Vísperas – Viernes después de Ceniza

VÍSPERAS

VIERNES DESPUÉS DE CENIZA

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…)
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: St 5, 16. 19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando les sea arrebatado el novio, entonces ayunarán los invitados a bodas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando les sea arrebatado el novio, entonces ayunarán los invitados a bodas.

PRECES

Adoremos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando restauró la vida, y digámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
— para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
— para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
— para que se manifiesten en ellos los frutos de tu salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz,
— enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
— y a nosotros danos un día parte en su fidelidad.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Confírmanos, Señor, en el espíritu de penitencia con que hemos empezado la Cuaresma, y que la austeridad exterior que practicamos vaya siempre acompañada por la sinceridad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes después de Ceniza

1.- Oración introductoria.

Dame, Señor, la gracia de acercarme hoy a ti con un corazón limpio, sin prejuicios ni complejos. Quiero beber tu evangelio no en las aguas del río sino en el mismo manantial. Haz que deje atrás las distintas interpretaciones de los hombres y descubra tu evangelio con toda su frescura, con toda su pureza.

2.- Lectura reposada de la Palabra de Dios. Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán”.

3.-Qué dice la Palabra de Dios.                                            

Meditación-Reflexión

Jesús, que admira mucho a Juan y se ha entristecido enormemente con su muerte, no quiere que el cristiano sea un seguidor de Juan sino seguidor suyo.  “Juan ni comía ni bebía, pero el hijo del Hombre “come y bebe”. (Mt. 11,19). Diríamos que si Juan Bautista es un asceta que vive solo en el desierto, el Hijo del Hombre es “un místico” que convive con la gente. Cristo no quiere llenar su evangelio de “rigor” sino de “amor”. Y aquel que ama y se deja amar está siempre en fiesta. Los cristianos del siglo XXI tenemos una asignatura pendiente: Estamos acostumbrados a estudiar a Jesús, a trabajar por Jesús, incluso a sufrir por Jesús…Pero no estamos acostumbrados a disfrutar con Jesús. A Jesús nunca se le ocurrió comenzar una parábola en estos términos: “Se parece el Reino de los Cielos a unas plañideras que vienen de enterrar a un muerto…”. En cambio, en sus parábolas, resuena constantemente las palabras “boda” “asombro” “gran cosecha” “vino en abundancia” “banquete”.  Las bodas de Caná, al comienzo de su vida pública, nos están diciendo que “Jesús es la alegría de la vida.”

Es un gravísimo error el pensar que Dios se lo pasa bien cuando nosotros lo pasamos mal. Las madres sufren muchísimo cuando sufren sus hijos o los ven enfermos. Pero al estar muy cerca de ellos, sufriendo con ellos, tienen la satisfacción de poder demostrarles mejor todo lo que le quieren. “Nadie ama más al amigo que el que da la vida por él” (Jn. 15,13).

Palabra del Papa.                                     

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los cuarenta días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). (Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre para la cuaresma 2009).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio. (Guardo silencio).

5.- Propósito: Procurar llenar todo el día con la alegría del evangelio.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí por medio del evangelio. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al acabar mi rato de oración contigo, he sentido que mi corazón se ensanchaba, sentía de cerca tu amor, me llenaba por dentro de una inmensa alegría. Con esta actitud, el mundo, la vida, el trabajo, tienen otro color. Señor, convénceme del todo de esta gran verdad: contigo la vida cambia y se vive mucho mejor.

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Viernes después de Ceniza

(Mt 9, 14-15)

Los discípulos de Juan todavía estaban centrados en costumbres y prácticas ascéticas que para Jesús no son lo verdaderamente importante, porque habiendo llegado el Mesías se trata de vivir una verdadera fiesta de amor, más que de buscar sacrificios.

En todo caso basta con llevar la cruz de cada día, que se nos presenta sin que la busquemos, se trata de aceptar lo que nos toque soportar, de tolerar con serenidad y amor las molestias que forman parte de nuestra misión en esta tierra. Si aceptamos todo eso con amor, renunciando a ciertos placeres y comodidades, el Señor nos devolverá el ciento por uno; es decir, nos dará una plenitud interior, una sensación de realización humana que no tendríamos si solamente buscáramos nuestra comodidad.

En este texto Jesús aparece como el novio que se casa con su pueblo, y que invita a sus amigos a vivir esa fiesta sublime. Jesús resucitado está realmente entre nosotros, porque él lo prometió: “Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Por eso la Iglesia Católica da poco espacio al ayuno en sus prácticas oficiales, reduciéndolo a dos días al año: el miércoles de ceniza y el viernes santo.

Sin embargo, este texto no le quita valor a la práctica del ayuno ni la anula, pero la relega a los momentos de especial dificultad, ya que según una tradición judía hay ciertas dificultades que se superan gracias a la oración y el ayuno; pero leyendo los versículos que siguen (16-17) queda claro que en la nueva vida que trae Jesús lo más importante no son los ayunos, sino vivir la presencia del Señor en nuestras vidas.

Oración:

“Jesús, ayúdame a descubrirte como el amigo siempre presente en mi existencia: y que mi vida espiritual, consista sobre todo en estar contigo y reconocerte en mi vida, más que en buscar sacrificios para sentir que me entrego a ti. Haz que mi corazón esté en ti más que en mi propia perfección”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Cuaresma

109. Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebran el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la Liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo. Por consiguiente:
a) Usense con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la Liturgia cuaresmal y, según las circunstancias, restáurense ciertos elementos de la tradición anterior.
b) Dígase lo mismo de los elementos penitenciales. Y en cuanto a la catequesis, incúlquese a los fieles, junto con las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia, que lo detesta en cuanto es ofensa de Dios; no se olvide tampoco la participación de la Iglesia en la acción penitencial y encarézcase la oración por los pecadores.

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO I DE CUARESMA

 

SALUDO

Dios nuestro Padre, que en Jesucristo cl Señor inaugura su Reinado, con la fuerza del Espíritu, esté con todos nosotros.

ENTRADA

Bienvenidos, hermanos, a esta celebración con la que comenzamos la Cuaresma, tiempo de preparación que ha de llevarnos a contemplar la entrega hasta la mucrtc de Jesús, en la esperanza de su gloriosa Resu­rrección. Todo tiene sentido en el proyecto salvador de Dios para la huma­nidad, y sabemos que el mal, la injusticia y la muerte no han de triunfar, porque lo definitivo es la Vida, y Vida en Dios. Cierto que pasamos difi­cultades, que vivimos en tensión, que un día también nosotros dejaremos esta vida…, pero no es menos cierto que vivimos en la esperanza de com­partir la misma suerte del Señor, y ésta es la Vida. A esta vida en pleni­tud nos preparamos ya, fiados de Su Palabra.

Estamos en Cuaresma, hermanos. Que la llamada a renovarnos, la lla­mada a la conversión, no caiga en saco roto. Que encuentre nuestra aco­gida y disponibilidad.

ACTO PENITENCIAL

Confiando en el perdón de Dios Padre que no tiene límites, acudirnos a Él reconociendo nuestros pecados:

– Tú, que miras el corazón de las personas, lo noble de cada uno. SEÑOR, TEN PIEDAD.

– Tú, que nos llamas a la vida plena, a la justicia, a la salvación. CRIS­TO, TEN PIEDAD.

– Tú, que nos llevas al Padre y nos envías a dar testimonio de tu Nom­bre. SEÑOR, TEN PIEDAD.

En tu misericordia confiamos; danos, Señor, tu perdón. Poi Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN COLECTA

Dios y Padre nuestro, que nos concedes prepararnos con esta Cuaresma a la muerte y resurrección de Jesús; envíanos tu Espíritu y abre nuestros corazones para que caminemos tras tu Hijo hasta la Cruz, en la espera de la Resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA NARRATIVA

La relación entre Dios y las personas se basa en la filiación, en la entrega y en la libertad. De un modo incondicional Dios ofrece su amis­tad a todos los hombres en términos de Alianza. El primero en compro­meterse es Dios mismo. Al pueblo le toca corresponder.

LECTURA APOSTÓLICA

Vivir plenamente la fe en Jesús ha sido siempre una tarea ardua. La carta de Pedro que vamos a leer trata de animar la fe de los cristianos y de que afronten las dificultades de esa fe; y el autor propone el ejemplo del testimonio de Jesús.

LECTURA EVANGÉLICA

El desierto significa la renuncia y el no apegarnos a esas seguridades humanas que con frecuencia nos atan y esclavizan. Jesús, al inicio de su vida pública, se retira al desierto tratando de descubrir las motivaciones de su entrega y cómo ha de desarrollar el anuncio del reino de Dios.

ORACION DE LOS FIELES

Con fe, pidámosle a Dios que escuche la oración de su pueblo. Respondamos cantando: KYRIE, ELEISON.

  1. Para que cada vez más, en toda partes, en todos los corazones, triunfe el bien por encima del mal. KYRIE, ELEISON.
  2. Para que los enfermos alcancen salud y fortaleza, y los que viven angustiados encuentren la paz del espíritu. KYRIE, ELEISON.
  3. Para que la luz de Jesucristo ilumine a los que en esta Cuaresma se preparan para el bautismo. KYRIE, ELEISON.
  4. Para que este tiempo de Cuaresma sea, para toda la Iglesia, un tiempo de renovación en la fidelidad al Evangelio. KYRIE, ELEISON.
  5. Para que cada uno de nosotros seamos siempre levadura y testimonio de amor y de esperanza. KYRIE, ELEISON.

Escúchanos, Padre, y danos la vida nueva de Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, traemos al altar el pan y el vino con el ruego de que, trans­formados por la fuerza del Espíritu, nos ayuden a vivir buscando siempre la justicia y la paz, superando todas las tentaciones que quie­ran llevarnos al camino del egoísmo y la insolidaridad. Por Jesucristo.

PREFACIO

En verdad es bueno glorificarte, Dios Padre nuestro, en esta celebra­ción y durante toda la vida. Tenemos un nuevo motivo de alabanza, al ofrecernos este ticmpo de gracia que es la Cuaresma, la invitación al cam­bio de actitudes que nos hagan más libres, más humanos, más solidarios, más como Tú esperas de nosotros,

Mira, Señor, con tu infinita paciencia este mundo lleno de dolor; pero mira también el deseo de tantas personas que queremos vivir en tu pre­sencia, aunque no acertemos cómo hay que hacerlo. Haz, Señor, que esta Cuaresma sea un seguirte a Ti, fuente de todo bien, y que tras el camino por el desierto sepamos aclamarte, entonces, ahora y siempre, con este him­no con tu honor: Santo, Santo, Santo.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La Eucaristía termina, Señor, pero sigue la vida de cada día y la misión de hacerte presente en cada momento; nos sentimos enviados por ti para ser en el mundo testigos de tu Amor; no permitas que lo olvidemos y renueva siempre nuestra entrega y nuestra solidaridad. Por Jesucristo.

DESPEDIDA

Comenzar con esperanza e ilusión es la mejor manera de garantizar que el camino prosiga. Animados, pues, en el comienzo de la Cuaresma, dispongámonos a emprender con ilusión la marcha haciendo fraternidad en nuestro mundo.

Misa del domingo

En este primer Domingo de Cuaresma, tiempo de conversión y salvación, las dos primeras lecturas se relacionan con el sacramento del Bautismo cristiano.

El Bautismo hace partícipe a la persona concreta del don de la reconciliación que el Señor Jesús ha obtenido para la humanidad entera por el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección. Cristo «murió por los pecados una vez para siempre… para conducirnos a Dios», escribe San Pedro (2ª. lectura). Es Él quien, por la entrega amorosa de su propia vida en el Altar de la Cruz, así como por su resurrección gloriosa, nos reconcilia con Dios y se convierte en fuente de vida eterna para todos los que creen en Él. Por tanto, si «por la desobediencia de un solo hombre [Adán] todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos; para que así como reinó el pecado produciendo la muerte así también reine la gracia por la justificación, dándonos vida eterna» (Rom 5,19-21).

Gracias a este sacramento todo bautizado queda liberado del pecado y regenerado como hijo de Dios (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1213). De este modo, «el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo» (2Cor 5,17-18).

La Iglesia considera que los grandes acontecimientos de la historia de la salvación prefiguraban ya el misterio del Bautismo. Así, por ejemplo, «ha visto en el arca de Noé una prefiguración de la salvación por el Bautismo. En efecto, por medio de ella “unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua” (1Pe 3,20)». (Catecismo de la Iglesia Católica, 1219; ver también n. 1217) «Aquello —sigue diciendo el Apóstol— fue un símbolo del Bautismo que actualmente los salva a ustedes» (2ª. lectura: 1Pe 3,21).

El pasaje evangélico de este Domingo está situado en el momento inmediatamente posterior al acontecimiento del bautismo del Señor en las aguas del río Jordán. Refiere la Escritura que, una vez bautizado por Juan, descendió sobre Jesús el Espíritu Santo en forma de paloma. Es este Espíritu el que de inmediato «llevó a Jesús al desierto». El verbo griego exbalo sugiere que Jesús fue impelido, impulsado con gran fuerza por el Espíritu divino.

Los cuarenta días que pasa en el desierto remiten a los cuarenta años que Israel pasó en el desierto del Sinaí, tiempo intenso de purificación y prueba extrema: «Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos» (Dt 8,2). Remiten también a los cuarenta días y noches que Moisés pasó en el monte Sinaí luego de entrar en la nube, signo de la presencia velada de Dios (ver Ex 24,19; Catecismo de la Iglesia Católica, 697), o los cuarenta días y noches que Elías caminó en ayunas por el desierto hasta llegar a la montaña en la que Dios se le manifestaría en la suave brisa (ver 1Re 19,8ss).

También es probado el Señor en el desierto: «se dejó tentar por Satanás». San Marcos, sumamente escueto en su relato, no especifica en qué consistieron aquellas tentaciones, como sí lo hacen en cambio San Mateo (4,1ss) y San Lucas (4,1ss). El Señor Jesús, como relatan estos dos últimos evangelistas, sale victorioso de la prueba rechazando la triple tentación y rechazando al tentador mismo: Él guarda los mandamientos divinos y se somete en adoración únicamente a Dios. Que «los ángeles le servían» parece ser la manera como San Marcos expresa el triunfo de Cristo, pues es de suponer que le sirvieron luego de su victoria sobre el tentador y no antes (ver Mt 4,11).

Luego de estos cuarenta días en el desierto y al enterarse el Señor del arresto de Juan el Bautista, «se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios». El contenido esencial de su predicación inicial es éste: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio».

El plazo o “el tiempo es cumplido” hace referencia a la venida del Mesías prometido, así como del Reino de los Cielos que Él inauguraría aquí en la tierra. La palabra griega éngiken, que se traduce como “está cerca”, puede entenderse como “se aproxima” o también como “ya llegó”. El Señor Jesús en su predicación la usó en ambos sentidos, tanto para hablar del Reino como “ya llegado”, al identificarlo con su propia persona y sus actos, como para hablar de su llegada en un futuro próximo.

«Conviértanse y crean en el Evangelio» es el llamado que hace el Señor a todos. La palabra griega para hablar de conversión es metánoia, que literalmente quiere decir cambio de mentalidad, abandonar una forma o modo de pensar que lleva al pecado para asumir un nuevo modo de pensar, la nueva mentalidad propuesta por el Evangelio. Se trata de asumir y hacer suyos los criterios evangélicos o enseñanzas del Señor, para que éstos se conviertan en norma de conducta para una nueva vida. Dado que el ser humano actúa de acuerdo a lo que piensa y a los valores que asume, la invitación a un cambio de mente implica evidentemente un arrepentimiento del mal cometido y un deseo de enmendar el camino, viviendo de acuerdo a las enseñanzas divinas. No existe un cambio auténtico, profundo y duradero si la persona no abandona los criterios que le conducen a obrar mal y hace suyos —hablamos de una aceptación intelectual así como de una adhesión afectiva— los criterios divinos y las enseñanzas del Señor Jesús.

No se trata solo de abandonar un modo de pensar que lleva al pecado, sino de creer al mismo tiempo en el Evangelio. Lo que se traduce por creer proviene del verbo griego pistéuo, que se puede traducir también como prestar fe. En el Nuevo Testamento la fe es la creencia en relación a Dios y lo que Él revela. Quien tiene fe confía en Dios porque sabe que Él es fiel y que no miente. La fe lleva por tanto al creyente a prestar obediencia a Dios, a vivir de acuerdo a lo que Él enseña, a modelar la propia existencia de acuerdo a lo que Él revela y manifiesta al hombre para que viva, en este caso muy concreto, el Evangelio de Jesucristo.

En su significado original el término evangelio no designaba un libro escrito. Evangelio es una palabra griega compuesta de la partícula eu, que significa bueno, y el sustantivo angelion, que significa anuncio, noticia, mensaje. Por eso se traduce también como buena nueva. Pero esta buena nueva o buena noticia ya en la época de Jesús está vinculada a la salvación del ser humano. Es, por tanto, un mensaje que trae la salvación, un anuncio que está orientado a la reconciliación del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con la creación entera. Por Evangelio hay que entender todo lo que Cristo ha predicado y enseñado, así como también su misma Persona: Él es el Evangelio vivo del Padre.

Ahora bien, entre las dos primeras lecturas y el llamado del Señor en el Evangelio existe una clara relación: el Bautismo, si bien libera del pecado y regenera como hijos de Dios, no suprime la inclinación al pecado. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «la vida nueva recibida en la iniciación cristiana [el Bautismo] no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios. Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos» (n. 1426).

Todo bautizado ha de vivir, pues, con la certeza de que una vez liberado del pecado y hecho hijo de Dios debe «seguir luchando contra la concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2520), así como contra las astutas tentaciones de Satanás que «ronda como león rugiente, buscando a quién devorar» (1Pe 5,8). Como al Señor Jesús en el desierto, a todo bautizado le aguarda en este mundo una lucha tenaz contra el Demonio y sus seducciones, contra el mundo que le pertenece a él, y contra su propio hombre viejo. En esta lucha debe tener la certeza y confianza de que ninguna tentación «puede dañar a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia de Jesucristo», y que en esta lucha será coronado con la victoria todo aquel que sostenido por la gracia divina «legítimamente luchare» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1263).

Por tanto el llamado a la conversión y a creer en el Evangelio es siempre actual y se dirige a todo bautizado, ya que la conversión, que nunca será una meta plenamente alcanzada aquí en la tierra, es un empeño que abarca toda la vida.

 

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

La tentación es una sugestión, una invitación a obrar el mal. Puede venir del demonio, del “mundo” (en su sentido de opuesto a Dios) o del “hombre viejo” (ver Ef 4,22), es decir, de nuestra propia inclinación al mal. Se percibe en primer lugar como un pensamiento o idea que viene a nuestra mente, a veces no deseada, con capacidad de distorsionar nuestra razón de tal modo que terminamos viendo el mal objetivo como algo “bueno para mí, en mis circunstancias actuales, según mis necesidades del momento”, despertando nuestras pasiones de tal manera que nos sentimos a veces incluso como “arrastrados” a obrar en esa dirección, con pocas fuerzas para resistir y decir ‘no’. Tal es su fuerza que muchas veces terminamos haciendo el mal que no queríamos (ver Rom 7,15).

Pero, ¿en qué reside su poder de seducción? ¿Cómo opera? La tentación nunca nos quita nuestra libertad de elección: eres tú quien elige entre hacer el bien o el mal, eres tú quien serás responsable por tus opciones y actos. Su acción se dirige al entendimiento: tú eliges, pero para que haciendo uso de tu libertad elijas el mal, buscará convencerte para que creas que el mal que te propone en realidad es un bien para ti. ¿Quién de nosotros pecaría si supiese que el pecado le va a producir un gran daño, que lo va a hundir en la tristeza y la soledad, que lo va a hacer infeliz? Cual astuto estafador, quien te tienta buscará convencerte de que “el producto que te va a vender”, producto que te va a causar la muerte, en realidad es “bueno y excelente para ti”, algo que “necesitas urgentemente” para ser feliz, para vivir plenamente, para alcanzar las estrellas, para ser como dios.

Una vez que tu entendimiento engañado decide que lo que es un mal objetivo en realidad es algo bueno para ti, tu voluntad entra en juego, quiere ese seudo-bien para ti y activa tus pasiones que hacen de ti una como flecha lanzada hacia el objetivo, flecha que no se detiene hasta dar en el blanco. O por otro lado, si tu entendimiento engañado por la tentación determina que algo que es un bien objetivo en realidad es un mal para ti, tu voluntad lo rechazará, despertando en ti una fuerza o pasión que te llevará a apartar de ti o huir de lo que en realidad es un bien para ti. La cruz, por ejemplo.

Es paradigmática la tentación primigenia (ver Gén 3,1-6): el fruto que Dios había dicho traería la muerte a quien lo tocase o comiese, por efecto de la tentación se convierte de pronto en «bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría». ¡Eva nunca lo había probado, sin embargo de pronto tiene la convicción de que en realidad es “bueno para ella” porque “es buen alimento”, porque “es rico y placentero”, porque la hará “sabia”, porque cuando coma de él “será como una diosa”! La tentación lleva a una obnubilación de la mente, del juicio objetivo, a un oscurecimiento de la verdad y del criterio objetivo (Dios le había dicho que comer del fruto le traería la muerte), de modo que terminamos viendo el bien como mal, y el mal como bien. En ese proceso, y para consumar la caída, Satanás siembra hábilmente la desconfianza en Dios: “¿Por qué te prohíbe Dios algo que es bueno para ti? Lo que pasa es que Dios es un mentiroso, un egoísta y envidioso, Él no quiere tu bien, Él es enemigo de tu felicidad. No lo escuches a Él, ¡escúchame a mí!”. Y así, en vez de escuchar la voz de Dios, terminamos escuchando tantas veces la voz de quien es enemigo de Dios y enemigo nuestro.

No olvides nunca que “con la tentación no se dialoga”. Si alguien te sugiere o en tu mente aparece una idea que te incita a lo que objetivamente es un mal moral, aunque aparezca disfrazado de “es bueno para ti”, ¡recházala de inmediato! ¡No le des vueltas admitiéndola en tu mente! ¡No le prestes tu memoria, tu imaginación o fantasía! Si dialogas con la tentación, si acaricias la “idea seductora”, experimentarás al principio acaso una lucha y tensión interior más o menos fuerte, pero tarde o temprano cederás y terminarás dejándote arrastrar por el dinamismo de la tentación hasta consumar el pecado. Sólo si desde el inicio pronuncias un rotundo y tajante “apártate Satanás”, fortalecido por la gracia del Señor habrás logrado vencer la tentación (ver Mt 4,10; Stgo 4,7).

Pregón para empezar la Cuaresma

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,
…¡y a la aventura, cada día!

Comentario al evangelio – Viernes después de Ceniza

“Ayuno” es la palabra estrella en la liturgia de la Palabra de hoy. Uno de los conceptos clásicos de la Cuaresma junto a la oración y la limosna. Pero ¿cómo entender hoy el ayuno?  No es un concepto incomprensible en nuestra cultura. Ayunar para ponerse a régimen, para realizar una dieta de adelgazamiento por motivos estéticos, de salud o deportivos, es una práctica que muchas personas realizan.

En el aspecto religioso, ayunar, no sólo de alimentos, sino de todo aquello que me aleja de Dios, prácticas o vicios que me esclavizan como pueden ser usos adictivos de redes sociales, series, juegos, etc., es un tipo de ayuno que también comprendemos porque nos hace bien espiritualmente, ya que nos lleva al silencio y la Cuaresma nos invita a ello. Pero la Palabra de Dios nos invita a buscar un sentido más profundo al ayuno: ¿para qué ayunar? ¿Cuál es su finalidad?

El profeta Isaías critica el ayuno carente de sentido: ¿Para qué ayunar, si no haces caso? El día de ayuno buscáis vuestro interés. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea para el día en que el hombre se mortifica? ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? Y es que el ayuno religioso que nace del orgullo, de la concupiscencia espiritual, es decir, de la vanagloria, del puro perfeccionamiento, del narcisismo espiritual, es el ayuno que critica el profeta y contra el que nos previene la Palabra de Dios. Todo ayuno religioso no puede verse privado de un elemento fundamental: tiene que producir beneficio en los otros, tiene que tener consecuencias positivas para los demás, especialmente para los más necesitados; no ser un ayuno de cuyos frutos sólo me beneficio yo. Así lo explica muy bien la primera lectura de hoy: El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.

Por lo tanto, hoy en la oración se nos invita a pensar en el ayuno que Dios quiere. Por un lado, ayunar de todo aquello que te haga más libre, elimine ruidos y por lo tanto te predisponga más receptivo para escuchar a Dios. Sin olvidar el elemento fundamental que Dios quiere en el ayuno: que beneficie a los demás. Tu ayuno tiene que hacer la vida más agradable, más liberadora, tiene que ser luz para los otros.

Pídele luz al Señor en tu oración de hoy para contestar a esta pregunta: ¿cuál es el ayuno que tú quieres para mi Señor en este tiempo de Cuaresma?

Juan Lozano, cmf.