Un Dios comprometido con el hombre

1. – En ambiente de flores y con el nerviosismo propio de la ocasión, el novio dice a la novia: “recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti”. Y la novia le contesta con las mismas palabras: “recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti” Alianza matrimonial, promesa matrimonial, contrato matrimonial… alianza que compromete en el amor y por el amor. No es alianza entre naciones interesadas por ambas partes y tal vez engañosa. No es un toma y daca. Es compromiso de fidelidad entre dos personas que quieren.

2. – El Señor, desde que el hombre le fue infiel, ha querido atraerse al hombre cambiando con él promesas de alianza y fidelidad, para que el hombre crea en su amor, y crea que le trata como persona en la que confía y a la que se entrega por amor, y de la que espera confianza, amor y fidelidad.

Y una de las primeras alianzas de las que nos queda constancia es la alianza de Dios con Noé, de que nos habla hoy la primera lectura de una forma arcaica y hasta infantil, si queréis; pero con todo el trasfondo maravilloso de un Dios comprometiéndose con el hombre.

A través de Abraham y de Moisés, vuelve el Señor a comprometerse en amor y fidelidad con el hombre.

3. – Y nosotros estamos viviendo nuestra vida cristiana dentro del último, nuevo y eterno compromiso de Dios con el hombre. En la Eucaristía, en la fórmula de la consagración del vino repetimos las palabras del Señor: “este es mi cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna”. Y son palabras que conservan los tres evangelistas y San Pablo. Es decir, que el Señor en cada Eucaristía nos repite que su juramento de amor y fidelidad con nosotros es tan verdadero, que no lo sella con el símbolo de un anillo, sino que lo refrenda con Su propia Sangre, con su propia vida.

El Señor se compromete a estar a nuestro lado “en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad… todos los días de nuestra vida”. Nuestra vida cristiana está fundada en un mutuo compromiso de amor y fidelidad entre el Señor y nosotros, como la vida de cada matrimonio está fundada en un compromiso de fidelidad y amor.

Todos necesitamos alguien en quien confiar y a quien confiarnos por entero. Y alguien que confíe con cariño en nosotros. Y es el Señor que intercambia con nosotros esta promesa de fidelidad. Promesa que por parte de Dios es eterna, porque no puede negarse a Sí mismo.

¿No creéis que ya en cada Eucaristía, el Señor renueva su compromiso de fidelidad con nosotros y que, entonces, deberíamos nosotros renovar con Él nuestro compromiso de fidelidad cristiana con Él?

4. – La Alianza del Señor con Noé, como habéis oído es al tiempo una alianza con el universo entero. Por eso como Oración de los Fieles vamos a leer con sencillez el poema al hermano Sol.

José María Maruri, S J