Curó a muchos enfermos de diversos males

Salieron de la sinagoga y fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. Le dijeron que la suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Él la agarró de la mano y la levantó. La fiebre desapareció, y ella se puso a servirles. Al anochecer le llevaron todos los enfermos y endemoniados, agolpó a la puerta. Jesús curó a muchos pacientes de diversas enfermedades y lanzó muchos demonios; pero no les dejaba hablar, porque lo conocían. Muy de madrugada se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros lo buscaron, lo encontraron y le dijeron: «Todos te están buscando». Él les dijo: «Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, a predicar también allí, pues para eso he salido». Y marchó a predicar en las sinagogas por toda Galilea, y echaba a los demonios.

Marcos 1, 29-39

COMENTARIO AL EVANGELIO

Hoy el Evangelio nos cuenta como Jesús curaba a muchas personas enfermas. Esto nos lleva a acordarnos de la situación que estamos viviendo con la pandemia del COVID desde hace casi un año. Muchas personas que lo han pasado muy mal y, desgraciadamente, muchas personas también que han muerto.
Nosotros no sabemos de medicina para poder salvar vidas como hacen todas las personas que trabajan en la salud. Pero seguro que podemos hacer algo por ayudar a alguien que necesita de nuestra ayuda en estos tiempos difíciles.  

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Piensa en alguien de tu barrio o pueblo que lo está pasando mal por todos los problemas que nos ha traido la pandemia.
  • ¿Qué puedes hace como creyente para ayudar a estas personas? ¿Qué podemos hacer desde la parroquia?
  • Toma un compromiso para ayudar a esa persona que has escrito en la primera pregunta.

ORACIÓN

Te escapabas de casa en la madrugada
para sumergirte en el Silencio sonoro.
Huías, huías del amontonamiento y el ruido
y bajabas hasta el fondo de la tierra,
a la soledad del Misterio,
a las raíces de tu Amor,
para ser amado y amar, para escuchar,
para estar conectado
al Ser que llamamos Padre-Madre.
¡Ay, pobres discípulos,
que corrían en tu busca
sin entender el misterio de tu escondite!
¡Oh, soledad dichosa del Hijo y del Padre,
contándose calladamente
cosas que sólo ellos saben!
¡Cómo me gustaría seguirte
cada mañana al bosque, escuchar vuestros secretos
y cantar con vosotros desde el amanecer
la canción de la ternura
y la energía solidaria!

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