Comentario Domingo VI de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús:

Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”.

Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón.

Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio.

Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMEN.

Mc 1, 40-45

«40Y acude a él un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”.

41Y, compadecido*, extendiendo su mano, le tocó y le dice: “Quiero, queda limpio”. 42Y, al instante, se fue de él la lepra y quedó limpio.

43Y le despidió al instante, prohibiéndole severamente: 44“Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio”.

45Pero él, así que se fue, se puso a proclamar todo y a divulgar la noticia, de modo que [Jesús] ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares desiertos.

Y acudían a él de todas partes».

PALABRA DE DIOS 

 

CONTEXTO

Prosigue la narración evangélica. Este evangelio es la continuación del que leíamos el domingo pasado. Jesús continúa haciendo presente la nueva realidad de la soberanía de Dios. En las partes anteriores a este relato del leproso, Jesús inicia su misión por medio de la proclamación de la Buena Nueva de Dios (1,14). Él proclama el Reino de Dios, no sólo a través de palabras, en la enseñanza (1,21), sino también a través de obras: curación de enfermos y expulsión de demonios (1,29- 35). A la curación del leproso seguirá la curación del paralítico (2,1-12) y la llamada a Leví (2,13-14).

Para comprender mejor el relato, es preciso conocer la situación de los leprosos en tiempo de Jesús. Según la concepción judía, el leproso era impuro por su enfermedad. Desde el punto de vista religioso, este hecho lo excluía del acceso a Dios y, en consecuencia, del pueblo elegido (cf. Lv 13,45ss). Era, además, transmisor de impureza, lo mismo a personas que a objetos. La lepra era “la hija primogénita de la muerte” (Job 18,3). El leproso quedaba fuera de la sociedad, temerosa de verse físicamente contagiada y religiosamente contaminada. Estaba obligado a avisar a gritos de su estado de impureza, para que nadie se acercase a él, y tenía que vivir en descampado. Era un maldito, un castigado por Dios y, por ende, por todos.

TEXTO

El evangelio de hoy es un díptico. En la primera parte (vv. 40-42) se nos narra la limpieza del leproso en tres pasos: la solicitud del leproso (v. 40), la acción de Jesús, en la que vuelve a aparecer la mano de Jesús, como en el evangelio anterior (v. 41), y la consecuencia de la acción de Jesús: el leproso queda limpio de la lepra (v. 42). En la segunda parte (vv. 43-45), también nos encontramos con una estructura ternaria: las indicaciones de Jesús (vv. 43-44), la reacción, ostensiblemente desobediente, del ya sanado (v. 45a) y la reacción de la gente (v. 45b). El texto está enmarcado por la inclusión “acudir a él” (vv. 40 y 45) y el adverbio “de inmediato” (eythys), tan característico de la primera parte de Mc, ejerce de fina conexión entre las dos partes. El tema de la limpieza o purificación es central en el relato.

*Una variante de manuscritos muy importantes cambia “compadecido” por “encolerizado”.

ELEMENTOS A DESTACAR

• La actitud humilde del leproso, con una súplica que manifiesta únicamente su absoluta confianza en el poder de Jesús. Es un modelo para nuestro acercamiento a Jesús.

• El gesto de “tocar”, entrar en contacto físico con el leproso, que estaba prohibido por la Ley, niega que Dios excluya de su favor al leproso. Jesús “toca” lo intocable (la Ley) y al intocable (el leproso); el leproso, al acercarse a Jesús, viola la Ley, y Jesús, al tocarle, también. La Ley, al imponer la marginación, no expresa el ser ni la voluntad de Dios. ¿Qué mensaje nos comunica el evangelio y qué consecuencias para nuestra vida creyente?

• La contradicción entre el silencio impuesto y el testimonio del leproso. La prohibición de hablar puede deberse al llamado “secreto mesiánico”, el propósito de Jesús de mantener oculto su mesianismo hasta no llegar a conocerse y asumir todo su recorrido; pero la experiencia del amor de Dios, del que pensaba estar excluido, y la libertad adquirida, causan en el hombre una alegría incontenible que tiene que proclamar. ¿Es así de expansiva nuestra experiencia creyente?

• El que elimina la lepra, el que saca de la marginación, se convierte en un “marginado” para la religión y la sociedad. Jesús tiene que quedarse fuera (adverbio de gran significado religioso), en lugar desértico, como antes le pasaba al leproso. ¿Nos dice algo?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

 

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

 

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

 

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?