Meditación – Martes II de Tiempo Ordinario

Hoy es martes II de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 2, 23-28):

Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él (…) les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».

Hoy consideramos el verdadero sentido del «reposo sabático». El Sábado es símbolo de la Alianza de amor entre Dios y el hombre. La creación está pensada, justamente, como un espacio para la Alianza, como el lugar de encuentro entre Dios y el hombre, como un lugar para la adoración.

El culto auténtico, la verdadera ofrenda a Dios no puede ser la destrucción de algo (sacrificar un animal, por ejemplo), sino la unión del hombre y de la creación con Dios. La pertenencia a Dios no tiene nada que ver con destrucción o con el «no-ser», y sí con cierto modo de ser (un «responder a Dios»). El reposo del sábado pretende la participación en el descanso y en la paz de Dios. Celebrar el sábado significa volver a los orígenes, limpiar toda la contaminación que nuestras obras han producido. Pero, cuando el hombre se niega al «ocio por Dios» (esto es, a la adoración), entonces entra en la esclavitud del “negocio”.

—Señor, ¡que nada anteponga yo a tu servicio!

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Martes II de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA II SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Heb 6, 10-20. La esperanza que tenemos delante es para nosotros como ancla segura y firme.
  • Sal 110. El Señor recuerda siempre su alianza.
  • Mc 2, 23-28. El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.

Antífona de entrada          Sal 105, 17
Sálvanos, Señor. Dios nuestro, reúnenos de entre los gentiles: daremos gracias a tu santo nombre y alabarte será nuestra gloria.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy, además de pedir con insistencia en la celebración el gran don de la unidad de las Iglesias, también pediremos humildemente perdón a Dios nuestro Señor y a los hermanos separados, reconociendo la parte de culpa que nosotros, los católicos, podamos tener en la ruptura de esta unidad. Por eso, comenzamos la Eucaristía pidiendo humildemente perdón por nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que inspiras y realizas todo buen propósito,
dirige a tus hijos por el camino de la salvación eterna
y haz que cuantos se entregaron a ti,
abandonándolo todo, sigan a Cristo,
renuncien al mundo y te sirvan a ti
y a sus hermanos con espíritu de pobreza
y humildad de corazón.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, y pidámosle humildemente que atienda las oraciones de su Iglesia, que suplica por la unión de todos los cristianos.

1.- Por la Santa Iglesia católica; para que, con humildad, reconozca y confiese sus culpas ante todos los cristianos y esté siempre dispuesta a perdonar. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que nunca falten en nuestras diócesis pastores santos que vivan siempre en comunión de amor con todos los cristianos. Roguemos al Señor.

3.- Por los que ejercen autoridad en todo el mundo; para que la paz y la amistad entre los pueblos supriman toda incomprensión y alejen todo prejuicio y toda división. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los que sufren persecución o violencia a causa del Evangelio; para que sean liberados de sus pruebas. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros mismos; para que nuestra fidelidad al Evangelio nos purifique de todo sectarismo y nos haga amar a quienes no piensan como nosotros. Roguemos al Señor.

Dios omnipotente y eterno, que quieres la unión de tus hijos dispersos, mira con bondad las ovejas de tu rebaño; y, ya que nos ha consagrado un solo Bautismo, haz que estemos también unidos por la plena confesión de una sola fe y por los lazos de una intensa caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
PRESENTAMOS, Señor,
estas ofrendas en tu altar
como signo de nuestro reconocimiento;
concédenos, al aceptarlas con bondad,
transformarlas en sacramento de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 144, 15
Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú les das la comida a su tiempo.

Oración después de la comunión
CONCEDE, Señor, a tus siervos,
unidos en tu amor y partícipes de un mismo pan,
animarse mutuamente unos a otros
en la práctica de la caridad y de las buenas obras,
para que puedan presentarse en todas partes
como verdaderos testigos de Cristo por su conducta santa.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Santoral 19 de enero

SANTOS MARIO, MARTA, AUDIFAZ Y ABACO, Mártires († 260)

 

El noble persa Mario, su esposa Marta, y sus dos hijos, Audifaz y Abaco, que se habían convertido al cristianismo, distribuyeron su fortuna entre los pobres, como lo hacían los primeros cristianos de Jerusalén. En cierta ocasión fueron a Roma para visitar la tumba de los Apóstoles, precisamente cuando el emperador Claudio perseguía a la Iglesia, y muchos cristianos habían sido llevados ya al anfiteatro por orden suya, para ser muertos a flechazos y quemados sus cuerpos. Nuestros santos se dedicaron a recoger y enterrar, respetuosamente, las cenizas de los mártires, y al ser descubiertos, fueron aprehendidos. Después de sufrir numerosos tormentos bajo el gobernador Marciano, Mario y sus dos hijos fueron decapitados, mientras que Marta murió ahogada en un sitio llamado actualmente Santa Ninfa, a unos veinte kilómetros de Roma. Los cuatro fueron sepultados en la Vía Cornelia. Todos los martirologios occidentales les mencionan el 20 de enero, pero su fiesta se celebra el día de hoy.

Las «actas» de estos mártires no son del todo fidedignas, pero constituyen un documento no despreciable; fueron publicadas en Acta Sanctorum, 19 de enero. Ver también Allard, Histoire des Persécutions,vol. III, pp. 214ss.; y BHL, n. 5543.

Alban Butler

Laudes – Martes II de Tiempo Ordinario

LAUDES

MARTES II TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios grande.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.

Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe. Amén.

SALMO 42: DESEO DEL TEMPLO

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

CÁNTICO de ISAÍAS: ANGUSTIAS DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA CURACIÓN

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollas mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los visos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

SALMO 64: SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Oh Dios, tú mereces un himno en Sión. +

Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,
+ y a ti se te cumplen los votos,
porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;

tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Oh Dios, tú mereces un himno en Sión.

LECTURA: 1Ts 5, 4-5

Vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

RESPONSORIO BREVE

R/ Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.
V/ Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.

R/ Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
V/ He esperado en tus palabras.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de todos los que nos odian, sálvanos, Señor.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la mano de todos los que nos odian, sálvanos, Señor.

PRECES

Bendigamos a nuestro Salvador, que, con su resurrección, ha iluminado al mundo, y digámosle suplicantes:

Guárdanos, Señor, en tu camino.

Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal a la memoria de tu santa resurrección,
— te pedimos que la esperanza de participar en tu gloria ilumine todo nuestro día.

Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada:
— dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicias de nuestro día.

Concédenos crecer hoy en tu amor,
— a fin de que todo sirva para nuestro bien y el de nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres,
— para que todos den gloria al Padre que está en los cielos.

Porque deseamos que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación, concédenos la abundancia de tu fuerza, para que preparemos delante de ti caminos de justicia y de paz. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.