Vísperas – Martes II de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES II de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;
la noche es tiempo
de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba e exterminio.

La noche es tiempo
de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre,
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo
de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo
de salvación. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
“Ponderan lo bien que lo pasas”,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados, gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha.
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y, poniendo en él nuestra esperanza, digámosle suplicantes:

Protege a tu pueblo, Señor.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo (…)
— y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
— y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
— y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los cuerpos legislativos de las naciones,
— para que en todo legislen con sabiduría y equidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
— y admítelos en el banquete de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes II de Tiempo Ordinario

1.-Introducción.

Señor, en este día te pido que me hagas comprensivo con los errores y defectos de los demás. Para eso sólo debo hacer una cosa: mirarme a mí mismo. No necesito buscar escándalos fuera. El escándalo lo llevo en mi propio corazón: no soy coherente, soy duro con los demás, soy demasiado condescendiente conmigo mismo. Hazme bueno para crear bondad a mi alrededor.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 2, 23-28

Caminando Él a través de las mieses en día de sábado, sus discípulos, mientras iban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le dijeron: Mira, ¿cómo hacen en sábado lo que no está permitido? Y les dijo: ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los suyos? ¿Cómo entró en la casa de Dios, bajo el pontificado de Abiatar, y comió de los panes de la proposición, que no es lícito comer sino a los sacerdotes, y los dio asimismo y a los suyos? Y añadió: El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y dueño del sábado es el Hijo del hombre.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Las tres grandes instituciones de los judíos eran el Templo, como consagración del espacio para Dios; el sábado como consagración del tiempo; y la Ley, como expresión de la voluntad de Dios. Pero las tres instituciones han sido deformadas por el hombre.  El sábado dejó de ser día de descanso para estar con Él y servir a los hombres. El Templo se convirtió en “lugar seguro” para cometer impunemente todo tipo de injusticias; y la Ley, instrumento de libertad y de vida, se convirtió en carga pesada y fuente de esclavitud. Jesús no podía estar de acuerdo con esa manera de entender la religión. Y dijo la frase más escandalosa para los fariseos de todos los tiempos, pero la más bella para toda la humanidad. “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Las leyes son para servir al hombre y no para esclavizarlo. Sólo con el cumplimiento de esta ley desaparecería todo fanatismo, toda intransigencia, todo fundamentalismo. El hombre dejaría de ser “lobo para el hombre” y se convertiría en hermano.

Meditación del Papa Francisco

“Y la Iglesia está llamada a vivir su misión en la caridad que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que –fiel a su naturaleza como madre – se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia; de ser «hospital de campo”, con las puertas abiertas para acoger a quien llama pidiendo ayuda y apoyo; aún más, de salir del propio recinto hacia los demás con amor verdadero, para caminar con la humanidad herida, para incluirla y conducirla a la fuente de salvación.

Recuerdo a san Juan Pablo II cuando decía: «El error y el mal deben ser condenados y combatidos constantemente; pero el hombre que cae o se equivoca debe ser comprendido y amado […] Nosotros debemos amar nuestro tiempo y ayudar al hombre de nuestro tiempo.». Y la Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera: «El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Silencio)

5.- Propósito: No juzgar ni condenar a nadie en este día. Rezar por todos.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, me admira el respeto que tienes al hombre, a todo hombre sea de la nación que sea. Desde el momento que Tú te has hecho hombre, nada humano te es ajeno. Haz que yo sepa mirar con esa mirada limpia con que miras Tú. Hazme comprender que el verdadero camino para ir a ti es a través del hombre. 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

8.- EL BUEN SAMARITANO
Lc 10, 25-37

Es muy probable que el Señor propusiera esta nueva parábola a la salida de Jericó, en el camino que sube a Jerusalén a través del desierto de Judá (Lc). Con mucha frecuencia el Maestro utilizaba las cosas que veía para impartir enseñanzas más profundas y misteriosas acerca del Reino que estaba a punto de llegar: así, utiliza el agua del pozo de Jacob para referirse a la gracia, el pan para hablar de la Eucaristía, etc. El camino de Jericó a Jerusalén, donde se producían tantos asaltos de ladrones a los peregrinos, era un buen escenario para la parábola que narrará a continuación. Quizá estén a punto de iniciar el camino. Poco después, san Lucas nos hablará de su llegada a Betania, que se encontraba en esta misma ruta, a poca distancia ya de Jerusalén.

La enseñanza comenzó con una pregunta de un doctor de la Ley, con la intención de tentarle. Le preguntó algo que todos sabían: Maestro, dijo, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? El doctor respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.

El doctor de la Ley respondió acertadamente, como se esperaba. Jesús lo confirma: Has respondido bien: haz esto y vivirás.

El precepto del amor al prójimo ya existía en la Ley judía, e incluso estaba especificado en detalles concretos y prácticos. Por ejemplo, se podía leer en el Levítico: Cuando hagáis la recolección de vuestra tierra, no segarás hasta el límite externo de tu campo, ni recogerás las espigas caídas, ni harás el rebusco de tus viñas y olivares, ni recogerás la fruta caída de los frutales; lo dejarás para el pobre y el extranjero. Y, después de indicar otras muestras de misericordia, dice el Libro Sagrado: No te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo[1].

Todo estaba claro. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo en relación al alcance del término prójimo. No se sabía a ciencia cierta si se refería a los del propio clan familiar, a los amigos, a quienes pertenecían al pueblo de Dios… Había respuestas para todo. Por eso, el doctor de la Ley le pregunta a continuación al Señor: ¿y quién es mi prójimo?, ¿con quién debo tener esas muestras de amor y de misericordia? Esta era la cuestión debatida en las escuelas de la época.

Jesús responderá con una bellísima parábola: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto. Este es mi prójimo: un hombre, un hombre cualquiera, alguno que tiene necesidad de mí. No hace el Señor ninguna especificación de raza, amistad o parentesco. Nuestro prójimo es cualquiera que esté cerca de nosotros y tenga necesidad de ayuda. Nada se dice de su país, ni de su cultura, ni de su condición social: homo quidam, un hombre cualquiera.

En el camino de la vida encontramos a gente herida, despojada y medio muerta, del alma y del cuerpo. La preocupación por ayudar a otros sacará al hombre de bien de su camino rutinario, del propio egoísmo, y ensanchará su corazón para preocuparse del que tiene necesidad de ayuda. En el camino diario es posible encontrar a gentes doloridas por falta de comprensión y de cariño, o que carecen de los medios materiales más indispensables; heridas por haber sufrido humillaciones que van contra la dignidad humana; despojadas, quizá, de los derechos más elementales…

El Señor hace desfilar por la parábola a dos personajes que pasaron de largo: un sacerdote y un levita. Volvían seguramente a casa después de haber terminado su turno en el Templo. En ellos está concretada la piedad cultual de entonces.

Dios se interfiere en los planes del sacerdote y del levita. Les pide algo que no tenían previsto. Pero no tenían tiempo, no querían complicarse el viaje… No hicieron un nuevo daño al hombre malherido y abandonado, como terminar de quitarle lo que le quedaba, insultarle, etc. Iban a lo suyo y no quisieron complicaciones. Dieron más categoría a sus asuntos, importantes o no, que al hombre necesitado.

Continuó el Señor: Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino, lo hizo subir sobre su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los di o al posadero y le dijo: Cui da de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta[2].

Jesús ha querido intensificar la parábola con la figura del samaritano. Este, a pesar del gran distanciamiento que había entre ellos y los judíos[3], enseguida se dio cuenta de la desgracia, y se movió a compasión. Es necesario, en primer lugar, querer ver la desgracia ajena, no ir tan deprisa en la vida que pueda justificarse con facilidad el pasar de largo ante la necesidad y el sufrimiento.

La compasión del samaritano no es mero sentimentalismo. Por el contrario, pone los medios para prestar una ayuda concreta y práctica. Lo que lleva a cabo este viajero no es, quizá, un acto heroico, pero sí hace lo necesario. Ante todo, se acercó; es lo primero que se debe hacer ante la desgracia o la necesidad: acercarse, no verla de lejos. Luego, el samaritano tuvo las atenciones que la situación requería: cuidó de él. El amor al prójimo es práctico y se demuestra en las obras. Se manifiesta llevando a cabo lo que se deba hacer en cada caso concreto.

El amor hace lo que la hora y el momento exigen. No siempre son actos heroicos, difíciles; con frecuencia son cosas sencillas, pequeñas muchas veces. Los quehaceres de este buen samaritano pasaron por unos momentos a segundo término, y sus urgencias también; empleó su tiempo y su dinero, sin regateos, en auxiliar a quien lo necesitaba[4].

Preguntó entonces el Señor al doctor de la Ley: ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos de los salteadores?

En la pregunta, Jesús ha invertido el orden: ¿… quién fue el prójimo de aquel…? ¿Quién se comportó como prójimo? El concepto de prójimo es correlativo, exige dos términos. Y Jesús no quiere contestar quién es mi prójimo, sino quién se comportó como prójimo de aquel necesitado.

Concluye la parábola con una palabra cordial dirigida al doctor: Pues anda, le dice, y haz tú lo mismo. Sé prójimo inteligente, activo y compasivo con todo el que te necesite[5].


[1] Lv 19, 9-10. 18.

[2] El denario, podemos recordar, equivalía al jornal diario de un obrero o de un legionario. Su valor adquisitivo superaba las necesidades diarias de una familia. El samaritano pagó una cantidad razonable.

[3] Es preciso no olvidar que los samaritanos eran tenidos en Israel por idólatras. Les estaba vedado el acceso al Templo, y su testimonio en las cortes de justicia carecía de valor. No podían contraer matrimonio con una mujer judía. No se podía aceptar de ellos un trozo de pan o un vaso de agua. Uno de los insultos más fuertes contra un judío, que fue dirigido también contra el Señor, era el de decirle: ¡Eres un samaritano!

[4] Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, del Buen Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al hijo pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador (cfr. Catecismo, n. 1465).

[5] «Tenemos que aprender de nuevo, desde lo más íntimo, la valentía de la bondad; solo lo conseguiremos si nosotros mismos nos hacemos “buenos” interiormente, si somos “prójimos” desde dentro y cada uno percibe qué tipo de servicio se necesita en mi entorno y en el radio más amplio de mi existencia, y cómo puedo prestarlo yo» (BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret I, p. 240).

Comentario – Martes II de Tiempo Ordinario

(Mc 2, 23-28)

“El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado”. Jesús recuerda en esta frase que cuando Dios pide algo al hombre es en realidad para bien del hombre, no porque Él necesite imponer leyes. Todo lo que Dios pueda pedirnos responde a una necesidad que él mismo puso en el corazón humano cuando lo creó, y por lo tanto el cumplimiento de la voluntad de Dios siempre encamina al hombre a su realización, a su madurez y a su felicidad.

Pero cuando esas leyes se absolutizan y as utilizamos para dominar a los demás y hacerlos sufrir, ya no cumplen la voluntad de Dios. Dios ama al hombre y desea su felicidad, su gozo, su plenitud.

Por eso tendríamos que procurar que nuestras costumbres y prácticas religiosas no sean una obligación que debemos cumplir, sino un medio para encontrarnos con Dios, para recibir su gracia, para encontrar la paz y su presencia, y de esa manera prepararnos para buscar el bien de los hermanos.

El día de descanso tenía el sentido de poder dedicar tiempo a Dios, descansando como él, pero no tenía el sentido de un sacrificio que angustiara al hombre, no debía se run peso sino una verdadera liberación. Pero eso que debía significar un alivio para el hombre cansado se convirtió en un peso más, en una preocupación que se agregaba a todas las angustias que la gente ya sufría.

Oración:

“Señor, te doy gracias por tu amor que sólo busca mi bien. Ayúdame a descubrir tu verdadera voluntad para mi vida en medio de todas mis costumbres, prácticas y leyes. Dame el gozo de descansar en tu presencia”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Celebración del matrimonio

78. Celébrese habitualmente el matrimonio dentro de la Misa, después de la lectura del Evangelio y de la homilía, antes de la «oración de los fieles». La oración por la esposa, oportunamente revisada de modo que inculque la igualdad de ambos esposos en la obligación de mutua fidelidad, puede recitarse en lengua vernácula.

Si el sacramento del Matrimonio se celebra sin Misa, léanse al principio del rito la epístola y el evangelio de la Misa por los esposos e impártase siempre la bendición nupcial.

Música – Domingo III de Tiempo Ordinario

Entrada: Salvanos Señor Jesís (A4); En medio de nosotros CLN A6  Iglesia peregrinaCLN 408;Un solo Señor CLN 708
En latín: Omnis terra adoret te (Gregoriano)
Salmo y Aleluya: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad (Propio)
Ofertorio: Te ofrecemos, Señor  CLN-H 8
Santo: CLN-I 2
Comunión ; Tú, Señor, me llamas CLN 412; Por valles y aldeas CLN 273; Bendigamos al Señor CLN  707  ; Gustad y ve CLN 035
Final:  Reune, Señor a tu Iglesia (Cantos varios)

Recursos – Ofertorio Domingo III de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DEL CARTEL DE LA INFANCIA MISIONERA

(Puede hacer la ofrenda uno de los jóvenes o de las jóvenes de la comunidad. Lo debe situar en un lugar bien visible)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo este cartel misionero que anuncia la Jornada de la INFANCIA MISIONERA que celebra la Iglesia hoy. Con él, en mi nombre y en el de toda la comunidad, te quiero hacer presente nuestro deseo evangelizador. Sabemos que la fe que nos has regalado no es para nuestro lujo personal, sino para que sea luz puesta sobre el candelero y que alumbre a los demás. Te pedimos que no olvidemos nunca esa dimensión hacia fuera de nuestra fe y que nos des la fortaleza que precisamos para hacerlo. No te olvides, por otra parte, de hacer crecer vocaciones específicamente misioneras.

PRESENTACIÓN DE UNA SOGA

(Puede hacer la ofrenda cualquiera de los o las jóvenes de la comunidad, en representación de uno de los grupos sociales más tentados por el consumismo y, a la vez, más débiles para su defensa. En el transcurso de las palabras que acompañan la ofrenda, el joven o la joven, que lleva unas tijeras o un instrumento cortante, rompe la soga, como símbolo de la liberación de las ataduras)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo esta soga, que es símbolo de nuestra dependencia del consumismo y de los valores fáciles que nos quiere vender e imponer la sociedad actual. Te la ofrezco y la corto en tu presencia, aceptando el compromiso, en nombre de toda la comunidad, de liberarnos de las ataduras que nos esclavizan e impiden que vivamos la radicalidad de tu Evangelio y de tu seguimiento. Ayúdanos en la tarea, Señor.

PRESENTACIÓN DE UNAS REDES

(Hace la ofrenda cualquiera de los o las catequistas o sencillamente una persona adulta:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo estas redes, símbolo de las que dejaron los apóstoles antes de que Tú les hicieras pescadores de hombres. Con ellas te ofrecemos nuestro compromiso evangelizador y el de tantos hombres y mujeres que han hecho de su vida una respuesta a tu llamada y una donación total en favor de los y las más débiles y marginados y marginadas. Haznos, también a nosotros y a nosotras, allí donde nos toque vivir, anunciadores de tu Buena Noticia, especialmente con nuestra vida, nuestras acciones y con nuestro compromiso. Ayúdanos en la tarea.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE LLENO DE SAL

(Esta ofrenda la puede hacer una persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo, -y lo hago en nombre personal y de la propia comunidad-, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Igual que otras generaciones de creyentes han evangelizado a tantos pueblos, nosotros y nosotras queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

PRESENTACIÓN DE UN BOTIQUÍN DE URGENCIA

(La presentación de esta ofrenda la podría hacer alguien relacionado con la medicina o con el grupo, si lo hubiere, de pastoral de la Salud o aun de Cáritas)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo este botiquín de urgencia, símbolo de asistencia sanitaria, aunque lo hago también como compromiso de que sólo seremos luz en medio del mundo, si acompañamos a nuestras palabras, los gestos y las acciones efectivas de servicio ante las necesidades de los y las demás. Sólo, así, seremos tus discípulos y discípulas hoy en medio del mundo. Ayúdanos Tú en esta inmensa tarea y quehacer.

PRESENTACIÓN DE UNA ONG

(Tras la presentación de la Organización No Gubernamental, uno de los miembros de la comunidad, mejor si está relacionado con ella, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy el compromiso mío y el de todos y todas de abrir nuestros corazones a los y a las más pobres de todo el mundo. Queremos apoyarles con nuestros bienes, pero también con nuestra solidaridad y nuestro trabajo, porque creemos que, si sólo compartiéramos el dinero, podríamos incurrir en el pecado de lavarnos las manos y tratarles como si fueran meros indigentes. Con ello queremos expresar el amor que Tú tienes a los más necesitados y a las más necesitadas de esta tierra, y que son tus preferidos y preferidas. Ayúdanos a vivir este compromiso solidario.

Oración de los fieles – Domingo III de Tiempo Ordinario

Con la humildad que nos hace verte Señor de todas las cosas y con la seguridad que nos da el sabernos hijos tuyos, ponemos en tus manos nuestra plegaria:

TU MISERICORDIA ES ETERNA.

1. – Por el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes y diáconos para que sean constantes en su misión de “pescadores de hombres”. OREMOS

2. – Por los gobernantes y los pueblos para que sean capaces de escuchar la Palabra de Dios y rectifiquen aquellas conductas que puedan ofender a Dios y a los hermanos. OREMOS

3. – Por los que tienen que dejar su tierra e ir a otros países a ejercer su trabajo, para que se sientan acogidos en sus lugares de destino. OREMOS

4. – Por todas aquellas personas cuyas conductas no son del agrado de Dios, para que sintiendo que el Reino está cerca se conviertan al evangelio. OREMOS

5. – Por los protestantes, ortodoxos, anglicanos y católicos, para que todos seamos uno. OREMOS

6.– Por los jóvenes, para que no dejen de mirar a Cristo ante sus problemas y atiendan a su voz al tomar sus decisiones. OREMOS

7. – Por todos nosotros, para que ante la llamada de Jesús seamos capaces de dejar las redes y seguirle. OREMOS

Señor, atiende con magnanimidad lo que tu pueblo de ti solicita, por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Oremos todos unidos por nuestras necesidades y por las de todos los hombres y mujeres. Y respondemos:

ESCUCHANOS PADRE

1.- Por el Papa Francisco, por todos los obispos de la tierra y por los sacerdotes y diáconos para que administren con alegría los dones que el Señor les ha encomendado que repartan entre el pueblo de Dios. OREMOS

2.- Por todos los que viven según las enseñanzas de Cristo para que consigan, de una vez, formar un solo rebaño, cuyo único Pastor es Jesús. OREMOS

3.- Por los gobernantes de todo el mundo para que fomenten la paz y no la guerra. OREMOS

4.- Por los organismos internacionales para que den soluciones justas a los problemas del hambre, de la miseria, de la opresión y con eficacia busquen la paz y la concordia. OREMOS

5.- Por los pobres, los abandonados, los olvidados, los tristes, los hambrientos, los presos y los esclavizados por la droga o el alcohol, para que encuentren el consuelo de Cristo y el apoyo solidario de todos. OREMOS

6.- Por todos los enfermos del mundo para que encuentren la salud y sepan que Jesucristo puede consolarlos y curarlos en el cuerpo y en espíritu. OREMOS

7.- Por nosotros presentes en esta Eucaristía, y por los que no pudieron o no quisieron venir, para que todos juntos demos gracias a Dios por los bienes cotidianos recibidos. OREMOS

Escucha, Dios Padre nuestro escucha estas súplicas que con esperanza y humildad te hacemos. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes II de Tiempo Ordinario

“No seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido.”

Cuántas veces, sobre todo a principio de año, nos hacemos buenos propósitos, que luego se quedan en buenas intenciones. Nos falta constancia, nos dejamos llevar por la pereza y, cuando vemos que no podemos, nos rendimos.

A lo largo de la historia, sin embargo, hemos tenido ejemplos de personas que han sido capaces de ser fieles. La primera lectura nos recuerda el caso de Abrahán. Ya de mayor, tuvo que dejarlo todo, y emprender una marcha que le llevó a un lugar para él desconocido. Con muchos peligros, con riesgo para su vida, pero fiado en la promesa de Aquel que le pidió que saliera de su tierra. Se fio de Dios. Por eso es modelo de fe para todos.

En el Evangelio, siguen las disputas de Jesús con las autoridades civiles. Como “paparazzi”, espiaban a Cristo, para ver qué hacía, cuándo lo hacía y como lo hacía. En esta ocasión, el problema es unas espigas, doradas por el sol. También los apóstoles tenían hambre. En vez de tiendas abiertas 24 horas, había campos de espigas. El problema, la norma que prohibía realizar tales tareas en sábado. Con la norma hemos topado.

Jesús se remonta, en su respuesta, al rey David que, aunque al final de su vida se desviara “un poquillo”, hizo más de una cosa bien. Tanto es así, que el Mesías vendría de su estirpe. El mismo David no cumplió las normas, cuando huía en un momento difícil de su vida. La persona es más importante que la norma, si se trata de cosas que afectan a la dignidad y a la supervivencia. Muchos enfermos y endemoniados pueden dar fe de que, para Cristo, lo primero era la persona.

El Cristianismo, desde siempre, ha entendido que lo más importante es salvar a la persona. Hasta el último canon del Código de Derecho Canónico, el 1752, lo recuerda (teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia). Y la Doctrina Social de la Iglesia, también. Desde el comienzo del “Compendio”, hasta las diversas intervenciones de la Conferencias Episcopales. Nos toca a nosotros llevarlo a cabo, en nuestra vida diaria. Ser como Jesús, atento a las necesidades.

Por cierto, antes de ser “paparazzis” de nuestros hermanos, recordemos las palabras de san Francisco de Sales: “Antes de juzgar al prójimo, pongámosle a él en nuestro lugar y a nosotros en el suyo, y a buen seguro que será entonces nuestro juicio recto y caritativo”. Pues eso.

Alejandro Carbajo, cmf