Comentario – Sábado V de Tiempo Ordinario

(Mc 8, 1-10)

Otra vez nos encontramos con la narración de la multiplicación de los panes, porque este relato aparece dos veces en Mateo y dos veces en Marcos.

Al multiplicar los panes Jesús aparece realizando la figura del Dios que “da de comer al hambriento” (Sal 107, 9; 146, 7), que tiene una particular mirada de amor hacia los pobres necesitados y los sacia de sus bienes.

Pero al repartir los panes a través de los discípulos está indicando que la preocupación por las necesidades de la gente es también parte de la misión de ellos; los discípulos, igual que Jesús, no pueden dejar de compadecerse de la gente, y esa compasión debe ser activa y eficaz. Así se continúa la exigencia bíblica de escuchar el clamor de los pobres (Éx 22, 20-22.25-26; Deut 15, 7-9; Eclo 4, 4-6). Si leemos estos textos podremos descubrir que quien se hace instrumento de Dios para escuchar el clamor del pobre, se coloca así en el canal de la bendición divina, su vida se llena de la bendición de Dios; pero el que rechaza esa misión y se encierra en su comodidad y en sus propios intereses, se coloca fuera de la bendición divina y su vida queda fuera de la protección de Dios, de manera que nada de lo que haga tendrá verdadero sentido.

Oración:

“Señor, dame un poco de tu inmensa compasión ante la miseria ajena, ayúdame a mirar a los pobres con tus ojos de misericordia, tómame como instrumento para ayudarlos en sus necesidades y no permitas que cierre mis oídos a su clamor”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día