decir, sobre el aniversario de la instalación del obispo. Por consiguiente, es natural que desde épocas muy remotas se haya celebrado la conmemoración de la entronización de San Pedro como obispo de Roma. De hecho, nuestro calendario conmemora en dos ocasiones, desde hace más de mil años, la función episcopal de San Pedro. La primera conmemoración se refiere expresamente al día «en que se sentó por primera vez en la cátedra de Roma»; la otra conmemoración concierne a su ministerio en Antioquía. La conclusión más generalmente aceptada en la actualidad, después de muchas investigaciones y discusiones, es que originalmente sólo existía una festividad de la cátedra de San Pedro, que se celebraba el 22 de febrero, y que no tenía ninguna relación con Antioquía, sino simplemente con el principio del episcopado de San Pedro en Roma.* Por tanto, lo más lógico es dejar para el 22 de febrero la discusión del complicado problema de la duplicación de la fiesta.

Baste con indicar por el momento que, según algunos arqueólogos, la reliquia material conocida como «la cátedra de San Pedro», que se conserva en un relicario de bronce esculpido por Bernini en el altar de la basílica de San Pedro, en Roma, es un elemento importante del desarrollo histórico de las dos fiestas. Algunos acentúan el hecho de que San Pablo (Rom. XVI, 5) envía saludos a «la iglesia desde la casa de Prisca y Aquila», con lo cual parece hacer mención de un sitio de reunión de los cristianos de Roma, y arguyen que una silla tan portátil como lo es la reliquia, podía fácilmente ser un trono episcopal improvisado en una casa privada. Por consiguiente, la reliquia puede ser «la primera cátedra ocupada por San Pedro en Roma», aunque después de algunos años se haya construido una cátedra fija en el sitio de reunión de los cristianos. En todo caso, es curioso notar que la casa de Prisca y Aquila parece haberse convertido, con el tiempo, en la actual iglesia de Santa Prisca en el Aventino, y que la fiesta de la dedicación de esa iglesia se celebraba el 22 de febrero. Por otra parte, la conmemoración de Santa Prisca, mártir, se celebra el 18 de enero. Pero es evidente que las pruebas que se basan en fundamentos tan débiles, se reducen a meras conjeturas. Lo único que sabemos con certeza es que desde fines del siglo VI, época de la compilación del llamado Martyrologium Hieronymianum, el occidente ha celebrado el 18 de enero la fiesta de la cátedra de San Pedro en Roma.

Por un «Motu Proprio» de Juan XXIII, con fecha del 25 de julio de 1960, esta fiesta fue excluida del Calendario Romano.

Ver F. Cabrol, en DAC, vol. III, cc. 76-90; CMH, pp. 45-46, 109; y L. Duchesne, Christian Worship (1919), pp. 277-280. Ver en este libro la fiesta de San Pedro, 29 de junio, y la de la cátedra en Antioquía, 22 de febrero.

* En el calendario benedictino, aprobado en 1915, las dos fiestas de la Cátedra de San Pedro han sido fundidas en una sola, que se celebra el 22 de febrero.

Alban Butler

Laudes – Lunes II de Tiempo Ordinario

LAUDES

LUNES II TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aclamemos al Señor con cantos

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahogue los fracasos
mis ansias de seguir tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén.

SALMO 41: DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

CÁNTICO: SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel a quien nombraste tu primogénito;
ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad,
y al templo de tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

SALMO 18: ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA: Jr 15, 16

Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

R/ Cantadle un cántico nuevo.
V/ Que merece la alabanza de los buenos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

PRECES

Nuestro salvador ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, para que ofrezcamos sacrificios que Dios acepta. Invoquémosle, pues, diciendo:

Consérvanos en tu servicio, Señor.

Señor Jesús, sacerdote eterno, que has querido que tu pueblo participara de tu sacerdocio,
— haz que ofrezcamos siempre sacrificios espirituales, agradables a Dios.

Danos, Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu.
— la comprensión, la servicialidad, la amabilidad.

Haz que aprendamos a amarte y lleguemos a poseerte a ti, que eres el mismo amor,
— y que sepamos obrar siempre lo recto, para que también nuestras acciones te glorifiquen.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que busquemos siempre el bien de nuestros hermanos
— y los ayudemos a progresar en su salvación.

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día, sálvanos hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado, sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.