II Vísperas – Presentación del Señor

II VÍSPERAS

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

De una Virgen hermosa
celos tiene el sil,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

Cuando del oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la Estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

“Hermosa María
-dice el sol, vencido-,
de vos ha nacido
el Sol que podía
darle al mundo el día
que ha deseado.”

Esto dijo, humillado,
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

Al Padre y al Hijo
gloria y bendición,
y al Espíritu Santo
por los siglos honor. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Simeón había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Simeón había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

SALMO 129: DESDE LO HONDO, A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Ofrecieron por él al Señor un par de tórtolas o dos pichones

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ofrecieron por él al Señor un par de tórtolas o dos pichones

CÁNTICO del COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.

LECTURA: Hb 4, 15-16

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilio oportunamente.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha dado a conocer a su Salvador.
V/ El Señor ha dado a conocer a su Salvador.

R/ A quien ha presentado ante todos los pueblos
V/ A su Salvador.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha dado a conocer a su Salvador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Hoy la bienaventurada Virgen María presentó al niño Jesús en el templo, y Simeón, lleno del Espíritu Santo, lo tomó en brazos y bendijo a Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hoy la bienaventurada Virgen María presentó al niño Jesús en el templo, y Simeón, lleno del Espíritu Santo, lo tomó en brazos y bendijo a Dios.

PRECES
Adoremos a nuestro Salvador, que hoy fue presentado en el templo, y supliquémosle:

Que nuestros ojos, Señor, vean tu salvación.

Cristo Salvador, que eres luz para alumbrar a las naciones,
— ilumina a los que no te conocen, para que crean en ti, Dios verdadero.

Redentor nuestro, que eres gloria de tu pueblo Israel,
— haz que tu Iglesia brille entre las naciones.

Jesús deseado de todos los pueblos, a quien los ojos del justo Simeón vieron como Salvador,
— haz que tu salvación llegue a todos los hombres.

Señor, en cuya presentación fue anunciada a María, tu madre, una espada de dolor,
— fortalece a los que sufren tribulación por causa de tu servicio.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo, felicidad de los santos, a quien Simeón pudo ver antes de morir, como era un su ardiente deseo,
— muéstrate a los difuntos que anhelan tu visión.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentado delante de ti con el alma limpia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Presentación del Señor

1.- Introducción.

Señor, dame la virtud del desprendimiento. Toda mujer israelita, al rescatar a su hijo, lo consideraba ya suyo, le pertenecía. Pero María sabe que ese hijo que ha llevado nueve meses en su vientre y lo ha parido, no le pertenece. Es de Dios. María acepta todo lo que viene de Dios. No sabe decir no a Dios. Es la mujer del sí. Dame a mí también Señor, esa disponibilidad de María.

2.- Lectura sosegada del evangelio Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

“Una espada te atravesará el alma”. María vivió siempre con una espada atravesada, no en el cuerpo sino en el alma. Cuando duele el cuerpo el dolor está localizado, pero cuando duele el alma “duele todo”.  María vivió siempre con la espada cruel del presentimiento. En cada momento del día o de la noche ella creía que a su Hijo le iba a pasar algo. Y es al presentimiento de todas las madres. No sólo sufren por lo que realmente les pasa a los hijos sino por lo que les puede pasar. A vosotras madres, ¡qué bien os entiende la Virgen!

María y José eran pobres y no tuvieron dinero para comprar un cordero. ¡No importa! Ellos saben muy bien que llevan al Templo “al verdadero Cordero de Dios”.   Y es la ofrenda que más agrada a Dios. María y José se admiran de la fe de aquellos ancianitos: Simeón y Ana. Su niño ha pasado por las manos de aquellos sacerdotes del Templo a la hora de circuncidarlo, y le tocaron como a un niño más. Cumplieron su oficio.  Pero Simeón lo tocó con fe. Se emocionó y rompió a llorar. Desde ese momento, ya no le importaba morir. Podemos tocar a Dios todos los días en la comunión sin que pase nada en nosotros. Lo hemos tocado con rutina.  Pero si un día lo tocamos con fe, puede cambiar totalmente nuestra vida. “Dice el Papa Francisco:” La fe consiste tanto en mirar a Jesús como en mirar con los ojos de Jesús” (L.F. 18). Si todos los consagrados del mundo tocáramos a Jesús con fe miraríamos el mundo “a su manera”. Y el mundo cambiaría”.

Palabra del Papa

“El gesto ritual que realizan los padres de Jesús, con el estilo de humilde ocultamiento que caracteriza la encarnación del Hijo de Dios, encuentra una acogida singular por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana. Por inspiración divina, ambos reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas. En el encuentro entre el anciano Simeón y María, la joven madre, el Antiguo y el Nuevo Testamento se unen de modo admirable en acción de gracias por el don de la Luz, que ha brillado en las tinieblas y les ha servido para encontrarse con Cristo Señor, luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. El día en que la Iglesia conmemora la presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada de la vida consagrada. De hecho, el episodio evangélico al que nos referimos constituye un significativo icono de la entrega de su propia vida que realizan cuantos han sido llamados a representar en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús: virgen, pobre y obediente. (Benedicto XVI, 2 de febrero de 2012).

4.- Qué me dice este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Tocar con fe a Jesús en la Comunión. Y después tocar con fe durante todo el día la carne de Jesús en mis hermanos que sufren.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Señor, quiero darte gracias por la fe. Por la fe, María aceptó ir por el camino que Dios le marcaba y no por el que ella, humanamente hablando, hubiera querido ir. Por la fe se fió plenamente de Dios aunque, en algunas ocasiones, no lo entendiera. Y por la fe Simeón esperó ver al Señor. Lo vio y ya no le importó tener que morir. Que yo viva de fe, de sola fe.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

10.- LA ORACIÓN DEL SEÑOR

Lc 11, 1-13

Jesús se retiraba con frecuencia a solas y permanecía largo tiempo en oración; en ocasiones, noches enteras[1]. Y esto, con frecuencia. Emplearía en su oración los salmos –un salmo recitará en la cruz[2]–, oraciones aprendidas de su Madre, las que se recitaban en la sinagoga… las propias de un judío piadoso de su tiempo[3]. A la vez, esas oraciones tenían un sentido y una profundidad del todo nuevos, pues era la oración del Hijo de Dios con su Padre, movido por el Espíritu Santo, que poseía a la Humanidad Santísima de Jesús de un modo pleno[4].

Los evangelistas han dejado constancia de estos momentos en los que Jesús se retiraba a solas para orar: en el Bautismo, en la elección de los apóstoles, en la primera multiplicación de los panes, en la Transfiguración, en el huerto de Getsemaní antes de la Pasión, etcétera.

Quiso enseñar con su ejemplo, además, cuál había de ser la actitud de sus discípulos[5]. Les debió de conmover mucho a los apóstoles este trato de Jesús con su Padre celestial[6].

Un día se le acercaron los discípulos y le dijeron: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Es posible que– como atestigua la tradición– se encontraran en el Monte de los Olivos, desde donde se divisaba el Templo[7].

Él les enseñó entonces aquella plegaria –el Padrenuestro– que millones de bocas, en todos los idiomas, habrían de repetir tantas veces a lo largo de los siglos. Son unas pocas peticiones que el Señor repetiría también, y quizá por eso difieren los textos de san Lucas y de san Mateo. Era un modo completamente nuevo de dirigirse a Dios. Cuando oréis, decid: Padre…

La primera palabra Abba, Padre, define el resto de la oración. Los primeros cristianos quisieron conservar sin traducirla la misma palabra aramea que utilizó Jesús: Abba, y es muy probable que así pasara a la liturgia más primitiva y antigua de la Iglesia.

«La palabra “nuestro” resulta muy exigente: nos exige salir del recinto cerrado de nuestro “yo”. Nos exige entrar en la comunidad de los demás hijos de Dios. Nos exige abandonar lo meramente propio, lo que separa. Nos exige aceptar al otro, a los otros, abrirles nuestros oídos y nuestro corazón. Con la palabra “nosotros” decimos “sí” a la Iglesia viva, en la que el Señor quiso reunir a su nueva familia. Así, el Padrenuestro es una oración muy personal y al mismo tiempo plenamente eclesial. Al rezar el Padrenuestro rezamos con todo nuestro corazón, pero a la vez en comunión con toda la familia de Dios, con los vivos y con los difuntos, con personas de toda condición, cultura o raza. El Padrenuestro nos convierte en una familia más allá de todo confín»[8].

Y continuó el Señor: Santificado sea tu nombre[9].

En la Sagrada Escritura, como hemos visto, el nombre equivale a la persona misma, en su identidad más profunda. Por eso, dirá Jesús al final de su vida, como resumiendo sus enseñanzas: Manifesté tu nombre a los hombres. Nos reveló el misterio de Dios. En el Padrenuestro formulamos el deseo amoroso de que el nombre de Dios sea conocido y reverenciado por toda la tierra; también expresamos el dolor por las ocasiones en que es profanado, silenciado o empleado con ligereza[10].

Venga a nosotros tu Reino.

La expresión Reino de Dios tiene un triple significado: en nosotros (la gracia), en la tierra (la Iglesia) y en el Cielo (la eterna bienaventuranza). En orden a la gracia, pedimos que Dios reine en el alma con su gracia santificante; también pedimos que nos ayude en la lucha diaria contra las tentaciones. Es un reinado en el alma, que avanza o retrocede según correspondamos o rechacemos las gracias y ayudas que recibimos.

El Reino de Dios está ahí, dirá el Señor en otra ocasión, está dentro de vosotros. Y se percibe su presencia en el alma a través de los afectos y mociones del Espíritu Santo.

Cuando decimos venga a nosotros tu Reino, pedimos que Dios habite en nosotros de una manera más plena, que seamos todo de Dios, que nos ayude a luchar eficazmente para que, por fin, desaparezcan esos obstáculos que cada uno pone a la acción de la gracia divina[11].

Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo.

Queremos alcanzar del Señor las gracias necesarias para cumplir aquí en la tierra todo lo que Dios quiere, como lo cumplen los bienaventurados en el Cielo. La mejor oración es aquella que transforma nuestro deseo hasta conformarlo, con alegría, con la voluntad divina, hasta poder decir con el Señor: No se haga mi voluntad, Señor, sino la tuya: no quiero nada que Tú no quieras.

Danos hoy el pan nuestro de cada día.

En la palabra «pan» se contiene todo lo que el discípulo de Cristo necesita cada día para vivir como un hijo de Dios: esperanza, alegría, alimento para el cuerpo y para el alma…[12].

Cuando pedimos a Dios el pan de cada día, estamos aceptando que toda nuestra existencia depende de Él. Quizá el Señor ha querido que lo pidamos cada día para que constantemente recordemos que Él es nuestro Padre y nosotros, unos hijos necesitados, que no podemos valernos por nosotros mismos.

Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Perdonar a los demás: esta es la condición. El perdón ha de ser profundo, sincero, de corazón. No como quien hace un favor, porque no sería entonces un perdón total y sobrenatural. El verdadero discípulo es rápido en perdonar. Entonces imita a Jesús, que pide perdón para los que le crucifican[13]. Así consigue la remisión de sus pecados, flaquezas, inconstancias… Esa es la condición[14].

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal, rogamos al Señor en la última petición del Padrenuestro[15]. Después de haber pedido a Dios que nos perdone los pecados, le suplicamos

enseguida que nos dé las gracias necesarias para no volver a ofenderlo y que no permita que seamos vencidos en las pruebas que vamos a padecer[16]. El discípulo ha de estar alerta, con la vigilia del soldado en el campamento, y la confianza de que nunca será tentado más allá de sus fuerzas[17].

La tentación puede ser una fuente inagotable de gracias y de méritos para la vida eterna. Porque eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación te probara[18]. Con estas palabras consoló el ángel a Tobías en medio de su prueba. También han servido a muchos cristianos a la hora de sus tribulaciones.


[1] «Para entender a Jesús resultan fundamentales las repetidas indicaciones de que se retiraba al monte y allí oraba noches enteras, a solas con el Padre. Estas breves anotaciones descorren un poco el velo del misterio, nos permiten asomarnos a la existencia filial de Jesús, entrever el origen último de sus acciones, de sus enseñanzas, de sus sufrimientos. Este orar de Jesús es la conversación del Hijo con el Padre, en la que están implicadas la conciencia y la voluntad humanas, el alma humana de Jesús». BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret I, p. 29.

[2] Salmo 22, 2: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? (cfr. Mt 27, 46).

[3] Parece que los judíos usaban a veces frases y palabras de la lengua sagrada (el hebreo) en la conversación corriente, mezclada con el habla popular aramea, y en la oración personal. Es muy razonable pensar que eso mismo ocurriera en la oración íntima de Jesús con el Padre celestial y al abrir su alma con sus discípulos.

[4] San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: Orat pro nobis ut sacerdos noster, orat in nobis ut caput nostrum, orat a nobis ut Deus noster. Agnoscamus ergo et in illo voces nostras et voces eius in nobis («ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros») (cfr. Catecismo, n. 2616).

[5] La oración de Jesús hace de la oración cristiana una petición eficaz. Él es su modelo. Él ora en nosotros y con nosotros. Puesto que el Corazón del Hijo no busca más que lo que agrada al Padre, ¿cómo el de los hijos de adopción se apegaría más a los dones que al Dador? (cfr. Catecismo, n. 2740).

[6] Cfr. J. M. CASCIARO, La oración de Jesús en los evangelios sinópticos, en Scripta Theologica, vol. XXIII, fasc. 1 (1991), pp. 215 ss.

[7] La tradición es del siglo IV. Una iglesia conmemora este episodio. En las paredes del convento de carmelitas que existe allí en la actualidad se puede leer el texto del Padrenuestro en más de cincuenta idiomas.

[8] J. RATZINGER-BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, pp. 175-176.

[9] De las siete peticiones del Padrenuestro, las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia la Gloria del Padre; las cuatro últimas, como caminos hacia Él, ofrecen nuestra miseria a su gracia. Abismo que llama al abismo (Sal 42, 8) (cfr. Catecismo, n. 2803).

[10] Honramos a Dios cuando hacemos un acto de reparación cada vez que se falta al respeto debido al nombre de Dios o de Jesús, al enterarnos de que se ha cometido un sacrilegio o al tener noticia de acontecimientos que ofenden el buen nombre del Padre común.

[11] Incluso, señala san Cipriano, puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera (Sobre el Padrenuestro, 13).

[12] Nuestro pan. El Padre que nos da la vida no puede dejar de darnos el alimento necesario para ella, todos los bienes convenientes, materiales y espirituales. En el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en esta confianza filial que coopera con la Providencia de nuestro Padre. No incita a la pasividad, quiere librarnos de toda inquietud agobiante y de toda preocupación. Así es el abandono filial de los hijos de Dios (cfr. Catecismo, n. 2830).

[13] San Juan Crisóstomo escribe que «nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos al perdón» (Homilías sobre san Mateo, 19, 7).

[14] La misericordia divina no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no podemos amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos al hermano y a la hermana, a quienes vemos. Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia (cfr. Catecismo, n. 2840).

«El perdón solo puede penetrar, solo puede ser efectivo, en quien a su vez perdona». BENEDICTO XVI, o.c., p. 193.

[15] La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el «nosotros», en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia.

En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El «diablo» («día-bolos») es aquel que «se atraviesa» en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo (cfr. Catecismo, nn. 2850 y 2851).

[16] Este combate y esta victoria solo son posibles con la oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio y en el último combate de su agonía. En esta petición, Cristo nos une a su combate y a su agonía. Esta petición adquiere todo su sentido dramático referida a la tentación final de nuestro combate en la tierra; pide la perseverancia final. Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela (Ap 1, 15) (cfr. Catecismo, n. 2849).

[17] Cfr. 1 Co 10, 13.

[18] Tb 12, 13.

Comentario – Presentación del Señor

(Lc 2, 22-40)

María y José, judíos piadosos y fieles, se acercan al templo a ofrecer a Jesús. La ofrenda que ellos entregan junto con el niño, un par de palomitas, era la ofrenda de los más pobres, que no podían presentar una ofrenda mayor. Y se descubre en ellos la actitud de profunda docilidad (v. 27) y la capacidad de admiración (v. 33) propias de los pobres de Yavé.

Ellos son los que presentan al niño a los hombres y mujeres de su pueblo, y en su alabanza muestran que ese niño venía a realizar las esperanzas del pueblo piadoso. Con él ya no había nada que esperar y las promesas antiguas alcanzaban su cumplimiento. En su persona ya está cumplido lo esencial de los anuncios del Antiguo Testamento. Por eso podemos decir que ya estamos en “la plenitud de los tiempos”.

Simeón proclama a Jesús como la luz que su pueblo estaba esperando, pero que también debe derramarse sobre los demás pueblos de la tierra. Pero anuncia que será rechazado por muchos en un mismo pueblo. Ese rechazo de su pueblo amado será como una espada traspasando el corazón de María, que contemplará a su hijo traspasado por las autoridades de su propio pueblo.

La figura del anciano Simeón simboliza las esperanzas y los deseos más profundos del hombre, que se realizan en el encuentro con la salvación. No se trata sólo del honor de ver la salvación que llega, sino del encuentro con alguien, que es el Salvador. Y no es sólo verlo, presenciar su llegada, sino también disfrutarlo, tenerlo entre los brazos, tocarlo. Simeón esperaba el “consuelo” para su pueblo, y en su encuentro con Jesús alcanza el consuelo más profundo de su corazón. Y así como “nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”, Simeón afirma que luego de haber visto la luz del Salvador, reflejo de la gloria divina, ya no tiene nada que esperar y puede morir en paz.

Oración:

“Señor, dame la gracia de gozar en tu presencia, de reconocer que estás, pero también de experimentar el consuelo y el gozo de tenerte. Concede a todos los cristianos reconocer que la salvación tan esperada ya ha llegado, está verdaderamente entre nosotros”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Ordenación de las lecturas

92. En cuanto a las lecturas, obsérvese lo siguiente:
a) Ordénense las lecturas de la Sagrada Escritura de modo que los tesoros de la palabra divina sean accesibles, con mayor facilidad y plenitud.
b) Estén mejor seleccionadas las lecturas tomadas de los Padres, Doctores y Escritores eclesiásticos.
c) Devuélvase su verdad histórica a las pasiones o vidas de los santos

Música – Domingo V de Tiempo Ordinario

Entrada: Toda la tierra te adore (Apéndice); Alrededor de tu mesa CLN A4. Vienen con alegría CLN 728; Invoco al Dios Altisimo CLN 713
En latin: Venite adoremus (Canto Gregoriano)
Salmo y Aleluya: Alabad al Señor que sana los corazones quebrantados (Propio)
Ofertorio: Ofrenda de amor (Cantos varios)
Santo: Gregoriano CLN-I 1
Comunión:  En la fracción del pan: CLN 05 Dichosos son los pobres CLN 737; Gustad y ved CLN 518;  Pequeñas aclaraciones  CLN 725
Final: Cantad para el Señor (Cantos varios)

Recursos – Ofertorio Domingo V de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UN PÓSTER O PROGRAMA DE LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE

(Cercanos ya a la Campaña contra el Hambre, utilizamos hoy sus símbolos para sensibilizarnos en el amor universal y solidario. La ofrenda la puede hacer cualquier persona comprometida con la dimensión caritativa en la comunidad)

 ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco este símbolo de la Campaña contra el Hambre, de la cual, bien sabemos, que se dirige a superar las fronteras para expresar el amor y la dimensión universal de la caridad. Con él te quiero ofrecer mi compromiso y el de toda la comunidad, nuestro deseo de vivir en concreto el mandamiento del amor, no sólo con los más cercanos ideológica, geográfica y sanguíneamente, sino también con cualquier hombre y mujer, por el mero hecho de ser tu imagen y tu hijo e hija.

PRESENTACIÓN DE UN MEDICAMENTO

(Con el envoltorio sería suficiente, para tener el valor de símbolo. Y lo puede presentar alguien relacionado con la sanidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo un medicamento, porque pensamos que es un buen signo de la misericordia, una de las cualidades fundamentales de una comunidad cristiana y de todo evangelizador. Queremos ser eso: medicina para los otros y para las otras. Bálsamo y aceite que curen las heridas de los y las demás. Mera capacidad de escucha, que alivie y aligere los problemas de los otros y de las otras. Y lo queremos hacer a imagen de tu Hijo Jesucristo, tal como Él lo hizo antes y lo hace ahora con nosotros y nosotras.

PRESENTACIÓN DE UNA OFRENDA DEL TERCER MUNDO

(La puede hacer un joven o una joven, o de existir en la comunidad, un miembro de alguna ONG. Bien pudiera presentarse el CARTEL de la Campaña contra el Hambre)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí me corresponde, Señor, traerte uno de los sufrimientos que rompe tu corazón de Padre, pues implica a una buena parte de la humanidad. Te ofrezco el hambre, la miseria y el subdesarrollo del Tercer Mundo. También te traigo las semillas de la esperanza de tantas y tantas personas del Primer Mundo, que son sensibles con los problemas de los y de las más pobres del mundo. Que no muera ningún justo más sin sentido, que no se te escapen sus lágrimas y sus lamentos. Que crezcan los y las que se comprometen en el cambio de la sociedad y del mundo.

PRESENTACIÓN DE UN TERMÓMETRO CLÍNICO

(Puede hacer esta ofrenda, quien asista en su familia a un enfermo o una enferma, a un anciano o a una anciana, o tal vez sea un o una profesional de la sanidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, yo te traigo este termómetro clínico, que es símbolo de las atenciones y cuidados a los enfermos y enfermas. Con él, y en nombre de la comunidad, yo hoy te ofrezco nuestros deseos de servicio y atención a las necesidades de los hombres y mujeres. Mantennos siempre despiertos para que no se nos escape ningún problema y esperanza de los hombres y de las mujeres y estemos siempre prontos para buscar una rápida solución.

PRESENTACIÓN DE UNA LAMPARILLA CON ACEITE

(Esta ofrenda lo debiera realizar alguna persona que esté implicada en la dimensión ORANTE de la vida: algún miembro de la vida contemplativa; alguna persona participante en algún grupo de oración, sea de adultos o de jóvenes; o…)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor Jesús: hoy mismo, en el Evangelio, hemos visto cómo tú mismo te retirabas a orar y estar con el Padre, porque sentías la necesidad de vivir una estrecha relación y comunión con Él. Te presento a las personas y grupos que entre nosotros trabajan esta dimensión ORANTE de la vida: llénanos (llénales) de tu fuerza y de tu paz, la que nace en el encuentro. Y te pedimos que seamos (sean) personas y grupos profundamente abiertos y así podamos (puedan) ofrecer a otros y a otras la posibilidad de esa experiencia.

PRESENTACIÓN DE LAS DIVERSAS VOCACIONES EN LA COMUNIDAD

(Hoy proponemos una ofrenda, aunque diversificada, a través de la presentación de algún miembro de la comunidad que la sirve; por ejemplo, uno de los ministerios o servicios más sencillos, como una de las mujeres que se encargan de la limpieza del templo. En segundo lugar, podría ser un matrimonio. En tercer lugar, uno del grupo de pastoral de la salud. En cuarto lugar, un militante comprometido. Y, por último, un religioso o religiosa, incluso presbítero, en el caso que lo hubiere. En breves palabras pueden dar testimonio de su vocación. Al final, uno de ellos hace la ofrenda:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy te traemos lo más preciado que Tú nos has dado a cada uno de nosotros y de nosotras y para nuestra comunidad: las VOCACIONES que Tú nos has dado. Te las queremos ofrecer, con nuestras respuestas personales y nuestros intentos de fidelidad por parecernos cada día más a tu Hijo Jesucristo. Pero, si Tú no nos das tu gracia, será difícil que nosotros y nosotras te respondamos a la altura de tu voluntad. Ayúdanos, Señor.

Oración de los fieles – Domingo V de Tiempo Ordinario

Señor, llamamos a tu puerta sabiendo que sólo tú puedes aliviar nuestros problemas, los ponemos en tus manos diciendo:

ATIENDE NUESTRAS SÚPLICAS

1.- Por el Papa Francisco, y por el éxito de su encíclica “Dios es Amor”, para que sirva de nexo de unión para todos los católicos del mundo. OREMOS

2.- Por los obispos, sacerdotes y diáconos, para que sean guiados por el Espíritu Santo en su labor de predicar la Buena Noticia. OREMOS

3.- Por los enfermos, los hambrientos, los desplazados, los que viven en soledad, para que la Palabra de Dios sea un apoyo en su sufrimiento. OREMOS

4.- Por la paz en todos los lugares de la tierra. OREMOS

5.- Por todos los que dedican su vida a la predicación del Reino, en especial por los misioneros del tercer mundo. OREMOS

6.- Por las familias, para que el amor de Dios se traduzca en el servicio a los otros. OREMOS

7.- Por los que celebramos esta eucaristía para que seamos fieles testigos de la Palabra de Dios en nuestros ambientes. OREMOS

Dios Padre acoge estas plegarias y todas cuantas llevamos en nuestros corazones que tan bien conoces.

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor

Amén


Unidos en el Espíritu Santo, oremos, hermanos, a Dios todopoderoso. Respondemos:

DANOS SEÑOR ALEGRÍA

1. – Para que el Señor envíe su Espíritu sobre la Iglesia, la llene de sus dones y la congregue en su unidad. OREMOS.

2. – Para que Dios se digne santificar al Papa, a los Obispos, sacerdotes y diáconos y les dé Espíritu de sabiduría. OREMOS.

3. – Para que Dios envíe su paz y su amor a todos los hombres y se terminen para siempre las guerras y el terrorismo. OREMOS.

4. – Para que los pobres, los enfermos, los hambrientos, los tristes, los abandonados, los emigrantes, los presos, los perseguidos reciban el apoyo de todos y el gozo de tu cercana presencia. OREMOS.

5. – Para que el Señor, con la intercesión de la Santísima Virgen, sane nuestras enfermedades, nos fortalezca en la fe, nos revele toda la verdad y su Sabiduría y así podamos glorificarle a El y ayudar a nuestros hermanos. OREMOS.

Concede, Dios Padre nuestro, estas súplicas dichas con fe y humildad.

Por Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Comentario al evangelio – Presentación del Señor

La fiesta de hoy ha sufrido un giro en la época posconciliar: de ser entendida como celebración mariana ha pasado a ser Fiesta del Señor, y, de un origen o fundamento  biológico (purificación puerperal, 40 días desde el nacimiento de Jesús), se ha convertido en la gran fiesta de la fe, la consagración del creyente a Dios, haciendo memoria de la ofrenda de sí mismo que Jesús hace al Padre. Es día de rememorar que, por la fe y el bautismo, nuestras vidas están consagradas al Señor. Los religiosos y religiosas de todo tipo, monjes y monjas, frailes, hermanas, vírgenes consagradas… celebran hoy una fiesta especial; se les llama “los consagrados”. Pero eso no debiera llevarnos a olvidar que todos somos consagrados, seguidores de Jesús el consagrado a las cosas del Padre, y que una importante función eclesial de esos consagrados es recordarnos que todos los creyentes gozamos de esa condición.

La carta a los Romanos emplea dos veces la rara expresión “obediencia de la fe” (1,5; 16,26), que tal vez signifique “la fe que se traduce en obediencia”, es decir una vida puesta en las manos del Padre. Pues bien, eso lo contemplamos dirigiendo hoy la mirada a Jesús, el “presentado al Señor”, el “consagrado al Señor”. Dos textos del NT, uno muy primitivo y otro más tardío, designan a Jesús justamente como “el obediente”; el primer texto, el antiquísimo cántico litúrgico que San Pablo incluyó en la carta a los Filipenses, afirma que Jesús, que existía en forma de Dios, se encarnó y pasó por uno de tantos, y “se hizo obediente hasta la muerte” (Flp 2,8). El otro texto, de la carta a los Hebreos, afirma que Jesús, al entrar en el mundo, oró así: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10,9). Jesús tomaría esa oración del Salmo 39,8, cuyo versículo siguiente recalca: “Lo quiero y llevo tu Ley en mis entrañas”. El primer consagrado va delante…

Junto con este mensaje de entrega generosa, los textos nos hablan ciertamente de “purificación”, no tanto la de la madre de Jesús cuanto la de todo el pueblo creyente. Jesús, el insuperable mensajero de Dios, es el que, según Malaquías, entra hoy en el santuario y nos refina y lava, como hace el fuego con el metal y la lejía con los tejidos; nos capacita para que celebremos un culto digno. Quizá en nosotros hay mucho pseudo-Israel que debe caer y mucho Israel auténtico que debe levantarse, ser potenciado. Se nos  invita a “someternos a un juicio”, para liberarnos del posible oropel que pueda estar empobreciendo la imagen de oro rico en quilates que Dios ha programado para nosotros.

Y no olvidemos el gozo de los dos viejecitos: Simeón y Ana, con que concluye la lectura evangélica. Ellos nos recuerdan nuestras raíces, nuestra comunión y continuidad con el antiguo Israel. Están jubilosos porque ven como sus esperanzas comienzan a cumplirse. Y lo pregonan. Como ellos, somos llamados a vivir con júbilo nuestra experiencia religiosa, nuestra consagración a imagen de la de Jesús, la dicha por lo que ven nuestros ojos y oyen nuestros oídos, y a ser pregoneros de ello como Ana hablaba del niño a todos los que reconocían la necesidad de redención.

Severiano Blanco cmf