Vísperas – Santa Inés

VÍSPERAS

SANTA INÉS, virgen y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Espíritus sublimes, ¡oh mártires gloriosos!,
felices moradores de la inmortal Sión,
rogad por los que luchan en las batallas recias,
que alcancen la victoria y eterno galardón.

¡Oh mártires gloriosos de rojas vestiduras,
que brillan con eternos fulgores ante Dios!
Con vuestro riego crezca de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses se cubra ya en sazón. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Esta virgen cristiana no temió las amenazas ni se dejó seducir con halagos.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Esta virgen cristiana no temió las amenazas ni se dejó seducir con halagos.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. A él solo guardo fidelidad; a él solo me entrego con todo mi ser.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A él solo guardo fidelidad; a él solo me entrego con todo mi ser.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Te bendigo, Padre de mi Señor Jesucristo, porque has dado a tu sierva la victoria por medio de tu Hijo.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te bendigo, Padre de mi Señor Jesucristo, porque has dado a tu sierva la victoria por medio de tu Hijo.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios la eligió y la predestinó.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

R/ La hizo morar en su templo santo.
V/ Y la predestinó.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Santa Inés, con las manos extendidas, oraba: «Padre Santo, imploro tu ayuda; siempre te he amado, te he buscado, te he deseado, y ahora vengo a ti.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Santa Inés, con las manos extendidas, oraba: «Padre Santo, imploro tu ayuda; siempre te he amado, te he buscado, te he deseado, y ahora vengo a ti.»

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
— Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
— Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
— Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina;
— Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
— Te glorificamos, Señor

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves II de Tiempo Ordinario

1.-Introducción.

Señor, dame la gracia de seguirte con el entusiasmo y fervor de aquellas multitudes que tan cerca querían estar de ti que prácticamente “te estrujaban”. Haz que te siga de cerca, pero no por curiosidad, no por interés, sino por necesidad. Tengo necesidad de ti, de ti solo y de nadie más.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 3, 7-12

Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

          En este sumario de Marcos llama la atención cómo la fama de Jesús desborda Galilea, incluso el mismo territorio de Palestina. Le llegan personas de Tiro y de Sidón. No cabe duda de que Jesús fascinaba a la gente. Jesús interesaba. Interesaban sus palabras, llenas de bondad y de esperanza; interesaban sus gestos, llenos de cercanía y de ternura; interesaban sus “silencios” llenos de misterio.  Se ha hablado mucho del llamado “secreto mesiánico” en este evangelista. Hace cosas portentosas, como la vuelta a la vida de una joven que acaba de morir y dice que guarden silencio. Eso no se puede ocultar. Pero Jesús no quiere que se queden en el milagro, aunque sea portentoso. El gran milagro lo guarda para el final, después de su muerte. Es en la Resurrección donde se revelará del todo, se manifestará como Hijo de Dios, y nos llevará a todos a la vida auténtica y definitiva. El que se embarca con Jesús, sabe que Jesús lo lleva a la “otra orilla”. Por eso, mientras estamos en este mundo, Jesús nos sorprende, pero la sorpresa última, la definitiva, nos la reserva para la otra vida.

Palabra del Papa

“La multitud que acude a Jesús desde cualquier región. Encuentra en el Señor una esperanza, porque su forma de actuar, de enseñar, toca su corazón, llega al corazón, porque tiene la fuerza de la Palabra de Dios… ¡Jesús salva! Estas sanaciones, estas palabras que llegan al corazón son el signo y el inicio de una salvación. El recorrido de la salvación de muchos que comienzan a ir a escuchar a Jesús o a pedir una sanación y después vuelven a Él y sienten la salvación. ¿Pero lo más importante de Jesús es que sane? No, no es lo más importante. ¿Qué nos enseña? No es lo más importante. ¡Que salva! Él es el Salvador y nosotros somos salvados por Él. Y esto es más importante. Y ésta es la fuerza de nuestra fe”. (Papa Francisco homilia Santa Martha)

4.- Qué me dice ahora a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Hoy voy a ahondar en el misterio de cada persona. Tiene una riqueza interior que yo debo conocer. Es mucho más lo que esconde que lo que manifiesta.

6.- Hoy Dios me ha hablado a través de su Palabra, Ahora yo le respondo con mi oración

Cristo, Tú has sido, eres y serás siempre la respuesta definitiva a los más profundos anhelos y aspiraciones que llevo dentro. Haz que yo conozca el misterio de mi persona para poder valorar a los demás. Haz que viva una vida de profundidad; que no me sacie con cualquier cosa, que sea un eterno inconformista, es decir, que no ajuste mi vida a los valores de este mundo. 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

El amor verdadero (Amor)

Tales armas son siempre aficionadas a dar mucho más que no a recibir, y aún con el mismo Criador les acaece esto. Y esta afición santa merece nombre de amor, que esotras aficiones bajas tiénenle usurpado el nombre (Santa Teresa, Camino de perfección 6, 7).

Nadie hay que no arme, pero lo que interesa es cuál sea el objeto de su amor. No se nos dice que amemos, sino que elijamos a quién amar (San Agustín, Sermón 34).

El amor es la explicación de todo. Un amor que se abre al otro en su individualidad irrepetible y le dice la palabra decisiva: “quiero que tú seas”. Si no se comienza por esta aceptación del otro, como quiera que se presente, reconociendo en él una imagen real, aunque empañada, de Cristo, no se puede decir que se ama verdaderamente (Juan Pablo II, Alocución 13-IV-1980).

El amor ilumina el corazón (Santo Tomás, Sobre la caridad, Lc., p. 205).

No dejan huella en el alma las buenas costumbres, sino los buenos amores (San Agustín, Sermón 311).

Es también característico del amor ir transformando al amante en el amado. Por lo cual, si amamos lo vil y caduco, nos convertimos en viles e inseguros: Se hicieron despreciables como las cosas que amaban (Os 9, 10). Pero si amamos a Dios, nos divinizamos, porque el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con Él (1Co 6, 17) (Santo Tomás, Sobre la caridad, 1, c., 202).

Hay más amistad en amar que en ser amado (Santo Tomás, Suma Teológica, 22, q. 27, a. I).

Todo amor, desde el momento en que es auténtico, puro y desinteresado, lleva en sí mismo su justificación Amar gratuitamente es un derecho inalienable de la persona, incluso —habría que decir sobre todo— cuando el Amado es Dios mismo (Juan Pablo II, Alocución 2-VI-1980).

El amor es querer, pero no un querer hacer u obtener algo, sino querer al otro, querer el ser y el bien del otro. Y ese amor es el principio de cualquier acto de querer (S. Th. I, a 20, a. 1; q, 60, a. 1). Dice San Agustín que del propio amor vive cada uno, bien si el amor es bueno, mal si el amor es malo (Contra Fausto, 510). (C. Carmona, Metafísica del bien y del mal).

El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo para amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma (San Bernardo, Sermón 83).

Esto es en verdad el amor: obedecer y creer al que se ama (San Agustín, Homilía sobre S. Juan, 74).

Comentario – Jueves II de Tiempo Ordinario

(Mc 3, 7-12)

Después de mostrarnos la ceguera y la obstinación de los fariseos, el evangelio nos muestra un pueblo que se deja seducir por la irresistible atracción de Jesús. Los pobres no tenían motivos para envidiar a Jesús o tenerle miedo. Sólo sabían que lo necesitaban, y se le echaban encima llenos de confianza.

Este texto muestra que no eran los miembros del pueblo sencillo, sino las autoridades celosas de su poder y de sus costumbres, los que buscaban la muerte de Cristo y rechazaban su misión. Eran fanáticos religiosos que en realidad usaban la religión para sus fines, como un instrumento de dominio social, y no querían abrir el corazón a la novedad de Dios.

Este  texto, rebosante de fervor popular y de confianza en Jesús, puede leerse junto con Juan 7, 44-49. Allí vemos que las autoridades religiosas mandan a sus guardias para que tomen preso a Jesús. Pero los guardias no lo toman preso y en cambio vuelven fascinados, y cuentan que la gente está maravillada con Jesús. Las autoridades responden entonces que esa multitud ignorante es la que cree en Jesús, pero que ninguna de las autoridades religiosas ha creído en él.

Si bien en la Pasión estas autoridades utilizaron a un grupo de gente para pedir la muerte de Jesús, el pueblo indefenso no acompañaba esta decisión, y sentía que perdía una vez más, a alguien podía devolverle la esperanza.

Oración:

“Dios mío, dame un corazón sencillo, abierto a tus planes siempre nuevos y muchas veces desconcertantes. No quiero aferrarme a mis planes, a mis costumbres, a mis decisiones, sino que Tú me ilumines y me guíes por tu camino con las manos abiertas a los hermanos. Libérame de encerrarme en mis esquemas, Espíritu Santo”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

La profesión religiosa

80. Revísese el rito de la consagración de Vírgenes que forma parte del Pontifical romano. Redáctese, además, un rito de profesión religiosa y de renovación de votos que contribuya a una mayor unidad, sobriedad y dignidad, con obligación de ser adoptado por aquellos que realizan la profesión o renovación de votos dentro de la Misa, salvo derecho particular. Es laudable que se haga la profesión religiosa dentro de la Misa.

Una crecida esperanza

1. La contemplación de nuestra sociedad, del mundo contemporáneo, no produce ––no debe producir–– excesivo entusiasmo. Una espesa capa de “smog”, de contaminación moral, desfigura y hace casi desaparecer los valores mas arraigados en el alma colectiva de la humanidad. Lo que los hombres de hoy hemos sido capaces de crear no es, ciertamente, digno de admiración alguna. Hay demasiados egoísmos, un cúmulo infinito de vanidades, una feria de hipocresías y una latente atmósfera de odios que corta el aliento de las pocas personas puras que aún se permiten el lujo de respirar a pulmón abierto.

No hago ––no podría–– ninguna valoración comparativa. Tal vez la historia de la humanidad ha sido siempre así, e incluso peor. Es muy posible ––quiero creerlo–– que la evolución humana sea tan progresivamente lineal como pretenden los más optimistas filósofos de la historia. Pero, ciertamente, lo que el mundo ofrece hoy a nuestros ojos no es grato, ni reconfortante, ni permite emitir exultantes diagnósticos.

2. Para un cristiano, esta visión de la actualidad puede conducir paradójicamente, a una crecida esperanza. Al fin y al cabo, nada negativo puede concluirse de una contemplación objetiva de la humanidad en este momento histórico. La conclusión es clásica: El mundo necesita redención; los hombres exigen ser salvados y lo piden a gritos; la gracia es algo gratuito que Dios concede no a los que se sienten con derecho a ella, sino a los que, desde su pobreza, la suplican.

Una impresión parecida debió experimentar el profeta Jonás cuando Yahvé-Dios lo empuja a pregonar la conversión a Nínive, una de las grandes metrópolis, donde la humanidad había prosperado en todo género de “novedades”. Hay en el alma del profeta una clara coincidencia histórica: La depravación, el mal, la regresión moral habían hecho su sede en “la gran capital”. Para él, aquélla era en realidad una “misión imposible”, un riesgo inútil, un optimismo sin fundamento.

Pero la gran sorpresa es que aquel mundo de perdición, la ciudad maldita, es susceptible de conversión, de gracia, de misericordia. El profeta Jonás invita a la ciudad de Nínive a la conversión: “Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada”. La conversión se produce, la destrucción no.

Cuando todo estaba ––aparentemente–– perdido surge la luz, la esperanza, la conversión. Y es el profeta el que debe rectificar su visión, sus convicciones y abrirse ––también él–– a la contemplación de la ilimitada capacidad de Dios para convocar a los hombres a un “año de gracia y de perdón”.

3. Esta constatación ––unida a tantas otras similares–– impide a un cristiano el pesimismo. Dios ––dice nuestro refranero–– escribe derecho con líneas torcidas. La gracia ––afirmaría el filósofo cristiano de la historia–– se impone sobre la tragedia humana. Sólo así, ante el triste espectáculo de un mundo dormido, cruel y ridículo, es posible ––todavía–– la esperanza. Bendita sea.

Antonio Díaz Tortajada

Convertíos y creed la buena notica

Después de ser Juan encarcelado, Jesús fue a Galilea a predicar el evangelio de Dios; y decía: «Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios está cerca. Arrepentíos y creed en el evangelio».

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».

Al instante dejaron las redes y lo siguieron. Fue más adelante, y vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también dentro de la barca, remendando sus redes, y al punto los llamó. Ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. 


Marcos 1, 14-20

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús nos invita a convertirnos (o sea a ser su amigo) y a llevar su mensaje a todos los que están a nuestro alrededor. Nos llama pescadores de hombres, porque tenemos que echar nuestras ‘redes de amor’ a todos. Redes que ayuden a los demás a superar los problemas de soledad, tristeza, miedos, que esta situación motivada por el COVID nos está trayendo.

Y de esta manera cuando nos vean contentos y lanzando ‘redes de amor’ podamos explicarles que lo hacemos porque somos amigos de Jesús y queremos que todos le conozcan y sean también amigos suyos.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Jesús te ha elegido para ser “pescador de hombres”, a lanzar redes de amor para animar a otra persona a ser cristiana como tu. Escribe el nombre de una persona a la que le puedes proponer conocer a Jesús.
  • ¿Por qué tenemos como misión anunciar el Evangelio a los demás? ¿De qué manera lo podemos hacer los cristianos?
  • Escribe un compromiso para proponerle la fe a alguna persona de la que te hayas acordado.

ORACIÓN

Id a contarlo, hermanos,
vamos a decírselo a todos:
que Dios está a nuestro lado,
que Él no son normas o ritos,
que Él nos ha soñado felices,
que viene a traernos la luz,
que ya basta de vivir a oscuras,
que con Él todo es vida y amor.
No te lo guardes para ti solo,
porque es una Buena Noticia.
Él quiere ser nuestro Amigo,
vivir la historia a nuestro lado,
facilitarnos el camino
y darnos pistas para vivir.
No esperes a mañana,
invádete de Dios,
comienza aquí, ahora mismo,
a hacer la creación,
viviendo como hermanos
una historia de Amor.

Aprendiendo a ser discípulo

Paseando por la orilla del lago,
o recorriendo pueblos y ciudades,
o adentrándote en el silencio del desierto,
o deteniéndote en las plazas públicas,
o invitándote a comer en nuestra casa,
o haciéndote presente en las sendas y encrucijadas
que frecuentamos, y en las que nos perdemos…
nos ves tan atrapados
en las redes del ayer y del presente
-en el trabajo, en la familia,
en el ocio o en el negocio,
en el paro o en el confort,
en el fracaso y en la desilusión,
en los viajes y en las soledades,
en internet y facebook,
en los msn, twitter y skype,
en las drogas con nombre o sin él,
en las migajas de placer….

Pero Tú nos invitas y llamas a seguirte,
dejando lo que nos ata libremente,
y ofreciéndonos un nuevo horizonte
si creemos y acogemos el Reino que traes.

Y nosotros te escuchamos,
y dejando todas las redes,
nos convertimos
y nos vamos contigo,
y gustamos tu Buena Noticia al instante.

Mas al poco tiempo,
como casi siempre,
viene la crisis,
se nos nubla el horizonte,
nos hacemos reticentes
y nos olvidamos de que nos enamoraste.

Pero Tú, que eres fiel,
vuelves a llamarnos por nuestro nombre
y a susurrarnos tus quereres
invitándonos a ser tus seguidores
para que vivamos felices.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el evangelio

• Mc 1, 14-15. Resumen de la predicación inaugural de Jesús. El lugar geográfico en que Jesús inaugura su presentación es Galilea, una región hasta entonces insignificante y sin relieve. Aquí hace oír su voz, apareciendo no como un profeta más, sino como aquel en quien, llegada la plenitud de los tiempos, el esperado Reino de Dios comienza a ser realidad. Reino de Dios es una expresión que hunde sus raíces en el Antiguo Testamento y el judaísmo. Compendiaba todo lo que Israel esperaba de los tiempos mesiánicos. En labios de Jesús adquiere un significado concreto: soberanía universal de Dios como Padre compasivo y salvador. Sobre los corazones oprimidos destella así un rayo de esperanza.

• La prioridad primera de Jesús es el Reino (cf. Mt 6,33). Esta realidad es ofrecimiento y don de Dios, del que nadie queda excluido. Pero, si Dios otorga, espera a su vez una respuesta de acogida por parte del hombre. La respuesta exigida se expresa en dos actitudes concretas: conversión y fe.

* Convertirse significa literalmente tomar otra dirección, cambiar de rumbo, no quedarse donde se está y como se está, esforzarse por llegar a ser lo que se debe ser. En el contexto de la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios esto equivale a permitir que Dios sea Dios, a reconocer a Dios como la realidad que todo lo determina; equivale, en otros términos, a romper la cerrazón humana, a abandonar toda autosuficiencia, a vivir la existencia terrena como don recibido de Dios.

* La segunda actitud, la fe, no es sino el lado positivo de la primera: la apertura y disposición a escuchar, la buena voluntad para abandonarse al poder salvador de Dios con una confianza ciega y total. ¡Esa es la esencia de la vida creyente: experimentar el amor divino y dejar que el Padre sea Padre en nuestra vida por la acción del Espíritu que obra en nosotros! Todo lo demás viene después.

• Mc 1,16-20 Llamada de los primeros discípulos. Conversión y fe tienen que realizarse en el seguimiento de Jesús. La vocación de los primeros discípulos es, por su parte, un ejemplo concreto de conversión y de fe y, por parte de Jesús, un acto revelador de lo que Él quería y debía realizar.

• Llamando a su seguimiento a unos pescadores, Jesús manifiesta que no se propone actuar como un simple rabino o maestro de su tiempo. Estos, en lugar de llamar a sus discípulos, eran llamados y elegidos por ellos. Además, la perspectiva de la llamada de Jesús no tiene connotación magisterial de ninguna índole. En juego está la vinculación a una persona, no a una doctrina. La iniciativa de Jesús, que llama y crea la decisión de seguirlo, hace pensar en la iniciativa y autoridad con las que el Dios de Israel llamaba sus profetas para que llevaran a cabo u misión especial en favor del pueblo (1 Re 19,19-21; 2 Re 2,12-15), misión que aquí viene explicitada en la imagen de ser pescadores de hombres, es decir, de reunir a los miembros dispersos del pueblo de Dios.

• El contenido del relato no se agota aquí. La elección de los cuatro primeros discípulos (dos parejas de hermanos pescadores: Pedro y Andrés, Santiago y Juan) tiene un carácter ideal y ejemplar. Detrás de esta escena se esconde una teología del seguimiento de Jesús en clave comunitaria. Ser discípulo, o lo que es lo mismo, miembro de la comunidad que comienza a ser formada por Él, no es otra cosa que: a) escuchar la llamada de Jesús, que siempre lleva la iniciativa; b) seguirle con decisión para compartir su estilo de vida y asimilar sus enseñanzas; c) aceptar la tarea confiada, prosiguiendo su causa; d) preferirle por encima de todo lo demás, ya que en Él está obrando Dios; e) asumir vocación y misión por el Reino no en solitario sino de manera comunitaria.

• Podemos percibir en esta historia, el primer paso hacia la formación de la comunidad, que el Padre bueno desea como fermento del Reino. La llamada consistente en seguir personalmente a Jesús se convierte en exhortación para sumarse, de manera libre y consciente, a la comunidad de los discípulos del Maestro, que se gozan con la aceptación del Reino y colaboran con ilusión y valentía en su extensión. Quien elige el seguimiento de Jesús se convierte en:

– una persona nueva: hija del Padre bien amada y hermana de sus semejantes;

– equipada de un hacer renovado: con fuerza interior de gracia, para llevar a cabo el cumplimiento de la ley y los profetas en plenitud;

– situada en unos tiempos nuevos: los últimos, que preludian la consumación escatológica y anticipan toda su fuerza salvífica.

Comentario al evangelio – Jueves II de Tiempo Ordinario

Una alianza basada en promesas mejores. A todos nos gustaría alguna mejora en nuestra vida. En lo económico, en lo social, en lo laboral, en lo espiritual… La mayoría de los anuncios que vemos en la tele u oímos en la radio nos hablan de esto. Juegan con nuestros deseos.

Los contemporáneos de Jesús también querían mejorar. Escuchaban rumores acerca de un hombre, que hacía cosas grandes, y empezaban a creer que podía ser el Mesías. Quizá por eso las multitudes se reunían alrededor de Jesús. Porque veían que su mensaje, sus palabras de amor iban acompañadas de obras. Promesas hay muchas, pero no todas se cumplen. Ahora, y en tiempos de Jesús. Por eso, un mensaje coherente, acompañado de una vida coherente, era capaz de enamorar. Demasiado, incluso. Demasiada gente. Por un lado, las autoridades civiles y religiosas, que buscaban acallar su voz, y por otro, las multitudes, que buscan en Jesús la posibilidad de salvarse. En principio, parece que ganan las autoridades, pero sabemos cómo acaba la historia.

¿Qué partido tomaremos nosotros? ¿Con quién nos identificaremos más? ¿Con los dirigentes del pueblo, celosos de su poder y de sus costumbres? ¿O con la gente del pueblo que confía en Jesús, que pone en Él su esperanza, que quiere ser “curada”?

El salmo nos da una clave para poder elegir bien: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.” En cada momento clave de nuestra vida, en cada decisión importante, podemos ponernos en presencia de Dios, antes de optar, y repetir estar palabras en nuestra oración. Sabemos – nos lo dice la primera lectura – que tenemos un Sumo Sacerdote que vive siempre para interceder en nuestro favor. Por eso podemos confiarle nuestro futuro. Con Él está en buenas manos.

Pidámosle a Jesús que nos dé un corazón sencillo, como el de la gente, que hace kilómetros para encontrarse con Jesús, que está “abierto” para recibirlo, que quiere encontrar en Jesús motivos para seguir esperando, que reconoce en sus milagros que “a Dios le gusta vivir en medio de su Pueblo”.

Alejandro Carbajo, cmf