Comentario – Martes VI de Tiempo Ordinario

(Mc 8, 14-21)

Los discípulos se han quedaron sin pan para ellos, se olvidaron de aprovisionarse para el viaje. Esto nos muestra que la misión de saciar el hambre de la gente que Jesús les había dado los había tomado por entero, hasta el punto que al menos por un momento no pensaron en sí mismos y en sus propias necesidades.

Pero ahora Jesús quiere hacerles ver que después de haber presenciado la multiplicación de los panes no deberían preocuparse por la falta de pan, ya que el maestro generoso y lleno de poder que los llamó a estar con él, no podría dejarlos sin el sustento necesario para sobrevivir.

En el trasfondo, Jesús usa el lenguaje simbólico de la levadura del pan para referirse a los poderosos de su época: los fariseos y Herodes. La levadura de ellos es la incredulidad y el afán desmedido de poder que se convierte en envidia y en necesidad de controlarlo todo. Le llama “levadura” porque esa actitud oculta fermenta toda la masa, arruina la vida entera, mancha con su malicia y quita todo valor a lo que hagan.

Jesús pide a sus discípulos que se cuiden de esa levadura venenosa que puede hacer fermentar una masa de pecado que termine dominándolo todo con su influjo nefasto. Vemos así cómo en este texto se dan dos niveles (el pan puede ser el pan bueno que da Jesús o el pan malo de los fariseos), recurso que está muy presente en todo el evangelio de Juan.

Oración:

“Señor, concédeme que no olvide los signos de tu amor y de tu poder que he experimentado a lo largo de mi vida; dame la gracia de recordarlos en los momentos oscuros para que no pierda la confianza en ti”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día