Comentario – Martes III de Tiempo Ordinario

(Mc 3, 31-35)

Jesús no desprecia a su familia, pero quiere mostrar que la fe crea también lazos familiares, que se rompen las paredes del círculo familiar para abrir el corazón también a otros que pasan a ser verdaderamente hermanos.

El texto de Lucas 2, 41-51 muestra que Jesús respetaba a María y a José, pero que también debía abandonar esa intimidad de su pequeña familia para abrir su misión a todo el pueblo, porque esa era la voluntad de Padre, que él venía a cumplir. Él no vino a este mundo para encerrarse un pequeño mundo de afectos, sino para llegar a todos con el poder de Dios.

La expresión “hermanos” designaba en el lenguaje de aquella época a cualquier pariente próximo: tíos, primos, etc. Por eso la expresión “tu madre y tus hermanos” indicaba al conjunto de su círculo familiar más cercano. Por eso esta expresión no basta para decir que María tuvo otros hijos.

El evangelio de Juan indicará que su madre, que siempre lo buscaba, en realidad debía cumplir una misión suprema junto a él en la cruz. Allí sí Jesús volvería a la intimidad con su madre para realizar juntos la suprema voluntad del Padre. Junto a la cruz él y su madre fiel serían el modelo supremo para todo hombre y mujer y abrirían el camino de una nueva humanidad: él como Dios y redentor, ella como criatura humilde y como madre perseverante.

Oración:

“Señor, ayúdame a descubrir y valorar la nueva familia que me regalas, y concédeme que pueda vivir en familia mi relación contigo, que no me evada en una fe individualista, sino que reconozca a los hermanos que me has regalado”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día