Meditación – Jueves II de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves II de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 7-12):

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea (…). Curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

Hoy, espeluznados, vemos cómo los espíritus inmundos —antes que los hombres— confiesan a Jesucristo ser el “Hijo de Dios”. Jesús les manda callar: este misterio debía desvelarse con pedagogía ante los hombres. La expresión “Hijo de Dios” lo declaraba como el Dios vivo que se nos hace presente; lo unía al ser mismo de Dios.

Profundizar esta verdad exigió grandes esfuerzos. ¿Es Hijo en el sentido de una “especial cercanía” a Dios (así consideraba Israel a sus reyes), o Él era realmente “igual a Dios”, “Dios verdadero de Dios verdadero”? El Concilio de Nicea (a. 325) lo explicó con el término “homooúsios” (“con-sustancial”). Este término filosófico (que ha entrado en el “Credo”) sirve para recalcar que Jesús no es “el Hijo” en sentido mitológico ni político (los significados más familiares en el contexto de la época), sino que lo es con toda propiedad.

—Sí, en Dios mismo hay desde la eternidad un diálogo entre Padre e Hijo que, en el Espíritu Santo, son verdaderamente el mismo y único Dios.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Santa Inés

MARTES. SANTA INÉS, virgen y mártir, memoria obligatoria

Misa de la memoria (rojo)

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para una virgen mártir) o de vírgenes (para una virgen), o de un domingo del Tiempo Ordinario; Prefacio común o de la memoria. Conveniente Plegaria Eucarística I.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Heb 7, 25 – 8, 6. Presentó sacrificios de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
  • Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
  • Mc 3, 7-12. Los espíritus inmundos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él les prohibía que lo diesen a conocer.

Antífona de entrada
Esta virgen valiente, ofrenda de pureza y castidad, sigue al Cordero crucificado por nosotros.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, antes de celebrar la entrega de Jesús en sacrificio y en manjar eucarístico en el día en que recordamos a Santa Inés, que consagró con el martirio el título de la castidad, pidamos perdón a Dios por nuestras culpas y pecados, reconociendo que muchas veces no hemos sido instrumentos de comunión y de unidad en la Iglesia.

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que eliges lo débil del mundo para confundir a los fuertes,
concédenos, en tu bondad,
a cuantos celebramos el nacimiento para el cielo de tu mártir santa Inés,
imitar su constancia en la fe.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Unamos ahora nuestras voces y nuestros corazones a la oración de todos los cristianos, para pedir a Dios nuestro Padre un solo rebaño bajo la guía de un solo Pastor.

1.- Para que se acerque el día en el que todos los que creemos en Cristo podamos participar con alegría del pan de la unidad y de la copa de la alianza. Roguemos al Señor.

2.- Para que el Espíritu de Dios suscite santas y abundantes vocaciones al ministerio sacerdotal al servicio de nuestra diócesis, que nos anuncien que sólo hay un Dios, una fe y un Bautismo. Roguemos al Señor.

3.- Para que arraiguen la paz y la amistad entre todos los pueblos y se aleje toda incomprensión, todo prejuicio y toda división. Roguemos al Señor.

4.- Para que el Señor haga descubrir los dones de su gracia a todos los que lo invocan con rectitud de corazón. Roguemos al Señor.

5.- Para que el testimonio de santa Inés nos haga a todos nosotros fuertes en el amor a Cristo y valientes en la confesión de nuestra fe. Roguemos al Señor.

Dios Padre celestial, Tú que eres el único que puede realizar lo que parece imposible a los hombres, escucha la oración de tus fieles para que cese la desunión de los cristianos y tu Iglesia sea consagrada en la unidad, por los medios y en el tiempo que tienes establecido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR,
que los dones que te presentamos en la fiesta de santa Inés
sean tan agradables a tu bondad
como lo fue para ti el combate de su martirio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Ap 7, 17
El Cordero que está delante del trono los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Oración después de la comunión
OH DIOS,
que coronaste a la bienaventurada santa Inés
entre los santos con el doble triunfo de la virginidad y del martirio,
concédenos en virtud de este sacramento,
vencer con fortaleza toda maldad y alcanzar la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 21 de enero

SANTOS FRUCTUOSO, AUGURIO Y EULOGIO, mártires († 259)

San Fructuoso fue un celoso y apostólico obispo de Tarragona, en la época en que dicha ciudad era la capital de España. El año 259, durante la persecución de Valeriano y Galieno, fue arrestado por orden del gobernador, junto con sus dos diáconos Augurio y Eulogio, el domingo 16 de enero. Los guardias le sorprendieron en el lecho, y el santo les pidió unos instantes para calzarse. Después, les siguió alegremente, con sus otros dos compañeros, a la prisión. Fructuoso bendecía a los fieles que iban a visitarle, y el lunes bautizó en la cárcel a un catecúmeno llamado Rogaciano. El miércoles observó el ayuno de las estaciones hasta las tres de la tarde.* El viernes, sexto día de su prisión, compareció ante el gobernador, quien le preguntó si conocía los edictos del emperador. El santo respondió que no, pero que en todo caso era cristiano. “Los emperadores —replicó Emiliano— ordenan que todos sacrifiquen a los dioses”. Fructuoso respondió: “Yo adoro a Dios, que ha hecho los cielos, la tierra y todas las cosas”. Emiliano le dijo: “¿Sabes que existen además otros dioses”. “No”, —replicó el santo. El procónsul le dijo: “Yo haré que lo sepas muy pronto”. Diciendo estas palabras, el procónsul se volvió hacia Augurio y le rogó que no tuviese en cuenta las respuestas de Fructuoso, pero Augurio le contestó que él adoraba al mismo Dios todopoderoso. Emiliano preguntó entonces al otro diácono, Eulogio, si también él adoraba a Fructuoso. Eulogio respondió: “Yo no adoro a Fructuoso, sino al Dios que Fructuoso adora”. Emiliano preguntó a Fructuoso si era obispo; como el santo contestara afirmativamente, el procónsul replicó: “Di más bien que lo eras”, con lo cual quería indicar que Fructuoso iba pronto a perder el título junto con la vida. En efecto, el procónsul condenó inmediatamente a los tres mártires a ser quemados vivos.

Los mismos paganos no podían contener las lágrimas, cuando los mártires se dirigían al anfiteatro, porque amaban a Fructuoso a causa de sus extraordinarias virtudes. Los cristianos acompañaban a los testigos de Cristo afligidos y a la vez gozosos por el martirio. Los fieles ofrecieron a San Fructuoso una copa de vino, pero éste no quiso probarlo, porque no eran sino las diez de la mañana, y el ayuno de los viernes obligaba hasta las tres de la tarde. El santo obispo esperaba terminar el tiempo del ayuno en compañía de los patriarcas y profetas en el cielo. Una vez que se hallaban en el anfiteatro, el lector del obispo, Augustal, se acercó a éste y le rogó que le permitiera desatar las correas de sus zapatos, pero el mártir se rehusó, diciendo que podía hacerlo él mismo sin dificultad. Félix, un cristiano, se adelantó a rogarle que no le olvidase en sus oraciones, a lo que el santo respondió en voz alta: “Estoy obligado a orar por la Iglesia católica, difundida en todo el mundo, desde el oriente hasta el occidente”. San Agustín, quien admira mucho la respuesta del santo, observa que parecía decir—: “Si quieres que pida por ti, no abandones nunca a la Iglesia por la que pido”. Marcial, un cristiano de su diócesis, le rogó que dijese unas palabras de consuelo a su desolada Iglesia. El obispo, volviéndose hacia los cristianos, les dijo: “Hermanos míos, el Señor no os abandonará como a ovejas sin pastor, porque El es fiel a sus promesas. El tiempo del sufrimiento es corto”.

Los mártires fueron atados a sendas estacas para ser quemados, pero las llamas parecían al principio respetar sus cuerpos y sólo consumían las cuerdas que ataban sus manos, de suerte que los mártires pudieron extender los brazos en oración y entregaron su alma a Dios, de rodillas, sin que las llamas les consumieran. Babilas y Migdonio, dos cristianos que formaban parte de la servidumbre del gobernador, vieron abrirse el cielo y entrar en él a los santos, portando la corona de los mártires. El procónsul Emiliano levantó también los ojos al cielo, pero no fue juzgado digno de participar en tal espectáculo. Los fieles se acercaron durante la noche, apagaron con vino las hogueras y retiraron los cuerpos medio quemados. Muchos de ellos llevaron a sus casas parte de las santas reliquias; pero, amonestados por el cielo, las depositaron todas en el mismo sepulcro. San Agustín nos ha dejado un panegírico de San Fructuoso, pronunciado en el aniversario de su martirio.

La narración de la pasión de San Fructuoso pertenece a la reducida categoría de actas que todos los críticos consideran como auténticas. El mismo Harnack (Chronologie bis Eusebius, vol. II, p. 473) dice que este documento “no despierta sospechas”. Se encuentran dichas actas en Acta Sanctorum, 21 de enero, en Ruinart y en otras obras. Ver Delehaye. Les passions des martyrs… (1921), p. 144, y Origines du cuite des martyrs (1933), pp. 66-67. Uno de los principales argumentos en favor de la autenticidad de las Actas de San Fructuoso es que San Agustín y Prudencio las conocieron ciertamente.

* Miércoles y viernes eran días de ayuno en aquella época, pero sólo hasta la hora de nona, es decir, hasta las tres de la tarde. Tal práctica se conocía con el nombre de ayuno de las estaciones.

Alban Butler

Laudes – Santa Inés

LAUDES

SANTA INÉS, virgen y mártir.

(Siglo IV). Muchos Padres de la Iglesia han proclamado las alabanzas de esta mártir romana.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Nos apremia el amor, vírgenes santas;
vosotras, que seguisteis su camino,
guiadnos por las sendas de las almas
que hicieron de su amar amor divino.

Esperasteis en vela a vuestro Esposo
en la noche fugaz de vuestra vida,
cuando llamó a la puerta, vuestro gozo
fue contemplar su gloria sin medida.

Vuestra fe y vuestro amor fue fuego ardiente
que mantuvo la llama en la tardanza,
vuestra antorcha encendida asiduamente
ha colmado de luz vuestra esperanza.

Pues gozáis ya las nupcias que el Cordero
con la Iglesia de Dios ha celebrado,
no dejéis que se apegue nuestro fuego
en la pereza y sueño del pecado.

Demos gracias a Dios y, humildemente,
pidamos al Señor que su llamada
nos encuentre en vigilia permanente,
despiertos en la fe y en veste blanca. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo el anillo nupcial y ha colocado sobre mi cabeza la corona de esposa.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo el anillo nupcial y ha colocado sobre mi cabeza la corona de esposa.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos.

LECTURA: 2Co 1, 3-5

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios la socorre al despuntar la aurora.
V/ Dios la socorre al despuntar la aurora.

R/ Teniendo a Dios en medio no vacila.
V/ Al despuntar la aurora.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios la socorre al despuntar la aurora.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Al que deseé, ya lo veo; al que esperaba, ya lo poseo, estoy unida en el cielo con aquel que amé ardientemente en la tierra.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al que deseé, ya lo veo; al que esperaba, ya lo poseo, estoy unida en el cielo con aquel que amé ardientemente en la tierra.

PRECES

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes a causa del reino de los cielos, y supliquémosle, diciendo:

Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia, sin mancha ni arruga,
— haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Oh Cristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
— no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen ha guardado siempre fidelidad intacta y pura,
— concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la festividad de santa Cecilia virgen y mártir,
— concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
— admite benigno a los difuntos en el convite festivo de tu reino.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe.  Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.