Notas para fijarnos en el evangelio

• Mc 1, 14-15. Resumen de la predicación inaugural de Jesús. El lugar geográfico en que Jesús inaugura su presentación es Galilea, una región hasta entonces insignificante y sin relieve. Aquí hace oír su voz, apareciendo no como un profeta más, sino como aquel en quien, llegada la plenitud de los tiempos, el esperado Reino de Dios comienza a ser realidad. Reino de Dios es una expresión que hunde sus raíces en el Antiguo Testamento y el judaísmo. Compendiaba todo lo que Israel esperaba de los tiempos mesiánicos. En labios de Jesús adquiere un significado concreto: soberanía universal de Dios como Padre compasivo y salvador. Sobre los corazones oprimidos destella así un rayo de esperanza.

• La prioridad primera de Jesús es el Reino (cf. Mt 6,33). Esta realidad es ofrecimiento y don de Dios, del que nadie queda excluido. Pero, si Dios otorga, espera a su vez una respuesta de acogida por parte del hombre. La respuesta exigida se expresa en dos actitudes concretas: conversión y fe.

* Convertirse significa literalmente tomar otra dirección, cambiar de rumbo, no quedarse donde se está y como se está, esforzarse por llegar a ser lo que se debe ser. En el contexto de la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios esto equivale a permitir que Dios sea Dios, a reconocer a Dios como la realidad que todo lo determina; equivale, en otros términos, a romper la cerrazón humana, a abandonar toda autosuficiencia, a vivir la existencia terrena como don recibido de Dios.

* La segunda actitud, la fe, no es sino el lado positivo de la primera: la apertura y disposición a escuchar, la buena voluntad para abandonarse al poder salvador de Dios con una confianza ciega y total. ¡Esa es la esencia de la vida creyente: experimentar el amor divino y dejar que el Padre sea Padre en nuestra vida por la acción del Espíritu que obra en nosotros! Todo lo demás viene después.

• Mc 1,16-20 Llamada de los primeros discípulos. Conversión y fe tienen que realizarse en el seguimiento de Jesús. La vocación de los primeros discípulos es, por su parte, un ejemplo concreto de conversión y de fe y, por parte de Jesús, un acto revelador de lo que Él quería y debía realizar.

• Llamando a su seguimiento a unos pescadores, Jesús manifiesta que no se propone actuar como un simple rabino o maestro de su tiempo. Estos, en lugar de llamar a sus discípulos, eran llamados y elegidos por ellos. Además, la perspectiva de la llamada de Jesús no tiene connotación magisterial de ninguna índole. En juego está la vinculación a una persona, no a una doctrina. La iniciativa de Jesús, que llama y crea la decisión de seguirlo, hace pensar en la iniciativa y autoridad con las que el Dios de Israel llamaba sus profetas para que llevaran a cabo u misión especial en favor del pueblo (1 Re 19,19-21; 2 Re 2,12-15), misión que aquí viene explicitada en la imagen de ser pescadores de hombres, es decir, de reunir a los miembros dispersos del pueblo de Dios.

• El contenido del relato no se agota aquí. La elección de los cuatro primeros discípulos (dos parejas de hermanos pescadores: Pedro y Andrés, Santiago y Juan) tiene un carácter ideal y ejemplar. Detrás de esta escena se esconde una teología del seguimiento de Jesús en clave comunitaria. Ser discípulo, o lo que es lo mismo, miembro de la comunidad que comienza a ser formada por Él, no es otra cosa que: a) escuchar la llamada de Jesús, que siempre lleva la iniciativa; b) seguirle con decisión para compartir su estilo de vida y asimilar sus enseñanzas; c) aceptar la tarea confiada, prosiguiendo su causa; d) preferirle por encima de todo lo demás, ya que en Él está obrando Dios; e) asumir vocación y misión por el Reino no en solitario sino de manera comunitaria.

• Podemos percibir en esta historia, el primer paso hacia la formación de la comunidad, que el Padre bueno desea como fermento del Reino. La llamada consistente en seguir personalmente a Jesús se convierte en exhortación para sumarse, de manera libre y consciente, a la comunidad de los discípulos del Maestro, que se gozan con la aceptación del Reino y colaboran con ilusión y valentía en su extensión. Quien elige el seguimiento de Jesús se convierte en:

– una persona nueva: hija del Padre bien amada y hermana de sus semejantes;

– equipada de un hacer renovado: con fuerza interior de gracia, para llevar a cabo el cumplimiento de la ley y los profetas en plenitud;

– situada en unos tiempos nuevos: los últimos, que preludian la consumación escatológica y anticipan toda su fuerza salvífica.