Notas para fijarnos en el evangelio

* Parece que los que lo han dejado todo para seguir a Jesús (Mc 1,26-20) no han roto los lazos familiares (30). Jesús, a través de ellos, entra en sus familias. Va a donde van sus discípulos (29), se mete en sus casas, participa de su vida.

* La manera sencilla y sobria de redactar propia de Marcos subraya la eficacia inmediata de Jesús y del contacto con Él (31.34). Jesús es presentado como sanador, como quien tiene poder contra el mal en todas sus formas. Ya lo veíamos a Mc 1,21-28, el texto de la semana pasada.

* Se acerca a los que sufren, los toca (31). Hace que “se levanten” (31) y ello nos hace pensar en la “resurrección”, ya que el verbo utilizado es el mismo (Mc 16,6): Jesús hace participar de su resurrección a aquellos a los que se acerca, a los que toca, especialmente a los que sufren.

* Jesús se enfrenta al mal (31 y 34). En este texto, con las curaciones, los exorcismos, hay como un resumen anticipado del conjunto de la actividad de Jesús, caracterizada por ese enfrentamiento con el mal.

* También se expresa, en esta especie de resumen, el gran eco que provoca Jesús entre la gente: “todos” (32), “la población entera”, “todo el mundo” (37).

* Jesús se aleja de la gente para orar (35). En eso vemos que no busca el éxito popular y, sobre todo, que busca hacer la voluntad del Padre (Mc 14,36). Su actividad y su enseñanza son inseparables del diálogo filial con el Padre.

* Los discípulos, que lo buscan (36), todavía no lo entienden, están en búsqueda. Él se deja encontrar. Y aprovecha para decir cuál es su misión: ir por todas partes a anunciar la Buena Noticia de Dios (38); ver Mc 1,14-1 5. Y ellos, sin entenderlo, se van con Él.

* Os invito a centraros en estos versículos que nos dan a conocer el comportamiento de Jesús en íntima unión con el Padre de los cielos. Son los vs. 35-39 y se trata de un texto oracional muy significativo, que nos habla de forma clara del compromiso inherente a la oración de Jesús, e ilustra de modo excelente cómo está llamada a ser la oración cristiana y cómo podemos dejarla pasar por el Evangelio del Reino. No nos quepa la menor duda, necesitamos evangelizar nuestra oración, en consonancia con la de Jesús. Señalamos algunos pasos que contiene este pasaje:

1. Jesús sale muy de madrugada, antes de amanecer, a orar y pasa en un lugar solitario un buen tiempo de gratuidad junto al Padre, experimentando su presencia y aliento, su amor y cariño (v. 35). Jesús, que oraba con frecuencia, tanto en público como en privado, solo como acompañado, elige en esta ocasión un descampado para hacerlo en soledad. El día anterior lo ha pasado haciendo el bien en medio de su pueblo, rodeado de la multitud. Ahora su corazón necesita el contacto entrañable con el Padre.

2. Los discípulos salen a su encuentro. Como hará en otras ocasiones, Simón hace de portavoz de sus mundo te busca. La gente, curiosa siempre, que ha contemplado sus prodigios y ha escuchado su palabra, cargada de autoridad (1,27.34), le espera con impaciencia (vs. 36 y 37). Quiere, con evidente falta de solidaridad, que siga realizando maravillas entre ellos, como había hecho el día anterior (1,34) y se presenta en la primera parte del relato.

3. Jesús no atiende a los deseos de sus íntimos, ni a las expectativas interesadas de la multitud. Y así responde para sorpresa de los suyos y también de los lectores: Vamos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido (v. 38). Jesús toma una decisión sorprendente, que no esperaban de Él en aquel preciso momento de triunfo, pero que es la que quiere el Padre. Y eso es lo que le importa, en realidad. Jesús ha estado con el Padre, se ha empapado de su amor, ha comprendido sus designios y sale reconfortado de la oración realizada. La captación de la voluntad divina, que le muestra la urgencia del anuncio del Reino y le confronta con su misión de hacerlo presente sin dilaciones en toda la región, le lleva a un compromiso radical, distinto al que los discípulos y la multitud solicitan de su persona, cargada de carisma. Sabe muy bien que hay que obedecer primero a Dios que a los hombres (cf. Hch 5,29) y rechaza así lo que sus íntimos le proponen y puede parecer a primera vista del todo razonable.

4. El compromiso adquirido en la oración no se queda en meras palabras o buenas intenciones; Jesús pasa a los hechos, mostrando su fidelidad al proyecto existencial marcado por lo alto. Como atestigua el evangelista, Jesús recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios (v. 39). La oración convertida de este modo en praxis, conduce al profeta de Nazaret a la acción, mostrándose así activo en la contemplación.

* Una experiencia de gratuidad lleva a Jesús al compromiso por los suyos. En el contacto directo e inmediato, sencillo y humilde, vivo y sentido con el Padre encuentra la verdadera realidad de su ser y descifra su quehacer en este mundo. Su identidad más profunda, conforme a la voluntad divina, está en el anuncio del Reino con palabras, hechos y signos y así lo ha sentido y comprendido en su oración. Sale de ella agradecido con la misión descifrada y con el aliento del Espíritu, para cumplirla con honestidad de modo permanente.