Si quieres puedes curarme

1. – En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso suplicándole de rodillas:

–Si quieres, puedes limpiarme.

Y Jesús le contesto:

–Cumple ley de Moisés y no te acerques porque eres impuro…

Y el leproso se retiró lleno el corazón de tristeza

Esta escena pudo realizarse, porque Jesús no había venido a abolir la Ley, sino a cumplirla, pero si se hubiera realizado, Jesús habría hecho abortar el cristianismo, en su mismo nacimiento.

Y sin embargo vosotros y yo que por el bautismo nos hemos revestido de Cristo –somos Cristo–, con la ley en la mano marginamos a un sinfín de personas, cuando a su “si quieres” deberíamos haber contestado con un “Quiero” nacido como un grito salido del corazón.

–Con la Ley de Dios en la mano cerramos nuestras puertas al divorciado, a los casados por lo civil, a las madres solteras.

–Con la Ley de Dios en la mano repudiamos con asco y zaherimos cruelmente a los homosexuales

–Con la ley de la educación en la mano no admitimos como hermano al pobre sucio y maloliente, que tiende su mano hacia nosotros

Y es para nosotros ley de vida el desentendernos de nuestros ancianos a los que hay que cuidar día a día.

2. – Hermanos, si queremos ser como Jesús miremos a nuestro alrededor, ¿quién nos está diciendo “Si quieres”?

–Si quieres, puedes darme tu comprensión.

–Si quieres, puedes darme unos minutos de tu vida.

–Si quieres, harás que me sienta persona, objeto de cariño

–Si quieres, no me sentiré tan solo

–Si quieres, puedes encender la luz de la esperanza en mi corazón.

–Si quieres, puedes calmar mi hambre

3. – La gran marginación de nuestra sociedad actual es la pobreza de más de miles de millones de seres humanos. De cuatro sentados a la misma mesa mientras yo dejo comida porque si no me sube el colesterol o tengo que someterme a un régimen de adelgazar, el de mi derecha come la mitad que yo, y el de mi izquierda me mira con envidia porque come una cuarta parte. Y el que se sienta frente a mi me mira tal vez con odio porque no tiene qué comer. Esta es la realidad de nuestro mundo actual donde más de las tres cuartas partes de la población mundial pasan hambre.

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida que asegure su salud, su bienestar y el de su familia, especialmente en cuanto a alimentación, vestido, vivienda y atención médica y a los necesarios servicios sociales. Es el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, firmada por los que en el primer día –digo, dicen en una hora—de la Guerra del Golfo –hoy viva todavía en Iraq —gastaron en matar y destruir lo mismo que Naciones Unidas recoge para construir y dar vida en un año. ¡Qué caro es matar y qué barato es ayudar a vivir!

4.- Ya sé que la economía es muy complicada. Ya sé que la economía libre de mercado obliga muchas veces a premiar a los labradores que no siembren, a que se almacene la mantequilla y se la de a comer a los becerros. A comprar a los labriegos el arroz y tenerlo amenazado en silos (donde al fin se estropea) todo para mantener los precios dentro de unos límites.

Lo que no sabe uno es si el Señor, que no entiende de economía de libre mercado, que no sabe de derecho internacional y si sabe mucho del derecho a la vida y a la felicidad que tiene hasta el más pequeño de sus hijos… digo, si ese Señor lo entenderá.

No se que pensará ese Señor, que para hacernos olvidar leyes económicas pasa hambre con el pobre y nos tiende la mano: “porque tuve hambre y me disteis de comer”. No se cuando se decidirá a decir “tuve hambre y NO me disteis de comer”, con todas las consecuencias del “apartaos de mi malditos…” Ojo, que son palabras del Señor.

“Parte tu pan con el hambriento y tu luz iluminará como la aurora”. Ha habido hambre siempre. En la Edad Media era endémica. Y los monasterios eran la única seguridad social para los que ya no podían trabajar. La Iglesia, muy a pesar de lo que dice, ha sido siempre luz como de aurora para los necesitados. Manos Unidas, Cáritas y tantas otras instituciones atienden sin distinción de raza o de ideario político a todo aquel que tiene necesidad. Las Hermanas de la Caridad, las monjas que siguen las enseñazas de la Madre Teresa de Calcuta y muchas otras son verdadera luz en la tiniebla del abandono y del hambre.

Pero cada uno de nosotros, debemos ser dentro de la Iglesia luz de aurora. Todos somos ricos en comparación del que no tiene nada. “Parte tu pan con el hambriento”. No nos habla del pan que nos sobre, sino del pan que iba ya camino de nuestra boca. Da parte al que necesita más que tú.

¿No sería posible que todos viviéramos una vida más sencilla? ¿No seríamos todos más felices teniendo menos necesidades? ¿No está la felicidad en tener menos y dar más? Porque es más feliz el que da que el que recibe.

5.- La sangre de Abel llegó al cielo clamando venganza, el rumor pavoroso de los que tienen hambre desde luego llega a los oídos del Padre de todos nosotros.

Que al “si quieres” de estos millones de hermanos hambrientos, respondemos con un “Quiero eficaz”, como el de los quince niños de enseñanza primaria, de un colegio del sur de la provincia de Madrid, que hace solo unos días al escuchar una charla sobre el hambre en el mundo, entregaron una bolsa llena de dinero, la mayoría monedas, que iban reuniendo para hacer una excursión todos juntos. Estos niños supieron, como Jesús, extender la mano hacia el leproso, tocarle en señal de acogida, y dijeron un “Quiero” salido de su corazón inocente y bueno.

José María Maruri, SJ