Lectio Divina – Jueves después de Ceniza

1.- Oración introductoria.

Señor, siempre que me asomo a este evangelio me asusta. Hay que tomar la cruz. No puede haber cristianismo sin cruz. Es lo que nos dices. Pero en este evangelio de Lucas, esa cruz a la que tú te refieres no es esa Cruz tuya tan pesada, sino la cruz de cada día. Dame tu gracia para cargar con ella, sin olvidar tu promesa de: “resucitar al tercer día”. Es verdad que no hay Resurrección sin Cruz, pero no es menos verdad que no hay Cruz que no termine en Resurrección. Haz, Señor, que la luz de la Pascua ilumine mi camino en esta cuaresma.

2.- Lectura sosegada de la Palabra. Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación

Este primer anuncio de la Pasión debió de impresionar mucho a las primeras comunidades. Aparece en los tres evangelios sinópticos. Los tres insisten en la paradoja de que para ganar hay que saber perder. El que vive sólo para conservar su vida, la estropea, la malogra. Vivir es más vivir. La existencia es una pro-existencia, un vivir para dar vida a los demás. Jesús no quiere otro sufrimiento que aquel que   nace de luchar contra el sufrimiento. Hay un detalle en el Evangelista Lucas que no está ni en Marcos ni en Mateo. Dice que hay que llevar la cruz “cada día”. La Cruz no es un episodio de la vida. Toda la vida debe quedar impregnada del sentido de la Cruz. Aquí no se nos pide que carguemos con la Cruz pesada de Jesús, pero sí debemos construir la Cruz con las mil y mil astillas de cosas que nos molestan, que nos hacen sufrir cada día. Por otra parte, Jesús jamás ha hablado de la Cruz sin hablar, al mismo tiempo, de la Resurrección. No se trata de dar todo sin recibir nada; se trata de ser “sobrepasados” por el don. Al final triunfará el bien sobre el mal. Y el sufrimiento y la muerte serán derrotados.

Palabra del Papa

Este misterio de comunión, que hace de la Iglesia signo del amor del Padre, crece y madura en nuestro corazón, cuando el amor, que reconocemos en la Cruz de Cristo y en el cual nos sumergimos, nos hace amar del mismo modo que nosotros somos amados por Él. Se trata de un Amor sin fin, que tiene el rostro del perdón y la misericordia. Pero la misericordia y el perdón no deben quedarse en palabras bonitas, sino realizarse en la vida cotidiana. Amar y perdonar son el signo concreto y visible que la fe ha transformado nuestro corazón y nos permite expresar en nosotros la vida misma de Dios. Amar y perdonar como Dios ama y perdona. Este es un programa de vida que no puede conocer interrupciones o excepciones, sino que nos empuja a ir siempre más allá sin cansarnos nunca, con la certeza de ser sostenidos por la presencia paterna de Dios. (Homilía de S.S. Francisco, 16 de diciembre de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra. (Guardo silencio)

5.-Propósito
Intentaré superar las contrariedades y dificultades que forman mi cruz de este día.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Jesucristo, hoy he aprendido que debo llevar la cruz “cada día”. En este día que comienza quiero aceptar todo lo que tenga de negativo, de limitado o adverso en este empeño de hacer un mundo mejor, un mundo de hermanos. Es una manera de llevar la cruz. Y para que ésta no se me haga demasiado difícil, voy a recordar que Tú la llevaste primero, mucho más grande y pesada, y la llevaste por amor. Así quedaba todavía más claro el inmenso amor que nos tenías.  Gracias, Señor, por querernos tanto.

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén