Comentario al evangelio – Miércoles I de Cuaresma

En este tiempo de Cuaresma resuena incesantemente la invitación a la conversión. ¿Cómo la recibimos? ¿Encuentra en nosotros un corazón abierto y dispuesto a dejarse interpelar por la Palabra de Dios? ¿Sentimos la urgencia de «verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo»? O ¿somos de esa generación que necesita signos extraordinarios para creer en el Señor?

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy tienen una fuerte llamada de atención: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás». Es sorprendente cómo el evangelista Lucas busca en el libro de Jonás, uno de los más breves de todo el «canon bíblico» una clave de interpretación para comprender la misión de Jesús. La profecía se ejerce en nombre de Dios y hay que posponer los propios gustos y miedos al mensaje que Dios te confía. Esta referencia al libro de Jonás dejaría a los escribas y fariseos con muchos problemas; sin embargo, para las personas que seguían con mucho entusiasmo a Jesús los llenaría de esperanza.

La figura del profeta Jonás es muy original, releído a luz del misterio de Cristo nos ofrece una luz viva que se transforma en revelación. La tradición hebrea ha tenido siempre una gran estima de este libro tanto que lo clasifican no en la categoría genérica de los «Escritos», sino en una más evidente la de los «Profetas». El evangelio no solo nos presenta la figura mítica de Jonás, junto a esta figura masculina encontramos una figura femenina: «La reina del Sur», la cual «vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón» (Lc 11,31). La reina de Saba viene a Jerusalén para escuchar, mientras Jonás al final se resigna a ir a Nínive para que el pueblo de esa ciudad pueda escuchar la Palabra del Señor y convertirse. A partir de estas dos referencias bíblicas podemos decir que la protesta de Jesús apunta a la disponibilidad al menos para escuchar su palabra hasta dejarse interpelar por su enseñanza.

Jesús se identifica con el profeta Jonás, porque Jonás estuvo tres días en el vientre del pez, como Jesús estará tres días en la sepultura. Así se manifiesta que, del mismo modo como Jonás, no tiene un interés personal de que le escuchen, pero ha sido enviado por Dios para que el pueblo se abra a la escucha. Jesús insiste en su identidad profética en un momento de crisis, de fuerte confrontación con las autoridades de su tiempo, que llegarán hasta acusarlo de trabajar con el poder del demonio. El nombre del Jonás significa «paloma», propio como aquella que marcó el fin del diluvio en tiempos de Noé. Con sus palabras y sus acciones, Jesús nos ofrece un ramo de olivo como signo del triunfo de la misericordia y compasión sobre cualquier forma de castigo. Está en nosotros el saber acoger este signo de paz. Descubrir en Jesús ese «gran signo» del amor de Dios es el inicio de la conversión. Dios siempre nos ofrece una nueva oportunidad, es mano tendida, esperanza vida.

Edgardo Guzmán, cmf.