Lectio Divina – Miércoles V de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

         Señor, de nuevo estoy a tu lado.  Para mí la oración no es un lujo sino una necesidad. Yo necesito comer y beber; dormir y respirar. Gracias porque siento necesidad de rezar. Así puedo asegurar siempre mi oración. Si no sintiera esa dulce necesidad de estar contigo, me olvidaría de orar. ¿Y qué sería yo sin oración? Sería como una planta que no se riega, como un día sin sol, como una noche sin estrellas.  

2.- Lectura reposada del Evangelio según san Marcos 7, 14-23

Llamó otra vez a la gente y les dijo: Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y después se elimina en lugares retirados? – así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.

3.- Lo que dice el texto bíblico

Meditación-Reflexión

La religión de Jesús es una religión del corazón. Nada se decide desde fuera; y nada que viene de fuera puede ser malo. Dios ha hecho buenas todas las cosas. Somos nosotros, con nuestro comportamiento, los que las hacemos malas. Y esa es nuestra enfermedad.  Como decía San Juan de la Cruz: “La enfermedad no es otra cosa que la falta de amor”. Jesús quiere que tengamos una mirada positiva hacia todo lo creado. Son hermosas las montañas, los valles, los ríos, los bosques, el mar, los árboles frutales, y también todos los animales. Y todo lo ha creado Dios para que lo cultivemos, lo usemos bien y lo disfrutemos. Dios quiere que tengamos una mirada limpia sobre las cosas, los animales y, sobre todo, sobre las personas creadas a su imagen y semejanza. La creación entera debe ser una verdadera “escala de Jacob” para ascender hasta Dios. Si el pecado ha desdibujado y, a veces, borrado el verdadero sentido de la creación, que sea el nuevo Adán, Jesucristo, el que nos devuelva el paraíso perdido. Que sea Jesús el que me haga sentir los “pasos de Dios” que nuestros padres sentían en el paraíso, a la brisa de la tarde.   

Palabra del Papa

Cristo también pone en tela de juicio el «ojo», que es el símbolo de la intención del corazón y que se refleja en el cuerpo: un corazón lleno de amor vuelve el cuerpo brillante, un corazón malo lo hace oscuro.

¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos protegerá de los tesoros que no nos ayuden en el encuentro con Él, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para ver y juzgar de acuerdo con el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas. (S.S. Francisco, 21 de junio de 2013, homilía en misa matutina en capilla de Santa Marta). 

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Haré hoy un esfuerzo por mirar toda la creación con una mirada limpia y transparente.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, antes de terminar mi oración, quiero pedirte que me des un corazón limpio, un corazón bueno, un corazón transparente. Nosotros que contaminamos los ríos, ensuciamos los mares, talamos los árboles, te pedimos que no contaminemos también la “ecología del corazón”. Que nunca ensuciemos ese corazón tan bello que tú nos has dado. Haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén