Santoral 18 de febrero

SAN SIMEÓN, Obispo y Mártir (c. 107 d.C.)

En el capítulo XIII del Evangelio de San Mateo se describe a San Simón o Simeón como uno de los hermanos o parientes del Señor. Su padre era Cleofás, hermano de San José, y su madre, según algunos autores primitivos, era hermana de la Virgen María. Simeón era, pues, primo carnal del Señor y, según la tradición, era unos ocho años mayor que Él. Sin duda que Simeón es uno de los hermanos del Señor que recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés como se afirma en los Hechos de los Apóstoles. San Epifanio cuenta que, cuando los judíos asesinaron a Santiago el Menor, Simeón les echó en cara su crueldad. Los apóstoles y discípulos se reunieron para elegir al sucesor de Santiago en la sede de Jerusalén y escogieron por unanimidad a Simeón, quien probablemente había ayudado a su hermano en el gobierno de dicha Iglesia. El año 66, estalló en Palestina la guerra civil a consecuencia de la oposición de los judíos a los romanos. Parece que los cristianos de Jerusalén recibieron del cielo el aviso de que la ciudad sería destruida y que debían salir de ella sin tardanza. Así pues, antes de la llegada de Vespasiano a Judea, en el mismo año, se refugiaron con San Simeón en la pequeña ciudad de Pela, en la otra orilla del Jordán. Después de la toma y destrucción de Jerusalén, los cristianos volvieron y se establecieron entre las ruinas, hasta que el emperador Adriano arrasó aún los escombros. Epifanio y Eusebio cuentan que después, la Iglesia floreció grandemente y que numerosos judíos se convirtieron al cristianismo, a causa de los milagros obrados por los santos.

Vespasiano y Domiciano mandaron matar a todos los miembros de la raza de David, pero San Simeón consiguió escapar. Sin embargo, durante la persecución de Trajano, fue denunciado como descendiente de David y como cristiano, y compareció ante el gobernador romano, Ático. Sentenciado a muerte, fue torturado y crucificado. Aunque era muy anciano —la tradición dice que tenía ciento veinte años—, San Simeón soportó el suplicio con tal fortaleza, que provocó la admiración del mismo Ático.

Este relato de la vida de San Simeón, que se funda en el Martirologio Romano, se presta a las objeciones de la crítica. Ver Acta Sanctorum, febrero, vol. III, y Eusebio, Hist. Eccl., lib. III, no se ha podido llegar, hasta la fecha, a identificar a los “hermanos” del Señor. Ver, por ejemplo, Cornely, Introd. in S. Scrip. vol. III, 2a. ed., pp. 595 ss.

Alan Butler