Vísperas – Jueves IV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES IV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: Col 1, 23

Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor, nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:

Concédenos, Señor, la salud y la paz.

Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los hombres,
— ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.

No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
— pues de ti procede el perdón.

Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
— haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.

Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos;
— que, con libertad de espíritu y sin desánimos, puedan realizar su ideal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, que abres y nadie cierra,
— lleva a tu luz a los que han muerto con la esperanza de la resurrección.

Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves IV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, la meditación de hoy no me deja tranquilo en mi casa, sino que me invita a salir. Por eso te pido valor para entender el cristianismo como salida. Tú has salido del Padre y has venido a este mundo para enseñarnos a salir. Saliste del Padre, del corazón del Padre, de la ternura del Padre. Haz que yo salga al mundo con el corazón lleno de amor, de solo amor y nada más que amor.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que tomasen para el camino, un bastón y nada más pero ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

Jesús llamó a los doce y los envió a predicar. En el evangelio de Marcos, los doce son los que “siempre están con Jesús”. Los eligió para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar. (Mc. 3,14). Si siempre están con Jesús, ¿qué deben predicar? Lo que han visto de Jesús, lo que han oído de Jesús, lo que han experimentado en un encuentro al vivo con Él. Jesús es, al mismo tiempo, el que evangeliza y el evangelio. De Él han aprendido a perder todo tipo de “seguridades” porque sólo en Jesús “se sienten seguros”. Han de vivir pobres, como Jesús. “Sin equipamiento”. “Enviados que quieren estar seguros por todas partes no son dignos de consideración”. (Schweizer). No deben tener miedo al fracaso:” “Al discípulo se le ha confiado un quehacer pero no se le ha asegurado un éxito”. (Maggioni). De Jesús han aprendido a rezar, poniendo en el Padre toda confianza. Ellos también deben llenarse cada mañana de la ternura del Padre y así confiar en la fuerza del amor. Un buen cristiano, profesor de ética, solía decir a los alumnos “Crean descaradamente en el bien. Tengan confianza en que a la larga terminará siempre por imponerse. No se angustien si otros avanzan aparentemente más rápido por caminos torcidos. Crean también en la lenta eficacia del amor. Sepan esperar». Esto sólo puede decirlo un alumno que ha aprendido en la escuela de Jesús.

Palabra del Papa.

La misión es urgente, no hay que perder tiempo en habladu­rías… Hay que llevar consuelo a las periferias del mundo. No hay tiempo que perder en habladurías, no es necesario espe­rar el consenso de todos, hay que ir y anunciar. La paz de Cristo se lleva a todos, y si no la acogen, se sigue igualmente adelante. A los enfermos se lleva la curación, porque Dios quiere curar al hombre de todo mal. 246 ¡Cuántos misioneros hacen esto! Siembran vida, salud, consuelo en las periferias del mundo. ¡Qué bello es esto! No vivir para sí mismo, no vi­vir para sí misma, sino vivir para ir a hacer el bien. Hay tantos jóvenes hoy en la Plaza: pensad en esto, preguntaos: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? A vosotros, jóvenes, a vosotros muchachos y muchachas os pregunto: vosotros, ¿sois valientes para esto, tenéis la va­lentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros! Ah, ¡lo hacéis bien! ¡Me gusta esto! (Ángelus, 7.7.13).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada? (Silencio)

5.- Propósito. Hoy estaré un rato con Jesús y, después, hablaré de Él

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque en este rato de oración he aprendido muchas cosas. Como cristiano, estoy llamado a salir. Pero no puedo salir de cualquier manera, sino que debo estar bien equipado de humildad, sencillez, pobreza y, sobre todo, de amor, de mucho amor. Para salir sin amor, es mejor quedarse en casa.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

El privilegio del hombre es poder amar (Amor)

El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio. Puede amar a las otras criaturas, decir un tú y un yo llenos de sentido. Y puede amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo […] (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 48).

El amor reviste de gran dignidad al hombre (Santo Tomás, Sobre la caridad, 1. c., 207).

Comentario – Jueves IV de Tiempo Ordinario

(Mc 6, 7-13)

Jesús vuelve a llamar a los apóstoles y los envía de dos en dos, con la cual se remarca el aspecto comunitario de la misión.

En esta tarea Jesús capacita a los que envía confiriéndoles poder no sólo para predicar, sino también para liberar a los hombres de sus males más profundos, esos que no se resuelven con habilidades humanas.

Pero este texto nos indica que Jesús quería algo más en sus discípulos: una vida desprendida y desinteresada; para que así como en Jesús se unieron la gloria y la pequeñez, eso mismo se reflejara en sus discípulos.

Ellos estaban revestidos de su poder, pero no apoyados en riquezas ni seguridades de este mundo; él los quería libres frente a los bienes y a la apariencia, dependiendo humildemente de la generosidad de los demás.

Debían dirigirse a todos los ambientes, pero evitando que los contagiaran las malas costumbres y la indiferencia de algunos lugares. Por eso Jesús los invitaba a sacudirse hasta el polvo que les quedara en las sandalias cuando en algún lugar la Palabra fuera despreciada.

Pero este gesto de sacudir las sandalias no es sólo una metáfora. De hecho, Pablo lo realizaba para recordar mejor la exhortación del Señor y no perder el entusiasmo evangelizador por las contrariedades del mundo (Hch 13, 51).

Oración:

“Señor, toma mi vida y realiza en ella esa paradoja de tu gloria y tu poder unidos a la humildad y a la pequeñez. Te entrego Señor, todos mis deseos de poder, de prestigio y de dinero, para apoyarme sólo en tu poder y en tu amor”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

La buena suegra

1.- Os pido permiso para chismorrear un poco sobre la suegra de Pedro. Esta suegra innominada era una mujer del pueblo acostumbrada a vivir una vida de servicio a los suyos para caer rendida a la noche y dormir pensando que tiene que levantarse al amanecer para que los suyos salgan a pescar. Y así, día tras día, su vida ha transcurrido como un soplo, todo como Job nos acaba de decir, pero sin amargura, con la naturalidad de una mujer sencilla de pueblo, muy lejos de los grandes idealismos, contenta con que su gente sea feliz, un poco feliz.

Y de repente en el matrimonio de su hija empieza a haber dificultades. Pedro, honrado y trabajador, empieza a idealizar. Es un buen israelita y quiere que el pueblo de Dios vuelva a ser de verdad de Dios, no de los romanos, de nadie más que de Dios. Cuando habla con su hermano Andrés y el grupo de pescadores amigos se exalta y da miedo oírle porque Pedro nunca le hizo ascos a la espada.

Y hace poco allá se fue al Jordán, dejando mujer y barca a ver quien era un tal Juan. Y lo peor es que ha regresado a Cafarnaún con un tal Jesús, para colmo de Nazaret y habla de irse con él.

Y esta mujer sin nombre, pero muy mujer y muy madre, se puso enferma por la insensatez de su yerno

2.- Con la libertad que da la edad le ha cantado las cuarenta a Pedro con razones llenas de verdadero sentido común, del sentido común que vive en el pueblo. Por eso Pedro, que no sabe responder a razones tan humanamente sólidas, hoy después del milagro de la sinagoga, invita a Jesús a su casa, confiando que en esa atracción personal del Señor que a él mismo le tiene subyugado y también invita a otros dos locos, Juan y Santiago, que han decidido irse con Jesús.

La mujer, ya anciana a los 50 años, recibe al Señor con fría educación, porque al fin y al cabo este Jesús es el embaucador de su yerno Pedro.

Jesús la mira y la comprende y se acuerda con emoción de su Santa Madre, que no sin dolor e inseguridad de su vida diaria le dejó a Él seguir la llamada de Dios Padre.

Y toma su mano con cariño y comprensión, y por aquella mirada bondadosa y por el contacto de su mano fuerte entro calor reconfortante en el corazón de la anciana. Y ayudada por el cariño por Jesús (dice el evangelio que “Él la levantó del lecho…”) se puso en pie nueva en su cuerpo y nueva en su corazón.

Y volvió a ser la de siempre: la esclava de la familia, la llamada servir, la que tenía que hacer los honores a los amigos de su yerno y entre ellos a aquel que no sabe por qué no puede llamar embaucador.

3.- Y desde aquel día, la casa de Pedro, la casa de la suegra, empezó a ser la casa de Jesús. Después de curar a un leproso nos dice san Marcos que regresó a Cafarnaún, y en seguida se corrió la voz de que estaba en su casa, la de Pedro, la de su suegra.

Y cuando los Doce van discutiendo entre si por el camino vuelve a decir san Marcos que al llegar a la casa a su casa Jesús les preguntó “de que ibais discutiendo por el camino y aquella su casa era la de Pedro, la de su suegra sin nombre.

Una casa que cuyo techo tuvieron que arreglar Pedro y Andrés, y tal vez también el carpintero de Nazaret, después que aquellos bajaron el paralítico hasta donde enseñaba Jesús.

4.- Aquella anciana, con intuición de madre y de mujer, tal vez entendió mejor que Pedro a Jesús, A ese Jesús que atendía a todos con cariño y los curaba. Y que cuando parecía que se alborotan para hacerle jefe, desaparecía de casa y se iba al monte al rezar.

Pedro salió en corriendo en su busca, “todo el mundo te busca”, como si dijera “aprovecha la ocasión”. Y la suegra sabía que Jesús no buscaba la ocasión, no se aprovecharía de la ocasión, porque lo que buscaba y daba era cariño y comprensión.

¿Se unió la suegra de Pedro a las mujeres que seguían a Jesús? Tal vez no. El puesto de una aldeana esta siempre en su casa, en el terruño, cumpliendo con la voluntad de Dios, la de todos los días, la del mortero, la de la fuente, la de la leña y el fuego, la de Marta, la de María, la esclava y la Madre de Jesús, que hasta hace poco era para la suegra el embaucador. Una sola cosa cambió en su vida, la absoluta seguridad de que Dios la miraba con cariño y la comprendía.

José María Maruri, SJ

Curó a muchos enfermos de diversos males

Salieron de la sinagoga y fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. Le dijeron que la suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Él la agarró de la mano y la levantó. La fiebre desapareció, y ella se puso a servirles. Al anochecer le llevaron todos los enfermos y endemoniados, agolpó a la puerta. Jesús curó a muchos pacientes de diversas enfermedades y lanzó muchos demonios; pero no les dejaba hablar, porque lo conocían. Muy de madrugada se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros lo buscaron, lo encontraron y le dijeron: «Todos te están buscando». Él les dijo: «Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, a predicar también allí, pues para eso he salido». Y marchó a predicar en las sinagogas por toda Galilea, y echaba a los demonios.

Marcos 1, 29-39

COMENTARIO AL EVANGELIO

Hoy el Evangelio nos cuenta como Jesús curaba a muchas personas enfermas. Esto nos lleva a acordarnos de la situación que estamos viviendo con la pandemia del COVID desde hace casi un año. Muchas personas que lo han pasado muy mal y, desgraciadamente, muchas personas también que han muerto.
Nosotros no sabemos de medicina para poder salvar vidas como hacen todas las personas que trabajan en la salud. Pero seguro que podemos hacer algo por ayudar a alguien que necesita de nuestra ayuda en estos tiempos difíciles.  

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Piensa en alguien de tu barrio o pueblo que lo está pasando mal por todos los problemas que nos ha traido la pandemia.
  • ¿Qué puedes hace como creyente para ayudar a estas personas? ¿Qué podemos hacer desde la parroquia?
  • Toma un compromiso para ayudar a esa persona que has escrito en la primera pregunta.

ORACIÓN

Te escapabas de casa en la madrugada
para sumergirte en el Silencio sonoro.
Huías, huías del amontonamiento y el ruido
y bajabas hasta el fondo de la tierra,
a la soledad del Misterio,
a las raíces de tu Amor,
para ser amado y amar, para escuchar,
para estar conectado
al Ser que llamamos Padre-Madre.
¡Ay, pobres discípulos,
que corrían en tu busca
sin entender el misterio de tu escondite!
¡Oh, soledad dichosa del Hijo y del Padre,
contándose calladamente
cosas que sólo ellos saben!
¡Cómo me gustaría seguirte
cada mañana al bosque, escuchar vuestros secretos
y cantar con vosotros desde el amanecer
la canción de la ternura
y la energía solidaria!

Se escapaba a orar

Te escapabas de casa en la madrugada
para sumergirte en el Silencio sonoro.
Huías, huías del amontonamiento y el ruido
y bajabas hasta el fondo de la tierra,
a la soledad del Misterio,

a las raíces de tu Amor,
para ser amado y amar,
para escuchar,
para estar conectado
al Ser que llamamos Padre-Madre.

Los pájaros bajaban el tono de sus cantos
al ver la intensidad de tu silencio.

Los árboles inclinaban suavemente sus ramas
para proteger tu acompañada soledad.
Y Tú te sumergías en el Abismo.

Y brotaban desde el fondo la ternura
y la energía.
Y se encendía poco a poco,
por entre la oscuridad de la noche
y el pecado,
la aurora pascual de la Humanidad nueva,
mientras toda la tierra

se ponía contigo en trance
para dar a la luz la resurrección
de los muertos.

¡Ay, pobres discípulos,
que corrían en tu busca
sin entender el misterio de tu escondite!

¡Oh, soledad dichosa del Hijo y del Padre,
contándose calladamente

cosas que sólo ellos saben!

¡Cómo me gustaría seguirte
cada mañana al bosque,
escuchar vuestros secretos

y cantar con vosotros desde el amanecer
la canción de la ternura

y la energía solidaria!

Patxi Loidi

Notas para fijarnos en el evangelio

* Parece que los que lo han dejado todo para seguir a Jesús (Mc 1,26-20) no han roto los lazos familiares (30). Jesús, a través de ellos, entra en sus familias. Va a donde van sus discípulos (29), se mete en sus casas, participa de su vida.

* La manera sencilla y sobria de redactar propia de Marcos subraya la eficacia inmediata de Jesús y del contacto con Él (31.34). Jesús es presentado como sanador, como quien tiene poder contra el mal en todas sus formas. Ya lo veíamos a Mc 1,21-28, el texto de la semana pasada.

* Se acerca a los que sufren, los toca (31). Hace que “se levanten” (31) y ello nos hace pensar en la “resurrección”, ya que el verbo utilizado es el mismo (Mc 16,6): Jesús hace participar de su resurrección a aquellos a los que se acerca, a los que toca, especialmente a los que sufren.

* Jesús se enfrenta al mal (31 y 34). En este texto, con las curaciones, los exorcismos, hay como un resumen anticipado del conjunto de la actividad de Jesús, caracterizada por ese enfrentamiento con el mal.

* También se expresa, en esta especie de resumen, el gran eco que provoca Jesús entre la gente: “todos” (32), “la población entera”, “todo el mundo” (37).

* Jesús se aleja de la gente para orar (35). En eso vemos que no busca el éxito popular y, sobre todo, que busca hacer la voluntad del Padre (Mc 14,36). Su actividad y su enseñanza son inseparables del diálogo filial con el Padre.

* Los discípulos, que lo buscan (36), todavía no lo entienden, están en búsqueda. Él se deja encontrar. Y aprovecha para decir cuál es su misión: ir por todas partes a anunciar la Buena Noticia de Dios (38); ver Mc 1,14-1 5. Y ellos, sin entenderlo, se van con Él.

* Os invito a centraros en estos versículos que nos dan a conocer el comportamiento de Jesús en íntima unión con el Padre de los cielos. Son los vs. 35-39 y se trata de un texto oracional muy significativo, que nos habla de forma clara del compromiso inherente a la oración de Jesús, e ilustra de modo excelente cómo está llamada a ser la oración cristiana y cómo podemos dejarla pasar por el Evangelio del Reino. No nos quepa la menor duda, necesitamos evangelizar nuestra oración, en consonancia con la de Jesús. Señalamos algunos pasos que contiene este pasaje:

1. Jesús sale muy de madrugada, antes de amanecer, a orar y pasa en un lugar solitario un buen tiempo de gratuidad junto al Padre, experimentando su presencia y aliento, su amor y cariño (v. 35). Jesús, que oraba con frecuencia, tanto en público como en privado, solo como acompañado, elige en esta ocasión un descampado para hacerlo en soledad. El día anterior lo ha pasado haciendo el bien en medio de su pueblo, rodeado de la multitud. Ahora su corazón necesita el contacto entrañable con el Padre.

2. Los discípulos salen a su encuentro. Como hará en otras ocasiones, Simón hace de portavoz de sus mundo te busca. La gente, curiosa siempre, que ha contemplado sus prodigios y ha escuchado su palabra, cargada de autoridad (1,27.34), le espera con impaciencia (vs. 36 y 37). Quiere, con evidente falta de solidaridad, que siga realizando maravillas entre ellos, como había hecho el día anterior (1,34) y se presenta en la primera parte del relato.

3. Jesús no atiende a los deseos de sus íntimos, ni a las expectativas interesadas de la multitud. Y así responde para sorpresa de los suyos y también de los lectores: Vamos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido (v. 38). Jesús toma una decisión sorprendente, que no esperaban de Él en aquel preciso momento de triunfo, pero que es la que quiere el Padre. Y eso es lo que le importa, en realidad. Jesús ha estado con el Padre, se ha empapado de su amor, ha comprendido sus designios y sale reconfortado de la oración realizada. La captación de la voluntad divina, que le muestra la urgencia del anuncio del Reino y le confronta con su misión de hacerlo presente sin dilaciones en toda la región, le lleva a un compromiso radical, distinto al que los discípulos y la multitud solicitan de su persona, cargada de carisma. Sabe muy bien que hay que obedecer primero a Dios que a los hombres (cf. Hch 5,29) y rechaza así lo que sus íntimos le proponen y puede parecer a primera vista del todo razonable.

4. El compromiso adquirido en la oración no se queda en meras palabras o buenas intenciones; Jesús pasa a los hechos, mostrando su fidelidad al proyecto existencial marcado por lo alto. Como atestigua el evangelista, Jesús recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios (v. 39). La oración convertida de este modo en praxis, conduce al profeta de Nazaret a la acción, mostrándose así activo en la contemplación.

* Una experiencia de gratuidad lleva a Jesús al compromiso por los suyos. En el contacto directo e inmediato, sencillo y humilde, vivo y sentido con el Padre encuentra la verdadera realidad de su ser y descifra su quehacer en este mundo. Su identidad más profunda, conforme a la voluntad divina, está en el anuncio del Reino con palabras, hechos y signos y así lo ha sentido y comprendido en su oración. Sale de ella agradecido con la misión descifrada y con el aliento del Espíritu, para cumplirla con honestidad de modo permanente.

Comentario al evangelio – Jueves IV de Tiempo Ordinario

Las antiguas iglesias, con su cementerio al lado o dentro del mismo edificio y con un retablo bien cargado de imágenes de santos, intentaban poner de manifiesto la presencia conjunta de toda la comunidad creyente: allí yacía la generación anterior, que había transmitido la fe a la generación presente, que celebraba la liturgia; y los santos le señalaban destino gloriosos que los esperaba, destino que muchos antepasados ya habían alcanzado. 

“Reconoce, oh cristiano, tu dignidad”, escribió San León Magno en el siglo V.  Y hoy la carta a los Hebreos nos invita a ser conscientes del ámbito privilegiado en que la vida de fe nos ha situado. Estamos en la compañía de Dios y de sus ángeles y somos los “conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (Ef 2,19). El mundo de lo divino no es para nosotros aterrador, como lo era para el judaísmo primitivo (“nadie puede verme y continuar con vida”, decía Yahvé a Moisés [Ex 33,20]), porque la sangre de Jesús nos ha hecho ciudadanos del cielo y domésticos de Dios. Es un proceso iniciado en el bautismo y en el que estamos llamados a avanzar, “entremos más adentro en la espesura” (S. Juan de la Cruz).

A nivel histórico eso se tradujo en la familiaridad de Jesús con sus seguidores, con los cuales compartió la propia misión: “Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros” (Jn 20,21). Lo llamativo de la misión es la menesterosidad, la falta de atuendo y de recursos. Incluso en la versión de Marcos, donde algunos preceptos se atenúan; en la Mateo y Lucas (“fuente Q”), más radical, se prohíbe a los misioneros incluso el bastón y las sandalias. Marcos, con gran realismo, cayó en la cuenta de que los largos viajes misioneros de la Iglesia naciente exigían unos mínimos de apoyo en el caminar protección para los pies. Por lo demás, quizá Marcos sabía que en la tradición profética el bastón era signo de autoridad, de la que los enviados de Jesús van investidos.

En todo caso, el desprendimiento de los evangelizadores debe ser total: sin pan ni alforjas ni monedas. La intención es clara: no deben prestarse a confusión con los pseudo-misioneros de diversas religiones que abundaban por entonces, con frecuencia meros embaucadores, que, llegados a una población, proclamaban un mensaje religioso o filosófico y seguidamente pasaban la bolsa para recoger la recompensa. Jesús dirá a los suyos: “gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10,8). Una Iglesia pobre y desprendida es una Iglesia creíble, han venido diciendo casi machaconamente los últimos Papas. Cuando hay intereses, la palabra se hace sospechosa. Ya Sócrates, acusado de corromper a la juventud ateniense, en su apología dijo a los jueces: “tengo un testimonio irrefutable de mi veracidad: que soy pobre”.

El texto evangélico ofrece todavía más indicaciones sobre la misión. Esta debe ir acompañada del testimonio. Del Dios providente solo es testigo quien no lleve ropas de lujo o de repuesto, y del Dios de la paz y la unidad quien vaya inerme y en comunidad: “de dos en dos”. Por lo demás, toda la comunidad creyente debe comprometerse con la misión, alojando en sus casas a los misioneros y proveyéndolos de lo necesario; en Mt 10,41s se promete recompensa a quien simplemente les ofrezca un vaso de agua. Los misioneros llevan adelante el estilo de Jesús itinerante.

Severiano Blanco, cmf