Vísperas – Santa Escolástica

VÍSPERAS

SANTA ESCOLÁSTICA, virgen

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Dichosa tú, que, entre todas,
fuiste por Dios sorprendida
con tu lámpara encendida
por el banquete de bodas.

Con el abrazo inocente
de un hondo pacto amoroso,
vienes a unirte al Esposo
por virgen y por prudente.

Enséñanos a vivir;
ayúdenos tu oración;
danos en la tentación
la gracia de resistir.

Honor a la Trinidad
por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria
que alegra la cristiandad. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo; a ti vengo con mi lámpara encendida.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo; a ti vengo con mi lámpara encendida.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor.

LECTURA: 1Co 7, 32. 34

El soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

RESPONSORIO BREVE

R/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías.
V/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías.

R/ Van entrando en el palacio real.
V/ Las traen entre alegrías.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

PRECES

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes a causa del reino de los cielos, y supliquémosle, diciendo:

Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia, sin mancha ni arruga,
— haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Oh Cristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
— no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen ha guardado siempre fidelidad intacta y pura,
— concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que conoces hoy a tu pueblo alegrarse por la festividad de santa Escolástica virgen,
— concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
— admite benigno a los difuntos en el convite festivo de tu reino.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, que, imitando su ejemplo, te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles V de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

         Señor, de nuevo estoy a tu lado.  Para mí la oración no es un lujo sino una necesidad. Yo necesito comer y beber; dormir y respirar. Gracias porque siento necesidad de rezar. Así puedo asegurar siempre mi oración. Si no sintiera esa dulce necesidad de estar contigo, me olvidaría de orar. ¿Y qué sería yo sin oración? Sería como una planta que no se riega, como un día sin sol, como una noche sin estrellas.  

2.- Lectura reposada del Evangelio según san Marcos 7, 14-23

Llamó otra vez a la gente y les dijo: Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y después se elimina en lugares retirados? – así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.

3.- Lo que dice el texto bíblico

Meditación-Reflexión

La religión de Jesús es una religión del corazón. Nada se decide desde fuera; y nada que viene de fuera puede ser malo. Dios ha hecho buenas todas las cosas. Somos nosotros, con nuestro comportamiento, los que las hacemos malas. Y esa es nuestra enfermedad.  Como decía San Juan de la Cruz: “La enfermedad no es otra cosa que la falta de amor”. Jesús quiere que tengamos una mirada positiva hacia todo lo creado. Son hermosas las montañas, los valles, los ríos, los bosques, el mar, los árboles frutales, y también todos los animales. Y todo lo ha creado Dios para que lo cultivemos, lo usemos bien y lo disfrutemos. Dios quiere que tengamos una mirada limpia sobre las cosas, los animales y, sobre todo, sobre las personas creadas a su imagen y semejanza. La creación entera debe ser una verdadera “escala de Jacob” para ascender hasta Dios. Si el pecado ha desdibujado y, a veces, borrado el verdadero sentido de la creación, que sea el nuevo Adán, Jesucristo, el que nos devuelva el paraíso perdido. Que sea Jesús el que me haga sentir los “pasos de Dios” que nuestros padres sentían en el paraíso, a la brisa de la tarde.   

Palabra del Papa

Cristo también pone en tela de juicio el «ojo», que es el símbolo de la intención del corazón y que se refleja en el cuerpo: un corazón lleno de amor vuelve el cuerpo brillante, un corazón malo lo hace oscuro.

¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos protegerá de los tesoros que no nos ayuden en el encuentro con Él, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para ver y juzgar de acuerdo con el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas. (S.S. Francisco, 21 de junio de 2013, homilía en misa matutina en capilla de Santa Marta). 

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Haré hoy un esfuerzo por mirar toda la creación con una mirada limpia y transparente.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, antes de terminar mi oración, quiero pedirte que me des un corazón limpio, un corazón bueno, un corazón transparente. Nosotros que contaminamos los ríos, ensuciamos los mares, talamos los árboles, te pedimos que no contaminemos también la “ecología del corazón”. Que nunca ensuciemos ese corazón tan bello que tú nos has dado. Haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del Evangelio de Mateo

Mateo 4, 1-11

«1Entonces Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para que fuera tentado por el diablo. 2Y, ayunando cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre.

3Y, acercándose el tentador, le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. 4Pero él, respondiendo, dijo: “Está escrito: ‘No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra salida de la boca de Dios’”.

5Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6y le dice: “Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo, porque está escrito: ‘Dará órdenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en piedra alguna’”. 7Jesús le dijo: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor, tu Dios’”.

8El diablo lo lleva de nuevo a un monte muy alto y le muestra todos los reinos del mundo y su gloria 9y le dijo: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. 10Entonces Jesús le dice: Apártate, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo servirás’”.

11Entonces el diablo lo dejó, y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían».

 

En el marco narrativo formado por los vv. 1 y 11, tenemos un relato con tres partes. Los términos «Espíritu» (v. 1) e «Hijo de Dios» (vv. 3.6) establecen la conexión con la perícopa anterior. En las tres tentaciones el peso recae en las citas bíblicas. Entre las tres tentaciones existen amplias coincidencias: la iniciativa parte siempre del diablo, que «se lleva» a Jesús. En las tres ocasiones Jesús contesta al diablo con una cita del Deuteronomio. Las tentaciones del diablo se escalonan: Jesús es conducido desde el desierto al templo y desde el templo al monte. Dos veces se refiere el diablo a la filiación divina de Jesús; se trata, pues, de acreditar la filiación divina proclamada en 3,17. La tercera tentación exige sin ningún ocultamiento la adoración del diablo. Concluye con su rechazo definitivo y el acercamiento de los ángeles.

 

ELEMENTOS A CONSIDERAR

  • Es un error pretender una única interpretación de un texto mítico-figurado. Hay un claro acento dominante: las tres tentaciones tienen como punto central una afirmación positiva: Jesús acredita su filiación divina, que le fue atribuida en la narración del bautismo, con la docilidad a la palabra de Dios pronunciada en el Antiguo Testamento, y vence así a Satanás. El Hijo de Dios acredita en tres tentaciones su relación con Dios obedeciendo a la Escritura.
  • La introducción de este relato conecta con el del bautismo. El Espíritu, que allí le fue infundido a Jesús, lo hace subir al desierto. El Espíritu divino es el verdadero iniciador del suceso, no el diablo. Mateo destaca especialmente el ayuno de Jesús durante cuarenta días con cuarenta noches, como Moisés (Ex 34,28; Dt 9,9.18), pero no en la cercanía reconfortante de Dios sobre el monte Horeb; o como Elías (1Re 19,1-8), pero sin ser alimentado milagrosamente por un manjar divino. La alusión a Moisés y a Elías pone de manifiesto que el ayuno de Jesús es un hecho extraordinario, que sirve sólo para revelar al Hijo de Dios, de modo que no se puede utilizar el texto para fundamentar el ayuno cristiano de la cuaresma (como se viene haciendo desde San Agustín).
  • El hambre de Jesús da pie a la primera tentación. El tentador reta a Jesús a que realice un milagro espectacular, pero este renuncia a un milagro que no está ordenado por Dios. Jesús, a diferencia de Israel, no sucumbe a la tentación y es así el Hijo de Dios que «vive de toda palabra que viene de la boca de Dios», es decir, que obedece. El hecho de que Jesús conteste al diablo por primera vez con una palabra de la Torá (de la Ley) es importante para el Mateo obediente a la ley.
  • En la segunda escena Satanás se lleva a Jesús al «alero» del templo. El diablo reta de nuevo a Jesús a obrar un milagro espectacular, pero ahora intenta derrotar a Jesús con sus propias armas, y cita igualmente la Biblia (Sal 90,11s, según la versión griega de la LXX). Jesús contesta de nuevo con la frase de la Torá (de la Ley) (Dt 6,16). También en la segunda tentación, la riqueza de sentido sólo se hará visible en una lectura de todo el evangelio: en la demanda de una «señal del cielo» narrada dos veces por Mateo, los lectores volverán a recordar nuestro texto. Jesús entrará en el templo la próxima vez (21,1-17) como rey pacífico sin demostración de poder. Más importantes aún son otras dos asociaciones: en su arresto, Jesús renuncia a pedir la ayuda de los ángeles de Dios y obedece a la Escritura (26,53-54). Poco después, Jesús rechaza la propuesta de los escribas que dicen al Crucificado: «Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz» (27,40; cf. v. 6). Así pues, lo que ocurre aquí, en el segundo episodio de la tentación, anticipa la obediencia del Hijo de Dios en su vida y, sobre todo, durante su pasión.
  • En la tercera tentación, el diablo se lleva a Jesús a un «monte alto» y le ofrece el dominio universal si le adora. Jesús le rechaza con una frase de Dt 6,13. Aquí evocarán los lectores la profesión de fe de Israel en el «Único Dios» que figura en el contexto inmediato. Se alcanza así el núcleo y clímax de las tres escenas. Jesús puede ahora expulsar a Satanás. También en este último episodio, la profundidad del sentido sólo se descubre con la lectura de todo el evangelio. La frase «Vete, Satanás» reaparecerá en 16,23. Jesús rechaza con estas palabras a Pedro, empeñado en disuadir al Hijo de Dios de la pasión. Y habla luego de la pasión y la auto-renuncia para seguirle. Inmediatamente después sube con algunos discípulos a un «monte alto» (17,1); allí acontece la segunda proclamación divina del Hijo de Dios. Mt 16,23-17,9 hace referencia, pues, al bautismo y a la tentación, pero en orden inverso. Pero lo más importante son las alusiones a la perícopa final del evangelio: después de haber renunciado, como Hijo de Dios obediente, a las demostraciones de poder divino, después de haber padecido y muerto en la cruz, Jesús recupera todo poder, de nuevo en la cima de un monte (28,16), no sólo sobre todos los reinos del mundo, sino sobre el cielo y la tierra (28,18). La renuncia al poder del Jesús terreno contrasta con la plenitud de poder del Resucitado. Esta perspectiva se sugiere ya veladamente en la indicación de que el diablo lo dejó y los ángeles le servían (v. 11).
  • Mateo, que toma muy en serio la humanidad de Jesús, es decir, su cumplimiento de la voluntad de Dios, no narra el comienzo de la actividad de Jesús con un episodio puramente humano de unas tentaciones vencidas. Narra una historia mitológica. Se trata de no perder la dimensión fundamental de la obediencia del Hijo de Dios expresada con categorías míticas. La dimensión mitológica de nuestro texto implica el hablar, no de tentaciones cotidianas, sino de tentaciones radicales del Hijo de Dios. El relato no aborda experiencias humanas cotidianas, sino la cuestión de quién ejerce la soberanía en el mundo: el diablo, al que Jesús no se somete y que por eso tiene que ceder el puesto, o Dios, que envía a sus ángeles. En suma, sin sus dimensiones míticas el relato degeneraría en puro ejemplo de unas experiencias cotidianas. Pero gracias a sus dimensiones míticas, el relato se convierte en un motivo de esperanza y en expresión de la confianza en el Hijo de Dios, que mediante su obediencia venció al diablo, y en Dios, cuyos ángeles asistieron al obediente. Entendido en esta línea, el relato tiene sentido al comienzo de un evangelio que desarrolla lo que significa la obediencia a Dios.

Comentario – Miércoles V de Tiempo Ordinario

(Mc 7, 14-23)

Jesús no se contenta con criticar las tradiciones y normas inventadas por los fariseos, sino que va mucho más allá, porque también quiere simplificar la Ley que estaba escrita en el Antiguo Testamento. En este texto, por ejemplo, Jesús declara sin valor las prohibiciones de comer algunos alimentos y declara que todos los alimentos se pueden comer, ya que no proviene de ellos el mal del hombre.

Para Jesús el mal está en el corazón, en las intenciones ocultas que llevan al pecado. No hay que culpar a lo que está fuera de nosotros sino preguntar qué hay en nosotros que debe ser sanado. Cuando algo me perturba, no me detendré a mirar la negatividad de lo que me rodea, sino que me preguntaré qué hay dentro de mí que provoca esa perturbación. Cuando no se tiene la fortaleza de Dios todo lo externo se convierte en un enemigo.

Hacernos buenos por dentro es liberarnos de los males que nos esclavizan desde el fondo, es aprender a amar con sinceridad, es descubrir con paz interior y dulzura la compañía de un Dios amante que nos hace fuertes, es arrancar los miedos y tristezas inútiles, las vanidades que nos enferman. Pero eso sólo es posible por el poder sanador del Espíritu Santo. Con ese poder divino podemos ir santificándonos en esa lucha cotidiana por matar el orgullo, el rencor, el egoísmo, la indiferencia.

En la lista de pecados que Jesús presenta, no se pretenden resumir todos los pecados más graves; pero cabe advertir que la mayoría de los pecados que se mencionan se refieren a las relaciones con el prójimo, a pecados que atentan contra el amor al hermano.

Oración:

“Jesús, te doy gracias por haber simplificado mi vida, porque me indicaste un camino claro y directo en tu mensaje de amor; pero tú sabes que mi corazón se deja dominar muchas veces por otros impulsos. Por eso te ruego que lo purifiques, lo sanes, lo liberes”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Participación de los fieles en el Oficio

100. Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular.

Comentario Domingo VI de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús:

Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”.

Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón.

Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio.

Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMEN.

Mc 1, 40-45

«40Y acude a él un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”.

41Y, compadecido*, extendiendo su mano, le tocó y le dice: “Quiero, queda limpio”. 42Y, al instante, se fue de él la lepra y quedó limpio.

43Y le despidió al instante, prohibiéndole severamente: 44“Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio”.

45Pero él, así que se fue, se puso a proclamar todo y a divulgar la noticia, de modo que [Jesús] ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares desiertos.

Y acudían a él de todas partes».

PALABRA DE DIOS 

 

CONTEXTO

Prosigue la narración evangélica. Este evangelio es la continuación del que leíamos el domingo pasado. Jesús continúa haciendo presente la nueva realidad de la soberanía de Dios. En las partes anteriores a este relato del leproso, Jesús inicia su misión por medio de la proclamación de la Buena Nueva de Dios (1,14). Él proclama el Reino de Dios, no sólo a través de palabras, en la enseñanza (1,21), sino también a través de obras: curación de enfermos y expulsión de demonios (1,29- 35). A la curación del leproso seguirá la curación del paralítico (2,1-12) y la llamada a Leví (2,13-14).

Para comprender mejor el relato, es preciso conocer la situación de los leprosos en tiempo de Jesús. Según la concepción judía, el leproso era impuro por su enfermedad. Desde el punto de vista religioso, este hecho lo excluía del acceso a Dios y, en consecuencia, del pueblo elegido (cf. Lv 13,45ss). Era, además, transmisor de impureza, lo mismo a personas que a objetos. La lepra era “la hija primogénita de la muerte” (Job 18,3). El leproso quedaba fuera de la sociedad, temerosa de verse físicamente contagiada y religiosamente contaminada. Estaba obligado a avisar a gritos de su estado de impureza, para que nadie se acercase a él, y tenía que vivir en descampado. Era un maldito, un castigado por Dios y, por ende, por todos.

TEXTO

El evangelio de hoy es un díptico. En la primera parte (vv. 40-42) se nos narra la limpieza del leproso en tres pasos: la solicitud del leproso (v. 40), la acción de Jesús, en la que vuelve a aparecer la mano de Jesús, como en el evangelio anterior (v. 41), y la consecuencia de la acción de Jesús: el leproso queda limpio de la lepra (v. 42). En la segunda parte (vv. 43-45), también nos encontramos con una estructura ternaria: las indicaciones de Jesús (vv. 43-44), la reacción, ostensiblemente desobediente, del ya sanado (v. 45a) y la reacción de la gente (v. 45b). El texto está enmarcado por la inclusión “acudir a él” (vv. 40 y 45) y el adverbio “de inmediato” (eythys), tan característico de la primera parte de Mc, ejerce de fina conexión entre las dos partes. El tema de la limpieza o purificación es central en el relato.

*Una variante de manuscritos muy importantes cambia “compadecido” por “encolerizado”.

ELEMENTOS A DESTACAR

• La actitud humilde del leproso, con una súplica que manifiesta únicamente su absoluta confianza en el poder de Jesús. Es un modelo para nuestro acercamiento a Jesús.

• El gesto de “tocar”, entrar en contacto físico con el leproso, que estaba prohibido por la Ley, niega que Dios excluya de su favor al leproso. Jesús “toca” lo intocable (la Ley) y al intocable (el leproso); el leproso, al acercarse a Jesús, viola la Ley, y Jesús, al tocarle, también. La Ley, al imponer la marginación, no expresa el ser ni la voluntad de Dios. ¿Qué mensaje nos comunica el evangelio y qué consecuencias para nuestra vida creyente?

• La contradicción entre el silencio impuesto y el testimonio del leproso. La prohibición de hablar puede deberse al llamado “secreto mesiánico”, el propósito de Jesús de mantener oculto su mesianismo hasta no llegar a conocerse y asumir todo su recorrido; pero la experiencia del amor de Dios, del que pensaba estar excluido, y la libertad adquirida, causan en el hombre una alegría incontenible que tiene que proclamar. ¿Es así de expansiva nuestra experiencia creyente?

• El que elimina la lepra, el que saca de la marginación, se convierte en un “marginado” para la religión y la sociedad. Jesús tiene que quedarse fuera (adverbio de gran significado religioso), en lugar desértico, como antes le pasaba al leproso. ¿Nos dice algo?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

 

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

 

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

 

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo VI de Tiempo Ordinario

Domingo VI Tiempo Ordinario
11 de Febrero de 2018

Levítico 13, 1-2.44-46; Salmo 32, 1-2.5.11; 1Cor 10, 31-11:1; Marcos 1, 40-45

Jesús Sana a un Leproso

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: ¡Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”. Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, adonde acudían a él de todas partes.

Reflexión
¿Qué es un leproso? (una persona que tiene lepra, una enfermedad muy contagiosa que se come la piel) ¿Cómo creen es la vida de un leproso? (Vivían aislados de sus familias y amistades, sin poder trabajar, para no contagiar a nadie. Se sentían avergonzados porque todos creían que esto era causa del pecado.) ¿Cómo el leproso demuestra su fe en Jesús? (Con humildad, de rodillas, le suplica, si Tú quieres, puedes curarme.) ¿Cómo lo cura Jesús? (El extiende su mano, lo toca y dice, “¡Si quiero! ¡Sana!” Tocar a un leproso era muy peligroso.) Jesús se acerca a quienes los demás rechazan. ¿Hay alguien en tu escuela o tu barrio que tenga alguna deformación o enfermedad y a ti te dé repugnancia o miedo? ¿Cómo puedes tener compasión de esa persona? Compartir ¿Por qué Jesús le pide que se presente al sacerdote y ofrezca un sacrificio por su purificación como lo pide la ley de Moisés? (Así se purifica por dentro también y el sacerdote le permite volver a vivir en comunidad.) El leproso fue a contarles a todos lo que Jesús había hecho por él. ¿Cuándo tú has recibido un favor, muestras agradecimiento? Compartir.

Actividad
En la siguiente página, hacer un libro del evangelio siguiendo las instrucciones. En la próxima página, reemplazar los números con las letras que corresponden para ver el mensaje. Poner en orden las palabras que definen – compasión.

Oración
Señor, en tu gran compasión no rechazas a nadie. Enséñanos a ver a todos como hijos amados tuyo para no separar a nadie de la comunidad. Te damos gracias por tu gran compasión de nosotros. Danos la alegría de tu salvación para que podamos anunciarla a los demás. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Curación de un leproso – Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: – Si quieres, puedes limpiarme. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: – Quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándole severamente: – No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés. Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes poderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a é de todas partes.

Explicación

La actividad de Jesús, dedicado de lleno a hacer bien, hizo que muchas personas oyeran hablar de él y se le acercaran. Así ocurrió con este enfermo de lepra que vino a Jesús y le pidió ayuda. Una vez sanado, aquél hombre se sintió como nuevo y comenzó una vida nueva de trato y relación con los demás, porque no sé si sabes que los enfermos de lepra eran separados de la sociedad y condenados a vivir aislados. Qué triste ¿no?

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: Hoy os vamos a relatar una historia de Jesús. De cómo Jesús curó a un leproso.

NIÑO 1: ¿La lepra era una enfermedad muy mala?

NARRADOR: ¡Claro! Todos tenían miedo de contagiarse y dejaban a los leprosos lejos de su familia y solos.

NIÑO 2: Eso me da mucha pena. ¿Es que nadie les quería?

NARRADOR: Seguro que Jesús sí. Veréis lo que sucedió.

NIÑO 1: Maestro, vamos a descansar ahora que no hay gente.

JESÚS: Está bien, descansemos un rato. ¡Mirad, por ahí viene un leproso!

LEPROSO: ¡Estoy impuro, estoy impuro!

NIÑO 2: ¡Maestro, es un leproso, no te acerques!

LEPROSO: Si quieres puedes limpiarme, Señor.

JESÚS: Quiero, queda limpio.

LEPROSO: ¡Gracias, Jesús, gracias!

JESÚS: ¡No se lo digas a nadie! Preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

NARRADOR: El leproso fue a la ciudad y gritaba con todas sus fuerza diciendo a todo el mundo el milagro de Jesús.

LEPROSO: ¡Estoy curado, ya no tengo lepra!

NIÑO 1: ¡Le prometiste a Jesús que no lo dirías!

LEPROSO: Es verdad, pero soy feliz y necesito decirlo. ¡Jesús me ha curado, ya no tengo lepra!

NARRADOR: Jesús siguió su camino, pero ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo. Se quedaba fuera, en descampado y aún así acudían a él de todas partes.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles V de Tiempo Ordinario

Creo que a menudo confundimos el ansia de Dios por proteger su poder -conocer el bien y el mal- con nuestras propias ansias de ser dioses -conocer el bien y el mal-.

Pero la mayor confusión es dar más importancia al pecado y la metedura de pata que al soplo de vida que nos hace seres vivos y bien vivos: ¡vivientes! Ese soplo de Dios que entra en nosotros por la nariz, según el Génesis. Este Dios que aprovecha cualquier rendija para entrar, para vivificarnos. Un Dios que, como dice el salmo 103, abre su mano y nos sacia de bienes y si nos retirara su aliento, moriríamos.

Porque nuestro Dios está mucho más interesado en la vida que nos recorre el interior que lo que ocurre por fuera. No es que no sea importante, claro. No es que no nos influya. Pero ni punto de comparación. Como dice Jesús en el evangelio de hoy: lo que sale de dentro del hombre es lo que le hace puro o impuro. Preocupémonos más por las maldades que permitimos salgan de dentro nuestro. Sin duda tiene más importancia que andar teorizando con el conocimiento del bien y el mal. Mientras hablamos andan a sus anchas las mentiras, envidias, difamaciones, codicias, fraudes….

Cuestión de elegir: cuidemos el soplo de vida que hemos recibido en nuestro interior. Y dejemos que lo que salga de ahí no haga abundar el mal que nos rodea por fuera.

Rosa Ruiz