Comentario – Jueves IV de Tiempo Ordinario

(Mc 6, 7-13)

Jesús vuelve a llamar a los apóstoles y los envía de dos en dos, con la cual se remarca el aspecto comunitario de la misión.

En esta tarea Jesús capacita a los que envía confiriéndoles poder no sólo para predicar, sino también para liberar a los hombres de sus males más profundos, esos que no se resuelven con habilidades humanas.

Pero este texto nos indica que Jesús quería algo más en sus discípulos: una vida desprendida y desinteresada; para que así como en Jesús se unieron la gloria y la pequeñez, eso mismo se reflejara en sus discípulos.

Ellos estaban revestidos de su poder, pero no apoyados en riquezas ni seguridades de este mundo; él los quería libres frente a los bienes y a la apariencia, dependiendo humildemente de la generosidad de los demás.

Debían dirigirse a todos los ambientes, pero evitando que los contagiaran las malas costumbres y la indiferencia de algunos lugares. Por eso Jesús los invitaba a sacudirse hasta el polvo que les quedara en las sandalias cuando en algún lugar la Palabra fuera despreciada.

Pero este gesto de sacudir las sandalias no es sólo una metáfora. De hecho, Pablo lo realizaba para recordar mejor la exhortación del Señor y no perder el entusiasmo evangelizador por las contrariedades del mundo (Hch 13, 51).

Oración:

“Señor, toma mi vida y realiza en ella esa paradoja de tu gloria y tu poder unidos a la humildad y a la pequeñez. Te entrego Señor, todos mis deseos de poder, de prestigio y de dinero, para apoyarme sólo en tu poder y en tu amor”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día