Lepra

1.- Entre las enfermedades míticas, ocupa un lugar destacado la lepra. En tiempos de Jesús, un enfermo de esta índole estaba condenado al total aislamiento social, además de sufrir las desagradables consecuencias, dolor y hasta pérdida de extremidades, por la invasión de los bacilos de Hansen. Entre nosotros, no hace muchos años, un enfermo era separado de su familia y de su ambiente, lo trasladaban en un vagón de tren ocupado por él sólo hasta un hospital cualificado y quedaba sometido a un internamiento e incomunicación casi total. Si se trata de un enfermo del Tercer Mundo, y todavía quedan varios millones, está aun hoy en día condenado a la soledad y la pobreza. No siempre es así. Las leproserías, que existen en Asia y África principalmente, están casi siempre atendidas por instituciones cristianas. Siguen el ejemplo de Jesús. La lepra es una enfermedad desagradable a la vista, deformante y destructiva, pero sabemos que se podría eliminar del mundo, si pudieran los enfermos recibir medicación y atenciones adecuadas. Desaparecería del mundo si supiéramos obrar con la misma generosidad de Jesús. Pero, por desgracia, vivimos bastante indiferentes a estos males.

2.- Hay entre nosotros una enfermedad distinta, pero en algo semejante, que causa la misma alarma. Se trata del SIDA. La actitud general es igualmente de rechazo. Se piensa en sus causas para poder despreocuparse. Jesús no preguntó al leproso porque se había contagiado de la lepra. Se limitó a curarlo y a decirle que de acuerdo con las normas de aquel tiempo se presentase a las autoridades, para que le diesen un certificado de curación. No valía la pena suscitar problemas. Le dijo que no hablase de su curación, pero él entusiasmado por el bien que le había hecho, no dejaba de explicarlo a todos, de manera que, gracias a este enfermo, por aquellas tierras, el Señor se hizo famoso.

3.- Nos toca aprender de Jesús a ser generosos como podamos, con los enfermos de sida, o de lepra o de la enfermedad que sea. También con los enfermos de pobreza, sin preguntarnos porque han llegado a la indigencia. En algunos lugares de África los que se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación, deben asistir a enfermos de sida en los hospitales, para demostrar con ello que quieren seguir el ejemplo del Maestro.

Nos toca aprender del leproso a ser agradecidos, a saber proclamar a todos, que Dios nos ha favorecido. Estamos repletos de malas noticias, pero, por muy malas y muchas que sean, el Amor de Dios, el bien que Él nos hace, es muy superior. Si lo explicáramos a nuestros compañeros y vecinos, además de ser agradecidos, ayudaríamos a ser más felices a los demás al no ver las cosas tan negras como tantos las ven.

Pedrojosé Ynaraja