Comentario – Martes II de Tiempo Ordinario

(Mc 2, 23-28)

“El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado”. Jesús recuerda en esta frase que cuando Dios pide algo al hombre es en realidad para bien del hombre, no porque Él necesite imponer leyes. Todo lo que Dios pueda pedirnos responde a una necesidad que él mismo puso en el corazón humano cuando lo creó, y por lo tanto el cumplimiento de la voluntad de Dios siempre encamina al hombre a su realización, a su madurez y a su felicidad.

Pero cuando esas leyes se absolutizan y as utilizamos para dominar a los demás y hacerlos sufrir, ya no cumplen la voluntad de Dios. Dios ama al hombre y desea su felicidad, su gozo, su plenitud.

Por eso tendríamos que procurar que nuestras costumbres y prácticas religiosas no sean una obligación que debemos cumplir, sino un medio para encontrarnos con Dios, para recibir su gracia, para encontrar la paz y su presencia, y de esa manera prepararnos para buscar el bien de los hermanos.

El día de descanso tenía el sentido de poder dedicar tiempo a Dios, descansando como él, pero no tenía el sentido de un sacrificio que angustiara al hombre, no debía se run peso sino una verdadera liberación. Pero eso que debía significar un alivio para el hombre cansado se convirtió en un peso más, en una preocupación que se agregaba a todas las angustias que la gente ya sufría.

Oración:

“Señor, te doy gracias por tu amor que sólo busca mi bien. Ayúdame a descubrir tu verdadera voluntad para mi vida en medio de todas mis costumbres, prácticas y leyes. Dame el gozo de descansar en tu presencia”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

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