Meditación – Martes III de Tiempo Ordinario

Hoy es martes III de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 31-35):

En aquel tiempo (…), Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Hoy Jesucristo nos revela el rostro familiar de Dios y la universalidad de su amor: todo hombre está llamado a formar parte de su «familia», de su «nosotros». La condición de «discípulo de Jesús» no se restringe a un grupo de seguidores del Maestro (a modo de «escuela» de pensamiento), sino que todo el que escucha y acoge la Palabra puede ser «discípulo».

Lo decisivo será la escucha y el seguimiento, no la procedencia o la estirpe. Todos estamos llamados a ser sus discípulos. Así, la actitud de ponerse a la escucha de la Palabra da lugar a un Israel más amplio, renovado, que, sin anular al antiguo pueblo israelita, lo abre a lo universal. El vehículo de esta universalización es «la nueva familia», cuya única condición previa es la comunión en la voluntad de Dios.

—Jesús, tu «Yo» no es un ego caprichoso que gira en torno a ti mismo, sino que es un Yo que escucha y obedece: la comunión contigo es comunión filial con el Padre.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Santos Timoteo y Tito

SANTOS TIMOTEO y TITO, obispos, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. IV para la 1ª lectura y vol. III-impar para el Evangelio

  • 2Tim 1, 1-8. Evoco el recuerdo de tu fe sincera.
  • Sal 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
  • Mc 3, 31-35. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi heramno y mi hermana y mi madre.

Antífona de entrada          Sal 95, 3-4
Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones; porque es grande el Señor y muy digno de alabanza.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy recordamos a dos de los discípulos más queridos de san Pablo, los santos Timoteo y Tito, compañeros suyos en sus viajes misionales, y a quienes dirigió cartas con variadas recomendaciones pastorales y les confió la dirección de las Iglesias de Éfeso y de Creta. Al recordar hoy a estos dos cristianos de los primeros tiempos, debemos sentirnos en comunión con la Iglesia que, desde los apóstoles, nos ha hecho llegar la fe de Jesucristo. Por eso comenzamos la Eucaristía pidiendo perdón por las veces que, con nuestra forma de vivir, hemos roto la comunión con Dios y con los hermanos.

• Tú que nos envías a dar testimonio de ti por todo el mundo. Señor, ten piedad.
• Tú que nunca abandonas a tu Iglesia. Cristo, ten piedad.
• Tú que siempre estás a nuestro lado animándonos a seguirte. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que hiciste brillar con virtudes apostólicas
a los santos Timoteo y Tito,
concédenos, por su intercesión,
que, viviendo en este mundo
con piedad y justicia,
merezcamos llegar a la patria celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos a Dios, Padre de todos los hombres, pidiéndole que sepamos cumplir siempre tu voluntad.

1.- Por la Iglesia; para que cumpla siempre y en todo momento la voluntad de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Por los jóvenes; para que estén dispuestos a entregar su vida en el ministerio sacerdotal. Roguemos al Señor.

3.- Por los pueblos de la tierra; para que superen todo lo que les desune y promuevan todo cuanto les acerca. Roguemos al Señor.

4.- Por los que odian, por los resentidos y amargados; para que descubran que la felicidad se encuentra en el perdón. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros; para que sepamos perdonar como Dios mismo nos perdona. Roguemos al Señor.

Señor y Dios nuestro, que nos tienes un lugar reservado en el seno de tu familia, guarda con amor a tu pueblo y concédele vivir siempre llevando a cabo tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Señor, los dones de tu pueblo
ofrecidos en la festividad de tus santos Timoteo y Tito
y concédenos agradarte
con sincero corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Mc 16, 15; Mt 28, 20
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio; yo estoy con vosotros todos los días, dice el Señor.

Oración después de la comunión
SEÑOR, Dios nuestro,
que los sacramentos que hemos recibido
alimenten en nosotros aquella fe
que nos enseñó la predicación apostólica
y conservaron celosamente los santos Timoteo y Tito.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 26 de enero

SAN POLICARPO, Obispo de Esmirna, Mártir

(¿155? d.C.)

San Policarpo fue uno de los más famosos entre aquellos obispos de la Iglesia primitiva, a quienes se les da el nombre de «Padres Apostólicos», por haber sido discípulos de los Apóstoles y directamente instruidos por ellos. Policarpo fue discípulo de San Juan Evangelista, y los fieles le profesaban una gran veneración. Entre sus muchos adictos, discípulos y seguidores se encontraban San Ireneo y Papías. Cuando Florino, que había visitado con frecuencia a San Policarpo, empezó a profesar ciertas herejías, San Ireneo le escribió: «Esto no era lo que enseñaban los obispos, nuestros predecesores. Yo te puedo mostrar el sitio en el que el bienaventurado Policarpo acostumbraba sentarse a predicar. Todavía recuerdo la gravedad de su porte, la santidad de su persona, la majestad de su rostro y de sus movimientos, así como sus santas exhortaciones al pueblo. Todavía me parece oírle contar cómo había conversado con Juan y con muchos otros que vieron a Jesucristo, y repetir las palabras que había oído de ellos. Pues bien, puedo jurar ante Dios que si el santo obispo hubiese oído tus errores, se habría tapado las orejas y habría exclamado, según su costumbre: ¡Dios mío!, ¿por qué me has hecho vivir hasta hoy para oír semejantes cosas? Y al punto habría huido del sitio en que se predicaba tal doctrina». La tradición cuenta que, habiéndose encontrado San Policarpo con Marción en las calles de Roma, el hereje le increpó, al ver que no parecía advertirle: ‘¿Qué, no me conoces?» «Sí, —le respondió Policarpo—, sé que eres el primogénito de Satanás». El santo obispo había heredado este aborrecimiento hacia los herejes, de su maestro San Juan, quien salió huyendo de los baños, al ver a Cerinto.

San Policarpo besó las cadenas de San Ignacio, cuando éste pasó por Esmirna, camino del martirio, e Ignacio a su vez, le recomendó que velara por su lejana Iglesia de Antioquía y le pidió que escribiera en su nombre a las Iglesias de Asia, a las que él no había podido escribir. San Policarpo escribió poco después a los Filipenses una carta que se conserva todavía y que alaban mucho San Ireneo, San Jerónimo, Eusebio y otros. Dicha carta, que en tiempos de San Jerónimo se leía públicamente en las iglesias, merece toda admiración por la excelencia de sus consejos y la claridad de su estilo. Policarpo emprendió un viaje a Roma para aclarar ciertos puntos con el Papa San Aniceto, especialmente la cuestión de la fecha de la Pascua, porque las Iglesias de Asia diferían de las otras en este particular. Como Aniceto no pudiese convencer a Policarpo ni éste a aquél, convinieron en que ambos conservarían sus propias costumbres y permanecerían unidos por la caridad. Para mostrar su respeto por San Policarpo, Aniceto le pidió que celebrara la Eucaristía en su Iglesia. A esto se reduce todo lo que sabemos sobre San Policarpo, antes de su martirio.

El año sexto de Marco Aurelio, según la narración de Eusebio, estalló una grave persecución en Asia, en la que los cristianos dieron pruebas de un valor heroico. Germánico, quien había sido llevado a Esmirna con otros once o doce cristianos se señaló entre todos, y animó a los pusilánimes a soportar el martirio. En el anfiteatro, el procónsul le exhortó compasivamente a no entregarse a la muerte en plena juventud, cuando la vida tenía tantas cosas que ofrecerle, pero Germánico provocó a las fieras para que le arrebataran cuanto antes la vida perecedera. Pero también hubo cobardes: un frigio, llamado Quinto, consintió en hacer sacrificios a los dioses antes que morir. Los autores de la carta de la que tomamos estos datos, condenan justamente la presunción de los que so ofrecían espontáneamente al martirio, como lo había hecho Germánico y explican que el martirio de San Policarpo fue realmente evangélico, porque el santo no se entregó, sino que esperó a que le arrestaran los perseguidores, siguiendo el ejemplo de Cristo. El extraordinario valor de Germánico y sus compañeros no hizo más que aumentar la sed de sangre de los espectadores. La multitud empezó a gritar: «¡Mueran los enemigos de los Dioses! ¡Muera Policarpo!» Los amigos del santo le habían persuadido que se escondiera, durante la persecución, en un pueblo vecino. Tres días antes de su martirio tuvo una visión en la que aparecía su almohada envuelta en llamas; esto fue para él una señal de que moriría quemado vivo como lo predijo a sus compañeros. Cuando los perseguidores fueron a buscarle, cambió de refugio, pero un esclavo, a quien habían amenazado con el potro si no le delataba, acabó por entregarle.

Herodes, el jefe de la policía, mandó por la noche a un piquete de caballería a que rodeara la casa en que estaba escondido Policarpo; éste se hallaba en la cama, y rehusó escapar, diciendo: «Hágase la voluntad de Dios». Descendió, pues, hasta la puerta, ofreció de cenar a los soldados y les pidió únicamente que le dejasen orar unos momentos. Habiéndosele concedido esta gracia, Policarpo oró de pie durante dos horas, por sus propios cristianos y por toda la Iglesia. Hizo esto con tal devoción, que algunos de los que habían venido a aprehenderle se arrepintieron de haberlo hecho. Montado en un asno fue conducido a la ciudad. En el camino se cruzó con Herodes y el padre de éste, Nicetas, quienes le hicieron venir a su carruaje y trataron de persuadirle de que no exagerase su cristianismo: «¿Qué mal hay —le decían— en decir Señor al César, o en ofrecer un poco de incienso para escapar a la muerte?» Hay que notar que la palabra «Señor» implicaba en aquellas circunstancias el reconocimiento de la divinidad del César. El obispo permaneció callado al principio; pero, como sus interlocutores le instaran a hablar, respondió firmemente: «Estoy decidido a no hacer lo que me aconsejáis». Al oír esto, Herodes y Nicetas le arrojaron del carruaje con tal violencia, que se fracturó una pierna.

El santo se arrastró calladamente hasta el sitio en que se hallaba reunido el pueblo. A la llegada de Policarpo, muchos oyeron una voz que decía: «Sé Inerte, Policarpo, y muestra que eres hombre». El procónsul le exhortó a tener compasión de su avanzada edad, a jurar por el César y a gritar: «¡Mueran los enemigos de los dioses!» El santo, volviéndose hacia la multitud de paganos reunida en el estadio, gritó: «¡Mueran los enemigos de Dios!» El procónsul repitió: «Jura por el César y te dejaré libre; reniega de Cristo». «Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador? Si lo que deseas es jure por el César, he aquí mi respuesta: Soy cristiano. Y si quieres saber lo que significa ser cristiano, dame tiempo y escúchame». El procónsul dijo: «Convence ni pueblo». El mártir replicó: «Me estoy dirigiendo a ti, porque mi religión enseña a respetar a las autoridades si ese respeto no quebranta la ley de DÍOH. Pero esta muchedumbre no es capaz de oír mi defensa». En efecto, lii rubia que consumía a la multitud le impedía prestar oídos al santo.

El procónsul le amenazó: «Tengo fieras salvajes». «Hazlas venir —respondió Policarpo—, porque estoy absolutamente resuelto a no convertirme del bien al mal, pues sólo es justo convertirse del mal al bien». El precónsul replicó: «Puesto que desprecias a las fieras te mandaré quemar vivo». Policarpo le dijo: «Me amenazas con fuego que dura un momento y después se extingue; eso demuestra que ignoras el juicio que nos espera y qué clase de fuego inextinguible aguarda a los malvados. ¿Qué esperas? Dicta la sentencia que quieras».

Durante estos discursos, el rostro del santo reflejaba tal gozo y confianza y su actitud tenía tal gracia, que el mismo procónsul se sintió impresionado. Sin embargo, ordenó que un heraldo gritara tres veces desde el centro del estadio: «Policarpo se ha confesado cristiano». Al oír esto, la multitud exclamó: «¡Este es el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el enemigo de nuestros dioses que enseña al pueblo a no sacrificarles ni adorarles!» Como la multitud pidiera al procónsul que condenara a Policarpo a los leones, aquél respondió que no podía hacerlo, porque los juegos habían sido ya clausurados. Entonces gentiles y judíos pidieron que Policarpo fuera quemado vivo.

En cuanto el procónsul accedió a su petición, todos se precipitaron a traer leña de los hornos, de los baños y de los talleres. Al ver la hoguera preparada, Policarpo se quitó los vestidos y las sandalias, cosa que no había hecho antes porque los fieles se disputaban el privilegio de tocarle. Los verdugos querían atarle, pero ‘él les dijo: «Permitidme morir así. Aquél que me da su gracia para soportar el fuego me la dará también para soportarlo

inmóvil». Los verdugos se contentaron pues, con atarle las manos a la espalda. Levantando los ojos al cielo, Policarpo hizo la siguiente oración: «¡Señor Dios todopoderoso, Padre de tu amado y bienaventurado Hijo, Jesucristo, por quien hemos venido en conocimiento de Ti, Dios de los ángeles, de todas las fuerzas de la creación y de toda la familia de los justos que viven en tu presencia! ¡Yo te bendigo porque te has complacido en hacerme vivir estos momentos en que voy a ocupar un sitio entre tus mártires y a participar del cáliz de tu Cristo, antes de resucitar en alma y cuerpo para siempre en la inmortalidad del Espíritu Santo! ¡Concédeme que sea yo recibido hoy entre tus mártires, y que el sacrificio que me has preparado Tú, Dios fiel y verdadero, te sea agradable! ¡Y o te alabo y te bendigo y te glorifico p o r todo ello, p o r medio del Sacerdote Eterno, Jesucristo, tu amado Hijo, con quien a Ti y al Espíritu Santo sea dada toda gloria ahora y siempre! ¡Amén!»

No bien había acabado de decir la última palabra, cuando la hoguera fue encendida. «Pero h e aquí q u e entonces aconteció u n milagro ante nosotros, que fuimos preservados para dar testimonio de ello —escriben los autores de esta carta—: las llamas, encorvándose como las velas de un navío empujadas por el viento, rodearon suavemente el cuerpo del mártir, que entre ellas parecía no tanto un cuerpo devorado por el fuego, cuanto un pan o un metal precioso en el horno; y un olor como de incienso perfumó el ambiente». Los verdugos recibieron la orden de atravesar a Policarpo con una lanza; al hacerlo, brotó de su cuerpo una paloma y tal cantidad de sangre, que la hoguera se apagó.

Nicetas aconsejó al procónsul que no entregara el cuerpo a los cristianos, no fuera que estos, abandonando al Crucificado, adorasen a Policarpo. Los judíos habían sugerido esto a Nicetas, «sin saber —dicen los autores de la carta— que nosotros no podemos abandonar a Jesucristo ni adorar a nadie más. Porque a El le adoramos como Hijo de Dios, y a los mártires les amamos simplemente como discípulos e imitadores suyos, por el amor que muestran a su Rey y Maestro». Viendo la discusión provocada por los judíos, el centurión redujo a cenizas el cuerpo del mártir. «Más tarde —explican los autores de la carta— recogimos nosotros los huesos, más preciosos que las más ricas joyas de oro, y los depositamos en un sitio dónde Dios nos concedió reunimos, gozosamente, para celebrar el nacimiento de este mártir». Esto escribieron los discípulos y testigos. Policarpo recibió el premio de sus trabajos, a las dos de la tarde del 23 de febrero de 155, o 166, u otro año.

Existe una muy vasta literatura, que no podemos citar aquí por entero, sobre San Policarpo y todo lo relacionado con él. Los principales puntos de discusión que pueden interesarnos son los siguientes: 1) la autenticidad de la carta que describe su martirio, escrita en nombre de la Iglesia de Esmirna: 2) la autenticidad de la carta de San Ignacio de Antioquía a San Policarpo; 3) la autenticidad de la carta de San Policarpo a los filipenses; 4) el valor de las informaciones que San Ireneo y otros autores primitivos nos dan sobre las relaciones de San Policarpo con el apóstol San Juan; 5) la fecha del martirio; 6) el valor de la Vida de Policarpo atribuida a Pionio. Por lo que toca a los cuatro primeros puntos, se puede decir que los especialistas sobre la Iglesia primitiva, se declaran casi unánimemente en favor de la tradición ortodoxa. Las conclusiones a las que llegaron tan laboriosamente, Lightfoot y Funk han sido finalmente aceptadas casi por unanimidad. Por consiguiente, dichos documentos pueden considerarse entre los más preciosos recuerdos que han llegado hasta nosotros sobre los primeros pasos en la vida de la Iglesia. Esos documentos que se encuentran reunidos en la obra inapreciable de Lightfoot, The Apostolic Fathers, ¡gnatius and Polycarp, 3 vols., y en la edición abreviada en un solo volumen de J. R. Harmer. The Apostolic Fathers (1891). En cuanto a la fecha del martirio, los escritores primitivos, basándose en la Crónica de Eusebio, aceptaban sin discusión que San Policarpo había muerto el año 166; pero los críticos actuales sitúan el martirio en los años 155 o 156. Ver, sin embargo, J. Chapman, quien en la Revue Bénédictine, vol. xix, pp. 145 ss., expone los motivos por los que prefiere el año 166; H. Grégoire, en Analecta Bollandiana, vol. LXIX (1951), pp. 1-38, arguye largamente en favor del año 177. Por lo que se refiere al sexto punto, es decir la biografía de Pionio, según la cual Policarpo había sido un esclavo rescatado por una piadosa dama, los críticos están actualmente de acuerdo en afirmar que se trata de una obra de imaginación, escrita tal vez en el último decenio del siglo IV. P. Corssen y E. Schwartz han intentado demostrar que la Vida de Policarpo es una obra auténtica del mártir San Pionio, quien murió en los años 180 o 250; pero Delehaye refutó ampliamente esta teoría en Les passions des martyrs et les genres littéraires (1921), pp. 11-59. Hay un excelente artículo sobre San Policarpo, escrito por H. T. Andrews, en la Encyclopaedia Britannica, undécima edición. Kirsopp Lake, en Loeb Classical Library, The Apostolic Fathers, vol. II, presenta el texto y la traducción del martirio; en la serie Ancient Christian Writers se encuentra sólo la traducción (vol. VI). Sobre la fecha del martirio, ver H. I. Marrou, en Analecta Bollandiana, vol. LXXI (1953), pp. 5-20.

Alban Butler

Laudes – San Timoteo y Tito

LAUDES

SAN TIMOTEO Y SAN TITO, obispos

 

Discípulos de san Pablo. Timoteo fue obispo de Éfeso; y Tito, obispo de Creta.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.

Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
jefe de tu pueblo.

Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo.

LECTURA: Hb 13, 7-9a

Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

R/ Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
V/ He colocado centinelas.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor, que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle, diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
— haz que por ellos continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu rebaño,
— no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesucristo, que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a los santos Timoteo y Tito, concédenos, por su intercesión, que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.