Vísperas – San Vicente

VÍSPERAS

SAN VICENTE, diácono y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

R/ Nos refinaste como refinan la plata.
V/ Pero nos has dado un respiro.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, derrama sobre nosotros tu Espíritu, para que nuestros corazones se abrasen en el amor intenso que ayudó a san Vicente a superar los tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes II de Tiempo Ordinario

1.-Introducción.

Hoy te pido, Señor, que, en este rato de oración, me hagas ver la grandeza de la elección. Me has elegido porque me amabas. Y me has elegido para que enseñe a amar a los demás. Me has elegido para crear entre los hombres y mujeres de este mundo una familia, la familia de los hijos de Dios.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Marcos 3, 13-19

Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

3.- Qué dice el texto del evangelio.


Meditación-Reflexión

Antes de llamar a sus discípulos Jesús subió al monte. ¿Qué hacía Jesús en el monte? ¿Respirar aire puro? ¿Mirar la belleza de los campos en primavera? Todo eso es posible, pero la clave nos la da el evangelista Lucas cuando nos dice que el monte era el lugar privilegiado de Jesús para orar. Jesús se pasó la noche orando. La elección de los apóstoles era un asunto muy importante y Jesús se pasa la noche dialogando con el Padre, barajando los nombres que iba a elegir al día siguiente. Esto que Jesús hizo con los primeros apóstoles lo hace Jesús siempre con aquellos que va a elegir. Y nos debe dar devoción el pensar que, antes de elegirme a mí, Jesús ha orado por mí al Padre.

“Los llamó para que estuvieran con Él”. Antes de enviarlos a predicar deben prepararse. ¿En las escuelas de Jerusalén? No. En la escuela de Jesús. Lo que han aprendido estando con Él, escuchando sus palabras, imitando su estilo de vida, eso va a ser el objeto de su predicación. Les llamó para que le siguieran. El seguimiento de Jesús forma parte esencial a su llamada.

Palabra del Papa

“Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Apóstoles para estar con Él y sumirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, alaba a Dios.

Esta tarde nosotros debemos preguntarnos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don de Él y a los otros (Homilía de S.S. Francisco, 30 de mayo de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar

(Silencio) 

5.- Propósito. Dar gracias a Dios por haberme llamado.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración

Señor, quiero darte gracias por haberme llamado, por haberme tenido presente en ese diálogo que has mantenido con Dios, tu Padre. Realmente yo he sido una persona muy importante para ti. Y quiero que me perdones mi falta de entrega y entusiasmo en esta hermosa tarea que me has encomendado. Lamento el no haber estado a la altura de mi vocación. Siento mucho el haberte defraudado. Ayúdame a compensar, desde ahora, el tiempo perdido. Quiero responder con una entrega generosa a tanta delicadeza, tanto afán, tanto cariño y tanto mimo.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Viernes II de Tiempo Ordinario

(Mc 3, 13-19)

Esta escena del llamado a los doce apóstoles nos muestra que la iniciativa es de él, ya que “llamó a los que él quiso”. Nadie puede sentirse digno de este llamado, ni creer que es llamado porque ha cautivado a Dios con sus dotes personales, con sus dotes personales, con su santidad o con sus obras.

En este pequeño grupo de elegidos podemos descubrir una gran variedad: conservadores y progresistas, vasallos de los romanos y revolucionarios. De esas historias variadas Jesús quiso hacer una comunidad que transformara el mundo, y a pesar de las diferencias logró unirlos en una misma misión.

El sentido del llamado era enviarlos a predicar, pero también con poder para liberar a la gente de sus males. No se trataba sólo de predicar, sino de ser instrumentos de un poder divino que libera a la gente de sus angustias.

Sin embargo, el texto dice en primer lugar que los llamó “para que estuvieran con él”. Es la intimidad con él lo que da sentido y vigor a la tarea que les encomienda, intimidad que luego de su partida se convertirá en una presencia poderosa que seguirá actuando a través de ellos (Mc 16, 20). No se trata entonces de una relación afectuosa que se queda en la conciencia de los discípulos, sino de un encuentro de amor que impulsa a la misión, que debe ser comunicado a los demás.

Podemos preguntarnos si en nuestras vidas están presentes estas dos dimensiones sin oponerlas entre sí: la contemplación íntima y la actividad. Más aún, tendríamos que intentar que el encuentro íntimo con Jesús nos ayude a descubrirlo presente en la actividad, a darle una “mística” a la actividad, a vivir una “espiritualidad en la acción”.

Oración:

“Quiero escuchar una vez más tu llamado Señor, y volver a entusiasmarme llevando tu Palabra y haciendo el bien con tu poder, viviendo tu presencia sublime en medio del trabajo y la lucha cotidiana, sabiendo que estás, que siempre estás”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO 3º DEL TIEMPO ORDINARIO

SALUDO

Dios nuestro Padre, que en Jesucristo asume nuestra naturaleza humana y nos da la fuerza de su Espíritu, esté con todos nosotros.

ENTRADA

Hermanos, una vez más vamos a celebrar la memoria de Jesús. Él está en medio de nosotros, ya desde el principio, porque nos reunimos en su nombre y él nos  prometió su presencia a los que aquí se se reuniesen. Puestos pues en la presencia de Dios, y sintiéndonos en comunión con todos los creyentes cristiaanos que hoy  a lo largo y ancho del mundo celebran la Eucaristía , dispongamos nuestro corazón para alabar al Señor y acoger su palabra y su presencia.

ACTO PENITENCIAL

Cuando somos capaces de parar, por un momento, del ajetreo de la vida diaria, podemos ver las cosas que hacemos mal. Pidamos per­dón por ellas.

– Tú, que siempre esperas nuestra conversión, nuestro cambio de actitudes. SENOR, TEN PIEDAD.

– Tú, que nos traes la Buena Noticia de un Reino de verdad, de jus­ticia y de paz. CRISTO, TEN PIEDAD.

– Tú, que nos llamas para que colaboremos contigo en la construc­ción de un mundo de hermanos. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Perdónanos, Señor, por tu bondad y como lo esperamos de tu infinita misericordia. Por Jesucristo.

ORACION COLECTA

Dios y Padre nuestro, que en la persona de Jesús nos muestras tu gran amor; haz que nuestra vida, iluminada por Ti, dé en abundancia frutos de amor y de justicia, para que todos vivamos como hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA NARRATIVA

Nínive, la gran ciudad, representa al mundo que vive apartado de Dios; Jonás representa al evangelizador, el enviado por Dios para pro­mover el arrepentimiento de aquel para que todos se convirtieran y vivieran; bien podemos aprender nosotros del ejemplo del profeta.

LECTURA APOSTOLICA

Nos dejamos llevar fácilmente por las ideas de moda, consideran­do necesarias cosas secundarias y relegando al olvido lo verdadera­mente importante. Lo más importante es vivir en amistad con Dios y en fraternidad con las personas.

LECTURA EVANGELICA

En este fragmento evangélico que vamos a leer, Marcos nos rela­ta lo que fue la primera predicación de Jesús: «El Reino de Dios está

 

ORACION DE LOS FIELES

Unidos en la fe y la esperanza, oremos a Dios nuestro Padre diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

  1. Por la Iglesia. Que la Palabra de Dios tenga el relieve y el valor que le corresponden a través de su lectura, estudio, reflexión y oración. OREMOS:
  2. Por todas las Iglesias y comunidades cristianas: por los católicos, los ortodoxos, los protestantes, los anglicanos. Que lleguemos un día a formar una única Iglesia, como Jesús pidió. OREMOS:
  3. Por todos los que creemos en Jesucristo. Que nos mantengamos en su amor y demos mucho fruto. OREMOS:
  4. Por la conciencia misionera de toda la Iglesia. Que crezca en todos los cristianos, ya desde niños, esa vocación para dar testimonio de Jesucristo en nuestra vida. OREMOS: 5. Por todos nosotros. Que la Eucaristía de este domingo nos aumente la fe, la esperanza y el amor. OREMOS:

Escucha, Padre, esto que te hemos pedido con fe. Y da a los cristianos y a toda la humanidad el don de la unidad y de la paz. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, recibe con cariño estas ofrendas que te presentamos y, al santificarlas para nuestro bien, haz que lleguen a ser para nosotros dones de salvación. Por Jesucristo.

Prefacio de la Unidad de los Cristianos o bien prefacio dominical*

PREFACIO

Señor, te alabamos, te bendecimos y te damos gracias por todas las cosas buenas que hay en la vida, por la Luz que Tú pones en nues­tros corazones y, sobre todo, por Jesús, que nos anuncia la llegada de tu Reino con sus palabras y con sus obras.

Un Reino para los valientes, que nos llama a convertirnos y a cambiar de vida; un Reino para los sencillos, que acoge a cuantos, conscientes de su pequeñez, han aprendido que nada hay más seguro en esta vida que ponernos en tus manos. Por eso, ahora, llenos de gozo, proclamamos tu gloria diciendo: Santo, Santo, Santo..

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ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Gozosos por haber participado en esta Eucaristía te pedimos, Señor, tu ayuda, para que siempre te sintamos cercano a nosotros, de modo que nunca perdamos ni la alegría ni la esperanza de que un día nos llevarás a tu Reino, a ser felices contigo para siempre. Por Jesucristo.

 DESPEDIDA:

La eucaristía ha de devolvernos a la vida diaria con un corazón renovado y convertiudo, decidido a provocar  y construir ese reino de Dios que, según la palabra de Jesús está tan cercano y es tan urgente. Vayamos en paz.

La misa del domingo

Refiere Marcos que una vez arrestado Juan el Bautista, Jesús se dirige a Galilea para iniciar su predicación. Lo hace con este llamado: «Se ha cumplido el plazo; está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio».

La expresión “se ha cumplido el plazo” así como “está cerca el reino de Dios” eran expresiones “escatológicas”, es decir, en el ambiente judío evocaban de inmediato la llegada del Mesías enviado por Dios al final de los tiempos, y el triunfo definitivo de Israel sobre las naciones paganas.

El sentido exacto de la palabra griega egiken puede traducirse por “está cerca” o “se acerca”, pero puede significar también que “ya llegó”, es decir, que el reino de Dios ya está presente. Y así lo usa el Señor en los Evangelios, unas veces habla del reino que ya llegado en su persona y sus actos, y otras veces lo ubica temporalmente en un futuro próximo.

Ante esta cercanía o ya presencia del reino de Dios, el Señor hace un llamado al “arrepentimiento”. La palabra griega metanoeíte, “conviértanse”, literalmente se traduce por “cambien de forma de pensar”. La expresión metanoia se usa en todo el Nuevo Testamento para hablar de conversión, y es que todo cambio de conducta necesariamente debe proceder de un cambio de mentalidad. No puede haber una verdadera conversión o cambio de conducta sin una nueva forma de pensar, y esta nueva forma de pensar debe ser la de Cristo mismo. Es por eso que el Señor al llamado que hace a cambiar de mentalidad añade inmediatamente: «y crean en el Evangelio». Es decir, el cambio de mentalidad (metanoia) consiste en el esfuerzo de abandonar los criterios que llevan a obrar en contra de los mandamientos divinos para «asimilar los valores evangélicos que contrastan con las tendencias dominantes en el mundo» (S.S. Juan Pablo II, Ecclesia in America, 28). O, en otras palabras, «la conversión (metanoia), a la que cada ser humano está llamado, lleva a aceptar y hacer propia la nueva mentalidad propuesta por el Evangelio. Esto supone el abandono de la forma de pensar y actuar del mundo, que tantas veces condiciona fuertemente la existencia» (S.S. Juan Pablo II, Ecclesia in America, 32). Así, pues, la verdadera conversión consiste en tener «la mente de Cristo» (1Cor 2,16) y, en consecuencia, sentir y actuar como Cristo mismo.

Del llamado que el Señor hace a la conversión y a creer en el Evangelio, el evangelista pasa a describir el llamado que el Señor hace a algunos ir con Él: «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres».

Este llamado lo dirige el Señor primero a los hermanos Simón y Andrés, que «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron». Eran pescadores de oficio. Cabe recordar que Andrés y Simón ya conocían al Señor Jesús (ver Jn 1, 35-42).

De Juan y Santiago, también pescadores que ejercían su oficio en el lago de Galilea, dice el evangelista además que «dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los trabajadores y se fueron con Él». El padre de Juan y Santiago era propietario de barcas y redes, lo cual habla de un cierto nivel económico dentro de la modestia del oficio de pescador.

Por el evangelista Lucas (5,10) sabemos también que entre Pedro, Juan y Santiago, al menos, habían establecido una cierta “sociedad” de pesca.

 

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

El mar es el hábitat propio de los peces y de toda criatura marina, mas no del ser humano. Éste se ahoga y muere si —desprovisto de cualquier dispositivo para respirar— permanece sumergido en la profundidad de las aguas por mucho tiempo. Esto es lo que figurativamente sucede con el hombre cuando decide apartarse de Dios y peca: se sumerge en la profundidad del mar, se ahoga sin poder “respirar”, se destruye a sí mismo. El pecado es un acto suicida, enseñaba el Papa Juan Pablo II. En la mentalidad hebrea el mar era el símbolo del domino del mal y de la muerte. En efecto, el hombre sin Dios, apartado de Él por el pecado, hundido en las profundidades del mar de la muerte, «tiene nombre como de quien vive, pero está muerto» (ver Ap 3,1).

En este contexto ser pescador de hombres es el oficio de arrancar al ser humano de una situación de muerte en vida para llevarlo a participar de la Vida verdadera, la vida feliz a la que está llamado. Es lo que el Señor Jesús, Dios hecho hombre, ha hecho por nosotros: rescatarnos, arrancarnos, por su encarnación, muerte, resurrección y ascensión, de las profundidades de la muerte, del dominio de las tinieblas y del pecado, para llevarnos al ámbito propio de nuestra existencia: la tierra firme, al lugar donde el hombre puede respirar ampliamente, donde la luz del Sol —que simboliza a Cristo— hace resplandecer plenamente para nosotros la hermosura de la creación, donde ese mismo Sol nos calienta y nos da Vida verdadera. El Señor Jesús es el Pesador de hombres por excelencia.

El Señor ha querido asociar a su propia misión de “pescar hombres” a todos los que por el anuncio del Evangelio y por el Bautismo han sido ya rescatados del mal y la muerte. A ti y a mí, a todo bautizado, el Señor nos dice también hoy: “ven conmigo, y te haré pescador de hombres”. En primer lugar nos invita a seguirlo, a ir con Él por el camino, andar en su presencia, a aprender de Él, observándolo, conociéndolo, escuchando sus enseñanzas, viviendo la amistad que se nutre en el diálogo, en el compartir con Él las penas y alegrías, de los triunfos y las adversidades de cada día. Es fundamental guardar como hizo la virgen María las enseñanzas de su Hijo en la mente y en el corazón, para luego ponerlas por obra en la vida cotidiana, es necesario pensar y vivir de acuerdo al Evangelio. Orar con perseverancia es fundamental, como es también encontrarnos con el Señor en la Eucaristía dominical y acudir al sacramento de la Reconciliación cada vez que necesitamos de su perdón y de la gracia divina para levantarnos de nuestras caídas y seguir avanzando hacia el horizonte de santidad que el Señor nos señala. Quien así va con el Señor de camino, quien lo toma como Maestro y Señor, se va asemejando cada vez más a Él gracias a la acción de su divino Espíritu en nuestros corazones. Así aprendemos de Cristo a ser “pescadores de hombres” y experimentamos su mismo impulso y urgencia de trabajar por la reconciliación de los hombres. El verdadero discípulo de Cristo es por naturaleza apóstol.

Mas algunos, como lo fueron los apóstoles Pedro, Andrés, Santiago y Juan, son llamados con una vocación muy particular, con un llamado más radical que implica dejarlo todo por seguir a Cristo, por estar con Él para dedicar y entregar su vida completamente al anuncio de Su Evangelio.

Este llamado nunca puede ser tomado —y esa es la perspectiva del mundo— como una maldición. Al contrario, el creyente sabe bien que se trata de signo de un amor muy especial de Dios para con el elegido (Ver Jer 31,3), una enorme bendición tanto para el elegido como también para su familia.

La tarea de rescatar al ser humano de su miseria más profunda, de ser pescador de hombres, es hermosísima. En realidad, es la misión más importante que puede existir sobre esta tierra: liberar, en dura batalla en la que la Victoria es ya nuestra por Jesucristo, a sus hermanos humanos del dominio del mal, del pecado y de la muerte para ganarlos para la Vida plena. Su tarea es la de llevarlos al encuentro con el Señor Jesús, ayudarlos a reconciliarse con Dios para que también ellos puedan participar de su misma vida divina, de su comunión en el amor, para ayudarlos a ser hombres y mujeres de verdad. ¿Puede haber misión más grande que esa, que implica participar de un modo privilegiado de la misión que Dios mismo confió a su Hijo único, el Hijo de Santa María?

Si el Señor, que conoce tu corazón, que sabe para que estás hecho, te dirige su mirada cargada de amor y te dice: “Ven conmigo, y te haré pescadores de hombres”, no dudes en responderle. Ten el valor y el coraje, así como la confianza en el Señor, para dejarlo todo por el Señor, para anunciar Su Evangelio con la radicalidad de una vida entregada totalmente a Él. Recuerda que si el Señor te pide darlo todo por Él, ¡Él te dará cien veces más, y luego la vida eterna! (ver Mc 10,29-30). Confía en el Señor y no tengas miedo. Recuerda también que de la fiel respuesta a tal llamado depende tu propia felicidad y la de muchas otras personas, especialmente de tus familiares (aunque de momento ellos no lo vean así). ¡Una vocación es siempre fuente de muchas bendiciones para una familia que sabe abrirse a tan gran regalo de Dios!

Id a decírselo a todos

Id a contarlo, hermanos,
vamos a decírselo a todos:
que Dios está a nuestro lado,
que Él no son normas o ritos,
que Él nos ha soñado felices,
que viene a traernos la luz,
que ya basta de vivir a oscuras,
que con Él todo es vida y amor.

No te lo guardes para ti solo,
porque es una buena noticia,
Él quiere ser nuestro amigo,
vivir la historia a nuestro lado,
facilitarnos el camino
y darnos pistas para vivir.

Recuerda a tus hermanos
que el Reino está aquí, y ahora,
en el momento en que nosotros
queramos construirlo;
que no es nada lejano,
que es este momento
el principal para inventarlo,
que no perdamos tiempo
en hacerlo realidad,
que entre nosotros siempre haya igualdad.

Anima a todo el mundo
para que vayamos juntos
haciendo ya de esta tierra un lugar especial,
donde todos los seres
vivamos en igualdad de tareas y deberes.

No esperes a mañana,
invádete de Dios,
comienza aquí, ahora mismo,
a hacer la creación,
viviendo como hermanos
una historia de Amor.

Mari Patxi Ayerra

Comentario al evangelio – Viernes II de Tiempo Ordinario

Una nueva Alianza, que no necesita de los cruentos sacrificios de la Antigua, como veremos en las lecturas de mañana. Una Alianza eterna, con Aquel que nos es siempre fiel, aunque nosotros no lo seamos tanto. Un Dios que nos conoce mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos, y que ha puesto sus normas en nuestros corazones. Va a ser por eso que, cuando algo hacemos mal (o no tan bien como deberíamos), la voz interior que se llama conciencia nos avisa. Como una alarma que se dispara en presencia del enemigo.

Dios nos quiere de su parte, y por eso insiste, a tiempo y a destiempo. Y nos llama, para que estemos con Él. Para que seamos de los suyos. El Evangelio nos presenta la versión de Marcos de la llamada de los Discípulos, en el monte. Después de ascender a la montaña, llama a los que Él quiere. A su alrededor había muchas personas, hemos visto que a veces no podía ni andar, pero Él se fija en algunos. No los más listos, no los más altos, no los más guapos y, desde luego, no los que más sabían de Teología.  Pero sí que, en cada uno de ellos, vio una chispa de lo que ahora llamamos santidad. Los quiso cerca, para irlos moldeando a su imagen y semejanza.

Los llamó para una misión muy concreta: ir a predicar y expulsar demonios. Hablar a todos de que el tiempo se había cumplido, y que era hora de convertirse y creer en el Evangelio, en la Buena Nueva. Eso es predicar, con el ejemplo (que es la mejor manera de predicar) y de viva voz, cuando haya posibilidad. Como Jesús.

Siempre que escuchamos la lista de los elegidos por Cristo, podemos hacer el ejercicio de añadir a dicho elenco nuestro nombre. Sentir su mirada amorosa detenerse sobre mí, levantar los ojos, sentirse cautivado por su sonrisa, y escuchar cómo Él nos llama. Levantarnos, acercarnos a Él, y sentarnos cerca, para verle mejor, para oírle mejor, para amarle mejor.

Alejandro Carbajo, cmf