Santoral 22 de febrero

LA CATEDRA DE SAN PEDRO

Con frecuencia se oye hablar de las prerrogativas de la «corona», del heredero, del «trono», etc. En estas frases la insignia regia simboliza el oficio. Exactamente la misma metonimia se emplea en materia eclesiástica: «Sede» significa «cátedra», de suerte que «Santa Sede» quiere decir «Santa cátedra». La palabra cátedra es de origen griego y significa exactamente el sitio ocupado por un maestro autorizado para la enseñanza. Así, cuando se habla de una decisión «ex cathedra» del Papa, se trata de una decisión en la que el Sumo Pontífice habla como maestro universal de la Iglesia.

Se ha discutido mucho si el origen de la conmemoración de «la cátedra de San Pedro» proviene de la veneración que se tributaba en la Iglesia primitiva a la cátedra material en la que se sentaba el Apóstol o si, desde el principio, se trataba de una glorificación del oficio pontificial conferido a San Pedro y a sus sucesores por la consagración. En el artículo del 18 de enero hicimos mención de la antigua silla gestatoria o «cátedra de San Pedro», que se halla en el ábside de la basílica de Roma. De Rossi sostiene que la fiesta del 22 de febrero tenía por fin específico la veneración de esa reliquia; sin embargo, el mismo autor señala la expresión de San Gregorio Magno: «el óleo de la cátedra que San Pedro ocupaba en Roma», que parece referirse al aceite de las lámparas que se encendían delante de un trono de piedra en el cementerio Ostriano, donde San Pedro acostumbraba bautizar. De Rossi relaciona esta reliquia con la fiesta del 18 de enero. No es imposible que las dos fiestas se originen realmente en dicha tradición, pero en la actualidad casi todos los autores niegan que la celebración de la cátedra de San Pedro tenga algo que ver con un objeto material, basándose en los vigorosos argumentos de Mons. Duchesne, de Marucchi y otros. Como lo hace notar Duchesne, por antiguo que sea el trono que se halla en el Vaticano, la primera mención que se hace de él data de 1217. «Pedro Malio, que describió la basílica de San Pedro (1159-1181), no dice ni una palabra sobre él; y, dado que tiende a extenderse sobre todas las reliquias de la basílica, su silencio prueba que no se veneraba entonces la cátedra material del Apóstol». Por otra parte, las colectas y lecciones antiguas de la celebración litúrgica, dejan ver que el objeto principal de la fiesta era la glorificación del oficio de San Pedro.

En el artículo del 18 de enero explicamos que, originalmente, no existía sino una fiesta, la del 22 de febrero, y que no se refería a Antioquía, sino más probablemente al principio del pontificado de San Pedro en Roma. Lo cierto es que el calendario filocaliano, dónde aparece una lista de las fiestas litúrgicas que se celebraban en Roma en el año 354, o quizá desde el año 336, cita la festividad del «natale Petri de cathedra», es decir, de la cátedra de San Pedro ya que en aquella época, la palabra latina «natale» había pasado a significar «aniversario». Así pues, es absolutamente cierto que, a mediados del siglo IV, pocos años después de la muerte del emperador Constantino, la Iglesia de Roma celebraba una fiesta relacionada con la consagración y el oficio pastoral de San Pedro. Lo que resulta discutible es que dicha fiesta tuviera algo que ver con Antioquía, pues el calendario de San Wilibrordo (c. 704 P.C.), que habla de la «Cathedra Petri in Antiochia», es muy posterior. Además, en el «Hieronymianum» de Auxerre, que data del siglo VI, la «Cathedra Petri in Roma» parece relacionarse con el 18 de enero; pero las liturgias galicanas, o por lo menos la mayoría de ellas, prefieren el 22 de febrero, aunque sin mencionar a Antioquía.

Uno de los elementos más importantes de la cuestión es el hecho de que los paganos celebraban, el 22 de febrero, la conmemoración de los difuntos. Dicha celebración se llamaba «Feralia» o «Parentalia» debido a la costumbre de llevar pan a las tumbas de los parientes difuntos. Con todo, es difícil determinar plenamente la fecha de la celebración y si bien Ovidio habla de las Feralia del 18 de febrero, la expresión que usa («parentales dies») significa que la celebración duraba varios días. Por otra parte, algunos documentos antiguos hablan más bien del 21 de febrero. Como lo indica Kellner, durante las Parentalia «no se celebraban matrimonios, los templos permanecían cerrados, y los magistrados se despojaban de las insignias de su cargo.» A la conmemoración de los difuntos seguía, el 22 de febrero, la fiesta de los parientes vivos, llamada «Charistia» o «Cara Cognatio». Esta última celebración no formaba parte de la liturgia oficial…, «pero era extremadamente popular y más arraigada en las costumbres de cualquiera otra de las fiestas». Esto nos hace suponer que la institución de la fiesta de la cátedra de San Pedro tuvo originalmente la finalidad de sustituir los ritos paganos (cf. lo. de enero, en relación con la celebración del Año Nuevo, y la fiesta de la Purificación, que sustituyó las Robigalia y las Lupercalia). No faltan documentos que confirman esta hipótesis. Por ejemplo, el calendario de Polemio Silvio, compilado en la Galia hacia el año 448, dice el 22 de febrero: «La deposición de los Santos Pedro y Pablo; en otra época se hacía mención de la «cara cognatio» o queridos parientes, porque en el momento en que se celebra a los muertos, hay que olvidar todas las diferencias que pueden existir entre parientes». Esta frase parece indicar claramente que la fiesta de San Pedro y San Pablo que se celebraba en este día, había sido introducida para reemplazar la celebración pagana de la Charistia. Probablemente la celebración litúrgica variaba poco, aunque en unas partes fuese conocida con el nombre de «la cátedra de San Pedro en Roma» y en otras con el nombre de «la deposición de los Santos Pedro y Pablo»; en ambos casos se trataba de la glorificación de las prerrogativas de la Santa Sede.

Una muestra sorprendente de la vitalidad de las supersticiones paganas es el hecho de que, a mediados del siglo XII, la fiesta del 22 de febrero se llamaba todavía «el día del banquete de San Pedro». «El liturgista Beleth, a quien debemos este dato, parece haber sido inglés, aunque pasó gran parte de su vida en Francia y se refiere probablemente a este país. Después de explicar que las dos fiestas de la cátedra de San Pedro caen cerca de septuagésima, Beleth nos informa que la celebración de la cátedra de Antioquía, es decir la de febrero, era la más solemne y se conocía vulgarmente con el nombre de «festum Petri epularum» o «banquete de San Pedro». Porque, continúa el autor, «los paganos de la antigüedad acostumbraban llevar una buena cantidad de alimentos a las tumbas de sus parientes un día del mes de febrero; los demonios hacían desaparecer dichos alimentos durante la noche, aunque los paganos creían con firmeza el absurdo de que esas viandas aprovechaban a las almas de los muertos que erraban entre las sepulturas. Resultó muy difícil desarraigar estas supersticiones, cuando los paganos se convirtieron al cristianismo. Viendo esto, algunos hombres de Dios instituyeron las fiestas de la cátedra de San Pedro en Roma y en Antioquía, coincidiendo con las fechas en que se celebraban estas abominaciones paganas, a fin de acabar enteramente con esa odiosa práctica. En recuerdo de los ricos manjares que se llevaban antiguamente a los muertos, la fiesta empezó a llamarse ‘el día del banquete de San Pedro’ «.

Es evidente, por lo tanto, que las alusiones a las costumbres mortuorias de los paganos están en relación con la fiesta del 22 de febrero. Lo que resulta más difícil es explicar la duplicación de la fiesta. Se han lanzado varias hipótesis al respecto: la más plausible es la de Mons. Duchesne: como la celebración del 22 de febrero caía frecuentemente dentro de la cuaresma, no era posible observarla con gran pompa. Así pues, «en las regiones del rito galicano, donde se consideraba a la cuaresma incompatible con la veneración de los santos, se resolvió la dificultad trasladando la fiesta a una fecha anterior». Probablemente se escogió el 18 de enero, por ser el primer día en que puede caer la dominica de septuagésima; evidentemente, si se hubiera escogido el 17 de enero, se habría evitado que la celebración de la cátedra de San Pedro coincidiera aun con la de septuagésima, pero no es difícil que haya intervenido un ligero error de cálculo, pues, aunque septuagésima puede caer el 18 de enero. La última vez que ocurrió fue en 1818 y no volverá a suceder, sino hasta el año 2285. Por otra parte, el «Hieronymianum» parece haber trasladado al 18 de enero una fiesta de Nuestra Señora, por la misma razón. Todo ello nos lleva a suponer que la fiesta de la conversión de San Pedro era originalmente una especie de octava de la celebración de la cátedra de San Pedro. No olvidemos que Polemio Silvio llama a esta última «Depositio SS. Petri et Pauli», lo cual indica que estaba relacionada con los dos Apóstoles.

Lo que desconcierta es comprobar que, si bien la fiesta de la cátedra de San Pedro empezó a celebrarse en Roma desde muy antiguo, durante un período desapareció del calendario romano. En los sacraméntanos gregoriano y gelasiano y en el antifonario romano no se hace mención de ella. Las Iglesias de África y del oriente no la adoptaron nunca. En Monte Casino y en Napóles no existen indicios de que se haya celebrado dicha fiesta. Tal vez las festividades paganas de las Parentalia y de la Charistia desaparecieron en Roma antes del siglo VI, aunque siguieron celebrándose en la Galia. En tal caso, como la fiesta de la cátedra de San Pedro había ya cumplido con su fin y como, por otra parte, podía interferir con la nueva organización de las estaciones cuaresmales, no es imposible que haya sido suprimida en Roma. Lo cierto es que no fue suprimida en la Galia y que, aunque en algunos sitios fue trasladada al 18 de enero, la mayoría de los calendarios conservaron la primitiva fecha del 22 de febrero. Para explicar la duplicación de la fiesta, alguien ha lanzado la hipótesis de que la celebración del 18 de enero conmemoraba el principio del pontificado de San Pedro en Roma, en tanto que la del 22 de febrero se refería a Antioquía, ya que en los siglos IV y V la tradición insistía particularmente en la relación entre San Pedro y dicha ciudad. La Galia acogió con entusiasmo la duplicación de la fiesta y Roma debió también adoptarla, más tarde. Sería un caso paralelo al de las Rogativas, que se originaron en la Galia y fueron después adoptadas en Roma, y al de tantas otras costumbres litúrgicas.

Ver Cabrol, en DAC, vol. III, pp. 76-90; Duchesne, Origines du cuite chrétien, pp. 279-280; Kellner, Heortology (1908), pp. 301-308; De Rossi, en Bullettino di archeologia cristiana, 1867, p. 38. Ver igualmente Belethus, Rationale div. off., en Migne, PL., vol. CCII, ce. 9 ss.; pseudo-Agustin, en Migne, PL., vol. XXXIX, c. 2102; G. Morin, en Revue Bénédictine, vol. XIII, pp. 343-346; GMH., p. 109.

Alan Butler