Meditación – Lunes IV de Tiempo Ordinario

Hoy es lunes IV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 5, 1-20):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas (…). Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes». Es que Él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Le contesta: «Mi nombre es Legión» (…).

Hoy Jesucristo nos desenmascara al «adversario» de Dios. La bestia, el poder adverso, no lleva un nombre, sino un número: «666 es su número», dice el vidente en el «Apocalipsis». En esta ocasión se presenta a sí mismo como «legión». Es un número y convierte a la persona en un número.

¿Una señal? Si bien el demonio es «indemostrable», quienes han vivido el mundo de los campos de concentración saben a qué equivale eso: su horror se basa precisamente en que borra el rostro, en que cancela la historia, en que hace de los hombres números, piezas recambiables de una gran maquinaria. Uno es una función y nada más. Y, si sólo existen funciones, entonces el hombre no es tampoco nada más. Lo que no es función no es nada. La bestia es número y convierte en número.

—Señor, porque tienes un nombre y me das un nombre y me llamas por mi nombre, yo no soy para ti una función en una maquinaria cósmica. ¡Soy tu hijo!

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Lunes IV de Tiempo Ordinario

LUNES DE LA IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Heb 11, 32-40. Por fe, conquistaron reinos. Dios tendrá preparado algo mejor a favor nuestro.
  • Sal 30.Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor.
  • Mc 5, 1-20.Espíritu inmundo, sal de este hombre

Antífona de entrada
Este es un verdadero mártir que derramó su sangre por el nombre de Cristo, no temió las amenazas de los jueces y así alcanzó el reino de los cielos.

Monición de entrada y acto penitencial
Conscientes de la necesidad que tiene el mundo del testimonio cualificado de hombres y mujeres cristianos que realicen en su vida los consejos evangélicos con una actitud total de renuncia y abnegación, ofrecemos hoy al Señor la celebración de la Eucaristía por las vocaciones a la vida religiosa, para que no falte nunca en la Iglesia el testimonio de la vida consagrada.

Comencemos pues la celebración de los sagrados misterios poniéndonos en la presencia del Señor, y pidiéndole humildemente perdón por todos nuestros pecados.

• Tú que te has hecho pobre por amor. Señor, ten piedad.
• Tú que has obedecido en todo la voluntad del Padre. Cristo, ten piedad.
• Tú que has vivido castamente en el cuerpo y en el espíritu. Señor, ten piedad.

Oración colecta
ESCUCHA, Señor,
a tu pueblo suplicante y,
por la protección de tu mártir san Blas:
concédenos gozar de paz en la vida presente
y encontrar ayuda para la eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos confiadamente a Diso nuestro Padre, que por medio de Jesucristo libera a todos los encarcelados por el pecado y las fuerzas del mal.

1.- Para que conceda a la Iglesia la libertad y la paz. Roguemos al Señor.

2.- Para que conceda a la Iglesia vocaciones que vivan para alabarlo y extender su Reino. Roguemos al Señor.

3.- Para que se digne establecer y conservar la justicia en todas las naciones. Roguemos al Señor.

4.- Para que consuele a los que sufren y dé la salud a los enfermos. Roguemos al Señor.

5.- Para que vivamos con austeridad, valorando lo que es verdaderamente necesario. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor nuestras súplicas, y concédenos un espíritu de pobreza que nos haga libres y disponibles para que así lleguemos a ser, como los apóstoles, auténticos testigos del evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS clementísimo,
derrama tu bendición sobre estos dones
y fortalécenos en la fe que confirmó san Blas
con el derramamiento de su sangre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 15, 1. 5
Yo soy la verdadera vid y vosotros los sarmientos, dice el Señor; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Oración después de la comunión
CONCEDE, Señor, a tus fieles,
alimentados con tu palabra y vivificados
con el sacramento del cielo,
beneficiarse de los dones de tu Hijo amado,
de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Santoral 1 de febrero

SAN PIONIO, Mártir (¿250? d.C.)

 

Pionio fue un presbítero de Esmirna y un genuino heredero del espíritu de San Policarpo. Hombre elocuente e ilustrado, convirtió a muchísimos a la verdadera fe. Durante la persecución de Decio (¿o de Marco Aurelio?), fue aprehendido, junto con Sabina y Asclepíades, al estar celebrando el aniversario de la fiesta del martirio de San Policarpo. Pionio fue prevenid en un sueño de su inminente destino. En la mañana, cuando los cristianos estaban tomando el “pan santo” (probablemente la eulogia bendecida y distribuida en la misa) con agua, fueron sorprendidos y apresados por Polemón, el sacerdote principal del templo. Durante largos interrogatorios, resistieron todas las solicitaciones para que ofrecieran sacrificios, y manifestaron que estaban prestos a sufrir los peores tormentos y aun la muerte, ante que ceder; declararon que adoraban a un solo Dios y que pertenecían a la Iglesia Católica. cuando le preguntaron a Asclepíades a cuál Dios adoraba, respondió: “No; es el mismo Dios a quien acaban de confesar”, clara declaración en esta época primitiva de la consubstancialidad de Dios Hijo. Sabina sonrió al oír las amenazas de que serían todos quemados vivos. Los paganos dijeron: “¿sonríes? Entonces serás enviada a los lupanares públicos”. Ella contestó: “Allí Dios me protegerá”.

Fueron encarcelados y pidieron que los pusieran en el calabozo menos accesible para poder orar con más libertad. Por la fuerza fueron arrastrados al templo y se hubo que utilizar la violencia para obligarlos a ofrecer sacrificios. Resistieron con todas sus fuerzas, al grado de que, como las actas del martirio relatan “se necesitaron seis hombres para subyugar a Pionio.” Cuando les colocaron guirnaldas en la cabeza, los mártires se las arrancaron; y el sacerdote que tenía la obligación de llevarles el manjar sacrificial tuvo miedo de acercárseles. Su constancia reparó el escándalo causado por Eudemón, obispo de Esmirna, que había apostatado y ofrecido sacrificios. Cuando el procónsul Quintiliano llegó a Esmirna, hizo que pusieran a Pionio en el potro y que su cuerpo fuera desgarrado con garfios, y luego lo condenó a la muerte. La sentencia se leyó en latín: “Pionio confiesa ser cristiano, y ordenamos que se le queme vivo”.

Con ardorosa fe, Pionio fue el primero en apresurarse para ir al estadio (campo público de carreras), y ahí se despojó de sus vestiduras. Su cuerpo no mostraba ninguna señal de la reciente tortura. Subió a la tarima de madera, dejó que el soldado fijara los clavos, cuando estuvo bien sujeto, el oficial que presidía dijo: “todavía puedes reflexionar y arrepentirte y se te quitarán los clavos”. Pero él contestó que su deseo era morir pronto para que más pronto pudiera resucitar de nuevo. De pie y mirando hacia el oriente, mientras amontonaban a su alrededor la leña, Pionio cerró los ojos, de modo que la gente creyó que se había desmayado. Sin embargo, estaba rezando en silencio, y una vez que llegó al fin de su oración, abrió los ojos y dijo “Amén”, con el rostro radiante, mientras las llamas se elevaban a su alrededor. Por fin con las palabras: “Señor, recibe mi alma”, entregó su espíritu, tranquilamente y sin dolor, al Padre que ha prometido guardar a toda alma injustamente condenada. Todo lo anterior parece el relato de un testigo ocular, quien añade que, cuando el fuego se apagó, “los que estábamos allí cerca vimos su cuerpo como si fuera el de un robusto atleta; ni los cabellos,  ni las mejillas estaban chamuscados, y su rostro resplandecía asombrosamente”.

Eusebio cita las actas del martirio, que se suponen escritas por un testigo de vistas y han sido publicadas por Ruinart, quien las tomó del latín; pero también existe un texto griego que probablemente es el original. Lightfoot dice de ellas, “estas actas tienen todas las pruebas de la autenticidad”, y Delehaye, que discute la cuestión con bastante extensión en Les Passions des Martyrs… (1921), pp. 2759, está de acuerdo en todo. El texto griego de las Actas  puede encontrarse excelentemente traducida al inglés en la obra de J.A.F. Gregg The Decian Persecution, pp. 249-261. Para la cuestión de la fecha, Cf. H. Grégoire en Analecta Bollandiana, vol. LXIX (1951), pp. 1 y ss.

Alban Butler

Laudes – Lunes IV de Tiempo Ordinario

LAUDES

LUNES IV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aclamemos al Señor con cantos.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.

Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.

SALMO 89: BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

CÁNTICO de ISAÍAS: CÁNTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las costas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las costas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba, aguantaba;
como parturienta, grito,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran;
ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

 

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y Dios su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

LECTURA: Jdt 8, 21b-23

Recordad cómo fueron probados nuestros padres para ver si verdaderamente servían a su Dios. Recordad cómo fue probado Abrahán, nuestro padre; y, purificado por muchas tribulaciones, llegó a ser amigo de Dios. Del mismo modo, Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

R/ Cantadle un cántico nuevo.
V/ Que merece la alabanza de los buenos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

PRECES

Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él, diciendo:

Te alabamos, Señor, esperamos en ti.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
— continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que, con el Padre, sigues actuando siempre en el mundo,
— renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos,
— para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
— haznos buenos administradores de tu múltiple gracia a favor de nuestros hermanos.

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu luz, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.