Lectio Divina – Jueves IV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, la meditación de hoy no me deja tranquilo en mi casa, sino que me invita a salir. Por eso te pido valor para entender el cristianismo como salida. Tú has salido del Padre y has venido a este mundo para enseñarnos a salir. Saliste del Padre, del corazón del Padre, de la ternura del Padre. Haz que yo salga al mundo con el corazón lleno de amor, de solo amor y nada más que amor.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que tomasen para el camino, un bastón y nada más pero ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

Jesús llamó a los doce y los envió a predicar. En el evangelio de Marcos, los doce son los que “siempre están con Jesús”. Los eligió para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar. (Mc. 3,14). Si siempre están con Jesús, ¿qué deben predicar? Lo que han visto de Jesús, lo que han oído de Jesús, lo que han experimentado en un encuentro al vivo con Él. Jesús es, al mismo tiempo, el que evangeliza y el evangelio. De Él han aprendido a perder todo tipo de “seguridades” porque sólo en Jesús “se sienten seguros”. Han de vivir pobres, como Jesús. “Sin equipamiento”. “Enviados que quieren estar seguros por todas partes no son dignos de consideración”. (Schweizer). No deben tener miedo al fracaso:” “Al discípulo se le ha confiado un quehacer pero no se le ha asegurado un éxito”. (Maggioni). De Jesús han aprendido a rezar, poniendo en el Padre toda confianza. Ellos también deben llenarse cada mañana de la ternura del Padre y así confiar en la fuerza del amor. Un buen cristiano, profesor de ética, solía decir a los alumnos “Crean descaradamente en el bien. Tengan confianza en que a la larga terminará siempre por imponerse. No se angustien si otros avanzan aparentemente más rápido por caminos torcidos. Crean también en la lenta eficacia del amor. Sepan esperar». Esto sólo puede decirlo un alumno que ha aprendido en la escuela de Jesús.

Palabra del Papa.

La misión es urgente, no hay que perder tiempo en habladu­rías… Hay que llevar consuelo a las periferias del mundo. No hay tiempo que perder en habladurías, no es necesario espe­rar el consenso de todos, hay que ir y anunciar. La paz de Cristo se lleva a todos, y si no la acogen, se sigue igualmente adelante. A los enfermos se lleva la curación, porque Dios quiere curar al hombre de todo mal. 246 ¡Cuántos misioneros hacen esto! Siembran vida, salud, consuelo en las periferias del mundo. ¡Qué bello es esto! No vivir para sí mismo, no vi­vir para sí misma, sino vivir para ir a hacer el bien. Hay tantos jóvenes hoy en la Plaza: pensad en esto, preguntaos: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? A vosotros, jóvenes, a vosotros muchachos y muchachas os pregunto: vosotros, ¿sois valientes para esto, tenéis la va­lentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros! Ah, ¡lo hacéis bien! ¡Me gusta esto! (Ángelus, 7.7.13).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada? (Silencio)

5.- Propósito. Hoy estaré un rato con Jesús y, después, hablaré de Él

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque en este rato de oración he aprendido muchas cosas. Como cristiano, estoy llamado a salir. Pero no puedo salir de cualquier manera, sino que debo estar bien equipado de humildad, sencillez, pobreza y, sobre todo, de amor, de mucho amor. Para salir sin amor, es mejor quedarse en casa.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén