La suegra

1.- Cuando uno se acerca a lo que fue casa de Pedro en Cafarnaún, trata de adivinar la utilidad que pudiera tener cada espacio que distingue y el lugar que ocuparía para su descanso cada persona de la que nos dan referencia los evangelios. La distribución de las estancias que no era como la nuestra y los diferentes hábitos de convivencia impiden que podamos tener certeza de nada, así que miramos el pavimento con emoción pensando en nuestro interior: por aquí, por este mismo pavimento, pasó Jesús. Si tiene tiempo trata de imaginar donde comerían, donde dormirían y hasta donde descansaría aquella viejecita que un día se puso enferma, la suegra del amo. Un día que estaba el Maestro en la casa. Al margen de que ciertos autores digan que el parentesco de la buena señora no es seguro correspondiera a lo que nosotros también llamamos “madre política”, lo que sí es seguro es que Jesús dejó de lado su serio compromiso recibido del Padre: la evangelización, para ocuparse de la enfermedad, que parece que ni siquiera era grave, de aquella abuelita. Pero si nos fijamos bien no abandonó su misión, su proceder fue un ejemplo, una enseñanza, de cómo debe ser el nuestro.

2.- Abunda gente muy aficionada a hablar, discutir y proclamar lo mucho que sabe, pero que a la hora de hacer un favor, se excusa diciendo que no tiene tiempo. Son aquellos que vulgarmente decimos que ni siquiera dan los buenos días gratis. Una tal manera de actuar, no nos engañemos, es egoísmo puro, de aquel que no le gusta a Dios, Él que es todo generosidad. Al final de los tiempos no nos preguntarán si hemos hablado y discutido mucho con acierto, sino si hemos atendido a nuestros hermanos.

El evangelio de hoy también nos dice que Jesús se levantó temprano y se fue al campo a orar. La plegaria es la respiración del alma, el silencio y la soledad proporcionan al espíritu el aire puro que necesita. Algunos dicen que necesitan música y estar acompañados para estudiar y pensar. Difícilmente podrán llegar a reflexiones profundas, de aquellas que cambian la historia personal. A nadie le parecería bien que un sacerdote saliera a celebrar la misa con los cascos puestos y los mantuviese en sus oídos mientras predicara y pronunciara las palabras sublimes de la Consagración.

3.- Entregado a la oración de tal manera, Jesús es capaz de salir decidido y sin pereza a predicar, expulsar demonios, que es otra manera de curar, de un pueblo a otro. Seguramente no podréis vosotros levantaros temprano y salir al campo, es un inconveniente del vivir en ciudad, pero sí podéis preparar un rinconcito de vuestra casa, de vuestra habitación, que os facilite la oración. Un cuadro que os guste, una vela y una flor, pueden adornarlo. Será vuestro oratorio.

Pedrojosé Ynaraja