Vísperas – La Conversión de San Pablo

VÍSPERAS

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Con presunción de bélico soldado,
galán sale y feroz Pablo atrevido,
que, si ahora en la cuenta no ha caído,
caerá muy presto del primer estado.

¿A dónde Pablo, de soberbia armado,
para quedar con una voz vencido?
Seguid las letras, ¿dónde vais perdido?,
que habéis de ser doctor del mayor grado.

Aunque valor vuestra persona encierra,
no es bien que nadie contra Dios presuma,
que dará con los ojos por la tierra.

La Iglesia espera vuestra docta suma;
mirad que no sois vos para la guerra;
dejad las armas, y tomad la pluma.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

SALMO 125

Ant. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
´”el Señor ha estado grande con ellos”.
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer.

CÁNTICO de EFESIOS

Ant. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir; yo he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir; yo he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA: 1Co 15, 9-10

Yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te alabaré, Señor, de todo corazón.
V/ Te alabaré, Señor, de todo corazón.

R/ Daré gloria a tu nombre entre los gentiles
V/ De todo corazón.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te alabaré, Señor, de todo corazón.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Apóstol san Pablo, anunciador de la verdad y maestro de los gentiles, intercede por nosotros ante Dios, que te ha elegido.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Apóstol san Pablo, anunciador de la verdad y maestro de los gentiles, intercede por nosotros ante Dios, que te ha elegido.

PRECES

Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo, resucitado de entre los muertos, se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
— haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
— haz que sepamos proclamar el Evangelio a todas las criaturas.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
— danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
— haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,
— admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, tú que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol san Pablo, concede a cuantos celebramos su conversión caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – La Conversión de San Pablo

1.- Ambientación.

Señor, en la fiesta de la conversión de San Pablo, dame la gracia de experimentar, como el Apóstol, la alegría de la verdadera fe en Jesús. A Pablo no le hizo feliz el cumplimiento exacto y riguroso de las leyes de los fariseos. A Pablo le hizo feliz una persona, la persona de Jesús. Haz, Señor, que hoy me encuentre vivencialmente contigo. Haz que pueda decir con él: “Desde que he conocido a Jesucristo, todo lo considero basura”.

2.- Lectura reposada del evangelio: Marcos 16, 15-18

En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

         Hoy día la Iglesia celebra con júbilo la conversión de San Pablo. Para la Iglesia es mucho más importante este milagro interior del corazón que la resurrección de Lázaro. (milagro a la vista de todos). Y nosotros debemos dar cada día más importancia a lo que Dios hace en el corazón de cada uno que a las apariciones externas, que tanto nos gustan. El supremo don para nosotros es el Espíritu Santo. San Pablo, tanto se dejó trabajar por el Espíritu que, al final, ni él mismo se conocía. “Vivo, pero no yo. Es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2,20). Lo más importante de Pablo es que ha sabido colocar a Cristo en el Centro: en el centro del Cosmos, en el centro de la Iglesia, en el centro del mundo, en el mismo corazón del Padre. Viene a decirnos: O Cristo está en el centro o no está en ninguna parte. Para un cristiano, Cristo no es un paralelo, sino un meridiano que atraviesa todos los paralelos de su existencia.  

Palabra del Papa.

“Jesús lo dijo a los discípulos de ayer y nos lo dice a nosotros: ¡vayan!, ¡anuncien! La alegría del evangelio se experimenta, se conoce y se vive solamente dándola, dándose…Jesús los envía a todas las naciones. A todas las gentes. Y en ese “todos” de hace dos mil años estábamos también nosotros. Jesús no da una lista selectiva de quién sí y quién no, de quiénes son dignos o no de recibir su mensaje y su presencia. Por el contrario, abrazó siempre la vida tal cual se le presentaba. Con rostro de dolor, hambre, enfermedad, pecado. Con rostro de heridas, de sed, de cansancio. Con rostro de dudas y de piedad. Lejos de esperar una vida maquillada, decorada, trucada, la abrazó como venía a su encuentro. Aunque fuera una vida que muchas veces se presenta derrotada, sucia, destruida. A «todos» dijo Jesús, a todos, vayan y anuncien; a toda esa vida como es y no como nos gustaría que fuese, vayan y abracen en mi nombre. Vayan al cruce de los caminos, vayan… a anunciar sin miedo, sin prejuicios, sin superioridad, sin purismos a todo aquel que ha perdido la alegría de vivir, vayan a anunciar el abrazo misericordioso del Padre. Vayan a aquellos que viven con el peso del dolor, del fracaso, del sentir una vida truncada y anuncien la locura de un Padre que busca ungirlos con el óleo de la esperanza, de la salvación. Vayan a anunciar que el error, las ilusiones engañosas, las equivocaciones, no tienen la última palabra en la vida de una persona. Vayan con el óleo que calma las heridas y restaura el corazón”. (Homilía de S.S. Francisco, 23 de septiembre de 2015).

4.- Que me dice hoy a mi este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Pedir al Espíritu Santo que me convierta, que me vaya transformando poco a poco en discípulo fiel a Jesús.  

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, cuando pienso en el Apóstol Pablo, siento vergüenza al comparar su vida con la mía.  En él no hay un “sí” y un “no” sino que después de haberse encontrado con Jesús sólo hay un sí, un sí total a Dios y a los hermanos. Lo que predicaba era la glosa de su vida. Y por eso convencía. Dame, Señor, el fuego que ardía en el corazón de Pablo. 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Todo el mundo te busca

Un nuevo modo de enseñar con autoridad

Así es percibido Jesús por el pueblo. Y así el pueblo lo ensalza en contraposición con los letrados.A Jesús se atribuye la “autoridad, y se niega a los letrados. Su enseñanza se califica como «nueva»;esto implica que la de los letrados es vista como «antigua». Jesús, sin “autorización legal” para enseñar lo realiza y con autoridad, en favor de los que sufren y los marginados; los que tienen autoridad legal para enseñar sólo realizan, en cambio, una práctica ideológica y estéril para la vida del pueblo.

En definitiva, lo que le llamaba la atención a la gente es que les hablaba de Dios de una manera muy cercana, tan cercana que hasta la gente más sencilla lo podía entender. Dios estaba al alcance de la mano. Dios estaba en la vida cotidiana, entre las personas, preocupado y ocupado de nuestras cosas, de nuestras alegrías y de nuestros problemas, y no allá en el cielo, distante y lejano, solo accesible para los que tenían estudios y podían leer y profundizar la Palabra de Dios. Jesús estaba acercando la Buena Noticia del evangelio a la gente más sencilla, a los más pobres. Y la gente lo entendía y lo acogía con alegría.

Jesús quiere acercar a Dios a las personas sencillas

Por eso usa un lenguaje sencillo, usa parábolas, para que la gente más humilde le pueda entender y puedan reconocer que en Él está Dios. Un Dios que viene a decirles que está de su parte, que ama a todas las personas, porque todos somos sus hijos, pero especialmente a los más pobres y desfavorecidos. Que no quiere más injusticias, ni más abusos hacia los pobres. Y que ha enviado a su hijo Jesús como el Mesías esperado, para que anuncie el Reino de Dios y la Buena Noticia. Jesús es esa Buena Noticia de parte de Dios.

En la sinagoga se interpreta con precisión y rigor la ley, pero el endemoniado sigue dominado por su enfermedad y aplastado por su misma sensación de desamparo y dependencia. Hasta que llega Je­sús. Después de enseñar, toca actuar. Jesús pasa a la acción que es como mejor se aprende. Si Jesús ha dicho que Dios está cerca de los más desfavorecidos, allí hay una persona atrapada, esclavizada, impedida, atemorizada, marginada por su propia gente.

Su práctica revoluciona el ambiente. Los letrados callan, pero la gente sabe discernir. Jesús libera y sana, enseña con autoridad, no como los letrados. Esto es nuevo, una buena noticia, y causa asom­bro en el pueblo. Pero quienes se sienten desenmascarados y despo­seídos de su poder por su práctica, callan o gritan, no disciernen, se evaden de la conversión. Y no aceptan los signos del Reino.

Para aquel hombre, el encuentro con Jesús fue una Buena Noticia, porque salió de allí como una persona nueva, libre, con posibilidad de hacer de nuevo una vida normal y reincorporarse a su familia, a la vida social y laboral, y también a la vida religiosa. Seguramente, no pasaría ni un día en adelante en que no diera testimonio a sus paisanos de lo que Jesús había hecho con él. Por eso dice también el evangelio que la fama de Jesús se extendió por toda la comarca.

¿Qué nos quiere decir el Señor con todo esto?

Que el mensaje de Jesús es una Buena Noticia y que hay que vivirla como tal. Que no tengamos miedo de acercarnos a su Palabra y dejarnos transformar por ella, como a aquel hombre le pasó. Y que hagamos de nuestra vida un gran testimonio, un gran mensaje para todas las personas, de lo mucho y lo bueno que hace Dios con cada uno de nosotros. La fe es para vivirla con alegría, con esperanza y con gozo. Y la Eucaristía es el momento donde compartimos todo eso, como hermanos, como hijos todos de un mismo Padre que nos quiere. Vivámoslo así.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.

Comentario – Lunes III de Tiempo Ordinario

(Mc 2, 23-30)

Como Jesús despertaba admiración con sus prodigios, los maestros de la Ley encontraron una forma de desacreditarlo: diciendo que lo que él hacía era obra del mismo Satanás.

Aquí la blasfemia contra el Espíritu Santo es la actitud del que se cierra a la acción del Espíritu poniendo como excusa que esa acción viene de Satanás; es ver los signos que Dios le regala para que crea, pero terminar haciendo callar a Dios con excusas blasfemas con tal de no cambiar los propios planes.

Este pecado contra el Espíritu Santo designa entonces al corazón cerrado que rechaza la Palabra de Dios, rechaza los signos de su amor, y en definitiva rechaza el perdón de Dios, y por eso no puede ser perdonado mientras persevere en esa actitud, ya que Dios no actúa en contra de las decisiones de la libertad humana. Libertad enferma, pero que nos permite hacer una historia, caer y volver a levantarnos, y también nos permite decir que, si seguimos el camino de Dios no es porque él nos haya forzado. La iniciativa siempre es suya, y él nos da su gracia para que podamos responderle; pero hay una respuesta que debe brotar de nuestra libre aceptación.

Digamos también que este texto nos alerta contra el peligro de la división, porque Jesús asume un proverbio popular que decía que un lugar donde hay división no puede subsistir, que para la subsistencia de algo es necesaria la unidad. Así nos motiva a descubrir que es mejor luchar juntos para poder resistir a las tentaciones y seducciones del mal, como diciéndonos que si nos quedamos solos y nos aislamos somos mucho más vulnerables que si vivimos el ideal de la unidad.

Oración:

“Espíritu Santo, toca los corazones que se han cerrado a tu gracia, que no pueden ver los signos de tu amor, y rechazan tu perdón; sedúcelos con la atracción de tu gracia, sigue invitándolos a tu amistad, no dejes de mostrarle la belleza de Jesús”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

84. Por una antigua tradición cristiana, el Oficio divino está estructurado de tal manera que la alabanza de Dios consagra el curso entero del día y de la noche, y cuando los sacerdotes y todos aquellos que han sido destinados a esta función por institución de la Iglesia cumplen debidamente ese admirable cántico de alabanza, o cuando los fieles oran junto con el sacerdote en la forma establecida, entonces es en verdad la voz de la misma Esposa que habla al Esposo; más aún, es la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre.

Homilía – Domingo IV de Tiempo Ordinario

Jesús empieza su misión de Profeta

Todavía es reciente nuestra celebración de la Navidad. Aquel a quien con- templábamos como Niño se nos aparece ahora como el Mesías, el Maestro, el Profeta que habla de parte de Dios a la humanidad.

En la escena tan significativa de su Bautismo en el Jordán ya escuchábamos su proclamación, a modo de investidura, de esta misión mesiánica. Ahora, siguiendo el evangelio de Marcos, iremos viendo cómo la desarrolla.

Hoy – y los dos domingos siguientes- Marcos nos ofrece, a modo de programa, cómo era una “jornada” en la vida de Jesús, empezando por su intervención en la sinagoga y su primer milagro liberando de su mal a un poseso.

A lo largo del año tenemos un Profeta a quien escuchar y a quien seguir.

 

Deuteronomio 18,15-20. Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Este libro es el último de los cinco que componen el Pentateuco. En concreto leemos hoy, de la despedida de Moisés antes de que el pueblo entrara en la tierra prometida, el anuncio que les hace de un profeta que Dios piensa suscitar en el futuro.

Ese profeta será según Dios: “pondré mis palabras en su boca”. No como los falsos profetas, que también existirán, pero que Moisés, de parte de Dios, desautoriza radicalmente: “el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, morirá”.

El salmo se hace eco de la voz divina que los profetas harán oír al pueblo, y no como tantas veces había pasado -y seguiría pasando- que el pueblo se hacía el sordo a estas voces proféticas: “ojalá escuchéis hoy su voz… no endurezcáis el corazón, como cuando vuestros padres me pusieron a prueba”.

 

1Corintios 7, 32-35. La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos

Del capítulo 7 de esta carta de Pablo no leemos estos domingos más que pequeños pasajes que seguramente responden a consultas que le habían hecho. Esta vez la pregunta versa sobre el matrimonio: ¿es mejor el celibato o el matrimonio?

El argumento que aporta aquí Pablo para mostrar los bienes del celibato es que el soltero, y la soltera, pueden dedicarse mejor a “los asuntos del Señor”, asuntos que no especifica, pero que habría que interpretar a partir de su situación personal: Pablo es célibe y entregado totalmente a la evangelización. Para él esto es “una cosa noble” y le permite “el trato con el Señor sin preocupaciones”.

 

Marcos 1, 21-28. Enseñaba con autoridad

Hoy escuchamos la primera actuación de Jesús en público. Con los discípulos a los que acaba de llamar, va a Cafarnaún, que va a ser una ciudad importante en su vida, casi como su punto de referencia.

Su enseñanza en la sinagoga -es sábado-, provoca la admiración de todos, porque enseña “con autoridad”. Luego libera a un hombre que estaba poseído por un “espíritu inmundo”, lo cual también hace que todos queden “estupefactos” ante la fuerza milagrosa de este hombre. No es extraño que “su fama se extendiera en seguida por todas partes”.

Son las primeras páginas del evangelio, llenas de éxitos y de admiración. Luego vendrán otras más conflictivas.

 

El Profeta verdadero

El Reino de Dios que anunciaba Jesús (lo leíamos el domingo pasado) ya ha llegado: es él mismo, y se manifiesta, ante todo, por la Palabra que proclama al pueblo de parte de Dios.

Si Moisés prometió para el futuro un profeta que predicaría en nombre de Dios, ahora podemos decir que ya ha llegado. En la sinagoga de Cafarnaún, aunque no sabemos qué pasaje bíblico le tocó comentar, todos quedan admirados de lo que dice. A partir de ahora, a lo largo del evangelio, aparecerá como “el Profeta” que esperaban.

Lo que más les extraña es que “enseña con autoridad”, no como los otros maestros y escribas. Habla con convicción y con libertad respecto a las escuelas rabínicas del tiempo. Además, su palabra va acompañada de obras prodigiosas.

Jesús cumple a la perfección lo que anunciaba Dios del futuro profeta: “pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande”. ¡Cuántas veces dijo Jesús, sobre todo según el evangelio de Juan, que lo que enseñaba era lo que había oído al Padre! Él es la Palabra viviente que Dios dirige a la humanidad.

En nuestra Eucaristía debemos prestar atención a la Palabra de este Profeta, que es la que nos va iluminando el camino: “ojalá escuchéis hoy su voz”.

Además, como cristianos del pueblo de Dios, que participamos de la misión profética de Cristo, sobre todo si somos ministros o agentes de pastoral de la comunidad, que recibimos un particular encargo de ser testigos y portavoces de Dios, debemos transmitir a los otros la voz de Dios. Pero antes el verdadero profeta debe escuchar humildemente a Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Dios. Si Jesús hablaba “con autoridad” es porque hablaba desde Dios, con el que se mantenía en perfecta sintonía.

Tal vez si nuestra predicación, o nuestra catequesis, no tiene “autoridad”, es porque los oyentes intuyen que lo nuestro es más bien “palabrería”, o que hablamos como meros repetidores de una lección que hemos aprendido y que nuestras palabras no van acompañadas de obras, de una vida consecuente.

No vaya a ser que merezcamos la acusación de “falsos profetas”, que tienen “la arrogancia de decir en nombre de Dios lo que él no les ha mandado”, o “hablan en nombre de dioses extranjeros”. En la confusión de ideologías que actualmente invade el mundo, es fácil caer en la tentación de presentar como palabra definitiva la que no lo es, y hablar movidos, no por el Espíritu con mayúscula, sino por otros espíritus, con minúscula, más cercanos a nuestro interés o a la moda o a la doctrina que más halague los oídos de la gente.

 

En lucha contra el mal

El Reino de Dios que viene a anunciar e instaurar Jesús no es sólo Palabra, sino también una fuerza poderosa que lucha contra el mal y lo vence. Es significativo que el primer milagro que narra Marcos es precisamente la liberación de un poseso: la victoria contra las fuerzas del mal.

Es verdad que a veces en la Biblia se nota la tendencia a interpretar todo mal como consecuencia del pecado o de la influencia del maligno, o sea, del demonio. Pero el evangelio distingue a veces muy bien lo que es enferme- dad y lo que es posesión diabólica, como en el diálogo que se establece en el pasaje de hoy entre “el espíritu” que atormentaba a aquel pobre hombre y Jesús, “el Santo de Dios”. Jesús trata de distinta manera a un “enfermo” que a un “poseso”.

Pero sea cual sea ese “espíritu” del mal, el evangelio nos asegura que Jesús viene como “el más fuerte” y se dispone a vencer a estas fuerzas del mal. Lo hace, no siguiendo las fórmulas y conjuros de los exorcistas de la época, sino con una orden tajante: “cállate y sal de él”, también esto “con autoridad”.

Todos deberíamos ser de algún modo “exorcistas”, o sea, liberadores. Porque sigue existiendo el mal, llámese como se llame: siguen esas fuerzas que actúan en el interior de cada persona y le llevan a hacer lo que no tendría que hacer. No se nos pide que hagamos milagros, pero sí que luchemos contra el mal en nosotros mismos y que contribuyamos también a que otros se liberen de toda “posesión” que les pueda esclavizar.

Con nuestra palabra oportuna y sobre todo con nuestra actitud de cercanía ¿liberamos a alguien de sus males? ¿comunicamos esperanza al que acude a nosotros? ¿le ayudamos a vencer los demonios del pesimismo, o de los criterios mundanos, o de los hábitos más o menos arraigados? ¿le ayudamos a ser más libre interiormente?

Podemos pedir, con sinceridad, cada vez que rezamos el Padrenuestro, para nosotros y para todo el mundo, lo que nos enseñó Jesús: “líbranos del mal”, que se puede traducir también “líbranos del maligno”.

 

Razón de ser del celibato

En el dilema entre matrimonio y celibato, escuchamos hoy los razonamientos de Pablo, que ciertamente no debemos considerar como un tratado completo sobre el sentido del matrimonio cristiano. En varios pasajes de sus cartas completa esta visión con otros aspectos.

Pablo no esconde su preferencia por el celibato, que personalmente ha adoptado para su vida y su ministerio, a diferencia, por ejemplo, de Pedro, que sí tenía mujer. Pero se entiende que alaba el celibato cuando es por vocación, no cuando es por comodidad o por desprecio del matrimonio.

El celibato él lo considera como una opción, y no como un mandato. En la Biblia se valora mucho el matrimonio y la fecundidad de los esposos, ya desde el inicio del Génesis: “creced y multiplicaos”. Pablo no expresa aquí desprecio por el estado matrimonial: él mismo expone la gran dignidad del matrimonio en Ef 5, donde considera la unión del hombre y la mujer como signo y sacramento del amor de Cristo a su Iglesia.

El argumento que emplea aquí a favor del celibato vocacional es que es “celibato por el Señor”, o sea, para dedicarse “a los asuntos del Señor”, como ha hecho él para dedicarse a su ministerio evangelizados Visto así, el celibato no es negación, ni vacío, sino plenitud y entrega más plena a una causa que se ha considerado superior. No es desprecio ni huida de las responsabilidades de la paternidad, sino carisma, don y vocación positiva.

Lo que sí dirá en varios pasajes de sus cartas es que cada uno debe ser fiel a su opción vocacional y, sea cual sea esta, trabajar por el Reino. El soltero y el casado y el viudo pueden cumplir dignamente en la comunidad eclesial una misión muy positiva a favor de la propagación del Reino. Aunque él haya preferido para sí mismo el celibato como el estado que le ha procurado libertad para su entrega más total a la evangelización.

José Aldazábal
Domingos Ciclo B

Mc 1, 21-28 (Evangelio Domingo IV de Tiempo Ordinario)

Las Buenas noticias de Dios, “desdemonizan”, es decir, liberan.

El evangelio de Marcos nos presenta la primera actuación de Jesús después de haber llamado a los discípulos. Entran en Cafarnaún y después en la sinagoga. Este es un relato que forma parte de un conjunto teológico, formal y literario, que se conoce como la “jornada de Cafarnaún (1,21-3,6)”. El evangelio de hoy es digno de consideración y de reflexión porque casi siempre se ha leído de una forma neutral o insustancial. Pero esta escena tiene mucho de programa en el evangelio de Marcos. Cuando en Mc 1,14-15 se anunciaba el tiempo nuevo, es ahora cuando se va a describir por qué es verdaderamente nuevo y cuál es su alcance. Los personajes son la “gente” y un “endemoniado”, es decir, los sencillos y los oprimidos. No tendría sentido que tratemos de identificar la “patología” de este enfermo, porque yo considero que la “patología”, además de psicológica, viene a ser espiritual y teológica y, por lo mismo, no menos humana.

Comienza en el día del sábado, dedicado al descanso para escuchar la palabra de Dios. Varias cosas debemos retener de esta narración: Jesús es invitado a comentar las Escrituras, y desde el comienzo, su enseñanza provoca la admiración, con toda seguridad por lo que dice. La gente le reconoce «autoridad» (exousía), cuando sabemos que Jesús no se había formado a los pies de un rabino, sino que todo lo sacaba de sí mismo, desde su experiencia interior. Ello pone de manifiesto que está en sintonía profética con Dios, y, por lo mismo, que se está cumpliendo lo previsto en el texto de Dt 18. Debemos entender que aquí la autoridad tiene ese sentido de fuerza profética que no se puede aprender en escuela alguna ni con ningún maestro de la ley. Al principio y al final del relato el coro de la gente se hace testigo de algo nuevo e inaudito. El “exorcismo”, como centro del relato, es la excusa “histórica” para que la gente respire con la llegada de este profeta a la sinagoga.

Le gente intuye que no es un comentador ramplón de textos de la Ley o de los Profetas, sino un verdadero creador de buenas noticias, con las que ha de enfrentarse a todas las situaciones (en cumplimiento de Mc 1,14-15). Es verdad que el texto no nos dice lo que Jesús hablaba, porque el objetivo en este caso es poner de manifiesto la “fuerza” liberadora y salvadora de su palabra en aquel personaje misterioso que se siente provocado por la explicación que Jesús hace de la Escritura. No sabemos si está comentando un texto de la Torah (de la ley) o de los profetas, como sucede en la narración de Lucas, en Nazaret (Lc 4,16ss). Pero el espíritu del relato apunta claramente al mismo tenor de las buenas noticias, por las que al hombre “enfermo” le aflora lo “endemoniado” que siempre había creído ser, como le habían enseñado tradicionalmente los “teólogos” y terapeutas de siempre.

La mentalidad de la época sobre el “endemoniado” debe tenerse muy en cuenta a la hora de leer e interpretar este relato. La palabra profética de Jesús hace que de aquél hombre salgan sus males, su misma mentalidad demoníaca, que le había provocado la “doctrina” tradicional y a-teológica de los encargados de la sinagoga. Es muy posible que algunos interpreten la capacidad de Jesús para enfrentarse como un psicoterapeuta al enfermo… pero sería demasiado técnico este asunto, Hay un trasfondo religioso y teológico, que no podemos olvidar. Si era un enfermo, estaba pagando alguna falta; esa era la tesis tradicional en el judaísmo de la época. ¿No era eso para endemoniarse? Jesús, pues, rompe barreras; pone de manifiesto la falsedad de una teología que atribuye a Dios lo que es de los hombres, de sus mentalidades cerradas y anquilosadas en el pasado y en un Dios sin corazón. Su interpretación hace de la sinagoga un verdadero ámbito de libertad, donde se escuchan palabras de vida y no de muerte.

En este relato tan particular se enfrentan dos mundos, el del enfermo y endemoniado con su doctrina y su mundo roto en mil pedazos y el del Jesús, el profeta que, de parte de Dios, anuncia un tiempo nuevo. Incluso los enfermos se resisten a dejar de ser lo que eran, o los que los otros querían que fueran. Su venganza es decir quién es Jesús, el “santo de Dios”, y esto en el evangelio de Marcos es como romper “el secreto mesiánico” que solamente había de revelarse en el fracaso de la cruz (allí lo hará un centurión pagano, Mc 15). Pero ya aquí se adelanta algo del triunfo de Jesús. Al revelar el “endemoniado” quién era Jesús, estaba poniendo de manifiesto que era capaz de reconocer la mano de Dios, como la gente, donde los encargados y dirigentes de la “palabra” y de las cosas de Dios solamente se ocupaban de condenar y de privar de dignidad y libertad a las personas. Este, y no otro, es el sentido de este relato que, sin duda, tiene cosas históricas de la praxis de Jesús de Nazaret. Pero lo más importante son sus significaciones, expresadas simbólicamente y no por ello menos reales, para los que acogen el mensaje nuevo de Jesús: las buenas noticias de parte de Dios, liberan psíquica y espiritualmente.

1Cor 7, 32-35 (2ª lectura Domingo IV de Tiempo Ordinario)

Para dedicarse a las cosas del Señor…

La segunda lectura es un texto que continúa con el tema de las preocupaciones de este mundo, como en el domingo pasado. Le han preguntado a Pablo algunas cosas desde la comunidad de Corinto y debe responder sobre el particular: ¿qué sentido tiene la virginidad, el no casarse con respecto al matrimonio? (7,1-40). ¿Qué es lo mejor para un cristiano o una cristiana? El contexto de lo que significaba el celibato y el desprecio de la mujer en una ciudad con fama de libertina, como era Corinto, no se puede obviar a la hora de valorar el conjunto.

Elegir el celibato con objeto de estar más libre para las cosas del Señor: predicación, compromiso comunitario… no debe significar un grado de perfección o un desenfoque desmesurado de la vida cristiana. Pablo habla desde su experiencia personal: si hubiera estado casado no podría haber trabajado de la misma manera en la predicación y en la fundación de comunidades, con desplazamientos e incluso con persecuciones por el anuncio del Reino… Pero su experiencia personal e intransferible no puede ser modelo legítimo más que para aquellos o aquellas que quieren dedicarse con absoluta libertad a esta causa. Fuera de ello, dedicarse al Señor y al Reino en la vida familiar es posible y necesario, pero no sería legítimo abandonar esas obligaciones que en el texto se llaman “del mundo” y que debemos entender como las cosas perentorias de la vida de cada día. Y entre ellas complacer al esposo o a la esposa y a los hijos

Sobre este texto se ha hablado mucho con respecto a la mentalidad ascética de Pablo. Desde luego, no podemos decir que el apóstol considera la vida célibe como más perfecta que la vida matrimonial, pero llama la atención sobre el hecho de que los que elijan no casarse -se está hablando de cristianos/as-, lo hagan con la intención de dedicar su tiempo y su esfuerzo a la causa del evangelio, ya que las personas casadas han de atender a las necesidades de la familia; sus preocupaciones por lo necesario para una familia son más fuertes. La vida no matrimonial deja más libertad para las obligaciones religiosas. Sin embargo, eso que Pablo escribió en la perspectiva de una final que se esperaba (es el texto inmediatamente anterior), cambia radicalmente en nuestro mundo y en la visión actual del matrimonio y la familia cristiana, porque todos los cristianos, casados o no, estamos llamados a dedicar nuestra vida a la causa del reino.

Dt 18, 15-20 (1ª lectura Domingo IV de Tiempo Ordinario)

El anhelo de un “profeta” verdadero

La primera lectura es un texto de los llamados “programáticos” en la teología deuteronomista, una teología de inspiración profética, que habría de dar como fruto una reforma en tiempos del rey Josías (621 a. C). Porque el libro del Deuteronomio sirvió como apoyo a los israelitas piadosos, que trasladados a Judá después del 721 a. C., traerían sus mejores tradiciones religiosas. Estos habrían de influir en algún círculo profético, que ponía su mente y su corazón en una vida más concorde con la Alianza que Dios hizo con Moisés en beneficio del pueblo. Aunque ahora ciertas cosas nos parezcan tradicionales, en aquél entonces eran verdaderamente renovadoras frente a los círculos del poder religioso, social y político.

En este texto se nos habla de la comunicación directa con Dios y de la transmisión de su palabra. En él se presenta a Moisés como mediador, pero anuncia un profeta definitivo que llevará a plenitud esa comunicación con Dios. Es un texto que ha venido a ser muy sugerente y del que se han valido casi siempre los que esperaban mucho más de la religión del Israel. El “profeta” no está definido y se presenta como verdadera alternativa al mismo Moisés. No está definido el profeta, porque es una misión de mucha envergadura. Los cristianos, de una forma muy particular, lo aplicaron a Jesús. Para muchos autores el texto de la sinagoga de Nazaret de Lc 4,16ss tiene algo de ello, aunque sea otro texto de Is 61,1-2 el que lo sustenta realmente.

Israel siempre suspiró por ese profeta definitivo, escatológico, pero no supo verlo en el momento adecuado. Es un texto que debe contemplarse como la gran alternativa a magos, adivinos, vaticinadores, etc.. El profeta no es ese tipo de hombres, ni desempeña esa función, como muchas veces se ha interpretado erróneamente. Su sintonía con Dios radica en saber escuchar sus palabras en lo más profundo de su ser, y de rastrear su impronta en la historia de los hombres. Es verdad que ha habido profetas verdaderos y profetas falsos, pero el pueblo ha sabido distinguir perfectamente entre unos y otros.

Comentario al evangelio – La Conversión de San Pablo

Este lunes, coincidiendo con la fiesta de la conversión de San Pablo, termina el octavario de oración por la unidad de los cristianos. En este contexto, escuchar la llamada de Jesús a ir al mundo entero y proclamar el Evangelio, me ha llevado a pensar en aquellos que hoy día la están escuchando y están respondiendo. La llamada es universal, a todo cristiano, laicos, seglares y sacerdotes, sí, y también a los cristianos de todas las Iglesias, no sólo la católica. No solo nosotros anunciamos la buena nueva a los pobres: en todas las Iglesias cristianas lo hacen, y a veces tan bien o mejor que nosotros. Conozco a dos grandes evangelizadores de iglesias evangélicas, pastor y una pastora, que anuncian la Buena Nueva a los que más sufren en realidades sociales muy difíciles. Cuánto ganaríamos si empezáramos a reconocernos como hermanos, a aceptarnos respetando nuestras diferencias, y a colaborar en la misión de anunciar y construir el Reino. Gracias a Dios, algunos pasos ya se han ido dando.

San Pablo respondió a la llamada de Jesús con un cambio radical de vida, pasando de ser perseguidor de los cristianos a anunciar a Cristo a todos en las diversas culturas con las que se encontró. Es el encuentro con el Señor el que le cambió la vida; también es así en nuestra experiencia como cristianos. Eso sí, de maneras diferentes: ese encuentro puede ser repentino o progresivo, puede ser desde fuera de la fe, o ya perteneciendo a diversas iglesias cristianas. Pero la conversión, la escucha de la llamada y el compromiso evangelizador surgen siempre del encuentro personal con Jesús. No hay otro camino: en la oración personal y comunitaria, en la escucha de la Palabra, en los pobres, en los sacramentos que cada Iglesia reconozca…

Necesitamos encontrarnos con Jesús. Todo lo nuevo nace de ese encuentro. La novedad del Reino, y con ella, la novedad de la unidad reconstruida de los cristianos y la novedad de una humanidad justa, pacífica, fraterna y respetuosa con la naturaleza.

Javier Goñi, cmf