Comentario – Jueves V de Tiempo Ordinario

(Mc 7, 24-30)

Jesús sigue molestando a los fariseos fanáticos, porque además de querer modificar sus normas, se atreve a entrar en un territorio pagano. Y este trato con paganos era considerado como una contaminación.

Jesús pone a prueba la confianza de la mujer cananea, pero se deja vencer por su humilde convicción y sana a su hija. Porque ella es capaz de ver más allá de las palabras aparentemente indiferentes de Jesús, y expresa una gran confianza en su misericordia. Jesús se deja cautivar por esa confianza y parece no poder resistirse a los deseos de los que se acercan a él con esa actitud.

Es bella esta actitud del que sabe colocarse en su lugar cuando está frente a Dios, con una humildad que no lo anula, sino que lo llena de confianza. Vale el ejemplo de Santa Catalina de Siena. Ella había tenido un encuentro místico con Jesús que le decía: “Yo soy el que soy, tú eres la que no es”. Pero esto, lejos de rebajarla o detenerla, la convirtió en una de las mujeres más fuertes, valientes y decididas de la historia.

La expresión “perros” era comúnmente usada por los judíos para referirse a los paganos. Jesús la suaviza diciendo “perritos”, pero no deja de mostrar la predilección por el pueblo judío; sin embargo, ya queda claro que el poder de Jesús comienza a romper las fronteras y su misión se abre al mundo pagano, a pesar del rechazo que esto provocaba en los poderosos judíos más fanáticos.

Oración:

“Señor, no permitas que la soberbia y la vanidad se apoderen de mí; no quiero sentirme digno de tus dones, sino acercarme a ti con la simple confianza de la mujer cananea, con un corazón humilde y pequeño ante tu grandeza”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día